Mucho más allá de nosotros - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 parte 60 Una vida perfecta
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18: parte 6.0: Una vida perfecta 18: parte 6.0: Una vida perfecta Elian estaba de buen ánimo esa mañana.
La idea de convertirse en héroe lo mantenía ligero, casi distraído.
En el autobús, se sentó junto a Aren.
Notó que estaba más callado de lo normal, pero no parecía molesto.
Al contrario… había algo inquieto en su expresión.
Al notar la mirada de Elian, Aren sonrió sin decir nada.
Eso lo dejó más tranquilo.
En el colegio, Elian volvió a perderse en sus pensamientos.
Cuando regresó a la realidad, Aren ya no estaba.
No recordó haberlo visto irse.
Eso le pareció extraño.
Pero pensó que quizá alguna maestra lo había necesitado, ya que Aren es el mejor de la clase.
Elian pensaba en el futuro, en lo que significaría ser un héroe.
Suspiraba con tranquilidad.
No sentía el peso ni la presión de nada.
Su mundo parecía ir tan bien que no había nada que pudiera mejorarlo.
Entonces, sus pensamientos fueron interrumpidos.
Algo chocó contra él y lo hizo caer al suelo.
El golpe fue lo suficientemente fuerte como para dejarlo aturdido.
Cuando levantó la mirada, frente a él estaba una chica.
Hermosa.
Todos sus pensamientos se dirigieron hacia ella.
Cada detalle pasaba por la mente de Elian: su ropa, sus manos delicadas y ese cabello gris que cubría parte de su rostro.
La chica se levantó y comenzó a hablar, pero Elian no escuchaba lo que decía.
Al ver su rostro, sintió algo dentro de él.
Esos ojos que lo miraban lo absorbieron en una paz total.
—Tú eres muy hermosa.
—Disculpa… ¿qué estás diciendo?
—Ah… espera… lo siento.
Se levanta rápidamente, dejando la mano de la chica extendida.
—Disculpa, no me di cuenta de que estabas corriendo.
—Ah, no pasa nada.
La chica pone su mano atrás.
Elian evita mirarla directamente, pero no puede evitar verla de reojo, nervioso.
—Y dime… ¿para dónde ibas tan apurada?
—Se me quedó mi cuaderno en un salón y olvidé en cuál es.
—Ah, espera… ¿verdad?
Por eso estabas tan apurada.
Se acerca un poco, pero sin tocarla.
—Yo… yo te puedo ayudar a buscarlo.
—Tranquila, no hay afán.
—Dime… ¿eres nueva?
—Ah… sí, llegué hace dos días a la ciudad.
—¿En serio?
Qué extraño… que no te haya visto antes.
Nunca dejaría pasar a alguien como tú.
—¿Como yo?… disculpa.
—Ah, no me malinterpretes.
Elian voltea a su alrededor y se da cuenta de que todos los están observando.
Decide que es mejor caminar con ella.
—No es por ser grosero, pero creo que es mejor movernos de aquí, donde nadie nos esté mirando.
La chica se da cuenta de que están haciendo un pequeño espectáculo y decide aceptar las palabras de Elian.
—Tienes razón, mejor vamos de aquí… pero aun así estoy un poco apurada por mi cuaderno, y allí dejé una actividad para la siguiente clase, así que me tengo que ir.
—Espera un momento.
Por impulso, Elian la toma del brazo.
Se da cuenta de lo que hizo y la suelta inmediatamente.
La chica lo mira furiosa.
—Disculpa, eso… solo quería acompañarte por tu cuaderno.
Yo te puedo guiar.
—Ah… está bien, no pasa nada.
Así, ambos se dirigen al salón.
El silencio entre ambos se volvió incómodo.
Elian, al notarlo, decidió hablar.
—Ah… espera, aún no me he presentado.
Mucho gusto, mi nombre es Elian.
Levantó la mano para estrechar la de ella, con una sonrisa nerviosa pero amable.
—¿Y cuál es el tuyo?
—Ah… el mío es Seris.
Mucho gusto.
Tomó la mano de Elian para presentarse.
—Ah, cierto… —Elian se rascó la nuca—.
Olvidé preguntarte algo importante.
¿Qué materia estaban viendo?
Así sé para dónde vamos.
Seris se sorprendió un poco.
—Tienes razón, no te lo había dicho.
Lo dejé en la clase de biología, 2-B.
—Ah, ya sé dónde es.
Ven.
Para no dejar que la conversación muriera, Elian siguió hablando mientras caminaban.
—Algo que sí no se me va a olvidar es tu nombre, Seris.
Es muy bonito.
—Y dime… ¿qué te trae a la ciudad de Valcrest?
—Jajaja, gracias, pero no es tan especial.
Y respondiendo a tu pregunta… mi familia dijo que estaba cansada de la ciudad de Serelith.
Demasiada paz para ellos.
Así que decidieron mudarse aquí, donde el peligro es constante contra Noxion y sus aliados.
—¿En serio esa es la razón?
—Elian rió suavemente—.
Bueno, yo no les daría la misma.
Yo tampoco soy de aquí.
Vengo de Aurevia.
—¿Así que tú tampoco eres de aquí?
Seris le dio un pequeño golpecito en el brazo, sonriéndole.
Elian la observó.
Cada vez le parecía más hermosa.
—Disculpa, Seris… ¿puedo decirte algo?
—preguntó nervioso.
—Sí, ¿qué quieres decir?
—respondió de forma juguetona—.
Pero que no sea tan extraño.
Se inclinó un poco para mirarlo desde arriba.
Elian dudó un segundo y luego habló: —Es que… tus ojos son muy hermosos.
Y tu cabello también.
Siento que me transportan a un lugar tranquilo… como un campo de flores blancas, con un pequeño lago de agua verde y cristalina.
Bajó la mirada.
—Disculpa por decir algo así.
No podía quedármelo.
Eres una chica muy espléndida.
—Ah… gracias.
Seris apartó la mirada y guardó silencio.
Elian sintió que había dicho algo que no debía.
Se quedó callado, incómodo.
Tal vez fue demasiado, pensó.
Apenas nos conocemos… no es como con Aren.
—Ah… mira —dijo de pronto—.
Este es el salón que estabas buscando.
—Sí… tienes razón.
Gracias.
Elian la observó entrar al salón con una ligera tristeza, sintiendo que había arruinado algo.
Entonces, Seris habló sin darse la vuelta: —Muchas gracias por decir eso.
Nadie me había dicho algo tan bonito… y tan directo.
Giró para mirarlo, se acercó y tomó sus manos.
—Tranquilo.
No arruinaste nada.
Solo… fue algo que nunca esperé escuchar de alguien.
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