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[Multiverso]: La travesía de un héroe [ES] - Capítulo 129

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  4. Capítulo 129 - 129 Capítulo 17 Caos en el Olimpo
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129: Capítulo 17: Caos en el Olimpo 129: Capítulo 17: Caos en el Olimpo Buena gente, me acabo de enterar no hace mucho de que va a salir el Danganronpa 2×2, y por lo visto es un tipo de remaster, pero viendo el título tal vez no sea así.

Hablando de eso me quiero quejar de que los Danganronpa no están en mi idioma natal, sobre todo que aún no he podido jugar el V3, ya que aún no se termina la traducción de esta.

Podría jugar con un traductor tal cual lo hice con el Fate/Extra y sus variantes, pero por el tema de los juicios no puedo estar traduciéndolo; no soy tan rápido para escribir.

Bueno eso sería todo, solo escribí eso para quejarme un poco; que siga el capítulo.

————————————————————————- La vida es buena, pero no tanto como pasarlos con amigas.

Ahora mismo estábamos en una playa junto a Astrea y Caribdis tomando el sol.

Astrea era una diosa virgen de pelo rubio y ojos verdes; su cuerpo era muy envidiable.

Si me gustaran las mujeres estaría detrás de ella; generalmente, está cubriendo su cuerpo de las miradas de los dioses masculinos.

Caribdis es una mujer de pelo corto azul oscuro, piel bronceada y ojos azules.

Su cuerpo no era al nivel de Astrea, pero igual está bueno; es como el nivel del mío; eso sí, yo tengo los pechos más grandes.

También estaba un mocoso en la playa jugando con tierra y agua.

Este era Asclepio, un hijo de Apolo que estaba siendo cuidado por Quirón.

Este estaba ocupado, así que me pidió que lo cuidara, así que lo trajimos con nosotros.

Como tiene solo 4 años a ninguna de las tres nos importó que nos viera casi desnudas.

“Qué buena es la vida”, escuché decir a Astrea acomodándose más en su silla de playa.

“Eso sí ha sido muy aburrido estos años, no ha pasado mucho realmente.

¿Qué fue lo último emocionante que pasó en estos tiempos?”, preguntó Caribdis.

“La otra vez mi madre convirtió a un tipo que la espiaba en un ciervo y me pidió que lo rastreara y lo atormentara durante un tiempo sin matarlo; de ahí no ha pasado mucho”, dije honestamente, pero eso pasó hace años.

“Pero no hay algo que quisieran hacer?”, volvió a preguntar la hija de Poseidón.

“Si hubiera algo que me interesara, sería buscar una pareja”, declaré.

Algo que hizo a las dos me miraron raro.

“¿Qué pasa?” “Nada, solo me sorprende que pienses así, pensé que serías virgen toda la vida”, me dijo con sorpresa Astrea.

“Aunque no lo creas no soy virgen como tú; durante mis viajes tuve alguna que otra aventura con hombres, solo que ninguno valía la pena”.

“Exacto, ninguno lo vale, bueno, quizás tu padre”, habló Astrea, algo a lo que Caribdis asintió lo dicho.

“¿Qué demonios hablan?

Es mi padre, ¿qué les pasa”, me quejé indignada.

“Es tu padre, no el nuestro”, expresó Caribdis.

“Igual eso de tener hijos con tus padres o algún familiar es pan de cada día, así que no sería tan raro”, declaró Astrea.

Yo solo me quedé callado, queriendo terminar esta conversación.

En ese momento todos menos Aclepio nos quedamos quietos, ya que a diferencia de él, nosotros sí sentimos lo que estaba pasando.

“Algo no está bien”, afirmó la diosa de la justicia, parándose de golpe.

Yo solo estaba mirando el sol para ver cómo empezó a brillar de la nada.

Al ver eso mis sentidos se pusieron al máximo, y de un salto hacia atrás esquivé una flecha que iba en mi dirección.

El golpe de la flecha destruyó gran parte del lugar, pero todos logramos reaccionar a tiempo.

Lo bueno es que el Asclepio estaba lejos, así que no fue afectado, pero este dejó de hacer lo que estaba haciendo para quedarse quieto del miedo.

Yo corrí a su lado y lo agarré como si fuera un saco de papas.

“Pero qué mierda”, expresó Caribdis con un poco de rabia.

Pero eso no fue lo que me llamó la atención, sino que el día empezó a oscurecer y volver así sucesivamente.

“Mierda”, manifestó Astrea al ver lo que pasaba en pánico.

“¿Sabes qué pasa?”, le pregunté a la diosa.

“El día y la noche en conflicto, y eso solo significa una cosa”.

Anuncio Astrea.

“Artemisa y Apolo deben estar peleando, pero no una pelea de hermanos sino en serio”.

“Y esa flecha, ¿de quién era de Apolo?”, preguntó Caribdis.

“Seguramente, ya que vino del sol”, dije para ver a Asclepio.

“Ánakosmo debe ser un caos ahora no es seguro ir allá”.

“Ven, conozco un lugar donde quedarte temporalmente”.

Habló Caribdis para entrar al mar y convertirse en un monstruo marino.

De un salto quedé arriba de Caribdis junto a Asclepio.

“Yo iré al Olimpo a ver qué pasa”, declaró Astrea para irse del lugar.

Ninguna de las dos se preocupó por ella, ya que todos nos dimos cuenta de que la fecha iba para mí y para nadie más.

Así, Caribdis empezó a hundirse en el mar, usando la bendición de Poseidón; por fin me sirve de algo.

Creó una apertura donde no pasaba agua, así no nos ahogaríamos ni sufriríamos por la presión, sobre todo para el pequeño Asclepio.

…

Así después de unas horas llegaremos al hogar del gran dios de los mares, Atlántida.

Para nuestra suerte, en el lugar había una barrera donde no entraba agua; no era 100% bajo el agua, así que no tendría que seguir usando magia para estar seguro de la presión del agua.

“Ven, creo que mi padre está cerca de aquí”, dijo Caribdis, tomándome de la mano para guiarme a la sala del trono.

Tenía que admitir que el lugar era muy bonito, solo que había mucha humedad, de ahí nada más; ahora entendía por qué Poseidón prefería estar aquí que en el Olimpo, y hablando del dios.

Poseidón estaba sentado en su trono con un paño en la cara, mientras que tres seres, de los cuales solo reconocí a Tritón, lo acompañaban.

“Veo que llegaste y trajiste a alguien de la tierra acá?”, dijo Tritón de mala gana.

“Aún vas a seguir de malas solo porque rechacé tu oferta de matrimonio; supéralo, ya eres bastante grandecito”, me expresé ante su mala vibra.

Al escuchar mi voz, Poseidón se para de golpe para mirarme.

“Libra, está aquí y bien”, dijo en pánico, corriendo hacia mí y mirándome el cuerpo.

“Estoy bien, tío, pero ¿qué pasó?”, pregunto con curiosidad.

“Ufff”, se quejó el dios para volver a su trono cuando ya bien que estaba bien.

“Es algo complicado, sabes sobre las diosas vírgenes, ¿verdad?”.

Esto me estaba dando una mala espina.

“Sí lo sé”, dije.

“Bien ahorra tiempo; se descubrió que Artemisa y tu padre estaban teniendo una relación de amor y con eso, bueno cosas de pareja”, declaró.

Esto ya lo sabía, ya que lo había descubierto junto a Calisto, algo de lo que decidimos por el bien del mundo quedarnos calladas hasta el final.

“¿Pero quién?”, pregunté con duda.

“Fue Atenea, ella los descubrió; tú ya debes saber que le gusta espiar a tu padre; en una de esas lo descubrió, y cuando lo supo, fue directamente al Olimpo diciendo que encontró a los teniendo relaciones sexuales”, me soltó la bomba.

“¿Y fue así?”, hablé con incredulidad.

“No se sabe; mi hermano revisó la promesa al río Estigia no se ha roto, pero Atenea nunca mentiría, lo que creo, desconfianza en el Olimpo, fue un caos”.

Dijo un poco más en calma.

“Apolo le creyó inmediatamente, pero como no podía hacer nada a tu padre, pues adivina”.

“Me atacó a mí”, afirmé.

“Exacto, con eso empezó la pelea: Artemisa atacó a Apolo para defenderte, yo me peleé con Atenea por provocar todo esto, y los demás intentando detener todo esto”.

Habló el dios de los mares.

“¿Qué pasa con el dios del Olimpo?”, dije intentando evitar el nombre de Zeus.

“Se quedó neutral; ella sabe que su hijo no mentiría, pero la promesa no se ha roto, o si no lo sabría, así que ante esta particular situación decidió no hacer nada, por suerte”.

dijo el dios.

“Por ahora, quédate aquí; cuando sea de noche sal, es peligroso que andes por ahí de día”.

Yo asentí ante sus palabras, ya que Apolo perfectamente podría volver a atacarme.

Lo peor, mi padre no puede hacer nada, no puede atacar a ningún dios; al único que le ha hecho algo es a Ares, pero es por petición de él.

Si atacara a Apolo por lo que me hizo, él sería marcado como enemigo del Olimpo, algo que por el momento quiere evitar.

Yo solo pude dar un suspiro ante todo esto.

…

Ya siendo de noche, Caribdis me llevó a la orilla de Crisa junto a Asclepio.

“¿Estás segura de esto?”, preguntó Caribdis en su forma de monstruo.

“Tengo que devolver al mocoso a su casa”, dije sosteniendo al niño como si se tratara de una canasta.

“Pero es hijo de Apolo”, replicó la hija de Poseidón.

“Y eso qué tiene que ver?

Este no me hizo nada”.

La respondió.

“Nada que ver conmigo”, dijo un poco con dificultad Asclepio.

“Ves, estaré bien”, dije.

“Bueno, te deseo suerte”, y con ese fue, dejándome sola con el mocoso.

Mientras pasaba por el pueblo, aproveché para preguntar si había pasado algo acá; por suerte todo estaba bien, solo fue el efecto del ciclo de oscurecimiento del sol.

Así pasé directamente a Ánakosmo, pero este lugar sí pasó factura.

Casi toda la isla estaba destruida; el lugar era perfecto, ahora era casi todo escombro.

Vi a varias ninfas, sátiros y centauros limpiando el lugar; entre ellos, Quirón, quien, al pensar que nos vio fue directamente a nuestra dirección.

“Veo que estén sanos y bien”, dijo con una sonrisa forzada.

“Vivitos y coleando, tome”, le dije tirándola al mocoso como si de una pelota se tratase; él la atrapó y lo dejó en el suelo con cuidado.

“Veo que no lo pasaron bien bien acá”.

“Sabes lo que pasó?”, preguntó para ver cuánto tenía que contarme.

“Que Apolo y Artemisa se pelearon por culpa de Atenea, también ella con Poseidón”, le respondí.

“Bueno, ¿dónde crees que pelearon, en el Olimpo?

No podían”.

Eso me dejó claro por qué estaba toda como a la mierda.

“¿Dónde están todos?”, ahora yo pregunté.

“La mayoría en sus hogares; tu padre está arreglando la parte que fue afectada en el Olimpo, ya que la pelea empezó allá y se trasladó acá”.

Me contó.

Pobre de mi papá, ya debe estar aburrido de los dioses; sé de su poder dimensional.

Si no se va es por Artemisa, Hestia y Perséfone, por nadie más, ya que podría llevarse a Medusa.

“Artemisa está en el lado del bosque, arreglando también junto a sus cazadoras; Atenea ni idea de dónde está, pero a Apolo lo encerraron temporalmente en su hogar”, me siguió contando sobre la situación.

“Igual lo que se están llevando, pero son tú y la mejor de esas tres diosas”.

Eso me llamó la atención.

“A qué te refieres?”, expresé mi confusión.

“Apolo ofreció riquezas y gloria a quien logre matarte”.

Las palabras de Quirón helaron un poco mi sangre.

“Y Atenea está haciendo todo lo posible para clasificar a Medusa como un monstruo que hay que eliminar”.

Tiene sentido.

Apolo no puede atacar a mi padre, por lo que lo hará a mí.

Mientras que Atenea no puede atacar a Afrodita ni a Kiss-shot ni a Artemisa, sí puede a Medusa al menos indirectamente.

“Diría que no me lo creo pero es algo que harían”, dije con sinceridad.

“Sí será mejor que te cuides las espaldas y no andes de día, y si puedes ve a ver a tus padres, están preocupados”.

Con eso dicho, Quirón se fue de la isla para ir a seguir entrenando a Asclepio en otro lugar más seguro.

Por ahora siendo de noche, estaré bien, así que puedo ir incluso hasta mi Olimpo y no debería pasarme nada.

Así fui directamente a donde estaba mi apdre.

Cuando lo vio, estaba en medio de la calle, la cual es el camino para ir a los diferentes hogares de los dioses.

“Oh, Libra, ¿qué tal?”, dijo, saludándome con la mano.

“Pensé que te preocuparías más por mí”, dije quejándome un poco.

“Sabía que estarías bien, porque eres mi hija, es lo normal”.

Eso me trajo una pequeña sonrisa.

“Y que vas a hacer entonces?”, le pregunté.

“Tristemente, nada, la verdad ya se sabe, Apolo me odió, las cazadoras me odian más de lo que lo hacían, Hera y Atenea están llenas de celo y envidia, no hay nada que hacer, solo si fuera un dios podría hacer algo” “Sonde está mi madre Kiss-shot y Helena?”, volví a preguntar.

“Están con Hestia, y bien”, me respondió.

“Pero si te soy sincero si hay algo que me gustaría hacer, serían unas vacaciones”.

Expresó sus ganas de no hacer nada.

Yo solo lo miré con lástima al hombre que tengo ante mí.

“Sabes sobre…”.

Dije, pero me interrumpió.

“Lo de Medusa y tú, sí lo sé”.

Habló mientras se prendía un cigarrillo para fumar.

“De ti no me preocupo; a no ser que venga un héroe ultrapoderoso y destructivo, estarás bien; lo que me preocupa es a Medusa”.

“Ella estará bien, es fuerte”, dije con sinceridad.

“Lo que me preocupa no es su físico, sino su mentalidad”, declaró, algo que no tomé en cuenta.

“Ahora estará todo bien, solo piensa que a tu vida pacífica le llegó algo de dificultad”.

Con eso dicho se quedó mirando el lugar ya sin escombros.

“Estoy intentando recordar cómo estaba hecho antes para volver a hacerlo como estaba; me demoraré un poco en hacer memoria”, me dijo mientras daba otra calada a su cigarro.

“Y que apsa con Atena?

Está desaparecida”, le realicé otra pregunta.

“Ya veré qué hacer con ella; por ahora solo tengo que hacer mi trabajo”, me explicó mirando la nada.

“Bueno te dejo entonces”, con eso me fui.

“Ten cuidado con el sol, usa protector solar o algún paraguas”, fue lo último que escuché de mi padre para irme al bosque.

…

Mientras caminaba por las calles de la ciudad de Atenas, miré cómo el mundo seguía su curso mientras yo me escondia.

Actualmente, estoy usando un traje que me oculta de la visión de Apolo; era un traje que dio mi padre y fue bendecido por mi madre Artemisa y por mi abuelo Hades.

Con esto no me podría reconocer aun cuando el mismo Dios estuviera frente a mí.

(Nota: utiliza el traje de cazador de Bloodborne) Mire el bolso de cuero que tenía y el poco dinero que tenía.

Me había estado ocultando, intentando no llamar la atención, pero era algo complicado de realizar; eso significaba tener pocos ingresos de dinero y, sinceramente, ya abusé mucho de la ayuda de mi padre.

Ya había pasado un año desde que pasó todo eso, y durante ese tiempo he sido atacada por una cantidad de personas que buscan fama y gloria.

Todas terminaron muertas ante mis flechas con mi increíble habilidad con el arco.

Con el dinero de esos tipos que me cazan he estado sobreviviendo, pero con el anonimato ya se me agota todo, hasta las ganas de pelear.

Yo solo di un suspiro y me fui al bosque a cazar algo para vender y obtener al menos una digna comida.

…

Mientras caminaba por el bosque me di cuenta de que me seguian.

Me sorprendió eso, ya que con el traje no deberían reconocerme.

Decidí quedarme quieto y ver qué hacían; en menos de unos minutos ya estaba rodeado de varios bandidos y matones.

“Mira que tenemos una mujer sola en este bosque tan alejado de la ciudad, un corderito para ser sacrificado”, anunció el que me imaginé era el líder.

Ahí me di cuenta de que no me siguieron por mi identidad, sino por ser una mujer y estar sola.

“Mira esas curvas que tiene, jefe, debe ser una hermosura”, dijo un tipo lamiéndose los labios.

“Ya quiero quitarle la máscara y profanar su boca”, dijo un tipo grande, gordo y calvo.

Todos me dan asco.

Como los vieron sin armas, debieron pensar que era una mujer indefensa.

“Tranquilos, muchachos, la capturaremos, nos divertiremos con ella y después la venderemos como esclava”, anunció.

Algo que alegró a todos los tipo.

Yo ya estaba enrabiada con estos tipos; quería puro matarlos.

“Mire jefe estaba temblando del miedo”, habló uno.

Ahí fue mi límite; en el momento en que me iba a colocar en posición de combate lo escuché.

“No es bueno intimidar a una mujer, ustedes basuras”, se escuchó la voz.

Volteé la cabeza para ver quién era, solo para mirar a un gigante, grande musculoso de cabello castaño.

Yo quedé sorprendida al ver a una persona así.

“Tranquila, damisela en apuros, tu salvador está aquí”, declaró mostrando un gran mazo y arco.

“El grandioso Orión, la admiración de toda mujer y el humano más fuerte ya está aquí”.

Y con eso dicho se lanzó contra los matones.

Con un solo golpe de su mazo ya era capaz de destruir las cabezas de los bandidos.

“¿Qué creen que hacen ataquen, o quieren morir”, grito el jefe sacando un hacha para pelear.

Vi cómo Orion se movía en la lucha, no de manera eficaz, sino para lucirse.

Viendo que estaban todos distraídos por la situación actual, tomé una decisión, y esta fue irme del lugar; ya encontraría un mejor lugar para cazar.

Así dejé a llamado Orion y los bandidos hablar de sus diferencias en privado mientras volví a la ciudad a buscar algo para ganar dinero sin tener que tirar mi dignidad a la basura.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES PancnHuebo Fly, on your way, like an eagle Fly as high as the Sun On your way, like an eagle Fly, touch the Sun, yeah Now the crowd breaks and a young boy appears Looks the old man in the eye As he spreads his wings and shouts at the crowd In the name of God, my father, I’ll fly Flight Of Icarus – Iron Maiden

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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