Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: Capítulo 1 La más hermosa de todas 1: Capítulo 1 La más hermosa de todas En lo más profundo del océano, donde la luz del mundo exterior jamás llegaba, se alzaba el reino soberano de las profundidades: Abyssara.
Allí, entre corrientes eternas y arrecifes luminosos, se erguía el Palacio Marino, una estructura colosal formada por coral cristalino, perlas gigantes y minerales ancestrales que brillaban con tonos azules y dorados.
No había sido construido por manos comunes, sino moldeado por la voluntad del océano y la magia de generaciones de reyes tritones.
Ese era el hogar de la realeza… y de la criatura más admirada del reino.
Merea.
Hija del Rey Aegirion, soberano de las profundidades, y de la Reina Lyssara, la única mujer que había gobernado a su lado desde una promesa hecha en la infancia.
Única princesa de Abyssara.
Única heredera femenina de la sangre real.
Y, según todos, la más hermosa de todas las sirenas.
Su cabello rubio platinado flotaba a su alrededor como hilos de luna atrapados bajo el mar, brillando incluso en las zonas más profundas.
Sus ojos dorados, intensos y serenos, parecían contener la luz del océano antiguo, aquella que existía antes de que las razas se separaran.
Las sirenas decían que su belleza no era normal.
Los tritones afirmaban que era una bendición.
Los ancianos… guardaban silencio.
Porque la belleza de Merea no solo era apariencia.
Era presagio.
A pesar de ser una princesa adulta, Merea nunca había conocido el mundo más allá de las fronteras del reino.
Había crecido protegida, rodeada de guardias, doncellas y cuidados constantes.
Sus hermanos mayores, los príncipes Eldric y Kaelis, se habían encargado de mantener cualquier peligro lejos de ella.
Demasiado lejos.
Por eso, mientras otras sirenas soñaban con parejas, territorios o prestigio, Merea soñaba con algo distinto.
Con el mundo.
En el centro del palacio, protegida por antiguas runas, se encontraba la Biblioteca Real, una enorme burbuja transparente donde el agua no existía.
Allí, los libros descansaban a salvo del océano, flotando en estanterías de cristal marino.
Y allí estaba ella.
Sentada junto a una mesa antigua, con un libro entre las manos, Merea leía sobre tierras secas, bosques imposibles y criaturas que caminaban sobre dos piernas de forma natural.
Había aprendido sobre reinos bestiales, pactos antiguos y un mundo que jamás había visto… pero que sentía extrañamente cercano.
Sin saberlo, el destino ya la observaba desde las sombras del océano.
Porque incluso antes de conocerlos… Las joyas de la princesa ya existían.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com