Mucho más allá de nosotros - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 parte 70 Un momento especial
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19: parte 7.0: Un momento especial 19: parte 7.0: Un momento especial Esas palabras hicieron que todo desapareciera, que solo quedaran ellos dos.
Para Elian, el mundo dejó de existir.
Solo estaban sus respiraciones alteradas, demasiado cercanas, demasiado reales.
Un sonido interrumpió el momento, pero no la calma que había entre ellos.
Elian lo escuchó, pero no quiso aceptarlo.
Aun así, sabía lo que significaba: era hora de ir a clase.
Un instante de dos personas que no querían separarse.
La primera en reaccionar fue Seris.
—Ah, Elian… ya es momento de ir a clase.
Ella apartó sus manos de las de él.
Elian tragó saliva.
—Tienes razón… es momento de que me vaya.
Hizo una pausa.
—Así que… adiós.
Espero volverte a ver mañana, Seris.
Estaba nervioso.
No podía mirarla.
Su mirada intentaba escapar, pero su cuerpo no obedecía.
Sus manos se escondieron, como si no supieran qué hacer con lo que sentían.
—Yo igual, Elian.
Seris se marchó.
Elian aún no se marchó.
Observó cómo Seris se alejaba y quiso detenerla, pero también sabía que debía volver.
Se dio la vuelta para ir al salón.
Mientras caminaba, sentía algo en su corazón que lo confundía.
Era algo cálido y tranquilo, tan suave que hacía que todo a su alrededor quedara en silencio, sin importar cuántos estudiantes estuvieran corriendo y gritando.
Elian llegó a su salón, se sentó y observó la clase.
Ya no estaba intranquilo ni perdido en sus pensamientos.
Elian no sentía el tiempo pasar.
Solo lo notó cuando Aren lo llamó para cambiar de clase.
Todo a su alrededor comenzó a moverse de una forma más lenta, aunque el tiempo seguía avanzando.
El sol ya estaba por ocultarse en el horizonte.
Elian esperaba que llegara la noche.
No sabía por qué, pero quería que ya fuera de noche.
Aren, al notar cómo se estaba comportando, lo jaló del buzo para llevarlo al autobús.
Cuando ambos estuvieron sentados, Aren lo miró y le preguntó: —¿Qué te pasó hoy?
Primero estabas perdido y ahora estás muy tranquilo.
Nunca te había visto ponerle atención a la clase de esa forma.
—Yo… —Elian parpadeó— no sé.
Solo siento que mi corazón ya no está tan apresurado.
Me siento más tranquilo.
Aren lo observó en silencio por un momento.
Entonces su expresión cambió, como si algo lo hubiera asustado.
—Elian… ¿estás bien?
¿Qué te sorprendió?
Estás muy pálido.
—Yo… no, nada —respondió Aren, desviando la mirada—.
Solo vi pasar algo feo por la carretera.
Todo está bien.
Creo que mañana tú tienes planes, ¿no es así?
—¿De qué hablas, Aren?
Mañana no tengo nada que hacer.
Aren soltó una pequeña risa, nerviosa.
—Jajaja… sí, claro.
Esta noche descubrirás a qué me refiero.
Solo te puedo desear suerte… y que mañana todo salga bien.
—Ahí me estás confundiendo, Aren.
¿Por qué dices eso?
—Elian miró hacia la ventana—.
Ah, mira… ya llegó mi parada.
Adiós.
Elian se levantó del asiento, salió del autobús y, antes de alejarse, se volvió para despedirse una vez más desde afuera.
Aren le devolvió la despedida con la mano, sin dejar de observarlo.
Elian entró a su casa.
Saludó a su madre y comenzó a contarle lo que le había sucedido ese día, hablando de la nueva chica.
Mientras arreglaba la comida, su madre lo escuchaba con atención.
Al oír lo que Elian decía de Seris, supo de inmediato lo que sentía.
Pero no quiso decírselo.
Solo escuchó.
Cuando todo estuvo listo, abrió la puerta principal para recibir a su esposo.
Elian corrió a abrazar a su padre.
Luego se sentaron a cenar juntos.
Al terminar, Elian subió rápido a su habitación.
Pero antes de avanzar mucho, su madre lo llamó y lo detuvo.
—Esta noche —le dijo— observa con mucho cuidado la luna.
—Ah, okey, mamá.
Buenas noches.
Mientras subía, Elian pensaba en lo extraño que era que su madre se estuviera comportando igual que Aren.
Tomó un suspiro y entró a su habitación, aún a oscuras.
Encendió la luz y avanzó para cambiarse.
Tomó su pijama y se vistió.
Luego se dirigió al baño.
Mientras se cepillaba los dientes, pensaba en Seris.
En su mente se cruzaban las palabras de Aren y de su madre.
No dejaba de preguntarse: ¿Qué quieren decirme?
Salió del baño algo irritado, sin entender por qué se estaban comportando así.
Apagó las luces y se acostó en su cama.
Cerró los ojos.
Todo quedó en la oscuridad.
Solo permanecía la luz de la luna y la brisa de la noche.
Elian abrió los ojos.
Se levantó y fijó la mirada en la ventana.
Su corazón quería decirle algo.
Tomó un momento antes de levantarse y, con curiosidad por entender qué intentaba mostrarle, se acercó a la ventana.
Alzó la mirada hacia arriba.
Una fuerte brisa pasó, obligándolo a cerrar los ojos por un instante.
Cuando los abrió, vio la luna menguante.
No entendía por qué, pero aquella forma lo hipnotizaba.
Se sentía más en calma mientras la observaba.
Entonces la luna pareció cambiar.
Su contorno tomó la forma de la cabellera de Seris, que se giraba lentamente para mirarlo.
Elian se sobresaltó y retrocedió, alejándose de la ventana.
Cuando su respiración volvió a ser tranquila, se preguntó por qué Seris había aparecido ahí.
Con cuidado, se volvió a acercar y miró de nuevo.
La luna estaba normal.
—Ah… solo fue mi imaginación —pensó—.
Pero… ¿por qué imaginé a Seris en la luna?
Se sentó junto a la ventana y continuó observándola.
Se sentía especial.
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