Mucho más allá de nosotros - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 parte 24 el primer impacto
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9: parte 2.4: el primer impacto 9: parte 2.4: el primer impacto Cuando estuvieron lo suficientemente cerca del ejército, se elevaron hacia el cielo y desplegaron sus poderes.
Fe y Unión alzaron sus manos, y juntos crearon un gran árbol de luz, tejido por los lazos de Unión y las manifestaciones de Fe.
Sus raíces no tocaban la tierra: se extendían a través del mundo entero, conectándose con todos los seres vivientes.
Unión permanecía en el interior del árbol.
No como centro de poder, sino como su significado: la unión de las personas, de las emociones… y de un nuevo futuro.
Desde allí, desplegó sus lazos hacia sus aliados.
Fe, a su lado, creó las vestimentas.
No nacían de él, sino de la forma en que el mundo los veía.
Cada uno recibió una armadura distinta, forjada según aquello en lo que las personas creían de ellos.
Entonces, desde lo alto del cielo, comenzó el ataque.
Lapso adelantó el tiempo de cada movimiento, haciendo que los golpes llegaran antes de que los enemigos pudieran reaccionar.
Amor desplegó sus nubes, cubriendo el campo de batalla con una calma inquietante.
Y así, bajo el árbol que sostenía al mundo, comenzó la batalla de nuestros héroes.
Noxion quedó atónito ante lo que estaba viendo.
Comprendió que su ejército ya no sería suficiente.
No podía permitir que aquello continuara.
Sin dudarlo, decidió intervenir.
Se levantó de su trono, y con un salto que quebró el aire, abandonó su castillo.
Su presencia descendió como una sombra inevitable, dirigiéndose al campo de batalla a toda velocidad, dispuesto a aplastar con sus propias manos a aquellos que se atrevían a desafiarlo.
Nuestros héroes se enfrentaban a una gran dificultad.
Algunos enemigos eran más rápidos, obligándolos a reaccionar al límite de sus fuerzas.
Las heridas se acumulaban; al principio solo eran molestias, pero el cansancio comenzó a hacerse presente.
Unión los sostenía, curando sus cuerpos y devolviéndoles fuerzas cuando sentían que ya no podían más.
Así resistieron durante la noche… y también durante el día siguiente.
Cuando el sol comenzó a alzarse por el horizonte, su luz los cegó por un instante, pero ese amanecer significaba algo más importante: habían resistido más de lo que jamás imaginaron.
Con la voluntad llevada al extremo, se volvían más fuertes.
El cansancio y el dolor comenzaban a desvanecerse.
Con cada corte, con cada golpe, con cada explosión, la esperanza del mundo se alzaba un poco más.
Las personas no sabían exactamente qué estaba ocurriendo, pero en lo más profundo de su interior sentían una emoción distinta, una esperanza que no podían explicar.
Y aquellos que habían conocido a nuestros héroes comprendían el significado de esa sensación: un gran enfrentamiento estaba teniendo lugar… una lucha por la libertad del mundo.
Ellos no podían luchar.
Sus cuerpos eran débiles, sus posiciones lejanas.
Pero aún así podían hacer algo.
Entregarles toda su fe.
Nuestros héroes continuaban en su gran enfrentamiento, impulsados por una emoción desbordante.
Sin embargo, algo no estaba bien… y pronto comenzaron a notarlo.
Los soldados y las bestias empezaron a detenerse.
Luego, uno a uno, se alejaban del campo de batalla.
Sabían que solo había una razón para aquello.
Noxion les había dado la orden.
Pero ¿por qué?
El sol dejó de brillar.
El cielo comenzó a oscurecerse, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
Nuestros héroes alzaron la mirada hacia lo alto… y entonces lo vieron.
Lo que vieron fue a alguien en el centro de la oscuridad, suspendido en el vacío, sosteniendo el poder mismo que los rodeaba.
Mientras lo observaban, él les dedicó una sonrisa cargada de ira y arrogancia.
Con esa misma sonrisa, habló: —Obedezcan a su nuevo amo.
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