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[Multiverso]: La travesía de un héroe [ES] - Capítulo 134

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  4. Capítulo 134 - 134 Capítulo 22 Adiós
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134: Capítulo 22: Adiós 134: Capítulo 22: Adiós Pov Libra Mientras esperaba que pasara el tiempo, miraba el techo sin hacer nada.

Orion estaba sentado en una esquina, lo más alejado de Artemisa posible, intentando ser invisible y, por defecto, lo más alejado de mí.

Mi madre estaba a mi lado; intentó ser un ancla ante la situación, pero sabía perfectamente que esto era al revés.

De la nada entraron unos cuantos guardias que eran centauros y sátiros, como falta personal, y ningún dios haría de guardia.

“¿Qué sucede?”, preguntó Artemisa.

“El juicio de la parca, mejor conocido como Dante, ha terminado”.

dijo uno de los guardias.

“Tan pronto no me digas qué?”, mi madre no terminó la frase, ya que ni ella ni yo queríamos saber si eso había pasado.

“Síganos a los aposentos del rey del Olimpo”, dijo otro guardia.

Las dos nos quedamos mirando y, saliendo de la jaula, la seguí a donde estaban reunidos los dioses, dejando a Orión en la cárcel solo.

…

Cuando llegamos a la sala de los dioses, todo era un caos.

Hera y Zeus discutían severamente; Poseidón y Atenea seguían su rivalidad con mucha intensidad.

Los demás dioses también discutían, pero no tan severamente como los demás.

Vi cómo los ojos de Artemisa iban directamente a un dios en específico.

Apolo, dios del sol, siendo amonestado por Deméter.

El dios se veía más callado de lo normal, y al ver la llegada de su hermana mayor, este se hundió más en su asiento como si quisiera escapar.

“¿Qué pasa aquí, dónde está Dante?”, preguntó Artemisa a toda la sala, haciendo que toda la sala quedara en silencio.

“Está muerto”, declaró Zeus, haciendo que yo abriera los ojos en shock.

“Lo maté a cambio de perdonar la vida a su hija”.

Cómo, cuándo, dónde.

Mi padre murió por mí; ¿cómo es eso posible?

Pero sabía cómo era él, sabía que siempre hizo casi todo por mí y siempre me cuidó en lo que pudo, así que lo veo posible haciendo eso.

Sentí cómo él se abría un cráter en el suelo y estaba a punto de caerme, pero quien se cayó al final fue Artemisa.

Mire a mi madre en el suelo llorando, al saber que su amado había sido asesinado por su padre.

Pero se recompuso rápidamente, ya que en este mundo la muerte no es definitiva.

O al menos eso pensábamos.

“Yo creo que hay que seguir con el juicio”, declaró Atenea como si nada de esto le afectara.

“¿Qué quieres decir?

Dante ya se murió, por el rayo de padre, ¿qué más quieres?”, habló Dionisio como si estuviera a punto de irse a caer dormido.

En ese momento me di cuenta de que faltaban dos dioses, siendo Ares y Hermes; me preguntaba qué sucedió con ellos.

“Los actos de Dante fueron muy severos, así que aún falta que sea castigado por lo que hizo, tomando en cuenta que casi mata a uno de nosotros”.

El comentario dejó en silencio el lugar nuevamente.

Y justo cuando iba a seguir hablando, un dios entró a la sala.

“Eso no va a ser posible, ya que Dante no está en el inframundo”, era Hades, el rey del inframundo y el padre en poder de Dante.

Nunca había visto tan enojado a mi abuelo.

“¿Qué quieres decir?”, interrogó Hera, fulminando a su hermano con los ojos.

“Dante se murió; por defecto, tiene que ir al inframundo”.

Hades pasó su mirada de Hera a Zeus.

“¿Se te olvidó, hermano, la historia de cómo encontraron a Dante?”, preguntó, a lo que Zeus se quedó pensativo.

“Eso qué tiene que ver, es parte del panteón griego, por lo que si se muere, debe caer en tu reino sí o sí”, dijo algo molesta Atenea, como el hecho de que Dante escapara la molestara.

“Dante nunca nació en el territorio griego, por lo que su alma no cae en mi territorio”.

Eso dejó helados a todos, sobre todo a tres mujeres.

“Pero Dante es hijo del caos, debe ser de nuestro lado”, habló Afrodita, ya algo más preocupada por todo eso.

“No exactamente”, le respondió Apolo hablando por primera vez.

“La profecía decía que él fue traído aquí por Caos, no que fuera su creación o hijo o algo por el estilo, así que, Dante, perfectamente puedo ser un ente de otro panteón siendo traído por Caos”.

“QUE ESO NO ES POSIBLE”, gritó la diosa de la sabiduría en pánico; su calma desapareció y su piel se puso más pálida de lo normal.

“Eso no era parte del plan”.

Ante las últimas palabras de Atena, Artemisa se paró de golpe y, con paso firme, quedó frente a su hermana para agarrarla de su toga y levantarla con fuerza.

“¿Qué hiciste, cuál era tu plan, qué querías lograr con todo eso?

¡HABLA!”, le dijo Artemisa con gran enojo.

“Atenea, ¿qué hiciste?”, le preguntó Zeus a su hija con algo de molestia.

“Yo solo quería que fuera mío”, confesó con una voz que casi no se escuchaba.

“La idea es que el padre tuviera que castigarlo; de ahí conversarlo, que tuviera otro tipo de castigo siendo mi esclavo y solo yo pudiera decidir qué hacía y qué no; estaría solo para mí y solo conmigo por el resto de su vida, alejado de ustedes, mujerzuelas”.

Pareció como si el alma de la diosa hubiera desaparecido.

Artemisa la soltó para arrodillarse y ponerse a llorar en silencio.

Todo fue plan de Atenea: que Zeus se fuera, la acción de Hera, la intervención de Apolo, la captura, el tenerme de rehén y que fuera mi padre castigado.

Pero lo que no vio fue que, cuando Dante hubiera muerto, no caería en el inframundo para después sacarlo y monopolizarlo usando a Zeus como seguro.

Después de eso la discusión siguió, pero yo ya no escuchaba, ya no estaba pendiente de esto, y no pude ver a los dioses como seres perfectos y superiores, sino como perros desalmados y arrogantes.

…

Después de eso, Zeus cumplió su promesa con mi padre al dejarme libre, ya que el castigo de muerte definitiva era suficiente como para dejarme ir.

Posteriormente, supe que Hermes no asistió a la asamblea, ya que estaba en reposo por casi ser partido en dos por Dante, mientras que Ares estaba aún drogado, algo que Atenea hizo para que no interfiera en todo esto, y aún sigue en una condición mala.

Terminé en la casa de Hestia para calmarme y poder pensar en qué hacer en mejores condiciones.

Poco después llegó a Artemisa para hacer lo mismo que yo, calmar las penas.

Yo ya no quería estar aquí, y lo más seguro es que nunca volvería a este lugar en mi vida; no podía.

Pero antes de irme, fui a la casa de Dante y Kiss-shot para sacar las cosas importantes, sobre todo los trabajos que estaba haciendo mi padre.

No quería que algún dios las tomara y se las diera a sus hijos.

No lo soportaría.

Al final, como no podía llevarme todo, las destruí dejando una sola arma, la cual sabía que Dante estuvo años haciéndola, por lo que decidí llevármela conmigo.

Y así me fui de este lugar para no volver nunca, llevándome a un Orión que sabía lo que pasaba de paso.

Cuando bajé a Crisa, me llevé una sorpresa.

Una Adaria, ya cada vez más vieja, con hijos y todo, me dio un papel, me dijo que un objeto parecido a una lanza cayó en el pueblo para desaparecer, y en el objeto había una nota que era para ella junto a unos números.

Cuando vi la nota, me percaté de que eran coordenadas.

Cuando llegué al punto de la nota, me fijé que era una cueva, y cuando entré, me fijé que estaba la Buster Sword de mi padre, pero modificada.

En él había una nota también que decía: “Adiós, Libra, te doy esta arma, puedes hacer lo que quieras con ella y no es la Buster Sword, es su hermana gemela, la Fusion Sword”.

Arrugué la nota y la pisé furiosa, sobre todo al saber que mi padre se había lanzado al peligro con la intención de morir.

Me fui de ahí con la espada sin saber muy bien qué hacer con ella.

…

*Salto de tiempo* (Nota: Aquí me salté una sección de la historia en donde contaba un poco más a detalle cómo fue la vida normal de Libra, pero por temas de espacio y tiempo lo eliminé para decirlo en un resumen).

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que empezó todo esto, pero sí sé cuándo empezó.

Después de irme del Olimpo, decidí vivir una vida fuera de todo, una vida tranquila.

Después de la insistencia de Orion, terminé casándome con él y teniendo dos hijos, un niño que llamé Elion y una niña que llamé Aery.

Todo iba bien; yo me quedé como una ama de casa, mientras Orion hacía el trabajo para la casa, obteniendo el título de cazador más grande en su tiempo, pero eso no duró mucho.

Gracias a la intervención de Dios, con la intención de saldar una deuda vieja, hizo que un escorpión envenenara a Orión; hiciera lo que hiciera, no pude evitar su muerte.

Con miedo de que hiciera lo mismo a mis hijos, sabiendo que el mayor tenía problemas en el corazón, los dejé en el inframundo, al cuidado de mis abuelos, Hades y Perséfone.

A Elion le dejé la Fusion Sword, mientras que Aery se quedaría con Nova, el ave que estuvo en el inframundo desde la muerte de Dante.

Una vez pasó todo eso, estuve años cazando entre bestias, monstruos, ciertos animales e incluso humanos.

Gracias a esto, el título del cazador más grande pasó de mi esposo al mío.

Usando el traje de cazador que me dio mi padre para esconderme y el arma que había hecho, siendo un arma que disparaba balas en forma de cruz.

Pero ahí no estaba todo lo que hacía.

Cada vez que podía, destruía los templos de Apolo, Atenea y Zeus.

Esto llamó la atención de los dioses, lo que hizo que volviera a los tiempos donde me cazaban, solo que no había humano que pudiera hacerme frente.

Ahora mismo mis hijos ya están grandes, mi hija se casó con un rey, convirtiéndose en reina, y teniendo a su lado a la ave traidora, mientras que mi hijo se convirtió en el guardia real de este mismo reino.

Me gustaría ir a verlos, pero tengo miedo de meterlos en problemas por solo estar en mi presencia; solo espero que esté bien.

Otro que me gustaría ver sería a Medusa; por mi culpa o mi inacción, ella sería acosada por varios intentos de héroes y, al saber de la muerte de mi padre, se volvería loca con todo eso, terminando asesinando a sus hermanas y convirtiéndose en un monstruo que sería denominado como gorgona, la cual fue asesinada hace tiempo por un descendiente de Zeus.

Mientras caminaba por el desierto en camino a la siguiente ciudad para seguir con mi vida de cazadora, sentí una presencia, más que una, muchas.

En un costado había un bosque; en él vi a un ser que solo había visto cuando era niña, pero su aspecto era algo que nunca olvidaría.

Era equina, la madre de las bestias.

“Cuánto tiempo, mocosa”, dijo la mujer.

“Vienes a por mí; se le acabó el personal barato para ir a por mí”, le dijo de manera arrogante.

“Tan perspicaz como siempre, pero no creas que será tan fácil; los dioses han sentenciado que eres muy peligrosa para seguir acá”, comentó Equidna.

“¿Cuáles dioses, ya que no creo que sean todos?” Por mucho que esté en una vida de ermitaño, aún sigo viendo a los demás seres queridos míos a veces, como Artemisa, Hestia, Ares o Poseidón, sin mencionar a los demás como Hécate o Thanatos.

“Un muerto no necesita saberlo”, dijo la madre de las bestias para que una cantidad enorme de estas mismas apareciera.

Sentí la presencia de todas, pero eso no significa que me sorprendiera la cantidad.

Lo que me llamó la atención fueron esas criaturas que se asemejaban al minotauro, pero eran otro tipo de animales; una se parecía más a un pájaro, otra a un tiburón, así sucesivamente.

Eran como unos 10 bastante fuertes, pero la guinda del pastel fueron tres criaturas de una altura de cientos de metros.

Una era una serpiente de dos cabezas, la cual tenía una lanza en la punta de su cola; la segunda era un ave de fuego de cuatro patas; el tercero era un dragón, el cual tenía solo patas traseras, siendo sus manos sus alas.

“Estos son mis hijos, los cuales había creado para combatir a tu padre, pero tendré que conformarme con usarlos para ti”, dijo Equidna como si estas cosas fueran suficientes para derrotar a Dante.

Ya estaba aburrido de esta mujer, así que invoqué mi arco y, usando el poder del arco, junto a mis habilidades, lancé poderosas flechas.

Algunos monstruos se pudieron ver en medio de esta, pero fueron atravesados sin que la flecha se detuviera ni un poco.

Equidna, ante esto, intentó usar magia para protegerse, pero fue inútil; la flecha destruyó su protección, haciendo que la flecha le atravesara la cabeza, matándola en el acto.

Esto enloqueció a todas las bestias y monstruos, los cuales fueron corriendo a donde estaba.

Guardando el arco, me quita el arma cruzada de la espada para acomodarla para disparar.

Si mal no recuerdo, mi padre mencionó que esta era un arma llamada ametralladora.

Usando el arma junto con la magia, empecé a disparar a las bestias.

Estas iban cayendo a gran velocidad una por una; la única que aguantaba las balas eran las imitaciones del minotauro y las tres grandes, pero sin importar lo que matara, parecía que la cantidad de monstruos no disminuía.

Por suerte, usando magia de proyección, pude tener balas infinitas para la cantidad que veo que es infinita de monstruos.

(Nota: La magia de proyección no es lo mismo que la hechicería de proyección, ya que la magia omite varios procesos de la hechicería, haciendo algo casi instantáneo, algo posible, ya que la era de los dioses aún no termina en este tiempo…

según yo, Miami me lo confirmó).

Cuando los monstruos llegaron a mi posición, yo tuve que moverme de un lado para otro para tomar distancia, ya que si me ponía a pelear cuerpo a cuerpo, podrían terminar abrumándome.

Tuve que dar un gran salto para esquivar la cola de la serpiente, la cual empezó a escupir gas de una cabeza para que de la otra hiciera chispa y se prendiera todo.

Por suerte, logré escapar, pero era lo único que podía hacer.

Las tres grandes bestias empezaron sus ataques continuamente.

Tuve que colocar el arma cruzada en mi espalda y usar el arco de la distorsión, así lo llamé yo, para empezar a lanzar flechas para detenerlos.

Usando flechas de fuego para interceptar el gas y los ataques de éter puro del dragón, mientras usaba flechas de elemento agua para estar apagando el fuego del ave, el cual empezaba a crear tornado y lluvia de fuego puro desde varias direcciones.

Así estuve casi todo un día peleando con todos los monstruos; al final pude matarlos a casi todos.

El único que sobrevivió fue la serpiente, quien fue la primera en escapar cuando vio que había matado al dragón con la arma cruzada, la cual tenía un orificio donde se le podía acumular energía mágica y éter para lanzarlo como un cañón, el cual está en el otro lado donde se disparaban las balas.

Al final quedé tirada en el suelo, rodeada de miles de cadáveres de bestias y monstruos.

Estaba cansada, me dolían las piernas y, sinceramente, estaba agotada mentalmente.

En el momento en que iba a cerrar los ojos, una sensación de peligro surgió en mí.

Abrí los ojos para usar Haki; una flecha venía en mi dirección, solo pude usar el arma cruzada como escudo, solo para que este sea destruido, pero salvándome del ataque.

El golpe de la flecha me mandó volando unos pocos metros, de lo cual aproveché para pararme y usar el ojo de visión de dios, el cual era de un dios llamado Horus, para mirar en dónde venía la flecha.

Allí había un hombre, joven, entre 17 y 20 años de edad.

Tenía un arco y muchas flechas, pero lo que me llamó la atención fue el poder divino de su interior.

Un semidiós.

El hombre ya había lanzado varias flechas más en su dirección mientras tanto.

Usando mis brazaletes, bloqueé cada una de las flechas, usándolas como si de una serpiente se tratase.

Al ver mi protección que no podía derribar fácilmente, el semidiós dejó de lanzar flechas para empezar a acercarse a mi dirección.

Invocando nuevamente mi arco, tensé la cuerda y la solté.

Esto provocó que varias fechas hechas de magia aparecieran alrededor del hombre siendo disparadas, pero este tipo las esquivó casi todas; las que no, las destruyó sin mucho problema.

“Resistencia mágica, ¿eh?”, me dije a mí misma; su cuerpo es fuerte, más de lo que un semidiós debería ser.

Invocó una flecha, la puso en el arco y lo tensó, pero antes de lanzarla, la imbuyó con haki, ya que se ha demostrado que el haki puede llegar a dañar, aunque sea de manera muy sutil, la divinidad; esto, al ser un espiritual más que nada, y si este tipo es solo un semidiós, debería dañarlo.

Al lanzar la flecha, el hombre decide esquivarla en vez de contraatacar, algo que me salió muy sospechoso; debí haber notado el cambio.

Usando mi poder especial, marqué una diana en su corazón, algo que notó, ya que se detuvo para verlo, y lancé varias flechas más.

Este intento esquivarlo, pero gracias a mi poder la fecha se dobló como si tuviera vida propia y fue directo a su corazón.

El semidiós no tuvo más opción que destruirlo, algo que me costó un poco.

El problema es que este tipo era más rápido que yo lanzando las flechas, así que en un momento me llegaría a donde estaba.

Saltó sobre mí para darme una patada, pero usando los brazaletes, intercepté su golpe.

Este semidiós siguió su ataque lanzando golpe tras golpe, el cual bloqueaba cada uno.

Pero su fuerza era la suficiente para mandar volando los brazaletes.

Ante su aumento de velocidad y que en algún momento me alcanzaría, usé los últimos dos brazaletes para mandarlo lejos.

Recibí un golpe directo de él, y aun usando haki me dolió, llegando a romperme un poco la mandíbula.

Ya estaba muy cansado y me dolían los brazos, piernas y ahora la cara; tenía que terminar esto rápido.

“Semidiós mocoso, ¿quién eres?”, le pregunté por curiosidad.

Este hombre se paró y se acomodó los hombros.

“Mi nombre es Alcides”, dijo simplemente; sin decir más, no pude evitar que el nombre le quedara bien, ya que a su edad no era tan fuerte como este tipo.

Si no estuviera en tan malas condiciones, podía derrotarlo, pero no era el caso; tampoco había necesidad de decir el nombre de sus padres, ya que desde aquí sentía la energía divina de Zeus en su interior.

Alcides iba a lanzarse de nuevo al ataque, pero yo actué más rápido.

Tensó el arco como si tuviera una flecha, solo para que apareciera una cantidad inmensa de energía mágica y etérea debajo de Alcides.

Este lo noto, y cuando intenta moverse, se fijó que había una diana en el suelo que se movía con él, siendo el centro de esta él mismo.

Al ver que no podría esquivarla, tensó su flecha y apuntó a mi ataque, ya que era mejor que apuntarme a mí, ya que si lo hacía, igual le llegaría el ataque.

“Apólyti volí (Απόλυτη βολή)”, dije para soltar la cuerda, haciendo que la acumulación de energía mágica y éter cayera sobre el semidiós en forma de flechas.

Alcides también disparó, por lo que vi la flecha más fuerte que había lanzado hasta ahora.

En el momento en que ambas flechas chocaron, se formó una explosión gigantesca que empezó a comerse todo.

El semidiós intentó escapar, pero fue sumergido rápidamente.

Yo usé toda la energía restante para cubrirme con haki y magia para resistir el ataque.

La explosión llegó a donde estaba, lo cual me dejó muy malherida.

Una vez pasó todo eso, usé el ojo de Horus para ver a mi contrincante, solo para ver al semidiós muy mal herido tirado en el suelo, aún vivo, pero sin moverse.

“Qué monstruo”, comenté, ya que esa explosión tuvo que haber matado a cualquier semidiós común.

Con todo el dolor del mundo me fui de ahí, ya que estaba muy herida y necesitaba un lugar donde descansar, y aquí no era seguro.

Después de un rato llegué a un templo, pero este era de mi madre, Artemisa.

Entré al lugar con mucha confianza al ser el templo de mi madre.

Apenas llegué, la sacedotisa principal me reconoció, ayudándome a ir a un lugar seguro para descansar, dejándome con una mujer de mediana edad que me viera.

Mientras miraba una herida que tenía en mi pierna, sentí como me enterraban un cuchillo en la espalda que me atravesó el pecho.

Había bajado la guardia; miré atrás para ver a la mujer que debía cuidarme sosteniendo el cuchillo lleno de sangre.

“¿Qué se siente que te apuñalen por la espalda aquellos en quienes confías?”, dijo con veneno; yo no le dije nada, solo me quedé mirándola.

“Yo confié en los dioses, pero ellos destruyeron mi vida; toda mi familia fue destruida por ustedes.

Aquí estoy para hacer algo al respecto, para dañar también a sus seres queridos”.

Con eso dicho, intento apuñalarme de nuevo solo para ser detenida por la sacerdotisa principal.

Las demás fueron a verme y ayudarme en mi condición, que no era muy buena.

Resulta que esta mujer era una que había sufrido una desgracia hecha por los dioses.

En su intento de vengarse, se escondió en un templo seguro, ya que yo estaba destruyendo algunos, y esperó que viniera un dios para intentar matarlo.

Había conseguido un cuchillo con el veneno de la hidra con todo su dinero.

Para su mala suerte, casi ningún dios iba a sus templos, así que cuando llegué yo, con el anuncio de ser hija de Artemisa, me atacó.

Ahora estoy herida, cansada, con una herida fatal y envenenada, ya que ahora mismo no hay cura para el veneno de la hidra.

Sentí un dolor inmenso en todo mi cuerpo, como si mi carne estuviera por fallar.

Pero no me iba a quedar con los brazos cruzados.

Me levanté y me fui de ahí, ignorando a la mujer que más tarde mi madre seguramente haría sufrir toda su vida.

La sacerdotisa intentó detenerme y esperar a mi madre, pero no quise; tenía algo que hacer antes de morir.

…

Me bajé del barco con un dolor en todo mi cuerpo; este ya casi ni aguantaba.

Cada segundo que pasaba, el veneno me mataba más y más, pero aún no llegaba a mi objetivo.

Con un bastón, caminé lentamente a donde quería ir.

Después de unas horas de un sufrimiento lento y doloroso, llegué a donde quería ir, al antiguo lugar donde mi padre empezó todo esto; en Crisa, estaba frente a la montaña donde estaba la entrada a Ánakosmo y, por defecto, el Olimpo.

Invocqué mi arco y lo tensé; en este apareció una flecha de metal griego.

Este lo imbuidé de toda mi energía, mana haki, de todo, no dejé nada; también usé la habilidad especial del arco para distorsionar la realidad y el espacio.

Apunté la entrada a este místico mundo y solté la flecha.

“Adiós”, dije para caer al suelo y que todo se fuera en negro.

…

POV tercera persona La fecha con un poder inmenso fue directamente a la entrada que habían hecho los dioses en el reverso del mundo.

Este lugar tenía varias barreras para detener ataques enemigos, pero con el poder del arco imbiod en la flecha, este distorsionó la realidad y el espacio para pasar estas barreras sin destruirlas; es como si hiciera un agujero en esta para que, cuando pasara, esta volviera a la normalidad.

Cuando la flecha llegó a Ánakosmo, esta fue como si un terremoto llegara a la isla.

Atravesó la isla destruyendo todo a su paso; la isla empezó a desmoronarse y ser destruida rápidamente, haciendo que las criaturas que vivían aquí cayeran poco a poco al vacío, a donde estaba el mundo.

Pero la flecha no se detuvo, ya que su objetivo era otro, ignorando todas las defensas que había en el lugar.

Llegó a los aposentos de Zeus, el cual en menos de un segundo fue destruido.

El ataque de Libra destruyó a Anakosmo, junto a varios de los hogares de los dioses griegos en el Olimpo, la mayoría por daños colaterales.

Zeus estaba furioso, quiso castigar al culpable solo para saber que quien hizo todo eso fue Libra y, para variar, esta yacía muerta en la entrada del monte.

La furia del dios debía ser saciada, así que en un ataque de furia, destruyó la isla de Crisa junto a todos sus habitantes, y de paso cerró para siempre la entrada que tenía en el mundo.

Por suerte, Ares, al darse cuenta de todo eso, actuó salvando el cuerpo de Libra de la destrucción.

La primera en actuar fue Artemisa, quien le contó lo que pasó a Libra en el templo y, junto a su ataque sorpresa antes de todo eso, pidió una compensación.

Como Artemisa era la hija favorita de Zeus, este al final aceptó su pedido, convirtiendo a Libra en una constelación para el resto de su vida.

Así termina la historia de Libra, hija de Dante, la parca.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES PancnHuebo Hoy estamos de luto, no hay más que decir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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