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Mucho más allá de nosotros - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Parte 40 El deseo de ser un héroe
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16: Parte 4.0: El deseo de ser un héroe 16: Parte 4.0: El deseo de ser un héroe —Bueno, niños, ¿Qué les pareció la historia de nuestros héroes?

Así, la narradora de esta historia cerró el libro y miró a los dos niños que tenía delante.

—¿Qué les pareció la historia de nuestros héroes antiguos?

—preguntó con una sonrisa tranquila.

Elian fue el primero en responder.

—No esperaba conocer la historia de los primeros héroes —dijo, pensativo—.

Antes quería ser como ellos solo porque eran fuertes… pero ahora quiero serlo aún más.

Quiero ser como Lapso.

El otro niño sonrió y respondió de inmediato: —Te lo dije, ellos no eran solo poderes.

Eran mucho más que eso.

Por eso yo quiero ser como Amor.

Elian lo miró con curiosidad.

—¿Por qué Amor?

Aren bajó un poco la mirada, pero su voz no tembló.

—Porque yo siento lo mismo que ella.

Quiero proteger el amor del mundo… porque sin amor, mis padres no estarían juntos.

Y sin eso, yo no estaría aquí.

Los niños se miraron fijamente.

Elian, con una sonrisa, le dijo a Aren que entonces jugarían a interpretar a los héroes.

Aren respondió que sí, con gran emoción.

Pero la abuela les dijo que ya era hora de descansar.

Aren le respondió que aún era temprano, aunque ella sonrió y le dijo que, al igual que aquellos héroes que descansaron antes de una batalla, ellos también debían hacerlo.

Elian tocó suavemente la espalda de Aren y le dijo que sí, que si algún día serían héroes, primero tenían que aprender a descansar.

Aren encontró extrañas sus palabras, pero les prestó atención.

Ambos se acostaron, y la abuela se despidió de ellos deseándoles una feliz noche.

Cuando la abuela ya estaba lejos, Aren le preguntó a Elian si estaba despierto.

Elian le respondió que claro que sí, que solo había dicho eso para que pudieran quedarse despiertos un poco más.

Aren le preguntó entonces a Elian por qué quería ser un héroe.

Elian le dijo que porque eran muy fuertes y se veían increíbles.

Luego Elian le devolvió la pregunta a Aren.

Aren respondió que porque ama el amor y lo hermoso que es, y que quiere protegerlo, tal como ella lo hizo hace tanto tiempo.

Dicho eso, Aren le deseó buenas noches a Elian, ya que el sueño comenzaba a vencerlo.

Elian lo entendió, y los dos se durmieron.

Así llegó el día siguiente.

Los dos pequeños despertaron muy emocionados y, apenas terminaron de desayunar, corrieron a jugar por toda la casa, imaginando batallas heroicas y viéndose a sí mismos como los más fuertes del mundo.

De esa forma pasaron todo el día, entre risas, juegos y aventuras inventadas.

Hasta que llegó la hora de que Elian se marchara.

Agradeció todo, se despidió de Aren y le prometió que jugarían muchas veces más, que se reunirían seguido para seguir jugando juntos.

Lo decía con una gran emoción, y Aren aceptó esa promesa con una sonrisa.

Las madres, al ver lo buenos amigos que se habían vuelto sus hijos en tan poco tiempo, se alegraron mucho.

Saber que ellos se llevarían bien también significaba que ellas mismas se verían más seguido, y eso les resultaba reconfortante.

Así, Elian se marchó, contándole a su madre todo lo que había hecho con Aren, la historia que les había contado la abuela y lo maravillado que había quedado con los héroes.

Hablaba sin parar, lleno de entusiasmo.

Su madre le sonrió y le pidió que se tranquilizara un poco.

Le dijo que se alegraba mucho de que hubiera conocido a un amigo tan pronto después de mudarse.

Saber eso la hacía realmente feliz.

—Ya quiero que sea mañana para ir al colegio y vernos otra vez.

—Bueno, al menos ya tienes una motivación para ir al colegio —dijo riendo.

—Jajaja… sí.

—Pero ahora es hora de que vayas a la cama.

Elian no podía dormir con toda la emoción que sentía.

En su mente solo pensaba en el gran amigo que había hecho y en el deseo de que esa amistad durara para siempre.

Poco a poco, esa emoción fue apagándose, hasta que finalmente se quedó dormido, esperando el sonido de la alarma que anunciaría un nuevo día.

El sol apenas comenzaba a asomarse cuando sonó la primera alarma.

Elian, todavía con sueño y medio dormido, se levantó de su cama y fue a arreglarse para ir al colegio.

Su madre, que ya estaba despierta, notó que su hijo se había levantado y comenzaba a vestirse, mientras ella preparaba el desayuno.

Elian bajó las escaleras muy emocionado y apurado por ir al colegio.

Su madre le sirvió el desayuno, y fue más la demora en servirlo que el tiempo que tardó él en comérselo.

Terminó rápido y salió de la casa sin antes despedirse de sus padres.

Ya afuera, esperaba el autobús mientras renegaba por lo tarde que siempre pasaba.

Cada minuto lo hacía más impaciente, hasta que por fin el autobús llegó.

Elian se subió lo más rápido que pudo y fue directo al asiento donde estaba Aren.

Sin pensarlo, se sentó a su lado y comenzó a hablarle de muchas cosas a la vez.

Aren seguía algo dormido y apenas entendía lo que Elian decía.

Así fue todo el camino, hasta que finalmente Aren terminó de despertarse y comenzó a seguirle el ritmo a la emoción de su amigo.

Cuando llegaron al colegio, siguieron caminando por los pasillos mientras hablaban.

Incluso al llegar al aula continuaron conversando, hasta que apareció la profesora.

Aren le dijo a Elian que después seguirían hablando, ya que la profesora había llegado y era momento de escucharla.

Elian se sintió un poco triste por lo que Aren le dijo.

No entendía por qué escuchar a alguien desconocido era más importante que la conversación sobre héroes que estaban teniendo.

Desde su asiento, Elian observaba a Aren, viendo cómo le prestaba más atención a la profesora que a él, incluso más de la que le había prestado cuando estaban en el autobús.

Cuando por fin terminaron las clases, Aren salió feliz y tranquilo.

En ese momento notó que Elian no había salido con él.

Volteó para ver dónde estaba, y entonces vio a Elian salir por la puerta, ignorándolo por completo.

Aren quedó sorprendido por lo que hizo Elian.

Intentó llamarlo, pero Elian lo ignoró.

Aren no entendía ese comportamiento tan distante de su parte.

Para saber qué le pasaba, decidió mantenerse a cierta distancia y seguirlo, intentando escuchar lo que decía.

Elian se alejó sin mirar atrás y se dirigió al patio.

Caminó hasta encontrar un árbol apartado y se sentó bajo su sombra.

Con los puños cerrados y la voz temblorosa, comenzó a hablar en voz alta, desahogando lo que llevaba dentro.

Decía lo molesto que estaba con Aren por haberlo ignorado durante las clases, por haber preferido escuchar a la profesora en lugar de seguir hablando con él, como en el autobús.

Aren, que lo había seguido en silencio, escuchó cada palabra.

Al ver a Elian tan afectado por algo así, no pudo evitar reírse suavemente.

No por burla, sino por lo sincero que era.

Elian escuchó la risa y se giró de golpe.

Al verlo ahí, se avergonzó.

Su rostro se puso rojo y bajó la mirada, molesto por haber sido visto en un momento tan vulnerable.

Aren se acercó despacio y le pidió disculpas.

Le explicó que no lo estaba ignorando a propósito, que prestaba atención en clases porque sus padres siempre le decían que el estudio era importante, que incluso para ser un héroe debía aprender primero.

Elian lo miró, aún con enojo, y respondió que apenas estaban en primer año, que no entendía por qué no podían divertirse un poco más.

Aren sonrió y le dijo que tenía razón.

Que ya habría tiempo para preocuparse… y que ese momento era para disfrutar.

Elian entendió.

Sin pensarlo demasiado, tomó la mano de Aren y lo jaló para correr por el patio.

Volvieron a reír, a jugar, a hablar de los héroes que querían ser en el futuro.

Aren no pudo evitar sonreír al ver a Elian tan feliz, tan auténtico.

Mientras corrían tomados de la mano, el sol se alzaba hasta lo más alto del cielo, Al terminar las clases, ambos salieron del colegio y se quedaron esperando el autobús para regresar a casa.

Seguían de muy buen ánimo, hablando sin parar.

El sol ya estaba en su punto más alto, iluminando todo a su alrededor.

Cuando el autobús llegó, subieron rápido y escogieron unos asientos donde no diera el sol directamente.

El tiempo pasó mientras el vehículo avanzaba, dejando a otros niños en sus paradas.

En un momento, el autobús giró y la luz del sol entró de lleno por la ventana, alcanzando a Aren y a Elian.

Ambos quedaron sorprendidos por el brillo repentino y cerraron los ojos por instinto.

Elian fue el primero en abrirlos.

Entonces lo notó.

El cabello de Aren, que normalmente parecía de un naranjado oscuro, bajo la luz del sol se transformaba en un rojo ardiente, casi vivo.

Elian se quedó observándolo sin darse cuenta.

Cuando Aren abrió los ojos, Elian se sorprendió aún más.

Aquellos ojos oscuros que siempre veía, al contacto con la luz del sol se volvían de un rojo profundo, intenso, como si el sol los despertara.

Aren, ya acostumbrado a la luz del sol, se llevó la mano al rostro y miró a Elian.

Notó que lo observaba de una manera extraña.

Antes de que pudiera decirle algo, Elian le tomó la cara y comenzó a moverla de un lado a otro, preguntándole sin parar por su cabello y por sus ojos.

Aren no entendía la razón de tantas preguntas.

Cuando la luz del sol dejó de darles directamente, Elian se quedó un poco triste, porque ya no podía ver aquellos ojos brillando.

Entonces soltó el rostro de Aren y dejó de darle importancia al tema.

Aren quedó algo mareado por la forma en que Elian había tomado su cara.

Elian le preguntó por qué su cabello y sus ojos eran tan llamativos, mientras que todo en él parecía normal.

Aren respondió que no lo sabía, pero que su papá tenía ojos muy llamativos y que el cabello de su mamá brillaba cuando le daba el sol.

Elian suspiró y dijo que no entendía por qué sus padres eran tan normales y él también había salido normal.

Aren negó con la cabeza y le respondió que su cabello negro era bonito y que sus ojos no eran normales en absoluto.

Ese color gris, dijo, no lo había visto nunca.

en serio, elian asintió con la cabeza y así se despidieron.

Así llegó Elian a su casa, muy feliz por lo que había descubierto sobre Aren.

Fue corriendo a saludar a su madre y la encontró en la cocina.

Le dio un gran abrazo y comenzó a hablarle sin parar sobre lo hermosos que eran los ojos y el cabello de Aren bajo la luz del sol, y sobre cómo él le había dicho que también tenía unos ojos muy especiales y un bonito cabello.

—Me estoy divirtiendo mucho con él —dijo Elian.

Su madre se alegró al oír eso.

Le devolvió el abrazo y le dijo que fuera a quitarse el uniforme, que pronto llegaría su padre.

Elian subió a su habitación con una gran sonrisa, esperando la llegada de su padre.

Para él, el tiempo que pasaba solo iba mejorando su vida.

Tenía un gran amigo con quien podía imaginar que eran héroes.

Sus padres se llevaban muy bien, y el colegio lo disfrutaba cada vez más gracias a los nuevos amigos que hacía.

El mundo parecía avanzar hacia un mejor futuro.

A veces escuchaba cosas sobre Noxion y sus aliados, que intentaban perturbar la estabilidad del mundo, pero siempre estaban los héroes para arreglarlo todo.

Así, poco a poco, fueron creciendo.

Ya no estaban en la primaria; ahora cursaban la secundaria.

El tiempo libre ya no era el mismo, pero aun así encontraban la forma de disfrutarlo juntos.

Incluso las tareas se volvían más llevaderas cuando estaban uno al lado del otro.

Cuando terminaban, Elian cerraba sus cuadernos sin pensarlo demasiado y jalaba a Aren hacia la sala.

Allí seguían imaginándose como héroes, creando batallas absurdas y futuros imposibles.

Las risas nunca faltaban entre ellos.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES alyxVQOY7u hola a todos.

una disculpa por el capitulo tan largo.

es que ahora la historia esta resiviendo un contrato y necesito publicar mas de la historia para que sea aceptada.

y tambien queria avisar que despues de que logre la meta no subire tan seguido.

muchas gracias por leer esta historia y tambien por la oportunidad de crecer con elian.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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