Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 26
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26: Capitulo 26 El infierno con murallas doradas 26: Capitulo 26 El infierno con murallas doradas El sol ya estaba alto cuando se reunió de nuevo bajo el gran árbol.
Las pieles extendidas sobre el pasto aún conservaban el calor de la mañana, y el aire olía a hojas frescas y savia.
Merea se sentó junto a Nerai, con las piernas recogidas, el vestido rojizo cayendo suavemente sobre su piel.
Rhyssa mordisqueaba una fruta, mientras Lara descansaba con la espalda apoyada contra el tronco, observando en silencio.
Hablaron un rato de cosas ligeras.
Hasta que Merea, con cuidado, miró a Nerai.
—Ayer dijiste que… venías de una ciudad —comentó—.
Y que era una historia larga.
Nerai se quedó quieta.
Sus orejas de ciervo se movieron apenas, un gesto involuntario.
Luego respiró hondo y sonriendo… pero esta vez no fue su sonrisa habitual, luminosa y fácil.
Era más suave.
Más cansada.
—Sí —dijo—.
Supongo que ya es hora de contarlo.
Rhyssa y Lara guardaron silencio de inmediato.
Nerai miró al cielo un momento antes de continuar.
—Provengo de la Ciudad del Zorro Celestial .
Merea sintió un leve estremecimiento.
—¿Zorro celeste…?
—repitió con curiosidad.
—Así es —asintió Nerai—.
Es una ciudad enorme, rodeada de muros gigantescos.
No como una aldea… sino como una fortaleza.
Desde fuera es imponente.
Hermosa.
Llena de comercio, de luces, de riqueza.
Hizo un pequeño gesto con las manos, como si delineara una silueta invisible.
—Allí no existen “tribus” como aquí.
No hay líderes de tribu.
Todo se organiza por familias , y cada una tiene una cabeza de familia .
Todas obedecen a un solo gobernante.
—¿El señor de la ciudad?
—preguntó Lara.
-Si.
El Zorro de Nueve Colas .
Merea alzó ligeramente la mirada.
—El primer hijo del dios bestia… —murmuró.
Nerai la observó, sorprendida.
—Sabes mucho.
—He leído… y escuchado historias.
—Me respondió con calma.
Nerai continuó: —El primer Zorro de Nueve Colas fue justo y poderoso.
Por eso la ciudad creció.
Por eso se volvió próspera.
La actual cabeza… también es un zorro de nueve colas —dijo, bajando la voz—.
Pero no es una buena persona.
— ¿Qué tan poderoso es?
—preguntó Rhyssa.
—Una bestia de nueve estrellas —respondió Nerai sin rodeos.
El silencio cayó pesado.
—Mi familia… el Clan Bai —continuó—, Mi padre es consejero director del señor de la ciudad.
Merea giró el rostro lentamente hacia ella.
—Entonces tú… —Soy la segunda hija —asintió—.
Y, sinceramente… nunca fui importante Nerai irritante, pero había algo roto en ese gesto.
—Mi hermana mayor es un ciervo sika blanco .
Hermosa.
Rara.
Única.
Nuestro primer ancestro también lo fue, así que mi padre la considera una bendición.
Es… la luz de sus ojos.
—¿Es una bestia celestial?
—preguntó Lara.
—No —negó Nerai—.
Aún no ha despertado.
Pero aún así… su belleza es suficiente para que todos la adoren.
Bajó la mirada.
—Ella siempre me odió.
Desde pequeñas.
Yo no era especial.
No era brillante.
Solo… existía Merea sintió un nudo en el pecho.
—Por eso me alejé de la rama principal de mi familia —continuó Nerai—.
Viví con mi niñera.
Ella era experta en herbolaria, en plantas, en curación.
Fue quien me enseñó todo lo que sé.
Una pausa.
—Mi hermana no soportaba verme feliz.
Ni siquiera lejos.
Rhyssa frunció el ceño —¿Qué hizo?
—Convenció a mi padre de venderme —dijo Nerai, sin dramatismo—.
Para fortalecer alianzas.
Para deshacerse de mí Merea presionó los dedos contra la tela de su vestido.
—¿Y Kael’thar…?
—Fue quien me compró —asintió Nerai—.
No me trató como mercancía.
Nunca.
Me dio un lugar.
Un nombre.
Una vida Sonrió con sinceridad.
—Por eso no me siento culpable.
Estoy aquí porque elegí quedarme Merea respiró hondo.
—Esa ciudad… —dijo despacio—.
¿De verdad es tan mala?
Nerai la miró fijamente —Es hermosa por fuera —respondió—.
Pero es un infierno disfrazado .
Allí, quien tiene poder hace lo que quiere.
Nadie lo cuestiona.
Nadie puede.
Se inclinó un poco hacia Merea.
—Si alguna vez llegas allí… escapa.
Los ojos dorados de Merea se encontraron con los suyos.
—La gente de esa ciudad querrá tenerte —continuó Nerai—.
Por tu belleza.
Por tu presencia.
Por lo que eres, aunque no sepas qué.
Merea sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Hasta ahora creía que mi hermana era la mujer más hermosa que existía —añadió Nerai—.
Pero tú… la haces ver como una bestia cualquiera.
El silencio volvió a caer.
Merea bajó la mirada.
Pensó en Kael’thar.
En la aldea.
En la tranquilidad que estaba construyendo… sobre algo que no podía ocultar para siempre.
—Gracias por confiar en mí —dijo al fin—.
Prometo no olvidar tu advertencia.
Nerai sonrió.
Muy lejos de allí, tras murallas doradas… Un zorro de múltiples colas observaba el mundo con ojos afilados
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