Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 37

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
  4. Capítulo 37 - Capítulo 37: Capítulo 37 Tú eres…
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 37: Capítulo 37 Tú eres…

Cuando Kael’thar y Merea decidieron regresar, el atardecer ya teñía el cielo de tonos anaranjados. La luz descendente atravesaba los árboles y alargaba las sombras del camino.

Kael’thar caminaba a su lado, serio. En su mente se acumulaban pensamientos que no decía en voz alta. Durante todo el mercado había notado las miradas. Demasiadas. Machos que se detenían más de lo necesario, que fingían comprar mientras observaban a Merea como si jamás hubieran visto una hembra.

Le molestaba.

Le daba celos.

Y también le daba miedo.

Su hembra era hermosa. Demasiado. Y eso no solo atraía miradas, atraía problemas. Maldijo internamente haber aceptado llevarla al mercado, pero sabía que no podía encerrarla. Además, todo lo que hacía también era por el bienestar de la tribu.

Mientras él pensaba, Merea hablaba animada sobre las telas que había comprado, sobre frutas que quería probar más tarde. Kael’thar asentía, respondiendo lo justo, concentrado en memorizar cada paso del camino de regreso.

Mientras tanto, no muy lejos, Karessa regresaba junto a su padre. No se cruzaron con Kael’thar ni con Merea, pero eso no afectó su buen humor. Karessa sonreía para sí misma. Todo avanzaba como quería. Era solo cuestión de tiempo.

Esa noche terminó tranquila. Kael’thar y Merea compartieron momentos simples en casa. Conversaron, rieron suavemente, se quedaron juntos más tiempo del habitual. Karessa, en cambio, se fue a dormir satisfecha. Pronto se desharía de Merea.

Y Rhazek, desde la distancia, comenzaba a planear cómo vigilarla más de cerca.

Los días pasaron.

Kael’thar salía temprano, como siempre. Merea ayudaba a Nerai y al sanador de la tribu. Preparaba ungüentos, limpiaba heridas, acompañaba a los cachorros enfermos. Mientras tanto, Rhazek la observaba. No intervenía, no hablaba, solo miraba. Cada gesto. Cada palabra.

Una tarde, Kael’thar regresó más serio de lo normal.

—Llegó el enviado de la tribu de los Tigres Blancos —le dijo a Merea.

Ella sintió una molestia extraña en el pecho. No dijo nada, pero Kael’thar lo notó.

—Me iré en una semana —añadió—. El viaje de ida y vuelta tomará unos treinta días… quizá más pero regresare .

Merea asintió. Sabía que ese momento llegaría. Aun así, la idea le resultaba pesada.

Desde ese día, ambos se volvieron más cercanos. Merea quería aprovechar cada minuto. Kael’thar también, aunque no lo decía.

Entonces ocurrió.

Una tarde, Solan llegó a la tribu gravemente herido.

Nerai estaba desesperada. Solan, la mano izquierda de Kael’thar, había sido atacado mientras intentaban rastrear a un grupo sospechoso. Había perdido mucha sangre.

—Déjame a solas con él —pidió Merea con voz firme.

Nerai dudó. Confiaba en Merea, pero sabía que guardaba secretos.

—Por favor —insistió Merea—. Puedo ayudarlo.

Nerai asintió.

Merea cerró la puerta. No pasó mucho tiempo antes de que Solan comenzara a estabilizarse. Cuando Nerai volvió a entrar, Solan respiraba con normalidad.

La gratitud de Nerai fue absoluta. Desde ese día, el aprecio hacia Merea creció aún más, no solo de ellos, sino de otros miembros de la tribu.

Cuando Kael’thar regresó, todo estaba en calma. Merea estaba exhausta. Apenas pudo verlo antes de que él tuviera que marcharse de nuevo para terminar de rastrear a los atacantes.

—Quédate con Solan —le dijo Merea a Nerai—. Si tiene fiebre, usa estas hierbas. Si empeora, llámame.

Nerai, con lágrimas en los ojos, asintió.

Merea se adentró sola en el bosque.

Y entonces habló.

—Rhazek —dijo sin detenerse—. Si tienes algo que preguntar, hazlo ahora. Sé que me has estado vigilando.

Rhazek se detuvo en seco.

No esperaba eso.

Apareció frente a ella, saliendo de entre los árboles.

—¿Te diste cuenta? —preguntó.

—Desde el primer momento —respondió Merea con calma—. Solo quería saber si pretendías matarme. Pero no es eso. Solo quieres saber quién soy.

Rhazek soltó una breve carcajada.

—Curas a Solan de una muerte segura —dijo—. Dime, Merea… ¿quién eres realmente? ¿Qué intentas al acercarte a Kael’thar? No intentes nada extraño. Yo mismo te mataré.

Merea lo miró sin miedo.

—No me matarías. No todavía —respondió—. Solo tienes curiosidad.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar.

—Si estás tan curioso… sígueme.

Rhazek dudó unos segundos… y la siguió.

Llegaron a la cascada. El sonido del agua cubría cualquier otro ruido. Merea se adentró detrás, hacia la laguna oculta.

Rhazek frunció el ceño.

¿Qué está haciendo esta mujer? pensó.

Cerró los ojos por instinto cuando escuchó ropa caer al agua.

—Date la vuelta, Rhazek —dijo Merea con un tono burlón—. Y tranquilo. No eres mi tipo.

Rhazek se tensó, pero obedeció.

Pasaron unos segundos.

Luego escuchó el agua moverse de nuevo.

—Puedes voltear —dijo Merea—. Y descubrir qué soy realmente.

Rhazek giró.

Y se quedó completamente inmóvil.

—Tú eres… —susurró, incapaz de terminar la frase.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo