Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 12

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 Entre protección y deseo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

12: Capítulo 12 Entre protección y deseo 12: Capítulo 12 Entre protección y deseo —Su respiración se ha estabilizado —dijo Merea finalmente, con una suavidad que contrastaba con la intensidad de su reciente labor—.

Ahora solo necesita descansar profundamente.

El proceso ha sido agotador para él, pero ya no corre peligro inminente.

Kael’thar arqueó una ceja, acercándose con pasos silenciosos, su imponente figura proyectando una sombra sobre la cama donde yacía Rhazek.

El aire en la cabaña aún zumbaba con la energía residual de la curación.

—¿Solo tu magia?

—preguntó, su voz un murmullo grave que buscaba la verdad oculta tras las acciones de la forastera.

Merea ladeó levemente la cabeza, permitiendo que una sonrisa sutil y enigmática jugara en sus labios.

Esa sonrisa, un destello de confianza y misterio, hizo que Kael’thar tragara saliva instintivamente, sintiendo un calor inesperado recorrer su espalda.

—Sí —respondió ella, con un tono ligero pero firme—.

Nada más que mi habilidad.

Y, como acordamos, nadie debe saber de esta…

peculiaridad.

Es nuestro secreto.

La audacia y la gracia de Merea lo mantenían en una tensión constante, una incomodidad que ninguna batalla, ni siquiera con las bestias más feroces del bosque, había logrado provocar.

Ella era un desafío silencioso a su control y a su entendimiento del mundo.

—Eres audaz —murmuró él, su mirada fija en sus ojos dorados—.

Incluso frente a algo que la mayoría de los nuestros consideraría peligroso o prohibido.

—Confío en quienes me rodean —replicó ella, reduciendo la distancia entre sus miradas, dejando que un mechón rubio y húmedo de su cabello rozara apenas el hombro desnudo de Kael’thar—.

Y tú, Kael’thar de Kael’thar, pareces ser alguien en quien vale la pena confiar.

Tienes el peso del liderazgo en tus ojos.

La cercanía era ahora un desafío silencioso, una invitación tácita a cruzar una línea invisible que ambos sentían.

Kael’thar tragó saliva de nuevo, luchando por mantener su compostura de guerrero.

Kael’thar se apartó con un movimiento fluido, rompiendo la burbuja de tensión que habían creado.

Recogió unas hojas secas y polvorientas de un cuenco cercano.

—Es mi turno de actuar, Princesa de…

donde sea que vengas.

Con movimientos precisos y profesionales, Kael’thar aplicó las hierbas machacadas, de aroma fuerte y terroso, sobre la herida ahora limpia y cerrada de Rhazek.

Era un acto de curación visible, una tapadera perfecta.

Se aseguró de que si los demás sanadores de la aldea entraban, solo vieran los métodos tradicionales de la tribu, sin sospechar la magia acuática que acababa de salvar una vida.

—Estas hierbas de roble de sangre evitarán infecciones —murmuró, sus dedos expertos vendando la zona—.

Son un remedio tradicional de nuestra tribu.

Muy potentes.

Merea lo observó con una sonrisa suave, asintiendo con conocimiento.

—Conozco esas hojas.

Reducen la fiebre y calman el dolor si se preparan bien en infusión.

Mi gente tiene usos similares para ciertas algas de arrecife.

Kael’thar la miró de reojo, percibiendo el doble juego: una tapadera para el mundo y un desafío intelectual para él.

—Sabes más de lo que aparentas —musitó él, con voz baja, cargada de una intensidad que iba más allá de la curiosidad médica.

—Me gusta aprender —respondió ella con un toque de picardía, sus ojos brillando a la luz de la cabaña—.

Y observar.

Especialmente a personas…

interesantes.

Kael’thar contuvo un escalofrío que nada tenía que ver con el frío.

Sabía que protegerla no sería solo un deber de anfitrión, sino un constante desafío a su autocontrol.

—Los curanderos se encargarán de vigilarlo a partir de ahora.

Yo me aseguraré de que nadie interfiera ni haga preguntas innecesarias —dijo finalmente, volviendo a su papel de protector y líder.

Merea dejó escapar un suspiro sutil, una exhalación que liberó el cansancio que la había invadido después de concentrar tanta energía vital en Rhazek.

Kael’thar, siempre atento a las debilidades, percibió su fatiga.

—Pareces agotada —dijo, su voz grave rozando la atmósfera entre ellos mientras salían de la cabaña y emprendían el camino de regreso hacia la suya.

—Solo un poco… —murmuró ella, ladeando la cabeza y dejando que sus ojos se posaran en él con traviesa intensidad, una invitación silenciosa—.

Me sentiría mucho más segura, y mi fatiga se aliviaría, si el líder del clan me acompañara mientras camino.

El sol es fuerte aquí arriba.

Kael’thar asintió, la decisión firme en sus ojos ambarinos.

—Entonces vamos.

Rhazek estará bajo cuidado.

Me aseguraré de que nada lo moleste.

Mientras avanzaban por la aldea, la tensión se volvía casi tangible para los pocos aldeanos que aún miraban.

Cada paso de Merea era ligero y elegante, pero Kael’thar se colocaba estratégicamente a su lado, apartando sombras, ramas y cualquier mirada curiosa, protegiéndola sin necesidad de tocarla físicamente, pero con una presencia que lo abarcaba todo.

—Siempre tan protector —murmuró ella con voz suave y juguetona, disfrutando claramente de la dinámica—.

Nadie se atreve a desafiar a la Pantera de Kael’thar, ¿verdad?

Kael’thar frunció levemente el ceño, sintiendo el calor de sus palabras y el roce de su mirada juguetona.

El apodo “Pantera” era uno que le habían dado por su ferocidad en combate y su naturaleza solitaria, y le sorprendió oírlo de sus labios.

—Solo cumplo con mi deber —replicó él, intentando mantener la compostura, aunque su corazón latía un poco más rápido.

—Ah, tu deber… —replicó ella, ladeando la cabeza de nuevo, dejando que su largo cabello rozara su hombro una vez más—.

Suena… tentador.

Me pregunto si tu deber es siempre tan… agradable de cumplir.

El silencio entre ellos se cargó de una tensión palpable.

Cada gesto, cada respiración compartida, hacía crecer una cercanía y una conciencia mutua que ninguno de los dos había anticipado cuando la sirena apareció por primera vez en su aldea.

Al llegar a su hogar, la cabaña de Kael’thar, él se aseguró de que estuviera cómoda, ofreciéndole un lugar para sentarse junto al fuego que crepitaba suavemente.

—Aquí estarás segura —dijo él, observándola con intensidad, su tono suavizándose de nuevo—.

Nadie te molestará aquí.

—Gracias —respondió Merea, con un destello travieso en los ojos que contradecía su aparente gratitud—.

Por protegerme… y por comprender que hay cosas que aún debo guardar para mí sola.

Kael’thar sostuvo su mirada, perdido por un instante en el misterio que ella representaba.

Su deber de proteger a su pueblo y su creciente fascinación por esta criatura del agua se entrelazaban en un mismo hilo, consciente de que protegerla sería un desafío constante.

—Descansa un poco —dijo finalmente, rompiendo el contacto visual para recuperar el aliento—.

Mañana será un día largo.

—Lo haré —replicó ella, con un dejo de desafío en su voz cantarina—.

Pero no creas que me quedaré quieta demasiado tiempo.

Hay un mundo allá afuera… y debo explorarlo.

Con la guía correcta, por supuesto.

Kael’thar asintió, viendo cómo se acomodaba en la cama de pieles, cerrando los ojos.

—Bueno, me iré a patrullar los alrededores —dijo, dando media vuelta hacia la puerta para darle privacidad.

—Entiendo, entonces yo descansaré —dijo Merea, su voz ya somnolienta, pero con una nota de satisfacción.

Kael’thar se alejó de su propia cama, dejando a una Merea durmiendo, sintiendo un calor inusual y persistente en su corazón de guerrero, y sabiendo que su mundo ya no volvería a ser el mismo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo