Mucho más allá de nosotros - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 parte 80 Una mañana sin entender
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20: parte 8.0: Una mañana sin entender 20: parte 8.0: Una mañana sin entender El sol comenzaba a asomarse poco a poco, derramando rayos de luz que se colaban en los rincones más oscuros, como si intentara despertarlos.
Entre ellos, a alguien que se había quedado dormido sin darse cuenta, después de pasar la noche entera observando la luna.
Elian sentía incomodidad por la luz del sol, sin saber que el tiempo que le quedaba era poco para organizarse e ir al colegio.
Mientras pensaba en lo molesto que era el sol, cayó en cuenta de algo: si la luz ya se asomaba, era porque el amanecer había llegado.
Aún en la misma postura de la noche anterior, abrió los ojos.
Fue entonces cuando lo entendió.
Se le hacía tarde.
Se levantó de golpe y corrió al baño para arreglarse lo más rápido posible.
No podía faltar ese día.
No hoy.
Algo no encajaba.
—¿Por qué…?
¿Por qué me quedé despierto hasta tan tarde anoche?
—se preguntó en voz alta mientras se miraba al espejo—.
Vamos, vamos… tengo que apurarme.
No debo fallar hoy.
¿Por qué?
Volvió a mirarse.
—¿Por qué no debo fallar hoy?
¿Qué hice anoche…?
Entonces, sin aviso, el recuerdo llegó a su mente: la luna… y Seris.
Elian se sorprendió.
No supo qué pensar, pero tampoco tenía tiempo para hacerlo.
Ya era tarde.
Salió corriendo del baño y se vistió a toda prisa.
Al salir de su cuarto, se encontró con su madre esperándolo.
—Jajajaja, hijo —dijo ella—.
Te dije que observaras la luna, no que te quedaras despierto toda la noche.
Baja, ya tengo el desayuno listo.
Elian bajó corriendo al comedor y comió todo lo que pudo.
Su padre, que ya iba de salida, lo observó con sorpresa por lo apurado que estaba.
—Eso me recuerda a cómo te comportabas conmigo —comentó su esposa.
Elian no se dio cuenta de la escena que compartían sus padres.
Salió rápidamente de la casa y, al hacerlo, se encontró con el autobús frente a el, a punto de arrancar.
Por suerte, Aren lo vio y gritó al conductor para que esperara.
—¡Espere!
¡Falta uno!
elian subio al autobus pro fin pudo respirara pero lo que se encontro fue una mirada fulminante de aren.
jajaja hola aren disculpa la tardanza.
me quede dormido.
elian no te hagas.
suspiro.
te dije que viera la noche.
no que te quedras despierto toda la noche.
aren.
por que ahora ustedes dos se comprotan iguales mi mama me dijo lo mismo.
es que acaso ustedes aben algo que yo no.
y por que te ves tan cansado.
tu tampoco dormistes.
de que hablas.
yo si dormi ,uy bien anoche y no me compares con tu madre.
aren que te pasa no intentes ignorar mi pregunta.
y ademas si te comparo es por que estan diciendo lo mismo.
elian lo mira con los brazos cruzados y pone una cara de enojado.
ahi por que haces eso.
duda.
ahi esta bien si me quede despierto anoche pensado unas cosas.
pero almenos lo mio si valio la pena por que lo tu yo no sirvio de nada por lo que veo.
y deja de poner esa cara asi pareces que estuvieras a punto de hacer un berrinche.
ya bajemos del autbus elian.
que ya llegamos.
—Está bien —dijo Elian, esbozando una sonrisa—.
Entonces, como recompensa, dime por qué te quedaste despierto anoche.
—¿Recompensa?
—respondió Aren—.
Mejor hazte a un lado, no quiero llegar tarde como otros.
Lo miró de arriba abajo.
—Oye, espera —Elian frunció el ceño—.
¿Por qué andas tan a la defensiva hoy?
Dio un paso hacia él.
—Oye, espérame, ¿sí?
No te vayas.
Solo soy tu amigo.
Tú puedes contarme todo, como me lo dijiste aquella vez.
Somos casi hermanos.
Aren se detuvo.
Suspiró.
—Lo siento… —murmuró—.
Es solo que pensar en eso no fue suficiente.
Caminó de vuelta hacia Elian y apoyó una mano en su cabeza.
—Todo está bien, no te preocupes.
Y no se te ocurra llorar aquí, porque ahí sí te dejo solo.
—Aren, no hagas eso —protestó Elian—.
No soy un niño.
Además, yo no lloro tan fácilmente.
—Jajaja, sí, claro —respondió Aren—.
Porque ahora mismo pareces a punto de llorar.
Luego miró al frente.
—Ah, pero espera… ya vamos tarde.
Lo tomó de la mano.
—Vamos, rápido.
Después te ayudo a entender lo que pasa, pero ahora no.
—Jajaja… gracias, Aren —dijo Elian—.
No sé por qué, pero gracias por estar ahí.
—Ah, de nada —respondió—.
Para eso soy tu mejor amigo.
Hizo una pausa.
—Y hablando de recompensas… tal vez te dé una.
Elian sonrió aún más.
Ya en el salón, cada uno se sentó en su asiento.
Elian miraba de reojo a Aren, impaciente por el regalo.
Aren le devolvió la mirada solo para darle a entender que prestara atención a la clase.
Así se la pasaron durante todas las clases de la mañana.
Cuando por fin tuvieron tiempo para hablar, Aren salió rápidamente del salón.
Elian, al darse cuenta, lo siguió de inmediato.
No entendía qué estaba haciendo Aren, pero por suerte para él, Aren era bastante lento y logró alcanzarlo.
—Jajaja, Aren, ¿para dónde vas con tanta prisa?
—dijo, agarrándolo del brazo.
—Estaba a punto de comprar tu regalo —respondió—.
Estamos en la tienda del colegio y quiero comprar unos dulces.
Le señaló un asiento libre cerca.
—Tú ve y siéntate ahí.
—Ah… me estás confundiendo, Aren —dijo Elian—.
Sé que me gustan los dulces, pero ¿por qué haces esto tan raro?
—Elian, tú solo siéntate.
Ya voy para allá —contestó—.
Y si seguimos así, no podré comprar lo que tengo pensado.
Elian acató y esperó justo en el lugar que Aren le señaló.
Mientras tanto, lo observó pelear para que no le quitaran el turno para comprar.
No pasó mucho tiempo cuando Aren se acercó con las manos cerradas.
—¿Qué tienes ahí, Aren?
—preguntó Elian—.
Son dulces, ¿cierto?
A ver, abre.
¿Por qué no los abres?
Aren suspiró.
—Elian… —dijo—.
Este regalo que te voy a dar no es para ti.
Es para lo que sientes.
Elian juntó las manos, confundido.
Y aún más cuando vio a Aren dejar caer en ellas dulces con forma de corazón.
—Aren… —Disculpa —continuó—, pero yo no estoy enamorado de ti.
Y no sé cómo recibir esto.
Elian no supo qué decir.
—Idiota —añadió Aren—.
Te estoy diciendo que no es para mí.
Lo miró con seriedad.
—Es para que vayas con esa persona que conociste ayer y se los des.
Les van a gustar.
No sé quién sea, pero confío en tus sentimientos y sé que será alguien maravillosa.
Hizo una pausa breve.
—Cuando estés más claro, me la presentas.
Quiero conocerla.
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