Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 41

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
  4. Capítulo 41 - Capítulo 41: Capítulo 41 La trampa que se cierra
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 41: Capítulo 41 La trampa que se cierra

Mientras Kael’thar guiaba a su grupo rumbo a la tribu del Tigre Blanco, no tenía idea de que Frey ya había puesto los ojos en Merea… ni de que, en su ausencia, una trampa comenzaba a cerrarse lentamente a su alrededor.

El camino era largo y exigente. Kael’thar se mantenía alerta, concentrado en la misión, aunque en el fondo de su mente la imagen de Merea aparecía una y otra vez. Algo en su pecho no estaba tranquilo, pero lo atribuyó a la separación. No podía permitirse distracciones.

Muy lejos de allí, Merea regresó a su hogar con pasos cansados.

La casa se sentía demasiado grande. Demasiado silenciosa.

Aun sabiendo que no estaba completamente sola —Iris y Xiao estarían con ella, además de Nerai y las otras chicas—, la ausencia de Kael’thar se sentía pesada. La cama, enorme para una sola persona, no tenía el mismo calor.

Suspiró y decidió descansar.

Los días siguientes transcurrieron con aparente normalidad. Merea se movía de un lado a otro de la aldea ayudando a heridos de caza y a algunos hombres bestia que habían tenido encuentros con bestias abisales, criaturas que rara vez se acercaban tanto a la región. También apoyaba a Nerai con los medicamentos y ungüentos.

Pero algo no estaba bien.

Con el paso de más de una semana, Merea comenzó a sentirse cada vez peor. Dormía mal, comía poco y el cansancio no desaparecía, por más que descansara. Se decía a sí misma que era la tristeza por la ausencia de Kael’thar, pero su cuerpo no respondía como de costumbre.

—Merea —dijo Nerai un día, observándola con preocupación—. Deberías descansar un poco. Te prepararé algo.

Merea le sonrió, intentando tranquilizarla.

—Solo es cansancio. De verdad. Necesito dormir un poco más.

Nerai asintió, aunque no parecía convencida.

Fue a la cocina a preparar un té relajante y una papilla suave, algo ligero que no forzara el estómago de Merea. Mientras cocinaba, pensaba que tal vez la tristeza la estaba afectando más de lo que ella quería admitir.

Cuando dejó la papilla enfriando sobre la mesa, salió un momento para revisar a un herido cercano.

No se dio cuenta de que, desde detrás de un gran árbol, Karessa observaba.

Karessa avanzó rápido, sin dudar. Sacó de entre sus ropas un pequeño frasco: el que Jian le había dado. Sin vacilar, vertió el contenido en la papilla y removió con cuidado para que no quedara rastro alguno. Luego se alejó tan rápido como había llegado.

Hoy será tu último día, Merea, pensó. Todo volverá a su lugar.

Poco después, Nerai regresó, tomó la comida sin notar nada extraño y llevó a Merea de vuelta a su casa.

Merea comió despacio. A los pocos minutos, sintió un leve alivio. Su cuerpo se relajó, aunque el cansancio seguía presente.

—Gracias, Nerai —dijo con una sonrisa sincera—. No sé qué haría sin ti.

—Descansa —respondió ella—. Avisaré a Iris y a Xiao que no vengan por ahora.

Merea asintió. Apenas unos minutos después, cayó en un sueño profundo.

Nerai la observó con atención. Algo no le cuadraba. Se acercó instintivamente y tomó la muñeca de Merea para comprobar su pulso. Lo hizo una vez… luego otra.

Sus ojos se abrieron con sorpresa.

—Merea… —susurró.

Con cuidado, la cubrió bien con las mantas.

—Descansa —murmuró—. Tendré que cuidarte más a partir de ahora.

Salió de la casa apresurada, con una sonrisa nerviosa, sin darse cuenta de que, apenas ella se fue, Karessa entraba sigilosamente.

Karessa se acercó a la cama. Observó a Merea inconsciente. Por un instante, sintió el impulso de arruinar ese rostro hermoso… pero se contuvo.

—Este rostro es demasiado valioso —murmuró—. Tu sufrimiento vendrá precisamente de él.

Sin dificultad, levantó a Merea. Era como si no pesara nada. El medicamento que había usado incluía potentes somníferos, capaces de hacer dormir incluso a un macho como Kael’thar.

Merea no reaccionó.

Karessa la colocó dentro de una gran canasta cubierta con pieles gruesas. Luego se internó en el bosque, moviéndose con rapidez y conocimiento del terreno.

Cuando llegó al límite de la zona vigilada, se detuvo. Sabía que en ese punto ningún macho estaría patrullando.

Silbó suavemente.

De entre las sombras apareció Jian.

—Es tuya —dijo Karessa, empujando la canasta—. Le di todo el medicamento.

Jian sonrió.

—Dormirá tres o cuatro días —respondió—. Cuando despierte, no tendrá fuerzas.

Karessa dio un paso atrás.

—Me voy. No quiero que me atrapen.

Jian asintió, divertido.

—Disfruta tu nueva vida con Kael’thar.

Sin responder, Karessa se marchó.

Jian tomó la canasta como si fuera liviana y se internó en la oscuridad del bosque, llevando consigo a Merea… completamente indefensa.

Muy lejos de allí, Kael’thar sintió una opresión repentina en el pecho.

Se detuvo un instante.

—¿Todo bien? —preguntó Solan.

Kael’thar asintió lentamente.

—Sí… sigamos.

Sin saberlo, en ese mismo momento, la vida de Merea estaba cambiando para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo