Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 29
- Inicio
- Todas las novelas
- Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
- Capítulo 29 - 29 Capítulo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
29: Capítulo 29 Advertencia 29: Capítulo 29 Advertencia Merea despertó lentamente, consciente de una calidez firme a su espalda antes incluso de abrir los ojos.
El brazo de Kael’thar rodeaba su cintura con naturalidad, como si llevara años ahí y no solo unas semanas.
Ella se movió apenas, acomodándose más contra su pecho, buscando ese punto exacto donde el mundo parecía detenerse.
Kael’thar respiraba profundo, tranquilo.
Ese sonido bastó para que Merea sonriera sin darse cuenta.
—Despierta… —murmuró ella, rozando con la punta de los dedos la piel de su antebrazo.
Él gruñó bajo, todavía entre sueños.
—Si sigues así… no traeré comida —respondió con la voz ronca.
Merea soltó una risa baja y se giró lo suficiente para quedar frente a él.
Sus ojos dorados se encontraron con los de Kael’thar, aún medio cerrados.
—Eso fue una amenaza muy cruel para alguien que acaba de despertar —dijo, fingiendo ofensa—.
Además, pensé que los líderes fuertes alimentaban bien a sus hembras.
Kael’thar abrió los ojos del todo y la miró con una sonrisa ladeada.
—Pensé que solo me usabas por el calor —replicó, acercando la frente a la de ella—.
Aunque admito que también cocino mejor que la mayoría.
—Mmm… debatible —respondió Merea, besándolo suavemente—.
Pero puedo perdonarte si traes algo bueno.
Él la abrazó con más fuerza antes de soltarla, levantándose finalmente de la cama.
—No te muevas mucho —le dijo—.
Volveré enseguida.
Merea lo observó mientras se vestía.
Aún le resultaba extraño lo fácil que se sentía todo con él, como si su presencia le diera una paz que no sabía que necesitaba.
Cuando la puerta se cerró, se estiró perezosamente antes de levantarse también.
El vestido que Kael’thar le había regalado descansaba doblado con cuidado.
Merea lo tomó con cierta timidez.
Era sencillo, cómodo, pero claramente hecho pensando en ella.
Se lo puso despacio, mirándose en el pequeño espejo.
Le gustaba cómo caía sobre su cuerpo… y cómo él la miraba cuando lo usaba.
Kael’thar regresó con comida poco después.
Al verla, se quedó quieto un segundo más de lo normal.
—¿Qué?
—preguntó Merea, alzando una ceja.
—Nada —respondió él—.
Solo estaba pensando que va a ser difícil concentrarme hoy.
Ella sonrió, satisfecha, y se sentaron a comer juntos.
La conversación fue ligera: pequeñas bromas, comentarios sobre la tribu, historias cortas del día anterior.
Era una rutina sencilla, pero Merea la disfrutaba más de lo que esperaba.
Después de desayunar, Kael’thar se acercó a ella y le tomó la mano.
—Tenemos que ir con Rhazek —dijo—.
Quiero que vengas conmigo.
Merea asintió, aunque una ligera inquietud se formó en su pecho.
—crees que confía en mí — preguntó Merea .
—No confía en nadie —respondió Kael’thar—.
Pero es importante para la tribu… y para mí.
Caminaron juntos por el asentamiento.
Algunas miradas se clavaron en Merea, curiosas, evaluadoras.
Ella las sintió todas.
Kael’thar, como si lo percibiera, entrelazó sus dedos con los de ella sin decir nada.
La casa de Rhazek era más austera que otras.
El hombre estaba sentado cuando entraron, su postura rígida a pesar de que su herida ya no lo debilitaba como antes.
Sus ojos se fijaron en Merea de inmediato.
—Así que tú eres —dijo sin saludo previo.
Merea mantuvo la calma.
—Mi nombre es Merea —respondió simplemente.
Rhazek la observó de arriba abajo, sin disimulo.
—Me dijeron que me curaste , cuando todos pensaban que moriría.
—Hice lo que pude —contestó ella.
—Nadie hace “lo que puede” y devuelve a un guerrero al día siguiente —replicó él—.
Menos alguien que no es de aquí.
Kael’thar dio un paso adelante.
—Rhazek… —Déjame hablar —lo cortó, sin apartar la vista de Merea—.
Crecí pensando que tú elegirías a una de los nuestros.
Una hembra fuerte.
De la tribu.
Merea sintió el peso de esas palabras, pero no retrocedió.
—No busco ocupar un lugar que no me pertenece —dijo—.
Solo estoy aquí porque él me lo pidió.
El silencio se extendió unos segundos.
Rhazek frunció el ceño.
—Eso es lo que me preocupa.
Kael’thar apretó la mano de Merea.
—No te equivoques —dijo con firmeza.
Rhazek finalmente apartó la mirada.
—Veremos —murmuró—.
El tiempo siempre muestra la verdad.
Cuando salieron, Merea soltó el aire que había estado conteniendo.
—Creo que no le agrado —dijo, con una sonrisa tensa.
Kael’thar rió por lo bajo.
—Eso significa que sobreviviste al encuentro.
Ella lo miró.
—¿Eso es bueno?
—En su caso, sí.
Caminaron de regreso en silencio un momento, hasta que Merea se detuvo.
—Kael’thar… —dijo—.
Si en algún momento esto se vuelve un problema para ti… Él se volvió hacia ella de inmediato.
—No lo es —respondió—.
No lo será.
Merea lo observó unos segundos y luego se acercó, apoyando la frente en su pecho.
—Entonces quédate conmigo hoy —susurró—.
Solo un rato más.
Kael’thar sonrió, rodeándola con los brazos.
—Eso no iba a discutirse.
Se quedaron así unos instantes, ajenos al resto de la tribu, sin saber que algunas miradas cargadas de rencor los observaban desde lejos… ni que el conflicto apenas comenzaba.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com