Mugen Janru no Oto - Capítulo 3
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3: CAPÍTULO 3 — PERFECTA 3: CAPÍTULO 3 — PERFECTA Oye, Lian —dijo Celeste mientras caminaban por el pasillo, balanceando su celular en la mano—.
Y tú… ¿cuál es tu sueño en la música?
Lian tardó un segundo en responder.
—Bueno… —dijo rascándose la nuca—, si quieres decirlo tú primero.
O sea, solo si tienes claro cuál es.
Celeste se quedó pensativa unos instantes.
No parecía nerviosa, más bien… concentrada.
Como si ordenara algo importante dentro de su cabeza.
—Mi sueño —dijo al fin— es crear la instrumental perfecta.
—Perfecta.
Lo dijeron al mismo tiempo.
Otra vez.
Celeste se detuvo en seco.
—…Espera.
Lian también se detuvo.
—¿Qué?
—¿Acabas de decir “perfecta”?
—Sí.
—¿Al mismo tiempo que yo?
—Sí.
Celeste lo miró fijamente, como si intentara comprobar que no estaba soñando.
—¿Tú también tienes ese sueño?
Lian asintió.
—Desde hace tiempo.
Yo quiero cantar sobre esa instrumental.
Pero no solo eso… —hizo una pausa—.
Quiero que alguien me ayude a crearla.
Celeste abrió ligeramente la boca.
—Entonces… —dijo despacio—, ¿tú buscas a un productor?
Lian la miró.
—¿Tú… eres productora?
Ella sonrió, ladeando un poco la cabeza.
—Más o menos.
Produzco.
Compongo.
Experimento.
Rompo cosas musicales y luego intento arreglarlas.
—Eso suena exactamente a lo que necesito.
—Eso suena peligrosamente compatible —respondió Celeste, divertida.
Siguieron caminando.
De pronto, pasaron frente a un salón donde un cartel medio torcido estaba pegado con cinta.
“BATALLA DE FREESTYLEGANA 5 DÓLARES” Lian lo miró sin mucho interés.
Celeste, en cambio, se detuvo como si hubiera visto un tesoro.
—¿Freestyle?
—dijo—.
¿Cinco dólares?
—No es mucho —comentó Lian.
—No —respondió ella—, pero es suficiente para comprar papas… o probar algo.
Se giró hacia él, con una sonrisa peligrosa.
—Ve.
—¿Eh?
—Demuestra tu talento —dijo señalando el salón—.
Quiero escucharte.
Lian levantó una ceja.
—No suelo hacer freestyle frente a gente.
—Perfecto —dijo Celeste—.
Entonces no lo hagas frente a gente.
—¿Cómo?
—Hazlo frente a mí.
Silencio incómodo de medio segundo.
—Eso sigue siendo peor —respondió Lian.
Celeste se rió.
—¿Te da miedo?
—No.
—¿Nervios?
—Tampoco.
—Entonces ve —insistió—.
Si quieres cantar sobre la instrumental perfecta algún día, mínimo déjame escuchar cómo suena tu voz sin ella.
Lian suspiró.
—Eres insistente.
—Y tú evitas las oportunidades —replicó ella sin dudar—.
Buen equipo, ¿no?
Lian la miró.
Por primera vez desde hace tiempo… no se sentía raro hablando de su sueño.
—Solo… no te rías —dijo al final.
Celeste levantó la mano.
—Lo prometo.—¿En serio?—Bueno… —sonrió—, solo si es muy malo.
Lian negó con la cabeza y empujó la puerta del salón.
Mientras entraban, Celeste pensó algo que no dijo en voz alta: Tal vez… por fin encontré a alguien que escucha la música igual que yo.
Y Lian, sin saberlo, estaba a punto de demostrar que el sueño perfecto… no empieza con una instrumental.
Empieza con alguien que cree en ella.
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