Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Mucho más allá de nosotros - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Mucho más allá de nosotros
  3. Capítulo 32 - Capítulo 32: parte 4: Una despedida alguien que no esta
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 32: parte 4: Una despedida alguien que no esta

Elian, al sentir el abrazo de su madre, no pudo devolvérselo. Le dolía mucho el cuerpo.

—Me alegra que estés bien, ma…

—Me alegra mucho, Elian… —respondió ella—. Muchas gracias por acompañar a mi hijo.

Los padres de ambos se alejaron para conversar, dejándolos solos por un momento.

Seris notó cómo la mano de Elian temblaba. Sabía la razón. Cuando fue auxiliada por los médicos, alcanzó a ver un cuerpo decapitado en el suelo… y no había nadie más con una espada aparte de Elian. También vio otro cuerpo sin vida al entrar.

Tomó la mano de Elian y se acercó más a él, recostándose en su brazo.

—Elian… ¿estás bien?

Elian no respondió. Solo asintió levemente con la cabeza.

Seris vio cómo una lágrima caía por su rostro.

Con suavidad, tomó el rostro de Elian y lo acercó al suyo.

—Tranquilo… estoy aquí para ti.

Elian la miró. Esa preocupación en los ojos de Seris lo hacía sentirse mejor.

—Lo siento, Seris… por meterte en algo tan peligroso, sabiendo que no querías hacerlo.

—Elian, no me obligaste a nada —respondió con calma—. Yo vine por ti… y solo por ti.

No te sientas culpable por esas muertes. Hiciste lo correcto… y también me abriste los ojos.

Seris giró ligeramente el rostro. Elian no entendía por qué.

Levantó la mano, ignorando el dolor de sus heridas, y tocó suavemente su mejilla.

Seris volvió a mirarlo, tomando su mano contra su rostro.

—Gracias… por hacerme entender por qué obtuve una resonancia… y por ayudarme a ver más allá de mi tranquilidad.

Ahora entiendo por qué quieres ser un héroe… y yo también quiero acompañarte, Elian.

Elian dejó escapar una pequeña risa entre lágrimas.

—Seris… tú eres la persona que quiero a mi lado…

Me hace muy feliz escucharte decir eso.

Bajó la mirada por un instante… y luego acercó lentamente su rostro al de ella.

Seris levantó suavemente su rostro.

Sus miradas se encontraron.

Elian observaba ese tono verde azulado que tanto le transmitía calma.

Seris, por su parte, se perdía en el gris de los ojos de Elian… una mirada que decía más que cualquier palabra.

Sus manos se encontraron lentamente, entrelazándose con timidez.

La cercanía entre sus rostros hacía que todo a su alrededor desapareciera.

Sus respiraciones, ligeramente alteradas, eran lo único que rompía el silencio entre ellos.

Seris se acercó un poco más, reduciendo la distancia.

Elian lo notó.

Con su mano aún en la mejilla de Seris, sintió cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza.

Quiso decir algo, pero las palabras no salieron.

Se acercó despacio… hasta quedar a milímetros de sus labios, sintiendo su respiración.

La mano de Seris se posó suavemente en su cabello.

Ese pequeño gesto le dio el valor que le faltaba.

Elian cerró los ojos… y la besó.

Fue un beso delicado, inseguro, pero lleno de todo lo que no podían decir.

Elian sintió cómo Seris acariciaba su cabello, y ese simple contacto lo hizo sentirse en calma.

Ambos cerraron los ojos, dejándose llevar por ese momento.

Al separarse, se quedaron mirándose en silencio.

Sus manos temblaban… sus respiraciones seguían agitadas.

No dijeron nada.

No hacía falta.

Simplemente se recostaron uno junto al otro, buscando esa cercanía…

quedándose ahí, en silencio.

Los padres de ambos observaban a sus hijos con una leve sonrisa.

Eran tan tímidos… y a la vez tan lindos.

Decidieron dejar los regaños para después y permitirles disfrutar ese momento.

Todos fueron llevados a la estación de policía.

Elian y Seris fueron interrogados.

A Seris la dejaron libre rápidamente, ya que no había participado directamente en nada grave.

Sin embargo, Elian tuvo que quedarse más tiempo.

Le hicieron varias preguntas:

por qué se puso en peligro…

qué ocurrió dentro del banco…

y sobre la muerte del oficial que fue a ayudarlo.

Pero al escuchar su versión y notar lo afectado que estaba por lo sucedido, decidieron dejarlo en libertad.

La muerte del asaltante fue considerada defensa propia, y el oficial que derribó al sujeto de la máscara habló a su favor.

Al salir, se encontró con su madre y con Seris, que lo estaban esperando.

Elian se acercó a ella.

—Hablamos mañana… —dijo en voz baja.

Seris asintió.

Ambos se separaron sin decir mucho más.

Elian se fue con su madre.

Durante el camino en auto, ninguno dijo nada.

El silencio lo llenaba todo.

Al llegar a casa, su padre ya los estaba esperando.

Al verlos, corrió hacia ellos y los abrazó con fuerza.

—Me alegra que estén bien…

—Sí… estamos bien —respondió su madre—. Pero tenemos que hablar.

Entraron a la casa y se sentaron.

Elian quedó en un lado de la mesa.

Sus padres, frente a él.

Lo miraban con seriedad.

—Elian… no te vamos a castigar —dijo su madre—.

Y tampoco vamos a prohibirte que seas un héroe.

Elian levantó la mirada, sorprendido.

Ella miró un momento a su esposo antes de continuar.

—Ese es tu sueño… y como padres, vamos a apoyarte.

Tomó su mano con suavidad.

—Pero debes ser más responsable… contigo mismo y con los demás.

Su padre suspiró antes de hablar.

—Como dijo tu madre… sabíamos que este momento iba a llegar.

Lo de hoy fue caótico… y peligroso.

Hizo una pausa.

—Pero también demostraste que estás listo para dar el siguiente paso.

Tomó la mano de su esposa y luego la de Elian.

—Aunque aún te falta mucho por aprender.

Elian guardó silencio.

—La próxima semana —continuó su padre—, entrarás al instituto para formarte como héroe.

Ambos lo miraron con firmeza.

—Ten cuidado, Elian.

Elian soltó las manos de sus padres.

Se levantó y se acercó a ellos.

Se quedaron mirándolo por un momento… hasta que Elian se lanzó hacia ellos, dándoles un fuerte abrazo.

Sus padres lo recibieron sin dudar.

Escucharon cómo Elian comenzaba a llorar.

Sabían lo que había pasado… y lo difícil que era procesarlo.

Solo lo sostuvieron en silencio.

Después de un momento, Elian se secó las lágrimas y les sonrió.

—Gracias… por ser los mejores padres.

—Ve a descansar, Elian. Tienes que recuperarte —dijo su madre.

Elian asintió y salió del comedor.

Entró a su cuarto.

Se sentó junto a la ventana y observó la luna.

Luego, su mirada se dirigió hacia el armario.

Ahí… apareció el mandoble.

Se acercó lentamente.

Dudó por un instante antes de tomarlo.

Recordó lo que había hecho… recordó que con esa arma había matado a alguien.

Apretó ligeramente el mango.

Ese hombre no pensaba en el dolor de los demás… solo en el suyo.

Cerró los ojos por un momento.

Y luego, lo tomó con decisión.

—Haré justicia en este mundo…

Al día siguiente, al despertar, llamó a Seris.

Le dijo que quería salir con ella, hacer algo juntos.

Seris aceptó sin dudar.

Elian sonrió y se despidió.

Se acercó al espejo en el baño.

Observó su cabello.

Había crecido bastante… y recordó que el día anterior le molestaba para ver.

—Creo que ya es hora…

Se duchó, se vistió y bajó las escaleras.

Su madre ya tenía el desayuno listo.

Elian se sentó.

—Mamá… ¿me puedes dar dinero para cortarme el cabello?

Su madre lo miró con sorpresa.

—Pensé que lo ibas a dejar crecer. Ya casi van dos meses desde la última vez que te lo cortaste.

—Sí… pasaron muchas cosas y no le presté atención.

Ella suspiró levemente.

—Está bien.

La peluquera se alejó un poco y le entregó a Elian el dinero.

—No te hagas otra vez un corte tonto esta vez.

Elian sonrió levemente.

—Creo que ya debo madurar… esta vez él no está aquí.

Ella le acarició el cabello con suavidad.

—Ve y luego vuelves.

Elian salió de su casa emocionado por reunirse con Seris.

Al encontrarse en el parque, la saludó. Ella estaba ahí, esperándolo con una sonrisa.

—Seris, ya llegué —dijo Elian algo agitado.

Seris se acercó a él.

—Hola, Elian… quiero decirte algo.

—No esperaba una sorpresa, pero ¿qué tienes que decirme?

—Mis padres tienen un contacto en la academia de héroes.

Después de lo que pasó ayer, hablaron con ellos… y me ofrecieron un cupo.

Yo acepté. Me voy la próxima semana.

—¿Es en serio, Seris?

Elian la abrazó con emoción.

—Yo también me voy la próxima semana… eso quiere decir que nos iremos juntos.

Te sentarás junto a mí.

Seris tomó las manos de Elian.

—Claro que sí, Elian… yo estaré a tu lado.

Elian sonrió, y Seris también, con una sonrisa más tranquila.

—Elian, ¿qué querías que hiciéramos hoy?

—Ah, verdad… creo que ya es momento de cortarme el cabello.

Estuve muy distraído y no noté lo largo que estaba.

Seris tocó el cabello de Elian.

—Sí… vamos.

Elian y Seris se fueron del parque a la peluquería.

Elian escogió un corte de cabello: un modern mullet.

Este peinado le servía para cuando estuviera tranquilo, sin necesidad de acomodarlo, y cuando entrenara podría llevarlo hacia atrás para tener la mirada despejada.

Al terminar, Elian se levantó y se miró en el espejo.

Luego miró a su lado… como esperando algo.

Pero al voltear, no encontró a nadie.

No entendía por qué había mirado ahí.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Seris.

—Elian, a ver… déjame ver cómo te queda el corte.

Elian giró el rostro para mostrárselo.

—¿Qué tal me veo, Seris?

Seris se sonrojó al verlo.

Cuando lo conoció, tenía un corte extraño y se veía algo chistoso.

Mientras su cabello crecía, no se había fijado mucho en su rostro… pero ahora que podía verlo bien…

—Elian… te ves muy guapo.

Elian notó su voz nerviosa y cómo se ponía roja.

Bajó la cabeza, sintiendo que él también se sonrojaba.

—Gracias, Seris…

Ambos salieron de la peluquería tomados de la mano.

De regreso en el parque, disfrutaron del momento.

Comieron helado, se recostaron en el pasto y vieron las nubes pasar.

Al llegar el mediodía, se despidieron.

Pero en la mente de Elian no dejaban de repetirse las palabras de Seris:

lo bien que se veía.

Y Seris no podía sacar de su mente a Elian con su nuevo corte de cabello.

Esa semana pasó volando.

Elian entrenaba diariamente para fortalecer su cuerpo y poder levantar el mandoble. También practicaba su resonancia, intentando entender qué más podía hacer.

Seris no se quedaba atrás. Comenzó a explorar su poder por su cuenta. Salía de casa y buscaba personas que necesitaran un respiro de su dolor… y las ayudaba. Así, poco a poco, su poder crecía y se volvía algo más.

En la escuela, ambos pasaban el tiempo con sus amigos, mostrándoles lo que podían hacer.

Aun así, sentían una mirada constante sobre ellos.

Un profesor los vigilaba por órdenes del director.

Pero eso no les impidió disfrutar esos días.

El viernes por la noche, Elian comenzó a empacar sus cosas para irse al instituto de héroes.

Miró su cuarto.

Luego se acostó en su cama, esperando que llegara el día siguiente.

Cerró los ojos.

Despertó con la alarma.

Elian sonrió.

Por fin… iba a convertirse en un héroe.

Se levantó rápidamente, se duchó y comenzó a arreglarse.

Mientras se vestía, sintió algo extraño… pero no le dio importancia.

Cuando estaba por salir de su cuarto, se detuvo.

Se acercó a la ventana.

Observó por última vez la vista que le había acompañado durante tantos meses… todos los recuerdos que ese lugar le había dado.

Luego salió.

Bajó las escaleras.

Sus padres ya lo estaban esperando.

Se acercó a ellos y salieron juntos para esperar el autobús.

A lo lejos, lo vieron acercarse.

Elian sintió cómo sus padres apretaban suavemente sus hombros.

El autobús llegó.

Elian se despidió con una sonrisa.

Ellos hicieron lo mismo.

Subió.

Dentro, encontró a Seris esperándolo junto a un asiento cerca de la ventana.

Avanzó entre los demás y se sentó a su lado.

—Hola, Seris.

—Hola, Elian.

Ambos se recostaron ligeramente uno contra el otro.

Seris cerró los ojos… y se quedó dormida casi al instante.

Elian también cerró los suyos.

Pero una luz le molestó.

Abrió los ojos por un momento y miró hacia la ventana.

Ahí vio un letrero:

“Bienvenidos a Valcrest.”

Elian cerró la cortina.

Se recostó nuevamente junto a Seris.

Cerró los ojos otra vez.

Pero esta vez… no se durmió de inmediato.

Recordó.

Todos los momentos que vivió en esa ciudad.

Cuando conoció a Aren.

Cómo jugaban.

Cómo soñaban con ser héroes.

Elian pensó, antes de dejarse llevar por esos recuerdos:

—Aunque solo vaya yo… sé que sigues a mi lado, cuidándome, Aren.

Su mente siguió recorriendo cada momento feliz.

Pero ahora…

Seris estaba a su lado.

Acompañándolo a avanzar.

Y así, finalmente, Elian se quedó dormido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo