Mucho más allá de nosotros - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 parte 50 Descubrir más de él
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17: parte 5.0: Descubrir más de él 17: parte 5.0: Descubrir más de él Un día, mientras hacían la tarea, Elian estaba completamente aburrido.
Miraba de reojo a Aren, tan concentrado, tan serio, como si el mundo no existiera más allá de esas hojas.
No sabía qué hacer para sacarlo de ese estado.
Mientras pensaba, sus ojos se detuvieron en el cabello de Arén… y entonces empezó a reír.
Aren levantó la mirada, confundido, intentando entender de qué se reía Elian.
Al verlo así, sin saber por qué, también empezó a reír.
Era una risa contagiosa, sin motivo claro.
Elian se le acercó un poco más y dijo, casi sin pensar: —¿Y si nos hacemos el mismo corte de cabello?
Uno… tipo honguito.
Aren lo miró sorprendido.
Le preguntó si estaba loco, cómo se le ocurría algo así.
Dudó unos segundos… y luego, como si ya supiera la respuesta, aceptó.
Sin pensarlo más, fueron a la peluquería más cercana.
Se reían mientras les cortaban el cabello, sin imaginar del todo el resultado.
Cuando terminaron, cerraron los ojos al mismo tiempo, esperando ver primero al otro.
Al abrirlos, se encontraron con dos cortes ridículos, perfectamente iguales.
Las risas explotaron.
Llenaron el lugar.
Los peluqueros y algunos clientes también se rieron al verlos, pero a ellos no les importó.
Nunca se habían divertido tanto.
Después fueron a la casa de Aren.
Sus padres los estaban esperando.
Al verlos, primero se molestaron, incapaces de creer lo que habían hecho.
Pero al verlos tan felices, riendo sin parar, la molestia se fue apagando.
Al final, ellos también terminaron sonriendo, dejando que ese momento existiera tal como era.
Al día siguiente, el autobús los recibió con un silencio extraño.
Elian lo notó enseguida.
Algunas miradas se alzaron apenas subieron, otras se apartaron rápido.
La incomodidad flotaba en el aire, pero ninguno de los dos quiso darle importancia.
Al llegar al colegio fue peor.
Todos los miraban.
Susurros, risas ahogadas, voces que no se molestaban en bajar el tono.
Elian sentía esas miradas clavarse, pero no se detuvo.
Junto a Aren, caminó directo hacia donde estaban sus amigos, decidido a no dejar que eso arruinara el día.
Cuando los vieron, las risas estallaron.
Sus amigos no pudieron contenerse al ver sus nuevos cortes de cabello, y ellos se unieron sin dudarlo.
Empezaron a hacer chistes sobre lo ridículos que se veían, exagerando cada gesto, cada comentario.
La vergüenza se volvió diversión.
El día pasó entre bromas y carcajadas.
Reían en los pasillos, en el patio… incluso en clase, sin importarles las miradas de los profesores.
Nada parecía importarles más que ese momento compartido.
Los días seguían pasando con una ligereza que a Elian le gustaba.
Eran días alegres, tranquilos.
Aren ya no pasaba tanto tiempo encerrado en los libros, y eso, curiosamente, lo hacía sonreír más.
Elian lo notaba.
También notaba que ahora podían pasar más tiempo juntos, aunque fuera en silencios cómodos o charlas sin importancia.
Con el tiempo, sus cabellos comenzaron a crecer de forma distinta.
Ya no buscaban verse iguales.
Cada uno fue adoptando su propio estilo, sin decirlo, como si sin darse cuenta estuvieran marcando caminos diferentes.
Elian empezó a notar que a Aren le interesaban cada vez más las relaciones entre las personas.
Le gustaba escucharlo hablar de ellas, defenderlas, entenderlas.
Poco a poco, esa curiosidad se transformó en algo más profundo: una admiración sincera hacia el amor mismo.
Aren ya no hablaba como cuando eran niños.
Ahora había convicción en su voz.
Valor.
Tal como lo había dicho alguna vez, Aren quería proteger el amor.
Y ahora… parecía capaz de hacerlo.
Elian fue entendiendo que ese cambio no era casual.
Algo en Aren estaba despertando.
Su resonancia hacia el amor comenzaba a mostrarse, no de forma violenta ni espectacular, sino constante.
Aren se enfrentaba a otros cuando veía injusticias, cuando alguien se burlaba o dañaba a quienes se querían.
No solo defendía relaciones humanas, sino también a animales, plantas, incluso a los insectos que otros aplastaban sin pensar.
Elian no podía evitar reírse cuando Aren hacía eso.
Le parecía exagerado, pero también admirable.
Le gustaba verlo así.
Y aun con todo eso, Aren seguía siendo Aren.
No descuidaba del todo el colegio.
Ya no estudiaba como antes, pero se mantenía atento, responsable, presente.
No había dejado de ser él mismo… solo se había vuelto más claro.
Elian, en cambio, seguía esperando.
Mirando.
Sin sentir aún ese llamado dentro de sí.
Elian sentía que se estaba quedando atrás.
No tenía ninguna conexión.
Quería ser un héroe, pero no entendía por qué no podía sentir algo.
Aren comenzó a notar cómo se sentía Elian.
Una tarde, cuando se reunieron para hacer tareas, Aren apartó los libros y se acercó más a él.
Apoyó los brazos en la mesa y dejó el rostro sobre ellos.
Con una sonrisa tranquila, le preguntó a Elian qué era lo que lo tenía tan pensativo.
Eso sorprendió a Elian.
No esperaba que su amigo, tan amante de los libros, notara que estaba preocupado.
Durante unos segundos no supo qué responder.
—Lo siento, Aren… no soy tan bueno como tú haciendo la tarea —dijo, evitando su mirada.
Aren lo notó.
Elian le estaba ocultando algo.
Se sentó derecho en la silla y la acomodó frente a él.
—Elian, en serio eres muy malo intentando ocultar algo —dijo con una pequeña risa—.
Dime de verdad qué es lo que pasa.
Elian negó con la cabeza.
—En serio, no es nada, Aren.
Aren no sonrió esta vez.
Lo observó con atención, sus ojos ámbar reflejando algo más profundo de lo habitual.
—No puedes engañarme —respondió—.
Dime qué es lo que te pasa.
Hizo una pausa.
—Estos días que he pasado más tiempo contigo has estado demasiado calmado.
Se inclinó un poco hacia delante.
—¿No era eso lo que querías?
Que pasara más tiempo contigo.
Elian suspiró.
—Lo siento, Aren —dijo—.
Es solo que me siento tan atrás.
Se puso de pie, incapaz de quedarse sentado.
—Quiero ser un héroe… y no tengo nada para ser uno.
No sé qué es en lo que más creo.
Frunció el ceño.
—Así que deja de verme así, con esa mirada.
Das miedo.
Aren se rió suavemente.
Elian lo miró con enojo.
—¿Por qué te ríes?
Aren respondió con una sonrisa tranquila.
—Porque me estaba preocupando.
Tomó un respiro y también se puso de pie.
—Si en serio eso es lo que te preocupa, yo te voy a ayudar con eso.
Hizo una breve pausa.
—Soy… soy tu amigo, ¿recuerdas?
Para eso están los amigos.
Aren apoyó una mano en el hombro de Elian.
—Así que tranquilízate.
Elian lo miró unos segundos y, al final, sonrió con calma.
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