Mundo Bestia Interestelar: Conquistando el Corazón del Villano con Cachorros - Capítulo 73
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- Capítulo 73 - 73 Capítulo 73 Aparece el Sumo Sacerdote
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73: Capítulo 73: Aparece el Sumo Sacerdote 73: Capítulo 73: Aparece el Sumo Sacerdote La multitud murmurante guardó un silencio sobrecogedor en cuanto Feng Yanshen entró en el patio.
Se erguía imponente, envuelto en un aura de calma tan profunda que parecía que la misma luna había adoptado forma humana.
Sus largas túnicas flotaban como nubes blancas y una fina venda del mismo color le cubría los ojos…
Aun así, todos sintieron que su mirada oculta les atravesaba la carne y el alma por igual.
Nadie osaba respirar demasiado fuerte en su presencia.
A Yue Yue, sin embargo, casi se le cortó la respiración.
Acababa de llegar a este templo…
y ya tenía que enfrentarse al cuarto villano.
De verdad sintió que el cielo estaba jugando con su vida.
Antes de que pudiera siquiera sosegar su corazón, la profunda voz de él resonó por todo el patio, firme y serena.
—Levántense.
La orden fue amable…, pero no admitía negativa.
Todos se levantaron lentamente.
Yue Yue, en silencio, intentó retroceder centímetro a centímetro, con la esperanza de escabullirse antes de que la atención del Sumo Sacerdote se posara sobre ella.
Pero ya era demasiado tarde.
Yue Yue sintió que su mirada se topaba directamente con la del Sumo Sacerdote…, aunque él llevara los ojos vendados.
Era ridículo, pero de verdad sintió que, de algún modo, la estaba mirando fijamente a ella, y solo a ella, como si todos sus gestos furtivos y sus pequeños intentos de apartarse hubieran quedado completamente al descubierto.
Se le tensó la espalda de inmediato y una sonrisa forzada se le dibujó en los labios antes de bajar la mirada rápidamente, como una niña culpable que finge no haber hecho nada malo.
A su lado, Lin En le dio un tirón de la mano y volvió a arrodillarse, arrastrando a Yue Yue consigo.
A Yue Yue casi le dieron ganas de llorar.
En su interior gritó: «¡¿Por qué me arrastras?!
¡No quiero volver a arrodillarme!».
Pero el agarre de Lin En era más fuerte que sus quejas y, al instante siguiente, ambas estaban debidamente arrodilladas frente a Feng Yanshen como colegialas obedientes.
Lin En sollozaba en voz baja mientras hablaba, con la voz temblorosa como una flor maltratada por el viento.
—Su Alteza…, por favor…, haga justicia.
Solo soy una humilde hembra de una estrella lejana…
No tengo familia ni respaldo…, pero eso no significa que otros puedan agraviarme…
Los hipidos se le escapaban uno tras otro.
Las lágrimas le corrían por las mejillas de un modo tan lastimero que Yue Yue casi olvidó que aquello era en parte desamparo y en parte talento natural para el drama.
Aun siendo ella misma otra hembra, a Yue Yue se le encogió el corazón.
Casi le entraron ganas de abrazarla y darle un pañuelo.
Miró discretamente a Feng Yanshen.
Era alto, silencioso y se erguía frente a ellas como una montaña.
Entonces, una idea cruzó por su mente.
¿No se suponía que este villano era otro macho peligroso?
Si Lin En conseguía su protección…, ¿no se resolverían dos problemas de una vez?
La protagonista hembra ya no iría a por su marido y el cuarto villano desviaría su atención a otra parte.
Perfecto.
Mataba dos pájaros de un tiro.
Sus ojos brillaron con picardía.
Pero en el momento en que Feng Yanshen se acercó, un escalofrío le recorrió la espalda.
Su presencia las envolvió como una bruma fría.
Y su mano se extendió lentamente.
Hacia…
ellas.
Y lo que era más importante…
Hacia ella.
La mente de Yue Yue se quedó en blanco.
¿Por qué viene su mano en mi dirección?
¿No debería estar bendiciendo a Lin En?
¡Sí, a Lin En…, la frágil, llorosa y lastimera Lin En!
¡Coge su mano!
¡No la mía!
Antes de que pudiera hacerse a un lado, la profunda voz de él resonó, calmada y solemne.
—Las hembras son las bendiciones del cielo.
No deberían arrodillarse ante nadie.
Las palabras eran nobles.
El gesto, divino.
El objetivo…
era el equivocado.
Yue Yue se quedó helada.
Sí, al fin y al cabo, él tenía razón; estaba destinado a caer rendido ante la amable y pura protagonista hembra…
Entonces, ¿por qué su mano se extendía hacia ella en vez de hacia Lin En?
Intentó apartarse hacia un lado.
La mano…
la siguió.
Volvió a apartarse.
La mano volvió a seguirla.
Su sonrisa se crispó con amargura.
¡¿Podía este hombre dejar de tomarla con ella?!
Antes de que pudiera escapar, Wei Han, con suavidad pero con firmeza, colocó la pequeña mano de ella en la palma del Sumo Sacerdote.
Yue Yue miró al sirviente con incredulidad.
Wei Han bajó la cabeza y susurró:
—No puede hacer esperar a Su Alteza, Dama Yue.
Le entraron ganas de lanzarlo al otro lado del patio.
La mano de Feng Yanshen envolvió sus dedos; era fría y firme, y la levantó del suelo sin esfuerzo.
Presa del pánico, Yue Yue tiró rápidamente de Lin En para levantarla también, de modo que al menos pareciera que las alzaba a las dos, y no solo a ella.
No quería convertirse en el centro de atención de nadie…, y mucho menos de aquel hombre peligroso.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Feng Yanshen.
Poco a poco, una luz se acumuló en su palma…; era suave, cálida y fluía como la luz de la luna.
Se extendió por la mano herida de Lin En.
Ante sus ojos, los moratones se desvanecieron, la piel desgarrada se reparó y la sangre se esfumó como si el propio tiempo la hubiera borrado.
Se oyeron exclamaciones de asombro entre las hembras y los sirvientes de alrededor.
Lin En parpadeó, atónita e incrédula, y luego las lágrimas volvieron a brotar, esta vez mezcladas con alivio.
Antes de que nadie pudiera hablar, Yue Yue se inclinó con dulzura, intentando hacer de celestina; no quería perder una oportunidad tan buena.
Sus palabras melosas hicieron que varios de los presentes se estremecieran.
—Su Alteza de verdad que hace honor a su reputación.
No solo es poderoso…, sino también compasivo.
El templo es muy afortunado de contar con usted.
Varios de los sirvientes varones se tensaron.
Atrevida.
Demasiado atrevida.
¿Cómo osaba hablarle con tanta desenvoltura al Sumo Sacerdote?
Sin duda la expulsarían…
Pero Feng Yanshen se limitó a sonreír.
—Mis disculpas —dijo con voz suave—.
Una hembra ha sido herida bajo mi jurisdicción.
Tengan por seguro…
que se hará justicia.
Sus palabras fluyeron con naturalidad…
A Yue Yue se le crisparon los labios.
Entonces, ¿lo había oído todo antes?
¿Había estado ahí parado en silencio…, escuchando…, fingiendo indiferencia…, mientras en secreto prestaba atención a cada palabra?
Un santo sacerdote por fuera…
y un cretino en el fondo.
Retiró la mano de la de él al instante…, pero los dedos de él la sujetaron un segundo más de lo necesario antes de soltarla.
El corazón le dio un vuelco.
Lo fulminó con la mirada en su interior.
Este hombre era peligroso.
Su expresión, sin embargo, no cambió en absoluto.
Seguía siendo igual de serena, respetuosa y santa.
Entonces, su tono se volvió gélido.
—En cuanto a la culpable, sáquenla de los terrenos del palacio.
Ya no se le permite residir en este lugar sagrado.
Mei Lian cayó de rodillas, conmocionada.
—Su Alteza…, por favor…, yo…, ¡yo solo…!
Sus súplicas fueron inútiles.
Los sirvientes del templo no mostraron piedad alguna…; la agarraron por los brazos y se la llevaron a rastras mientras ella lloraba y gritaba, hasta que desapareció tras las puertas del patio.
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