Mugen Tabi - Capítulo 2
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2: CAPÍTULO 2 Las Reglas del Errante 2: CAPÍTULO 2 Las Reglas del Errante **CAPÍTULO 2* Las Reglas del Errante** El sonido de las olas rompiendo contra la orilla era constante, casi hipnótico.
Kairo permanecía de pie sobre la costa del East Blue, observando el horizonte.
El sol ya había comenzado a descender, tiñendo el mar de tonos dorados.
Todo estaba exactamente como lo recordaba del manga.
—East Blue… —murmuró—.
No hay duda.
Sabía dónde estaba.Sabía en qué punto de la historia se encontraba.Y eso, lejos de tranquilizarlo, le provocaba una inquietud profunda.
Porque si todo seguía igual que en el manga… entonces él no debía estar ahí.
—Si Shanks salvó a Luffy igual que siempre… —pensó—, entonces esto no es un universo alterado.
Es el original.
Y eso significaba algo importante.
Luffy seguía siendo el protagonista.
Kairo apretó los puños.
—Entonces… ¿qué soy yo aquí?
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Prueba del poder Decidido a entender su situación, Kairo se alejó del pueblo costero.
Caminó hasta una zona desierta, donde solo había arena, rocas y mar.
No quería testigos.
No quería interferencias.
—Bien… —respiró hondo—.
Hora de comprobar esto.
Cerró los ojos.
Y activó su haki.
La presión volvió a emerger desde lo más profundo de su cuerpo.
No fue explosiva como la primera vez, sino constante, controlada.
El aire vibró a su alrededor, y el mar pareció retroceder ligeramente, como si respetara su presencia.
Pasaron segundos.Luego minutos.
Kairo seguía en pie.
—¿Eh…?
—abrió los ojos, sorprendido—.
¿Sigo bien?
El esfuerzo era mínimo.
No sentía agotamiento.
No sentía mareo.El haki fluía como si siempre hubiera sido parte de él.
—Esto no es normal… —susurró.
Finalmente, desactivó el poder.
Silencio.
Kairo se sentó en la arena, respirando con calma, mientras su mente comenzaba a ordenar las piezas.
—Ya entendí… —dijo lentamente—.
El Rettō no Kado no es solo un portal.
Era un sistema.Un mecanismo con reglas.
Y si iba a sobrevivir viajando por universos, necesitaba entenderlas.
Las reglas del Rettō no Kado Kairo levantó la vista al cielo y comenzó a pensar en voz alta, como si escribir las reglas en su mente las volviera reales.
Primera regla —Cada vez que viaje a un universo… —dijo—, siempre recibiré un poder asegurado.
Recordó el haki del rey despertando sin previo aviso.
—Obviamente, si caigo en un anime de romance o en un mundo sin poderes… no tendría sentido que me diera algo.
Pero si el universo tiene habilidades… el Rettō no Kado me dará una.
Asintió.Tenía lógica.
Segunda regla —Pude mantener el haki activado por mucho tiempo… demasiado para alguien sin entrenamiento —continuó—.Entonces, en cualquier universo que tenga poderes, yo seré un prodigio en ese sistema.
No el más fuerte.No invencible.
Pero sí alguien con talento natural.
—Como si el poder se adaptara a mí… o yo a él.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Tercera regla Kairo sonrió con ironía.
—El universo al que viaje siempre será aleatorio.
One Piece había sido pura suerte.O mala suerte.
—Y creo que esto es algo que nadie va a poder cambiar.
Ni yo.
El Rettō no Kado no obedecía deseos.Obedecía al caos.
Cuarta regla Esta fue la más dura de aceptar.
Kairo bajó la mirada.
—Nunca seré el protagonista del anime, manga, novela ligera o historia a la que llegue.
Luffy seguía su camino.Su destino no había cambiado.
—Por razonamiento lógico… —continuó—, la única forma de que yo fuera protagonista sería que el protagonista actual muriera… o desapareciera.
Guardó silencio.
—Pero eso… solo lo estoy suponiendo.
No era una regla escrita.Era una conclusión peligrosa.
Y Kairo no estaba seguro de querer comprobarla.
El viento sopló con fuerza, levantando arena alrededor de él.
Kairo se puso de pie.
—Bien… —dijo con determinación—.
Si no soy el protagonista… Miró el mar, infinito y silencioso.
—Entonces seré alguien que existe fuera del foco, pero no fuera de la historia.
No necesitaba ser el centro.No necesitaba cambiar el destino de Luffy.
Necesitaba entender, aprender y sobrevivir.
Y cuando el Rettō no Kado volviera a abrirse… —Estaré listo.
El mar frente a él parecía infinito.
Pero ya no le tenía miedo.
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