Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 24
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24: Capitulo 24 Agua tibia, piel y silencios 24: Capitulo 24 Agua tibia, piel y silencios La conversación con Nerai, Rhyssa y Lara no se extendió demasiado.
Nada profundo.
Nada que pesara.
Hablaron de cosas simples: de plantas curiosas, de anécdotas pequeñas de la aldea, de lo extraños que podían ser algunos machos bestia cuando se entrenaban juntos.
Rhyssa reía con facilidad, Lara aportaba comentarios breves pero certeros, y Nerai… Nerai no dejaba de mirar a Merea con una mezcla de admiración y emoción mal disimulada.
—De verdad —insistía la cierva, con las orejas moviéndose sin control—, nunca había visto a alguien entender las plantas como tú.
Y además eres hermosa.
Es injusto.
Merea rió, un poco apenada.
—Exageras.
—No exagero —replicó Nerai con convicción—.
Eres inteligente, tranquila y… —la observó un segundo más— diferente.
En el buen sentido Lara asintió.
—Mañana podemos hablar más —dijo la pantera—.
Hoy ya es tarde, y mañana tenemos el día libre —Sí —añadió Rhyssa—.
Podemos reunirnos temprano.
Me gustaría conocerte mejor.
El pecho de Merea se llenó de una nueva calidez.
—Me encantaría —respondió con sinceridad.
Se despidieron poco después, quedando en verso al día siguiente.
Cuando Merea se alejó rumbo a la casa de Kael’thar, lo hizo con pasos ligeros, casi felices.
Una amiga.
No recordaba la última vez que había sentido algo así.
Al llegar a la casa, rodeó la estructura y se dirigió a la pequeña habitación trasera que Kael’thar había usado como baño.
Él había sido… demasiado cuidadoso con ese espacio.
Había construido una bañera amplia y profunda, sellada con materiales resistentes al agua salada.
Nadie más en la aldea tenía algo así Solo él sabía exactamente qué era ella.
Merea alarmante al ver que la bañera ya estaba llena.
—Siempre tan atento… —murmuró.
No le importaba la temperatura.
El agua fría o tibia era lo mismo para ella.
Se desnudó sin prisa y se sumergió, soltando el aire lentamente.
Cerró los ojos.
Por un momento, se permitió pensar.
¿Qué diría cuando le preguntarían qué tipo de mujer bestia era?
Sirena no era una opción segura.
Tal vez… “una bestia del agua”.
Ambiguo.
Suficiente.
Suspir y dej que el agua cubriera sus hombros.
Recordó entonces la pequeña bolsa que Nerai le había dado antes de despedirse.
La abri y dej caer las flores en el agua.
Un aroma suave, dulce, se expande de inmediato.
—Gracias, Nerai… —susurró.
Se relajó más de lo que esperaba.
El cuerpo aún le dolía un poco.
No de forma incómoda… sino como un recuerdo persistente de la noche anterior.
Marcas que ya no estaban a la vista, pero que ella sentía Cuando terminó, salió, secó con calma y eligió un vestido pequeño, suave, que caía ligero sobre su cuerpo.
Dejó el cabello suelto, húmedo aún.
Al entrar a la habitación principal, lo vio.
Kael’thar estaba allí, quitándose parte de su equipo.
Alzó la mirada al verla… y se detuvo.
Merea sonriendo de inmediato y se acercó, abriendo los brazos para abrazarlo.
—Kael— Kael’thar levantó una mano.
—Espera.
Ella se detuvo, confundida —¿Qué pasa?
—Quiero asearme primero —dijo con calma—.
No quiero ensuciarte Merea frunció los labios en un pequeño puchero.
—No me importa.
—A mí sí.
Ella lo miró un segundo… y luego asintió —Está bien —dijo—.
Te espero.
No protestó.
No insistió.
No quería comportarse como una niña.
Kael’thar desapareció hacia el baño.
Cuando regresó, el aire alrededor de él parecía distinto.
Limpio.
Caliente.
Se acercó a Merea sin decir nada y la rodeó por la cintura, enterrando el rostro en su cuello.
—Te extrañé —murmuró, besándole la piel.
—Solo fueron unas horas —respondió ella, riendo suavemente.
—Demasiadas.
La levantó sin esfuerzo y la sentó sobre la mesa cercana.
Sus manos recorrían su espalda con familiaridad, con una seguridad nueva.
Merea lo notó —Estás diferente —susurró.
—Porque ya no tengo que fingir que no te quiero —respondió, besándole el cuello—.
Ni fingir que puedo controlarme siempre Ella dejó escapar una respiración lenta.
—Entonces esta noche… —murmuró—, ¿qué pasará?
Kael’thar apoyó la frente contra la de ella.
—Nada que no quieras.
Los ojos dorados de Merea brillaron.
—Eso suena peligroso.
—Para mí lo es.
Rieron en voz baja, pero el ambiente ya estaba cargado.
Kael’thar la llevó hacia la cama, sin prisa, como si el tiempo ya no existiera.
Las palabras se volvieron susurros.
Las risas, respiraciones entrecortadas.
La noche avanzó.
Lenta e intensa Y cuando el mundo finalmente se silenció afuera, dentro de esa casa solo quedó el murmullo de dos cuerpos que habían dejado de luchar contra lo inevitable.
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