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Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 2

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2: Capítulo 2 La princesa del océano dorado 2: Capítulo 2 La princesa del océano dorado Merea había sido consciente de su condición desde muy joven No por arrogancia, sino porque el mundo jamás se lo permitió olvidar.

Desde pequeña, las miradas se posaban sobre ella con una mezcla de admiración y temor.

La belleza de Merea no era solo física; Había algo en su puerta, en la forma en que movía los brazos y giraba la cabeza, que llamaba la atención incluso de los más indiferentes.

Su crecimiento fue distinto al de otras sirenas.

Su magia respondía antes de tiempo, casi como si el océano mismo reconociera su poder y acelerara su aprendizaje.

Su mente comprendía conceptos que muchas sirenas de su edad ni siquiera podían imaginar.

Matemáticas, historia de las antiguas reinas, rituales de protección… todo parecía fluir dentro de ella con facilidad, como si las palabras y los conocimientos del mundo fueronsen piezas de un rompecabezas que solo ella podía armar.

Gran parte de ello se debía a la pulsera antigua que había llevado desde la infancia.

Un artefacto real, heredado de las reinas de Abyssara, que le permitió acceder a espacios sin agua, caminar con piernas antes de tiempo y estudiar conocimientos reservados para los adultos.

Aunque ya no la necesitaba, aquella pulsera había moldeado su mente y su curiosidad.

Gracias a ella, Merea comprendía algo que muchas sirenas jamás cuestionaban: el océano no era todo.

Siempre había sentido un leve cosquilleo de inquietud cuando escuchaba hablar a las demás sirenas sobre su deber de quedarse en Abyssara, sobre el compromiso con la familia, sobre la obediencia sin cuestionar.

Su corazón, aunque educado para contener emociones, deseaba experimentar, conocer, descubrir.

Un deseo que nadie podía detener… y que a veces la hacía sentirse diferente, demasiado atrevida para la vida pacífica bajo el mar.

—Princesa Merea.

La suave voz de una sirena la sacó de sus pensamientos.

Merea cerró el libro con cuidado, dejando escapar un suspiro contenido, y sonrió con delicadeza -¿Si?

—respondió, con la voz calma pero firme, como siempre.

—El consejo se reunirá pronto.

Su padre desea verla después —informó la sirena, inclinando levemente la cabeza.

Merea ascendió, pero una leve inquietud recorrió su pecho.

Desde que alcanzó la adultez, los murmullos habían cambiado.

Ya no hablaban solo de su belleza o de su poder latente… sino de su compromiso.

Un prometido al que nunca había visto.

Un nombre que nunca le habían dicho.

Un destino decidido antes de que pudiera opinar.

Mientras abandonaba la biblioteca, apoyó la mano sobre su pecho sin darse cuenta.

Allí no había ninguna marca visible, ningún símbolo que indicara unión alguna.

Las sirenas no podían amar, decía la leyenda.

Solo sentir afecto, solo apego.

Y aun así… algo dentro de ella se agitaba, como si el océano mismo la empujara hacia un futuro imposible de evitar.

Se permitió un instante para cerrar los ojos y respirar hondo.

Podía sentir la energía del océano fluyendo a su alrededor, acariciando su piel, recordándole que estaba viva, que era única, que el mundo era más grande que los muros de Abyssara.

Sus dedos rozaron la pulsera, grabándole todo lo que había aprendido, todas las noches en vela leyendo, todas las veces que había estudiado sobre los hombres bestia y sus tribus.

Un pensamiento atrevido cruzó su mente: ¿Cómo sería?

¿Serían tan salvajes y hermosos como dicen las leyendas?

Merea caminó lentamente por el pasillo de la biblioteca, dejando que sus pensamientos fluyeran.

Recordó los cuentos que su madre le contaba sobre las primeras reinas sirenas, sobre la magia que recorría su linaje, sobre cómo algunas tenían sentido emociones que cambiaban su mundo.

Una chispa de emoción recorrió su cuerpo; Sabía que estaba destinada a algo grande, algo que ninguna sirena había logrado antes.

—Muy pronto —susurró para sí misma, mientras sus dedos rozaban los libros de la estantería—.

Muy pronto conoceré el mundo exterior.

Muy pronto… las joyas de la princesa comenzarán a brillar.

Y con esa idea en la mente, Merea sintió un latido fuerte en su pecho, mezcla de emoción, curiosidad y deseo.

No había miedo, solo un anhelo profundo por descubrir lo que el mundo le ofrecía.

Por conocer a los hombres que los mitos llamaban “joyas”, y por descubrir su propia fuerza en un océano y un mundo que ya no podía contenerla.

Mientras se dirigía hacia la sala del consejo, sus pasos eran suaves, pero cada movimiento de su cuerpo parecía imantar la luz a su alrededor.

La princesa de Abyssara, la sirena más hermosa y especial del océano, sabía que su historia apenas comenzaba… y que nada volvería a ser igual.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES KinethN algunos capítulos serán cortos por ahora

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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