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Mucho más allá de nosotros - Capítulo 31

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Capítulo 31: parte 3: Lo que significa proteger

Elian entró a su cuarto, ignorando las miradas de confusión de sus padres.

Cerró la puerta y dejó el mandoble frente a su cama. Se sentó, observando la enorme espada en silencio.

Aún no sabía qué hacer ahora… pero algo dentro de él estaba seguro.

Estaba feliz.

Había dado el primer paso para convertirse en un héroe.

Se levantó y caminó hasta la ventana. Afuera, la noche era tranquila, iluminada por la luna.

Bajó la mirada.

Su expresión cambió.

Una lágrima recorrió su mejilla.

—Aren… —murmuró, apretando el puño—. Esta es la última vez que lloro por ti.

Respiró hondo.

—Voy a convertirme en un héroe.

Se alejó de la ventana y se dejó caer sobre la cama, agotado por el peso del mandoble.

Cerró los ojos.

Su último pensamiento fue simple:

Ver a Seris sonreír mañana.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro…

y así, finalmente, se quedó dormido.

Despertó por el sonido de la alarma. La apagó con pesadez, sintiendo el dolor en todo su cuerpo por haber arrastrado el mandoble.

Se sentó en la cama, aún con sueño, y se estiró un poco. Sus ojos se posaron en la enorme espada frente a él… y una sonrisa apareció en su rostro.

Se levantó y fue al baño a ducharse.

Mientras el agua caía, no podía dejar de pensar en el mandoble.

—No puedo llevarlo así… —murmuró para sí mismo—. Tendré que dejarlo en casa.

Al salir, se vistió rápidamente.

Al bajar, encontró a su madre en la cocina, pensativa, aunque ya tenía el desayuno listo.

—Buenos días —dijo, sentándose.

Ella lo miró por un momento antes de preguntar:

—¿De dónde salió esa espada?

Elian sonrió.

—Es mi poder, mamá. Por fin apareció… ahora podré convertirme en un héroe.

Su madre suspiró suavemente, dedicándole una pequeña sonrisa antes de apartar la mirada.

Elian terminó de desayunar y salió corriendo de casa para alcanzar el autobús.

Al verlo a lo lejos, los recuerdos volvieron por un instante… pero esta vez no le importaron.

Ahora estaba avanzando.

Subió al autobús y se sentó en su lugar de siempre, junto a la ventana. Observaba las casas pasar, perdido en sus pensamientos…

Hasta que un fuerte estruendo a su lado hizo vibrar todo el vehículo.

Se giró de inmediato.

Ahí estaba.

El mandoble, de pie junto a él.

Sus ojos se abrieron con sorpresa.

—¿Qué…?

No entendía cómo había llegado hasta ahí.

El murmullo comenzó a crecer a su alrededor.

—¿Estás viendo eso?

—¿De dónde salió esa cosa?

Elian reaccionó rápidamente y tomó la espada, pero eso solo hizo que todas las miradas se clavaran en él.

Era imposible ocultarla.

Y él… no tenía idea de qué hacer.

Al terminar las clases, Elian salió del colegio emocionado, buscando a sus amigos para mostrarles en qué se había materializado su poder.

Cuando los encontró, todos se impresionaron al ver el mandoble.

—¡¿Eso es tuyo?!

—¡Está increíble!

Lo felicitaron, rodeándolo para ver mejor el arma.

Pero Elian notó algo.

Seris no estaba.

Frunció el ceño y preguntó por ella, pero ninguno sabía dónde estaba.

—Hoy no vino —dijo uno.

La preocupación apareció de inmediato.

Elian dejó el mandoble con sus amigos.

—Cuídenlo un momento.

Apenas lo sostuvieron…

—¡¿QUÉ ES ESTO?! —cayeron al suelo por el peso.

Mientras ellos luchaban por levantarlo, Elian sacó su teléfono y llamó a Seris.

Contestó.

—¿Seris? ¿Estás bien?

—Sí… estoy bien —respondió ella—. Solo… necesitaba tiempo para pensar en mi resonancia.

Elian notó algo en su voz.

No sonaba como siempre.

—Está bien… —dijo con suavidad—. Tómate tu tiempo. Te amo… y estaré aquí cuando quieras hablar.

Hubo un pequeño silencio.

—Gracias…

Elian colgó.

Se quedó un segundo en silencio antes de volver la mirada hacia sus amigos, que seguían intentando levantar el mandoble.

Se acercó a ellos.

—Déjenme.

Lo tomó con ambas manos, intentando levantarlo con confianza.

Quería demostrar que ya podía controlarlo.

Pero su postura no era la correcta.

El peso lo venció.

Y terminó cayendo al suelo.

Sus amigos se quedaron en silencio un segundo…

y luego estallaron en risas.

—¡Eres un desastre!

—¡Y quieres ser héroe!

Elian, aún en el suelo, no pudo evitar sonreír.

Al terminar el día, Elian llegó a su casa.

Al ver a su madre, le pidió un favor.

—¿Podrías llevarme a la casa de los padres de Aren?

Ella, algo confundida, aceptó.

Durante el camino, Elian le contó todo lo que había pasado ese día.

Su madre escuchó en silencio… y al entender por qué esa enorme arma estaba en los asientos de atrás, solo suspiró.

—Ya llegamos, Elian.

Elian bajó del auto.

Se acercó a la puerta, se tomó un momento… y tocó el timbre.

Los padres de Aren abrieron.

Elian los miró. Se veían cansados… pero lo entendía.

—Disculpen por venir sin avisar —dijo con respeto—. Solo quería agradecerles por darme esta oportunidad… y también quería mostrarles algo.

Se dio la vuelta, fue al auto y sacó el mandoble de los asientos traseros.

Lo sostuvo frente a ellos.

—Mi poder se convirtió en esto… para traer justicia a su dolor.

Elian bajó la mirada.

Los padres de Aren se acercaron y lo tomaron suavemente por los hombros.

—Tranquilo —dijeron—. Nos alegra mucho que hayas despertado tu resonancia.

—Aren debe de estar feliz, donde sea que esté.

—No te preocupes por cargar con nuestro dolor. Si vas a buscar justicia… que sea por el dolor del mundo.

Elian asintió con una pequeña sonrisa.

Se dio la vuelta para marcharse, pero ellos lo detuvieron.

—Espera… tenemos algo para ti.

Entraron a la casa por un momento.

Cuando regresaron, le entregaron una manilla roja con gris.

—Aren la hizo para dártela después de la presentación… pero con lo que pasó, creemos que este es el momento.

Elian la recibió con cuidado.

Se la puso.

Al mirar el dije, notó tres iniciales:

A, de Aren.

E, de Elian.

S, de Seris.

Elian sostuvo la manilla con la otra mano.

—No les fallaré.

Se dio la vuelta y comenzó a alejarse.

Los padres de Aren regresaron al interior de la casa.

Elian, antes de irse, miró una última vez la casa de su amigo.

Había nostalgia… pero también decisión.

—Elian —llamó su madre desde el auto—. El sábado me acompañarás al banco a retirar un dinero, y luego podemos salir a comer algo.

—Sí, ma.

Subió al auto.

Durante tres días seguidos, Elian se dedicó a intentar controlar su resonancia.

Intentaba levantar el mandoble… hacerlo desaparecer… cualquier cosa.

Se quedaba hasta altas horas de la noche entrenando, y despertaba cansado, con el cuerpo adolorido.

Pero ahora tenía un motivo.

Cada vez que pensaba en rendirse, miraba la manilla.

Aren:

Seris.

Tomaba aire… y seguía.

Su madre lo observaba en silencio.

Y cuando su padre llegaba, ambos se quedaban mirándolo entrenar.

Ya habían sido notificados sobre el internado para héroes.

Sabían que pronto se iría.

Por eso, aprovechaban cada momento con él.

—

Llegó el sábado.

Elian iba en el auto con su madre.

—Quédate aquí —le dijo ella—. No te dejarán entrar con eso.

Señaló el mandoble.

Elian asintió y se quedó esperando dentro del vehículo.

Observaba a las personas pasar… hasta que un auto cruzó a toda velocidad.

El tiempo pasó.

Demasiado.

Su madre ya estaba tardando.

Frunció el ceño.

—Esto no es normal…

Tomó una decisión.

Se bajó del auto con el mandoble en la espalda.

En ese instante—

Una explosión.

El sonido retumbó en todo el lugar.

Elian reaccionó de inmediato.

A lo lejos, vio humo saliendo del banco.

Patrullas comenzaron a llegar, rodeando la zona.

Se acercó.

—¿Qué está pasando? —preguntó.

—¡Aléjate de aquí! —respondió un policía—. ¡Rápido, aseguren la zona!

—¡Espere! ¡Mi madre está ahí dentro.

El policía se giró… y notó el mandoble en su espalda.

Más gente comenzaba a reunirse.

Reporteros llegaban..

Cámaras grabando.

Todo se volvía un caos.

—

Mientras tanto, en la casa de Seris…

Ella estaba sentada con sus padres, viendo televisión.

Pero su mente estaba en otro lugar.

Seguía pensando en su resonancia.

En por qué ella.

Si nunca quiso ser una heroína.

Sus padres, notando que no prestaba atención, cambiaron de canal.

Una noticia apareció.

Un banco estaba siendo asaltado.

Tres personas.

Una de ellas… con máscara.

La cámara se movió entre la multitud.

Y entonces—

Un chico salió corriendo… y entró al banco.

Seris se quedó helada.

—…Elian…

Se levantó de golpe.

—¡Elian! ¿Qué está haciendo ahí? ¿Por qué entró?

La imagen cambió.

Ya no podía verlo.

Su preocupación creció de inmediato.

—¡Tenemos que ir! —dijo—. Por favor, llévenme allá.

Sus padres se miraron entre sí…

Y no dudaron.

Elian entró al banco.

No tuvo tiempo de pensar.

Los atracadores le dispararon en cuanto lo vieron.

Reaccionó por instinto, girando su cuerpo para protegerse.

No lo pensó… pero tuvo suerte.

El mandoble en su espalda recibió la mayoría de los disparos.

Aun así, algunas balas rozaron sus costados.

Elian apretó los dientes.

Dolía.

Al darse cuenta de que la espada resistía, la tomó con ambas manos y le colocó de lado, usándola como escudo mientras avanzaba torpemente hasta una pared.

Disparos.

Gritos.

Caos.

Entonces lo escuchó.

Un oficial dentro del banco.

Y, un segundo después…

Un disparo.

El cuerpo del policía cayó.

La sangre se extendió por el suelo.

Elian se quedó helado.

Ese oficial… había entrado por él.

Se refugió contra la pared.

Los disparos se detuvieron por un momento.

Pero los gritos no.

La gente seguía gritando.

¿Por qué gritaban tanto…?

Su corazón comenzó a acelerarse.

Demasiado.

Miró el cuerpo del oficial.

Sintió la sangre correr por su propio cuerpo.

Las heridas ardían.

—¿Qué estoy haciendo…? —susurró—. ¿Qué hice…?

Sus manos temblaron.

Las lágrimas comenzaron a caer.

Recordó las palabras de aquel héroe.

Que él no sabía nada.

Y era verdad.

No sabía qué hacer.

No podía hacer nada.

Escuchó pasos acercándose.

Elian bajó la mirada.

No podía moverse.

No podía pensar.

Entonces…

Vio la manilla.

Sus dedos la rozaron.

Recordó.

Proteger a los demás.

Respiró.

Temblando.

Se levantó.

Aún con miedo.

Aún sin saber qué hacer.

Pero avanzó.

Escuchó al atacante acercarse.

Y en su mente, solo quedó una idea:

Una vida… por muchas.

El atracador dobló la esquina.

Y lo vio.

El mandoble ya venía en movimiento.

No pudo reaccionar.

El corte fue limpio.

Su cabeza cayó al suelo.

Pero el peso del ataque fue demasiado.

Elian perdió el equilibrio…

y cayó.

Otro atracador, al ver lo sucedido, le disparó sin dudar.

Elian no pudo moverse.

Las balas impactaron su cuerpo.

Dolor.

Más dolor.

Antes de que una bala alcanzara un punto vital, Elian levantó el mandoble como pudo, usándolo como escudo.

Sus manos quedaron expuestas.

El atacante lo notó.

Y disparó.

Las balas atravesaron sus manos.

Elian gritó.

Pero en ese momento—

Disparos.

Policías.

El atacante cayó.

Los oficiales avanzaron con escudos, rodeando a Elian.

—¡Aquí! ¡Está herido!

Uno de ellos se arrodilló a su lado, revisando sus heridas.

—¡Necesitamos asistencia médica ahora!

Mientras todo parecía calmarse por un instante…

Alguien se acercaba.

Era el último atacante.

Elian lo vio avanzar.

Y también vio a los policías caer uno a uno frente a él.

—Tiene una resonancia… —alcanzó a decir alguien.

Los oficiales comenzaron a desplomarse.

Pero no gritaban de dolor.

Gritaban de miedo.

Elian no entendía qué estaba pasando.

Sus heridas aún ardían.

Se levantó como pudo y vio al sujeto.

Llevaba una máscara.

El hombre inclinó la cabeza, observándolo.

—¿Cómo es que no estás gritando de miedo?

Elian no respondió.

Apenas podía sostenerse con el mandoble mientras escuchaba los gritos a su alrededor.

Lo entendió.

Ese hombre estaba provocando todo.

Intentó avanzar…

pero tropezó y cayó.

El mandoble cayó junto a él, golpeando el suelo cerca de un oficial.

El atacante rió.

—Patético…

Elian intentó levantarse, pero el dolor no lo dejaba.

Entonces lo notó.

El oficial junto a él… había dejado de gritar.

Lo miraba.

Elian se sorprendió.

No dijeron nada.

El atacante se acercaba lentamente.

El oficial volvió a fingir estar afectado.

Elian se levantó como pudo.

—Ya que no puedes sufrir como los demás… —dijo el hombre, tomando un arma del suelo—, entonces yo acabaré contigo.

Le apuntó.

En ese momento—

—¡Elian!

Elian volteó.

Seris.

Había llegado.

El atacante disparó.

Elian, con las pocas fuerzas que le quedaban, se lanzó y levantó el mandoble para bloquear las balas.

Algunas lograron pasar.

Seris fue alcanzada.

Aun así, corrió hacia él.

—¿Qué haces aquí? —dijo Elian, desesperado.

El atacante avanzaba, disparando sin detenerse.

—¡¿Qué hago yo?! ¡¿Qué haces tú aquí?! —gritó Seris—. ¿Qué te pasa? ¿Quieres morir?

Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.

Elian bajó la mirada.

—Lo siento… —murmuró—. No quería que esto pasara… tienes razón… no sé qué estaba pensando.

Apretó el mandoble.

—Pero… por favor… necesito que te calmes. Necesito que uses tu poder.

Seris tembló.

—¿Que lo use…? Yo no soy una heroína… ni siquiera sé por qué tengo una resonancia…

—Sí lo sabes —dijo Elian—. Tú mejor que nadie entiendes el dolor de los demás… y sabes cómo calmarlos.

Seris miró a su alrededor.

Personas gritando.

Desesperadas.

Y entonces…

Recordó el funeral de Aren.

Apretó los puños.

En su mente, solo hubo un deseo:

“Quiero que todos puedan estar en paz.”

Una luz comenzó a brotar de sus manos.

Se expandió como alas.

Y luego se fragmentó en miles de pequeñas agujas de luz que se dispersaron por el lugar, alcanzando a cada persona.

Los gritos comenzaron a disminuir.

El atacante se sorprendió.

Pero ya estaba cerca.

Empujó el mandoble y apuntó directamente a Elian y Seris.

—Están muertos.

Pero no vio lo que pasaba detrás de él.

El oficial.

Aquel que había dejado de gritar.

Se levantó.

Y lo derribó.

Al mismo tiempo…

El silencio comenzó a regresar.

El miedo desaparecía.

Al ver que todo estaba bajo control, Elian dejó de sostenerse.

Su cuerpo cedió hacia atrás.

Pero no cayó al suelo.

Seris lo sostuvo.

—Elian… ¿estás bien? Estás lleno de sangre…

Elian intentó sonreír.

—Tranquila… solo son rasguños —murmuró—. ¿Y tú? También estás herida… lo siento… no te protegí bien.

Seris negó con la cabeza, aún con lágrimas en los ojos.

—No digas eso…

—Ya cálmense los dos —interrumpió un oficial, acercándose—. No van a morir… pero sí están en problemas.

Elian soltó una pequeña risa débil.

El oficial dio la señal.

—¡Equipo médico, adentro!

Más policías y paramédicos entraron rápidamente.

Se encontraron con una escena inusual.

Personas en el suelo… pero tranquilas.

Oficiales heridos… pero conscientes.

Nadie gritaba. Nadie corría.

El miedo había desaparecido.

Los equipos comenzaron a trabajar de inmediato.

Atendieron a los heridos, aseguraron la zona… y finalmente se acercaron a Elian y Seris.

—Vamos, ustedes dos.

Los levantaron con cuidado y los sacaron del banco.

El aire de afuera se sentía distinto.

Más frío.

Más real.

Un rato después, la madre de Elian llegó apresurada.

Su rostro estaba lleno de preocupación…

pero al verlo con vida, acompañado por Seris y sus padres, se detuvo.

Respiró.

Y sin decir nada, lo abrazó con fuerza.

Elian cerró los ojos.

Por primera vez en todo el día…

se sintió a salvo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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