Mugen Tabi - Capítulo 24
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24: **CAPÍTULO 24 Aprender a sangrar** 24: **CAPÍTULO 24 Aprender a sangrar** El ataque llegó sin aviso.
No hubo técnica anunciada.No hubo nombre.
Solo un golpe.
Kairo no lo vio venir.
El impacto lo lanzó contra el edificio como si fuera un muñeco sin peso.
El concreto explotó detrás de él y su cuerpo cayó al suelo con un sonido seco, antinatural.
—Ah… —exhaló, ahogándose.
Dolor.Dolor real.
Nada lo amortiguó.Nada lo protegió.
—¿Eso era todo?
—la voz de Sukuna cayó como una burla—.—Interrumpes mi diversión… ¿para esto?
Kairo intentó levantarse.
No pudo.
Su brazo no respondía.Su pierna temblaba.
—Patético —continuó Sukuna—.—Ni siquiera tienes energía maldita.
Sukuna apareció frente a él en un instante.
Otro golpe.
Costillas.
El mundo giró.
—Así es como mueren los que no pertenecen —dijo Sukuna—.—Sin siquiera entender por qué.
Kairo escupió sangre.
Bien.Esto es real.
Otro impacto lo levantó del suelo.Luego otro.Y otro.
No era una pelea.Era una ejecución lenta.
—¿No ibas a adaptarte?
—se burló Sukuna—.—Te estás rompiendo antes de empezar.
Kairo cayó de rodillas.
La respiración le ardía.Cada pensamiento pesaba.
Reglas…Este mundo tiene reglas.
Sukuna levantó el pie para aplastarle la cabeza.
—Última oportunidad —dijo—.—Sorpréndeme.
El pie bajó.
Y falló.
Kairo rodó por instinto.
No por poder.Por lectura.
—… —Sukuna inclinó la cabeza—.—¿Hm?
Kairo se levantó con dificultad.
No energía maldita.Pero sí cuerpo.Sí intención.Sí miedo.
Y el miedo… también era negativo.
Sintió algo.
No fluyendo.No explotando.
Solo… respondiendo.
—Ya veo… —susurró Sukuna.
Kairo dio un paso adelante.
Sukuna atacó otra vez.
Esta vez, Kairo levantó el brazo.
El golpe lo lanzó hacia atrás, pero no lo rompió.
—… —Sukuna sonrió—.—Interesante.
El siguiente intercambio fue brutal.
Sukuna dominaba.Siempre un paso adelante.
Pero Kairo ya no caía igual.
Cada golpe enseñaba algo.Cada impacto dejaba una marca… y una corrección.
—No es energía —pensó Kairo—.—Es intención comprimida.
Se movió tarde.Pero menos tarde.
Falló.Pero no tanto.
Sukuna lo pateó al suelo otra vez.
—Sigues siendo inferior —dijo—.—Pero ya no eres aburrido.
Kairo se levantó jadeando.
Su cuerpo gritaba.Pero su mente estaba despierta.
—No necesito copiar —pensó—.—Necesito responder.
Sukuna lanzó una ráfaga de energía maldita.
Kairo no la bloqueó.
La desvió.
El impacto partió el suelo a su lado.
Sukuna abrió los ojos un instante.
—Ah.
Kairo atacó.
No con fuerza.Con precisión.
Sukuna bloqueó, pero retrocedió medio paso.
Silencio.
—… —Sukuna rió—.—Así que así funciona.
El aire se volvió pesado.
Ahora sí era una pelea.
Golpe por golpe.Movimiento por movimiento.
Kairo seguía perdiendo…pero ya no era aplastado.
—Te estás adaptando en tiempo real —dijo Sukuna—.—Eso es peligroso.
Kairo respiraba con dificultad.
—No… —respondió—.—Solo estoy aceptando las reglas.
Intercambiaron golpes.
Uno de Kairo conectó.
Sukuna sangró.
Por primera vez.
El Rey de las Maldiciones sonrió como un monstruo satisfecho.
—Ahora sí —dijo—.—Ahora sí eres divertido.
La pelea escaló.
Edificios colapsaron.El suelo se agrietó.
Pero algo había cambiado.
Kairo ya no reaccionaba tarde.Ya no dudaba.
Sukuna atacaba.Kairo respondía.
No ganaba.No perdía.
—… —Sukuna se detuvo.
Kairo también.
Ambos se miraron.
Dos fuerzas opuestas.Dos reglas enfrentadas.
—Si sigues así —dijo Sukuna—.—eventualmente podrías igualarme.
Kairo apretó los puños.
—Eso basta… por ahora.
El aire quedó inmóvil.
La pelea no terminó porque alguien cayó.
Terminó porque ya no había humillación.
Solo equilibrio temporal.
Y Sukuna…no olvidaría ese rostro.
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