Mucho más allá de nosotros - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 parte 121 Las sorpresas del tiempo parte 1
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24: parte 12.1: Las sorpresas del tiempo parte 1 24: parte 12.1: Las sorpresas del tiempo parte 1 El siguiente día, Elian apareció en el autobús más relajado.
Aren lo vio a lo lejos y le sonrió; sabía que la noche anterior Elian por fin había podido dormir.
Habían pasado muchas cosas en tan poco tiempo.
Elian se sentó junto a Aren.
Los dos estaban felices por ese día tan hermoso.
A Elian se le notaba un poquito nervioso porque ahora tenía novia, y Aren aprovechaba eso para molestarlo.
Por fin, las sonrisas habían vuelto.
Al llegar al colegio, los dos se bajaron del autobús y se dirigieron a su salón.
Así comenzaba la primera clase.
Elian todavía no le prestaba mucha atención; siempre se distraía con algo.
A veces veía a Aren concentrado escuchando la clase, y, en ocasiones, Aren se daba cuenta y le hacía una seña para que pusiera cuidado.
Cuando por fin se terminaron las primeras clases, Elian tomó a Aren y sus cosas y se lo llevó rápidamente al patio del colegio.
Aren no tuvo tiempo para pensar, ya que Elian lo arrastraba, pero notó que bajaba su ritmo.
Ya no iba tan rápido… hasta que se detuvo.
Estaba aún más confundido.
Avanzó un poquito para ver qué pasaba, y lo que se encontró fue una cara nerviosa y fría.
—Elian, pero ¿qué te pasa?
¿Por qué estás temblando?
¿Qué fantasma viste?
—No vi ningún fantasma… solo que te voy a presentar a mi novia.
—Ay, Elian, por favor… —se acerca—.
Ya te dije que tienes mi apoyo.
Además, ¿no le vas a presentar a tu novia a tu familia?
—Pero, Aren, tú eres casi mi hermano.
Eres importante para mí… y más ahora que estoy a punto de presentarte a la persona que amo.
—Es una broma, sí que eres alguien ignorante… ¿por qué hasta ahora te preocupa esto?
Y gracias también.
Pero, volviendo al tema, yo confío en ti y en la persona que tu corazón escogió, no tu cabeza.
Así que vamos.
Elian mira a Aren.
—Sí… tienes razón.
Vamos.
Avanza—.
Espera… ¿cómo así que no confías en mis decisiones?
—Ja.
—Lo empuja—.
Mejor avancemos antes de que se nos acabe el descanso.
Los dos por fin salieron del colegio y estaban en el patio.
Elian aún estaba nervioso.
Por eso, Aren sabía que él no podría avanzar, así que comenzó a buscar algo.
—¿Qué estás haciendo, Aren?
¿A quién buscas?
—Ah, pues a tu novia.
—¿Y tú cómo sabes cómo se ve, si apenas llegó hace unos días?
—Elian, te dije que los chismes vuelan.
Y además, ¿se te olvida el show que hiciste aquel día?
—Ah… tienes razón.
Pero ya deja de buscar.
Ven, ella me dijo que nos vería debajo de ese árbol —le señaló.
—Ah, por fin.
Bueno, vamos, tengo que ir a hacer unas cosas antes de ir a clase.
Y además se te están olvidando mucho las cosas últimamente —avanzó—.
Recuerda que tenemos algo pendiente.
Los dos llegaron al árbol que señaló Elian y se quedaron bajo su sombra mientras esperaban.
Aren salió un momento para mirar más allá de la sombra del árbol e hizo una expresión extraña que Elian notó, pero quedó desconcentrado por el cabello de Aren… y más cuando abrió los ojos y lo miró fijamente.
Ahí estaban esos ojos rojo ámbar.
—Hace tiempo no veía esos ojos.
Tus ojos son… —Hermosos —dijo alguien.
Elian se sorprendió y, al voltear, se encontró con Seris.
—Seris… ¿eres tú?
Me sorprendiste —dijo Elian, acercándose.
—¿Te sorprendo?
Pensé que si tu amigo se dio cuenta de que estaba aquí, tú también lo habrías notado —respondió mientras se acercaba a él.
Entonces se fijó en Aren.
—¿Quién es él?
—Ah, sí, disculpa.
Él es Aren, el amigo del que te hablé ayer.
—Ah, mucho gusto, mi nombre es… —Seris, cierto.
Yo soy Aren, el amigo de Elian —dijo, levantando la mano—.
Elian me contó de ti ayer.
—Ah, ya veo —respondió Seris, tomando su mano.
—Y no te vayas a sentir mal porque Elian no te notó.
Es que sentí tu amor llegar.
—¿Mi amor?
¿De qué hablas?
—Ah, lo siento, Seris.
Elian tiene la resonancia del amor y puede notar el amor en las personas —explicó Aren, volteando a mirarlo fijamente—.
Por eso abriste los ojos.
—Jajaja… ¿tú qué crees?
¿Que te estaba mirando a ti?
Bueno, yo ya me tengo que ir.
Habrá otro momento para conocernos bien.
¿Qué tal este fin de semana?
Elian tiene un compromiso conmigo.
—Ah, sí, sería divertido.
No tenía nada que hacer.
—Yo tengo algo que hacer contigo, Aren.
—¿Ah, sí?
¿Lo de tu resonancia?
Dejemos eso hasta aquí, ya que me tengo que ir.
Bueno, chao, Seris… y chao, Elian.
Se volteó y alzó la mano para despedirse.
Aren se alejó y entró de nuevo al colegio.
Se quedaron solos Elian y Seris.
A Elian ya se le había pasado el nerviosismo de presentarla, pero ahora quedaba otra cosa: no sabía de qué hablar con ella.
Recordó lo que había pensado decirle el día anterior… pero solo pudo pensar en lo cerca que estaba.
—Elian, ¿estás bien?
Estás algo rojo —dijo Seris, tomándolo de la mano.
—Ah… yo… —miró la mano de Seris y luego la miró a ella—.
Sí, solo estaba recordando lo que pasó ayer.
—Jajaja.
Fue tan especial lo de ayer… No, lo que pasó ayer fue más que especial.
¿Qué tal si nos sentamos?
—Ah, sí.
Los dos se sentaron.
—Tienes un amigo algo extraño.
—¿Aren?
No tanto.
Él siempre es el más correcto y serio… aunque hoy se comportó un poco raro.
Eso me hace recordar algunas cosas.
Elian comenzó a contarle historias de cosas que había vivido con Aren: la vez que se cortaron el cabello igual, cómo se conocieron… No paraba de hablar, porque le gustaba ver a Seris sonreír con cada anécdota.
Y ella lo miraba tan fijamente mientras lo escuchaba que hacía que Elian se sonrojara por esa mirada que le aceleraba el corazón.
Así se quedaron hasta que terminó el descanso.
Elian se acercó a Seris, le dio un abrazo y se fue.
Seris se quedó un momento antes de irse.
Elian se volteó un instante, le sonrió a Seris y salió corriendo.
Al llegar al salón se encontró con Aren esperándolo sentado.
Aren le preguntó qué tal le había ido, y Elian no pudo callarse: comenzó a contarle todo lo que hablaron, cómo le dio un abrazo y qué pensaba decirle mañana.
Seguía hablando hasta que llegó la profesora y le dio un golpecito en la cabeza para que se callara.
Aren sonrió por eso… y comenzó la clase.
Así terminaron las clases de ese día.
Elian y Aren salieron juntos.
Elian le preguntaba a Aren cuándo podrían reunirse para hacer la tarea que dejó la profesora.
Aren lo pensó, ya que tenían planes ese fin de semana, así que le dijo que podía quedarse en su casa después de que él entrenara y estuviera con Seris.
Elian saltaba de felicidad al recordar todo lo que le esperaba ese fin de semana.
Aren lo dejó saltando feliz y se subió al autobús.
Cuando Elian notó que Aren se había ido, corrió para alcanzarlo.
Aren se sentaba en el mismo lugar de siempre, al pie de la ventana.
Elian se sentó a su lado y siguieron practicando hasta que llegó su parada.
Elian se bajó triste por no poder seguir hablando con Aren, pero, a través de la ventana, le dijo: —El sábado nos reunimos.
El autobús arrancó y Aren gritó: —¡Pide permiso!
Elian se rió por el comportamiento de Aren.
Entró a su casa y buscó rápidamente a su madre.
Al encontrarla, le dio un abrazo.
Su madre notó lo emocionado que estaba su hijo, así que le preguntó cómo le había ido hoy.
Elian le contó todo; no pudo parar, ni siquiera cuando su papá llegó.
Así siguió hasta que terminaron de cenar y, por fin, logró contarles todo.
Ya con todo listo, se fue a su cuarto, pero antes de avanzar le pidió permiso a su mamá para ir a pasar la tarde con Aren y Seris, y si también lo dejaban quedarse en la casa de Aren.
Ella le contestó que sí, que podía ir ese fin de semana.
Elian sonrió y se fue a su cuarto, emocionado, esperando que llegara el siguiente día.
Esos días para Elian fueron los más divertidos.
Estaba feliz, esperando que llegara el sábado para encontrarse con Seris y Aren, y también para comenzar a entrenar y descubrir su resonancia.
Sentía que su vida estaba tomando un camino lleno de felicidad.
El jueves se despertó emocionado por pasar el día con Seris y Aren.
Se apresuró lo más rápido posible para ir al colegio, pero como siempre, cuando salía, el autobús no llegaba.
Cuando por fin se subía, lo primero que hacía era buscar a Aren.
Corría rápidamente a sentarse a su lado.
Aren ya lo esperaba, y Elian se acomodaba junto a él.
Durante el camino, Elian le practicaba todo lo que quería hacer con él y con Seris, pero Aren lo interrumpió para decirle que no podía acompañarlo: tenía que encargarse de unas cosas.
Elian se puso triste porque quería compartir el descanso con los dos.
Aren se rió y le dijo que mejor aprovechara para pasar tiempo con Seris y también presentarla a sus demás compañeros.
Elian entendía sus razones y sabía que tenía razón: aún no le había presentado a nadie más de sus amigos a su novia.
Al llegar al colegio se bajaron del autobús y se dirigieron a sus salones para comenzar las clases.
Al terminar las primeras clases del día, Elian se despidió de Aren y le encargó sus cosas.
Se fue corriendo para ver a Seris, pero se le olvidó preguntarle dónde se verían.
Antes de ir a buscarla, se dirigió a la cafetería para comprarle unos dulces.
Recordó aquella vez que no la pudo encontrar y los dulces que no le pudo dar.
Al llegar, vio que la tienda estaba llena y que varios estudiantes se empujaban.
Entonces notó que alguien estaba a punto de caer.
Corrió para atraparla.
Al atrapar a la persona que habían empujado, se dio cuenta de que era Seris.
Se sorprendió al encontrarla ahí, pero recordó algo y le dijo: —Esta vez sí te atrapé.
—Ah… tienes razón, Elian.
Esta vez sí me atrapaste —respondió ella, nerviosa.
Seris se levantó y se quedó mirándolo fijamente.
—Bueno, dime, Seris… ¿qué estás haciendo hoy en la cafetería?
No te había visto aquí.
—Ah, yo… quería comprar algo para ti.
¿Y tú qué haces aquí?
—¿Para mí?
—se sonrojó—.
Yo también quería comprarte algo, ya que no te pude dar nada aquel día.
Los dos, nerviosos, agacharon la cabeza.
No podían mirarse por la vergüenza de haber pensado lo mismo.
Aun así, se sentían felices.
Elian levantó el rostro y, decidido, se lanzó contra la multitud para comprar algo para Seris.
Seris se sorprendió, pero no iba a dejar a Elian solo.
Ella también iba a comprar algo para él.
Los dos empujaban a los demás para poder comprar algo.
Avanzaban como podían.
Elian vio a Seris al otro lado, luchando también por avanzar, y se sintió feliz al verla esforzarse.
Finalmente, ambos llegaron al frente de la tienda y, por la presión de los demás, solo pudieron comprar algo antes de ser empujados hacia atrás.
Ya fuera de la multitud, sonrieron y extendieron sus manos frente a ellos.
Las abrieron para ver qué habían comprado… y los dos solo tenían un dulce.
Se rieron.
Habían luchado tanto por comprar algo, y aun así era tan poco.
Pero eso mismo los hacía felices.
Se levantaron.
—Nunca esperé hacer algo así en mi vida… luchar por algo sin sentido.
Elian se acercó un poco.
—Entonces… ¿yo no valí la lucha?
Seris negó suavemente y levantó la mano mostrando el dulce.
—Elian, yo lucharía por ti.
Pero por un pequeño dulce, no.
Elian rió.
—Este dulce me hace feliz porque viene de parte tuya.
Y yo también quiero que sientas lo mismo por este.
Se sonrojó y le mostró el pequeño dulce.
—Este dulce que tienes aquí… yo sí lucharía por él.
Porque viene de ti.
Tomó el dulce de Elian.
Los dos, con el dulce del otro en la mano, se lo comieron.
Luego se dedicaron una sonrisa… y se alejaron de ahí.
Elian llevó a Seris para presentarle a sus demás amigos.
Elian la detuvo antes de que se fuera para pedirle su número de teléfono, así podrían practicar más y saber dónde estaba el otro.
Así, los dos intercambiaron números y se despidieron.
Elian llegó tarde otra vez a su salón.
Aren lo esperaba y, cuando estuvo cerca, le dijo: —Tendré que quedarme contigo para que no sigas llegando tarde.
Elian solo le respondió con una sonrisa.
Cuando por fin terminaron las clases, Elian y Aren salieron juntos.
Elian le hablaba emocionado sobre su día mientras Aren escuchaba en silencio.
Ya en el autobús, Aren le preguntó: —¿Ya le pediste permiso a tus padres para quedarte en mi casa?
Elian asintió.
—Sí.
—Ya solo falta un día para reunirnos —dijo Elian.
Se recostó en su asiento, suspiró y miró hacia el frente, esperando que ese día llegara pronto.
Aren lo notó… y se recostó a su lado para esperar la parada de Elian.
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