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Mucho más allá de nosotros - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 parte 123 Las sorpresas del tiempo parte 3 final
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26: parte 12.3: Las sorpresas del tiempo parte 3 final: 26: parte 12.3: Las sorpresas del tiempo parte 3 final: Mamá, espera —dijo Aren.

La madre de Aren cerró la puerta.

Aren no sabía qué pensar o qué hacer, pero ahí estaba Elian.

Al escuchar eso, supo que era grave, así que debía estar ahí para Aren.

Aren iba a bajar las escaleras para seguir a su madre, pero Elian lo tomó de la mano.

Con una sonrisa le dijo: —Aren, tranquilo.

Tu madre se encargará.

Se acercó hacia Aren.

—Subamos, ya es tarde.

Lo miraba con preocupación.

Aren lo vio fijamente y entendió.

Debía tranquilizarse.

Asintió con la cabeza y subieron al cuarto de Aren.

Elian entendía que Aren estaba preocupado y no podía hacer nada por él.

Por esta razón cambió de cara y miró a Aren, que se estaba acostando en la cama.

—Elian, ¿qué pasa?, ¿por qué me estás viendo?, ¿qué tengo en la cara?

Elian, al verlo, entendió que haría algo.

—No es nada.

Te digo algo: ya estoy muy grande para caber en la colchoneta… ah, y también en esas cobijas.

—¿Y qué puedo hacer yo si ya eres un semáforo?

—lo dijo enojado—.

¿Quieres cambiar entonces?

—No.

Mejor me acuesto ya.

Elian se acostó en el piso y Aren se acostó en su cama.

Elian esperó hasta que vio que Aren estaba en su cama y se levantó de la colchoneta.

—Elian, ¿qué haces?

—Tengo frío y la colchoneta está dura.

Así que ábreme campo.

Se acercó.

—¿Qué?, ¿qué estás haciendo?

Aren levantó las manos para detener a Elian, entonces comenzó a forcejear con él para entrar a la cama.

—Elian, los dos no cabemos en la cama.

—¿En serio?

—se alejó—.

—¿Ya te cansaste, Elian?

—dijo Aren, cansado.

—Mmm… déjame pensar… no.

Elian se lanzó sobre la cama.

Aren se sorprendió, pero no pudo hacer nada y Elian cayó en la cama.

Elian miró a Aren con una cara burlona.

Aren hizo una cara de enojo, pero no la pudo mantener y comenzó a reír.

Mientras reía, comenzaron a brotar lágrimas de sus ojos.

Elian se acercó preocupado, pero Aren lo interrumpió.

—Elian… jajaja… tú eres un idiota.

No me dejarás sufrir solo, ¿verdad?

—Claro que no, Aren.

Soy tu amigo, no te dejaré solo ni que hagas una locura.

—Gracias, Elian.

Bueno, ya te puedes bajar de mi cama.

—Yo lo decía en serio, así que ábreme un espacio.

—Pero aquí no cabemos los dos —miró a Elian—.

Ah, ok, puedes dormir aquí.

Elian, sin esperar que Aren dijera algo más, se metió dentro de las cobijas.

Notó que si se movía mucho se caería, así que se quedó de lado.

Miró a Aren, que seguía sentado, así que levantó los brazos para que Aren se acomodara en ellos y él pudiera obtener más espacio.

Aren lo miró por un momento, suspiró y se metió en los brazos de Elian.

—Esto es extraño, Elian.

¿A ti qué bicho te picó en el parque?

—Ninguno.

Así que hazte más para allá, que si me voy a caer es contigo.

Aren se acomodó para que Elian tuviera más espacio.

Mientras, Elian pensaba que Aren no se le iba a escapar.

Notó cómo estaba viendo la ventana; sabía que cuando él se durmiera se escaparía para ir al hospital.

Por eso hizo lo que hizo: lo tenía capturado en sus brazos.

Lo apretó.

—Elian, ¿pero qué crees que tienes en tus brazos, un peluche?

—le dio un golpe en la cabeza.

—Lo siento, Aren.

Así los dos se quedaron, aunque Elian quería quedarse más tiempo despierto para vigilar a Aren, pero el sueño le ganó.

Al despertarse, miró hacia abajo y notó que Aren no se le había escapado.

Aún estaba algo adormilado, así que para comprobar que no fuera un sueño apretó a Aren.

Al sentirlo, se tranquilizó.

Cerró los ojos, pero no pudo.

Aren se despertó y lo empujó, cayendo al piso.

Elian, en el suelo, levantó la mirada y se encontró a Aren levantándose de la cama.

No dijo nada y se dirigió a su armario, escogió ropa y se fue a ducharse.

Antes de irse le dijo a Elian que se alistara; su madre lo llevaría a casa.

Aren se marchó y Elian quedó algo triste porque Aren se comportó algo frío.

Se levantó del suelo, se cambió y decidió esperar a que Aren volviera.

Aren, al entrar, se encontró con Elian, pero no le dijo nada; solo le hizo una seña para que bajara.

Elian no entendía el comportamiento tan serio de Aren, así que bajó.

Ahí estaban los padres de Aren.

Se les veía cansados.

—Elian, ¿ya estás listo?

Tu madre ya va a llegar —dijo la madre de Aren.

Disculpa, ayer no atenderte bien.

Ven, esperemos a tu madre afuera.

Elian siguió a la madre de Aren.

Sentía el cansancio y la tristeza en ellos.

Antes de salir de la casa de Aren, se volteó a ver a Aren.

Aren, al notar que lo estaba viendo, se despidió de él levantando la mano y con una sonrisa.

Elian también hizo lo mismo.

En ese momento apareció la madre de Elian.

Él, al verla, se dirigió hacia ella y se subió al auto.

La madre de Elian lo vio decaído.

Elian la miró y ella solo arrancó.

Los dos no pudieron hablar.

Elian no sabía qué hacer ahora, no sabía cómo serían las cosas ahora.

Al llegar a su casa, entró y subió a su cuarto.

Se sentó en su cama, miró su teléfono y le escribió a Seris.

Solo quería hablar con alguien.

Él se sentía perdido, no sabía qué tan grave era lo de la abuela de Aren, pero aun así se sentía preocupado porque él también le tenía cariño.

Si no había pensado en eso era porque quería que Aren pudiera tener una noche tranquila.

En la siguiente semana Elian notó que Aren estaba muy callado.

En el autobús solo miraba a la ventana, en el colegio se le veía solo pendiente de la clase y en los descansos no hablaba; solo se quedaba en su puesto esperando la siguiente clase.

Elian se le acercaba, pero Aren solo ignoraba sus preguntas y cuando le respondía se sentía cansado.

A Elian no le gustaba cómo estaba Aren.

Él buscaba a Seris para hablar y ella lo escuchaba y lo consolaba sobre esta situación.

Así que los dos, antes de que se terminara esa semana, buscaron a Aren.

Al verlo notaron lo deprimido que estaba con la situación de la abuela.

Los dos se acercaron a él para hablar y consolarlo.

Aren no pudo aguantar más las lágrimas y lloró en los brazos de los dos.

No podía soportar la idea de que su abuela muriese.

Seris y Elian lo acompañaron.

Ellos dos sabían que debían acompañar a Aren, no lo dejarían solo.

Elian se marchó con Aren, que tenía la vista roja por llorar, pero el autobús los había dejado, así que caminaron en silencio hasta la parada de Elian.

Ellos se despidieron, y Elian solo esperaba que la situación mejorara mientras veía a Aren alejarse.

Elian pensaba qué hacer para que Aren pudiera estar más tranquilo.

No sabía, así que decidió irse a distraer un poco con la compañía de Seris.

Es mejor aprovechar un poquito el tiempo, dijo Elian.

Al encontrarse con Seris no se dijeron nada, solo caminaron.

No necesitaban nada más; estar juntos era más que suficiente.

Se detuvieron para descansar y observar cómo pasaban las personas.

Ya no se sentían nerviosos.

Seris es lo que Elian necesitaba para estar tranquilo.

Al terminar el día se despidieron.

Así terminó ese pequeño fin de semana.

Elian no paraba de preguntar a su madre cómo estaba la situación en la casa de Aren.

Ella le contaba a Elian lo que pasaba, así que le propuso irlos a visitar ese viernes.

Elian se puso contento.

Al encontrarse con Aren en clase le contó que el viernes lo acompañaba a visitar a la abuela de él.

Aren le sonrió y le dijo que iba a esperar ese día.

Al comenzar las clases Elian pensó en invitar a Seris.

Ella sería su compañía para ese día.

Así, cuando llegó el descanso, buscó a Seris y le dijo lo planeado.

Ella aceptó, y Elian se fue corriendo a buscar a Aren.

Lo encontró en otro salón esperando que iniciaran las clases.

Se le acercó y le contó que invitó a Seris.

Aren solo le dijo: —Gracias a los dos por acompañarme.

esa semana elian hizo todo lo posible para que aren no se sintiera tan mal, pero sus ánimos se bajaban cada vez que lo veía en el autobús con ojeras y los ojos rojos.

solo se sentaba a su lado en silencio.

sentía todo muy pesado.

siempre al llegar el descanso arrastraba a aren hacia la cafetería o al patio para que estuviera más tranquilo.

seris siempre estaba a su lado para acompañarlo y poder seguir adelante.

elian veía cómo cambiaba aren con la compañía de los dos; podrían cambiar las cosas.

por fin llegó el viernes.

elian se despertaba con gran emoción por ese día.

al encontrarse con aren en el autobús, se encontró con aren un poco más animado.

le preguntó si estaba emocionado por la compañía que tendría ese día, pero él le respondió que a su abuela la habían desconectado de muchos aparatos que la mantenían viva, pero que ella se estaba recuperando.

la visita le ayudará a sentirse mejor —dijo elian.

aren asintió con la cabeza.

Elian se encontró con Seris en el descanso y con él estaba Aren.

Armaron el plan para ir a ver a la abuela de Aren.

Elian notó que las cosas estaban mejorando.

Ellos se volvieron a separar al terminar las clases.

Aren esta vez no pudo ir con Elian, ya que la madre de él vino por él.

Elian se despidió de Aren para verse más tarde.

Elian, al llegar, vio a su madre lista.

Al verla la saludó, subió y se cambió.

Bajó y se fue con ella.

Los dos se dirigieron al hospital donde estaba la abuela de Aren.

Al llegar, Elian se encontró con Seris y sus padres.

Él se acercó y de una vez los presentó junto a su madre.

Ellos se quedaron hablando mientras Elian se llevaba a Seris.

En el hospital encontraron a Aren esperándolos.

Él los llevó a ver a su abuela.

Ellos entraron a la habitación donde estaba ella.

Al verla, ella los notó.

Aren los presentó a ellos como pareja.

La abuela soltó una pequeña risa.

Ellos se acercaron más y platicaron de lo grandes que estaban; ella también aprovechó para burlarse de Elian.

Pasaron un momento muy hermoso, pero tuvieron que irse rápido porque la visita no podía quedarse mucho tiempo.

Se despidieron felices por verla y ella igual.

Elian se despidió de su amigo y de su novia y se marchó tranquilo, esperando verlos de nuevo en la próxima semana.

El domingo, Elian estaba esperando que llegara la noche para irse a dormir y ver a sus amigos.

Al cenar se fue rápidamente a cepillarse; al bajar para darles las buenas noches dijo: —Papá, mamá, buenas noches.

Ellos dos le respondieron lo mismo.

Al subir a su cuarto sonó el teléfono de la madre de Elian.

Él se detuvo y bajó a ver quién la llamaba.

Estaba feliz viendo a sus padres juntos, pero algo cambió: la cara de ella cambió, se separó de su padre y lo miró a él.

Elian se desorientó.

En ese momento comenzó a sonar su teléfono.

Al ir por él vio quién lo llamaba: era Aren.

Sintió escalofríos.

Al contestar, Aren no respondía.

—Aren, ¿estás ahí?

Aren, ¿me escuchas?

—Elian… Elian… discúlpame por llamar… —se escuchaba triste—.

Disculpa, es que necesitaba a alguien con quien poder hablar… —Aren, ¿qué pasó?

Dime por qué estás triste —dijo alegremente, con una sonrisa.

—Jajaja… ah, lo siento, Elian, por llamarte.

Es… que mi abuela acaba de morir y solo quería hablar contigo.

—Aren… Aren, está bien, ya voy para allá, espérame.

Voy a estar contigo —dijo con lágrimas en los ojos.

—No, Elian… te… tengo que olvidar.

Cuelga.

Aren… Aren, ¿qué pasó?

Elian bajó a donde estaban sus padres.

Al ver la cara de Elian en lágrimas, le abrieron los brazos.

Esa noche la pasaron juntos.

Elian no podía dormir.

Al despertar, sus padres ya estaban vestidos.

Ellos le dijeron que fuera al colegio.

Elian se fue alistando.

Mientras se alistaba se vio al espejo.

Comenzó a llorar.

Al verse otra vez se limpió las lágrimas y dijo: —Tengo que ser fuerte.

Y se fue.

Al subir al autobús esperó ver a Aren, pero no estaba ahí.

Tampoco lo vio en clase.

Lo llamó, pero no contestaba.

Buscó a Seris y se derrumbó; no sabía qué estaba pensando.

Seris también comenzó a llorar junto a él.

Ella sabía lo difícil que debía ser ahora.

Ese día Elian no se fue en el autobús; sus padres lo estaban esperando.

Se fue con ellos.

Llegaron a su casa y le dijeron a Elian que mañana irían a enterrar a la abuela de Aren.

Él solo asintió con la cabeza y se fue a su cuarto.

Se la pasó esa noche llamando a Aren, pero no le contestaba.

Elian se cansó de llamarlo y el sueño le ganó.

Al siguiente día, Elian se despertó.

Sabía qué día era.

Se alistó con ropa negra y bajó.

Sus padres estaban en la sala.

Al verlo, ellos no dijeron nada.

Tomaron a Elian de los hombros y se fueron.

Al llegar al cementerio, Elian pudo ver a Aren.

A lo lejos quiso ir, pero su madre lo detuvo.

Debía darle un poco más de espacio ese día.

Elian se encontró con Seris; se sorprendió de que ella estuviera ahí.

Se acercó a ella y la abrazó.

Ella le dijo: —Eres fuerte, Elian.

Elian solo la abrazó más fuerte porque sabía qué quería decir.

Antes de que enterraran a la abuela de Aren, él se acercó al ataúd antes de que lo bajaran.

—Yo quisiera darles unas palabras.

Antes de que mi abuela muriera ella me dijo que era mejor decir lo que siente uno a las personas que ama, y por eso me dijo esas palabras.

Porque ella me amaba.

Y yo se las doy a ustedes para que… se lo digan a esa persona que está en sus corazones.

Aren retrocedió hacia los brazos de sus padres.

Todo siguió normal.

Al terminar todo, ellos se fueron a acompañarlos a la casa de Aren.

Elian, al preguntar por Aren, los padres de Aren le dijeron que estaba en su cuarto.

Elian pidió permiso para subir.

Ellos se lo dieron.

Elian tocó la puerta de Aren, pero no contestó, así que abrió.

Se encontró a Aren en la oscuridad, donde no se veían ni su cabello ni el color de sus ojos.

—Aren, ¿cómo estás?

Aren se sorprendió al ver a Elian.

Estaba en su escritorio, sentado.

Se levantó con la cabeza agachada.

—Hola, Elian.

Yo… estoy pensando.

Elian se acercó y levantó su mano para tocar a Aren, pero él se alejó.

—Ah, lo siento, Elian.

Es que me estoy sintiendo algo confundido.

—Aren, ¿qué pasa?

¿Me puedes decir qué pasa?

Yo estoy aquí.

—¿Qué… qué pasa?

Yo no sé qué pasa.

No sé qué voy a hacer yo.

Se desplomó al suelo.

—¿Qué debo hacer yo con esas palabras?

Elian se lanzó rápidamente a abrazar a Aren mientras él lloraba.

—No debes hacer nada.

Solo llora en mis brazos.

Yo estaré contigo.

Aren abrazó a Elian fuertemente mientras lloraba.

Elian lo acompañaba sosteniéndolo.

No lo iba a dejar solo.

Aren soltó a Elian y puso sus brazos sobre su pecho.

Miró a Elian.

Elian miró los ojos rojos y destruidos por el dolor.

Ese color volvió, pero se perdía en ese sufrimiento.

Aren puso sus brazos sobre los hombros de Elian.

Se le quedó viendo.

Se acercó, pero… —Elian… creo que tienes que irte —lo dijo destrozado.

—¿Por qué me tengo que ir?

Yo no me voy a ir de tu lado.

Aren se levantó.

—Elian, tienes que irte.

Yo ya bajo —lo dijo con voz suave mientras se alejaba.

—Aren, pero… —Elian, ya voy.

Solo tengo que… ya bajo —dijo con la cara destrozada.

—¿En serio vas a bajar?

—Sí, yo voy —dijo con una sonrisa que no podía mantener.

Elian salió con una imagen en su mente: cuando se estaba acercando a él, sus ojos rojos estaban ahí, rodeados de lágrimas.

Pero no… esos ojos aparecieron en esa oscuridad, y su cabello intentaba esconderlos.

Elian bajó.

Fue donde Seris, que estaba ahí, y esperó a Aren.

Cuando bajó, se veía más tranquilo.

Se les acercó y fue abrazado por los dos.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES alyxVQOY7u hola disculpen el retraso como compesatorio le dejo el nombre de la siguiente parte: El dolor del futuro

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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