Mucho más allá de nosotros - Capítulo 30
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Capítulo 30: parte 2: Descubrir lo que hay en el interior
Ese día terminó cuando Elian vio a Seris irse. Observó cómo su cabello se movía con el viento mientras se alejaba.
Pero debía volver a su realidad.
Subió al autobús y se sentó junto a la ventana, mirando cómo la noche comenzaba a caer sobre la ciudad.
Cuando llegó a su casa, bajó del autobús y entró. Sus padres estaban allí; los saludó con tranquilidad antes de subir a su cuarto.
Se sentó cerca de la ventana y miró la luna. Cerró los ojos y recordó todo lo que había pasado ese día.
—Ese sonido… ¿qué significa? —se preguntó.
Encendió su teléfono y pensó en Seris. Tal vez ella también había sentido algo. Decidió llamarla.
Cuando ella contestó, su voz sonó curiosa.
—¿Elian? ¿Qué pasa?
—Quería preguntarte algo… ¿sabes qué fue lo que pasó hoy?
Seris se sentó en su cama para hablar con más calma.
—No lo sé… todavía no lo he pensado bien. Todo ocurrió muy rápido.
Elian se quedó en silencio unos segundos. Entonces recordó el sonido del martillo… y algo que Aren le había dicho una vez: que él podía sentir el amor de los demás.
—Seris… creo que sé lo que está pasando.
—¿Qué?
—Creo que despertaron nuestras resonancias.
—¿Qué? —de repente se escuchó un estruendo al otro lado de la llamada—. Lo siento… pero ¿cómo podría tener algo así? Eso no es posible.
—Tranquila, Seris —respondió Elian con calma—. Aún no sabemos exactamente qué es esto. Mañana hablamos mejor. Hoy pensemos con la almohada.
Hubo un pequeño silencio.
—Está bien —dijo ella—. Te veo mañana.
—Te espero.
—Adiós, Elian.
—Adiós, Seris.
Elian se acostó en su cama y cerró los ojos para descansar.
Cuando volvió a despertar, miró el reloj.
—Es temprano —murmuró.
Aun así decidió levantarse para prepararse.
Mientras se duchaba pensaba en el sonido. Cerró los ojos. Al escuchar el agua caer, su mente se sentía más clara. Era como si algo en su interior quisiera mostrarse, como si una respuesta estuviera escondida en algún lugar de su mente.
Pero no logró alcanzarla.
De pronto el sonido de la alarma lo sobresaltó.
Salió de la ducha, apagó el teléfono y comenzó a vestirse. Pensó en Seris y en cómo había reaccionado durante la llamada. Quería entender por qué había estado así.
Al bajar encontró a su madre preparando el desayuno. Se sentó a observarla.
Cuando ella lo notó, se acercó y le acarició el cabello.
—¿Qué es lo que te tiene tan pensativo?
—No lo sé… en verdad.
Elian apoyó su rostro sobre la mesa.
Ella sonrió con ternura.
—Sé que han pasado muchas cosas, pero es mejor mirar el futuro con una sonrisa.
Le dio un beso en el cabello y volvió a la cocina.
Elian pensó en esas palabras.
Ver el futuro con una sonrisa.
Después salió de su casa. El autobús se acercaba y se subió. Se sentó junto a la ventana
mientras escuchaba a otros estudiantes gritar y hablar en la parte de atrás. No les prestó atención.
Cuando llegó al colegio bajó del autobús.
Seris lo estaba esperando.
Elian se acercó a ella, tomó su mano y la miró al rostro. Entonces notó algo.
—Seris… ¿qué te pasó?
Levantó su mano y tocó suavemente su rostro. Tenía ojeras.
—Yo… estuve pensando mucho —respondió ella.
Tomó la mano de Elian y le dedicó una pequeña sonrisa.
—Vamos. Entremos. En el descanso hablamos.
Elian sonrió y entró con ella.
Al entrar al salón se separaron. Elian vio a sus amigos y se acercó a ellos.
Comenzaron a platicar como cualquier otro día.
Al terminar las primeras clases, Elian fue en busca de Seris. Se dirigió al patio del colegio.
Ella estaba allí, debajo del árbol donde se habían conocido, observando el paisaje.
Elian se acercó con cuidado.
—¿Qué piensas, Seris?
—Yo… no sé qué pensar. Si lo de ayer fue una resonancia, no sé de dónde pudo salir algo así.
—Tienes razón. Es algo muy extraño —respondió Elian—. Yo esperé algo así durante mucho tiempo… y ahora aparece algo que ni siquiera entiendo.
Se quedó pensando un momento.
—¿Y si lo probamos con alguien?
Seris lo miró con curiosidad.
—¿Con quién podríamos hacerlo?
Elian sonrió, tomó su mano y la llevó hacia donde estaban sus compañeros. Ellos ya los estaban esperando y parecían emocionados por ayudarlos.
Elian rió al verlos comportarse así.
Seris lo observó, y en su rostro apareció una pequeña sonrisa.
—Bueno… comencemos.
—¿Y cómo vamos a hacer las pruebas? —preguntó uno de los amigos de Elian.
Elian se quedó en blanco. Ni siquiera sabía cuál era realmente su resonancia.
Pero Seris lo interrumpió.
—Sí lo sabes. Yo lo noté ese día… y también fue ese día cuando apareció lo mío.
Elian la miró confundido.
—¿Qué día, Seris?
—El día del funeral de Aren.
El silencio cayó entre ellos.
—Ese día noté que algo cambió en ti —continuó ella—. Y después de ver cómo reaccionaste ayer con esos chicos, puedo decirte algo con seguridad.
Hizo una pequeña pausa.
—Tu resonancia tiene que ver con la justicia.
—¿La justicia…?
Elian miró a sus amigos, pensando en lo que ella acababa de decir.
Entonces se le ocurrió algo.
—¿Hay alguna discusión que quieran resolver?
Sus amigos se miraron entre ellos. Finalmente, dos de ellos dieron un paso adelante.
—Bueno… nosotros tenemos un problema —dijo uno—. Él tomó dinero mío, pero no quiere hacerse responsable.
Elian escuchó con atención.
Tal vez esa sería la forma de descubrir si su poder realmente reaccionaba.
Elian comenzó a escuchar la discusión entre sus amigos.
Durante un momento no ocurrió nada. No escuchó ningún sonido extraño.
Hasta que uno de los chicos señaló a otro.
—¿Por qué me echas la culpa solo a mí? Yo no fui el único que estuvo ese día. ¿Y si fue él?
El otro chico reaccionó de inmediato.
—A mí no me metan en su problema. Yo no tengo nada que ver.
De repente, Elian escuchó el sonido.
¡Clac!
Como un martillo golpeando.
—Mientes —dijo Elian.
Todos se quedaron en silencio al escuchar su voz.
Los dos chicos miraron al tercero con furia.
—¿Así que te querías pasar de listo?
El chico se defendió rápidamente.
—¡No! Yo no vi nada ese día en la mesa.
¡Clac!
El martillo volvió a sonar.
—Sigues mintiendo.
Los dos chicos, furiosos, se lanzaron contra él.
Elian observó cómo comenzaban a pelear. Entonces se le ocurrió algo.
—Seris… ¿puedes intentar detenerlos?
—Pero… no sé cómo hacerlo.
Miró a Elian. Él extendió su mano hacia ella con confianza.
Seris tomó su mano y respiró profundo.
—Cálmense… por favor.
Los tres chicos que estaban peleando se detuvieron poco a poco y se separaron.
Seguían molestos, pero ahora estaban tranquilos.
—¡Wow, Seris! —dijo uno de los amigos—. Eso es increíble. Puedes calmar a las personas. Esa es una gran resonancia para una heroína.
—¿Heroína…? —repitió Seris en voz baja.
Elian la miró.
—Claro. Tu resonancia apareció. Eso significa que quieres ser una.
Seris soltó la mano de Elian.
—No sé si quiero ser una heroína.
Sin decir nada más, se dio la vuelta y comenzó a irse.
—¡Espera! —dijo Elian—. Chicos, luego hablamos.
Corrió tras ella.
—¿Qué pasa, Seris? ¿Por qué no quieres ser una heroína?
Seris suspiró.
—Elian… no es eso.
Bajó la mirada.
—Yo nunca imaginé mi futuro siendo una heroína. Nunca estuvo en mis planes algo así.
Guardó silencio un momento.
—Ser héroe es tu sueño, Elian… no el mío.
Le dedicó una pequeña sonrisa triste.
—Creo que deberías tomarte un tiempo para pensar qué tipo de héroe quieres ser ahora que tienes tu resonancia. Yo también necesito pensar en esto.
Seris se acercó a él.
Le dio un beso en la mejilla.
Y antes de que Elian pudiera decir algo, se fue.
Elian se quedó pensativo. Sabía que debía darle espacio a Seris. Ella tenía razón.
¿Qué tipo de héroe quiero ser ahora que tengo una resonancia?
Regresó a su salón, pero el resto del día pasó volando.
Cuando terminó la escuela, se dirigía a su casa, aunque sentía que necesitaba salir un momento.
Se cambió de ropa y les dijo a sus padres que iba a caminar un rato. Ellos se lo permitieron.
Elian caminó hasta el parque donde antes se reunían los tres.
Se recostó contra un árbol y se sentó en el pasto. El aire de la noche era frío.
Pensó en lo que Seris le había dicho.
Pensar qué tipo de héroe quería ser.
Suspiró. No lo sabía.
Pero recordó algo del primer día, cuando intentaban descubrir su resonancia: observar su alrededor y sentir.
Miró al cielo.
La luna llena se alzaba sobre él.
Cerró los ojos.
Escuchó el viento pasar entre los árboles, sintió el frío de la noche y la luz de la luna que apenas lograba alcanzarlo bajo la sombra.
Entonces se preguntó de nuevo:
¿Qué héroe quiero ser?
Su mente quedó en silencio.
Todo se volvió negro.
A lo lejos apareció algo.
Un objeto.
Se acercó lentamente mientras recordaba lo que Aren le había dicho una vez:
¿Qué sientes? ¿Qué quieres en este mundo?
Elian respondió en su interior.
—Quiero justicia… por el sufrimiento de este mundo.
El objeto comenzó a tomar forma.
Una balanza.
Elian la observó sorprendido.
—¿Una balanza…? Pero esto no me servirá para enfrentarme a nadie.
La balanza se quebró.
Sus fragmentos flotaron en el vacío.
Entonces comenzaron a reconstruirse.
Pero esta vez en una forma diferente.
Una espada gigante.
Un mandoble.
Elian sintió que algo dentro de él lo llamaba.
Se acercó.
Cuando estuvo frente a ella, la espada desapareció de su mente.
Elian abrió los ojos sorprendido.
Algo proyectaba una sombra frente a él.
Levantó la mirada.
Sobre él, flotando en el aire bajo la luz de la luna, había un mandoble gigante.
Elian se puso de pie y se acercó lentamente.
La luz de la luna brillaba con intensidad, reflejándose en la enorme espada.
Cuando extendió su mano y la tocó, el mandoble cayó pesadamente contra el suelo.
—¡Wao…! —dijo Elian.
Tomó el mango del mandoble e intentó levantarlo.
No se movió.
—¿Por qué pesa tanto esto si es mi poder?
Elian apretó los dientes y volvió a intentarlo. Usó todas sus fuerzas.
Pensaba que aquello no podía quedarle grande.
Quería ser un héroe.
Quería serlo porque en este mundo muchas veces no había justicia.
Con ambas manos empujó el mandoble hacia arriba.
Después de un gran esfuerzo logró levantarlo.
La enorme espada quedó alzada hacia el cielo, sostenida finalmente por una sola mano.
—¡Yo quiero justicia por el dolor que nadie enfrenta!
Pero en cuanto terminó de gritar, su cuerpo cedió.
—¡Ahh!
Cayó al suelo, agotado.
Aun así, había logrado levantarla.
Ahora tenía otro problema.
—¿Y cómo hago para desaparecer esto…?
Intentó varias veces, pero la espada no desaparecía.
Suspiró.
—Bueno… creo que tendré que llevarla a casa.
Mientras tanto, sus padres comenzaban a preocuparse porque Elian estaba tardando mucho.
De pronto escucharon un fuerte golpe en la puerta.
Corrieron a abrir.
Cuando la puerta se abrió, casi se fueron hacia atrás al ver a su hijo… arrastrando una espada gigante.
—Mamá… papá… —dijo Elian completamente cansado—. Traeré justicia al mundo.
Sus padres lo miraron en silencio.
Estaba sudado, agotado y con una espada enorme.
Elian caminó lentamente hacia su cuarto, arrastrando el mandoble por el suelo.
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