Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 19
- Inicio
- Todas las novelas
- Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
- Capítulo 19 - 19 Capitulo19 Donde el control se rompe
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Capitulo19 Donde el control se rompe 19: Capitulo19 Donde el control se rompe El cuerpo de Merea respondió a sus besos antes incluso de que pudiera pensarlo.
Su respiración se volvió irregular, entrecortada, chocando suavemente contra el cuello y el rostro de Kael’thar, como si su propio cuerpo estuviera aprendiendo un nuevo lenguaje.
No se apartó.
No lo empujó.
Al contrario, sus dedos se cerraron con más fuerza en su ropa, aferrándose a él como si temiera que ese instante pudiera desvanecerse si lo soltaba —Kael’thar… —susurró, y su voz sonó distinta, más baja, cargada de una emoción que no había conocido antes—.
No sabía que se sentiría así.
Él levantó el rostro apenas, lo justo para apoyarse con suavidad contra su frente.
Sus ojos dorados estaban oscurecidos, ferales, encendidos por el deseo, pero en ellos habitaba algo más profundo: contención.
Cuidado.
La lucha constante por no cruzar un límite que solo ella podía marcar.
—Dímelo ahora —pidió, con la voz tensa, como si cada palabra le costara—.
Si quieres que me detenga.
Merea lo observar en silencio durante un largo segundo.
Luego negó lentamente, con una decisión que no tembló.
—No —respondió sin titubeos—.
Quiero que seas tú.
Esa frase terminó de romperlo.
Kael’thar la alzó con una facilidad que contrastaba con la delicadeza de sus movimientos, como si su peso no existiera, como si cargarla fuera lo más natural del mundo.
La recostó con cuidado sobre la capa de piel extendida cerca de la orilla, asegurándose de que estuviera cómodo antes de separarse apenas.
No hubo prisa.
No hubo brusquedad.
Cada gesto era deliberado, casi solemne, como si estuviera grabando ese momento en su memoria para no olvidarlo jamás.
Se colocó sobre ella sin aplastarla, sosteniéndose con un brazo firme, observándola como si el mundo entero hubiera desaparecido, como si solo existieran ellos dos bajo el murmullo lejano del agua.
—Mírame —le pidió en voz baja.
Merea lo hizo.
No cerró los ojos.
Sus pupilas doradas permanecieron fijas en las de él, deseosas de verlo todo, de sentirlo todo, de no perderse ni un segundo de lo que estaban compartiendo.
El beso que siguió no se parecía a ninguno de los anteriores.
No fue provocación ni juego.
Fue profundo, lento, cargado de promesas silenciosas.
Kael’thar besó como quien reclama, pero también como quien protege algo precioso, algo que no desea dañar.
Sus manos recorrieron la piel de Merea con un respeto ardiente, deteniéndose cuando ella se tensaba, avanzando solo cuando ella lo buscaba.
Cada reacción suya era una guía, y él la seguía con atención absoluta.
Merea aprendía rápido.
Respondía.
Se adaptaba.
No era pasiva, pero sí consciente de que ese momento tenía un peso distinto, irreversible.
Cuando su cuerpo reaccionó por completo, Kael’thar volvió a detenerse, respirando con dificultad, luchando por mantener el control.
—Dolerá un poco —admitió con honestidad—.
No quiero lastimarte.
Merea alzó la mano y la apoyó en su mejilla, obligándolo a mirarla.
—Confío en ti —dijo—.
No me trata como algo que pueda romperse.
Eso fue lo último que necesitó.
El resto ocurrió entre respiraciones entrecortadas, cuerpos que se encontraban sin prisa, gemidos contenidos y manos que se aferraban como anclas.
Kael’thar fue cuidadoso, pero nunca distante.
Firme, atento a cada cambio en ella.
Cuando Merea se tensó, él se quedó.
Cuando se relajó, avanzó con paciencia, permitiéndole adaptarse, acompañándola en cada sensación nueva.
Y cuando finalmente la unión se horneó, Merea arqueó el cuerpo, soltando un sonido bajo, sorprendido, intenso… real.
No fue solo físico; fue la certeza de que algo dentro de ella acababa de cambiar.
Kael’thar apoyó la frente en su hombro, respirando hondo, sosteniéndola mientras el momento pasaba, mientras su cuerpo se acostumbraba, mientras ella dejaba atrás lo que había sido hasta entonces.
No fue rápido.
No fue violento.
Fue profundo.
Cuando el ritmo los envolvió y ya no hubo espacio para pensar, solo para sentir, Kael’thar perdió el último hilo de control.
No de forma salvaje, sino absoluta.
Cada movimiento parecía una promesa silenciosa: te elijo, te reclamo, eres mía .
Luego de muchas horas, con el temor constante de lastimarla más por ser su primera experiencia, decidió terminar.
No por falta de deseo, sino por cuidado.
La envolvió contra su pecho, cubriéndola con su cuerpo, respirando aún agitado.
Merea permaneció allí, escuchando el latido firme bajo su mejilla, sintiendo la marca en su nuca aún cálida, presente.
—Así que… —murmuró ella, con una sonrisa cansada pero satisfecha—.
¿Esto también fue parte de tu protección como líder?
Kael’thar soltó una risa baja, ronca, y presionó un poco más el abrazo.
—No —respondió—.
Esto fue egoísta.
Ella se acomodó mejor contra él, sin quejarse.
—Me gusta ese lado tuyo.
Él cerró los ojos, rodeándola con más fuerza, como si temiera perderla al soltarse.
—Y a mí me aterra cuánto te necesito.
Merea consciente de que esas palabras no eran ligeras ni momentáneas……..
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com