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Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 42

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Capítulo 42: Capítulo 42 Caminos que se separan

Jian llevó la canasta hasta donde varias mulas descansaban, atadas a una gran carreta de madera reforzada. El lugar estaba oculto entre árboles densos y rocas, un punto de reunión habitual para su grupo de hombres bestia herrantes.

Cuando llegó, varios de ellos ya estaban allí.

—¿Cuántas llevamos? —preguntó uno.

—Diez —respondió Jian—. Esta es la once.

Colocó la canasta en el carruaje. Dentro, ya había varias hembras: algunas dormidas, otras despiertas, temblando en silencio, con manos y pies atados. Ninguna gritaba.

Todas sabían que hacerlo solo empeoraría las cosas.

Jian sacó a Merea con cuidado. No quería lastimarla.

—Es demasiado hermosa para dañarla —murmuró.

Comenzó a atarle las piernas, luego las manos. Intentó quitarle el anillo que llevaba, pero no lo logró. Pensó que estaba demasiado ajustado y decidió no forzarlo. No quería dejar marcas visibles.

Le colocó una mordaza por precaución.

Los demás hombres la observaron con atención. No eran tontos: sabían que no era momento de tocarla. Mientras más rápido se marcharan, mejor.

Jian dio la orden.

—Nos vamos ahora.

Las mulas comenzaron a avanzar, arrastrando la carreta lejos de la tribu de la Pantera Negra.

A la mañana siguiente, Nerai llegó a la casa de Merea.

La cama estaba tendida. Merea no estaba.

Al principio no se alarmó. Pensó que tal vez había salido temprano a hacer sus rondas: atender enfermos, preparar medicina, revisar la biblioteca.

Pero el día avanzó… y no la vio.

Fue a preguntar a Iris y Xiao.

—Cuando llegamos, ella no estaba —respondieron ambas.

Algo dentro de Nerai comenzó a inquietarse.

Preguntó a los cachorros, a los heridos, a los guardias. Nadie la había visto.

—No… —susurró—. Ella no se iría así.

Buscó a los encargados de la aldea. En ausencia de Kael’thar, Tharen —el esposo bestia de Rhyssa— estaba al mando.

—Debemos buscarla —dijo Nerai, visiblemente ansiosa.

Tharen organizó un grupo de machos y peinaron los alrededores.

No la encontraron.

La noche pasó sin noticias.

Al día siguiente, Tharen fue directo.

—Merea ha desaparecido.

Algunos aldeanos comenzaron a murmurar.

—Tal vez regresó a su tribu.

—Quizás se fue por su cuenta.

Nerai negó con fuerza.

—No. Ella no podía irse así.

Buscó a Tharen nuevamente.

—Necesito decirte algo.

Se apartaron del resto. Muchas miradas curiosas los siguieron.

—Ayer Merea estaba muy mal —explicó Nerai—. Cuando tomé su pulso… lo confirmé. Ella está embarazada.

Tharen se quedó inmóvil.

—¿Estás segura?

—Completamente. Crecí con un médico. No me equivoco.

Tharen frunció el ceño.

—Entonces Kael’thar debe saberlo. Ahora.

Asintió con decisión.

Horas después, Eshen —esposo bestia de Lara— partió a toda velocidad para alcanzar al grupo de Kael’thar.

Karessa, por su parte, actuaba con normalidad. Conversaba con otras hembras, decía que Merea había regresado a su hogar.

Por dentro, estaba satisfecha.

Kael’thar y su grupo llegaron finalmente a la tribu del Tigre Blanco.

En la entrada estaba la persona que más detestaba.

—Ese… —murmuró Kael’thar—. Frey.

Frey los esperaba, de pie, con pieles ligeras sobre el cuerpo. A su lado estaba Lago.

—Bienvenido —dijo Frey con una sonrisa falsa.

—No pongas esa cara de hipócrita —respondió Kael’thar sin rodeos.

El rostro de Frey se volvió frío.

—Un pajarito me contó que tienes una hembra. ¿Es verdad?

—¿Y si la tengo? —replicó Kael’thar, mirando a Lago—. ¿Te importa?

Lago sonrió sin decir nada.

—Me gustaría conocerla —dijo Frey—. Dicen que es hermosa.

Solan se adelantó.

—Líder Frey, estamos cansados. Necesitamos descansar para comenzar la caza mañana.

Frey los observó unos segundos y se dio la vuelta.

—Lago, guíalos.

Mientras caminaban, Lago murmuró a Rhazek:

—Esto no le gustará a nuestro líder.

—Merea no es alguien que caiga por un rostro —respondió Rhazek—. Kael’thar es mejor que Frey.

Kael’thar guardó silencio, pero la incomodidad en su pecho no desapareció.

Esa noche, sacó la pequeña perla que Merea le había dado. Al sostenerla, logró dormir.

Frey, en cambio, estaba furioso.

—¿Viste su cara? —gruñó—. Se la voy a quitar.

—No deberías pelear con otras tribus por una hembra —dijo Lago.

—No lo entiendes —respondió Frey—. Verás que lo hago.

Lago suspiró. Cuando se trataba de Kael’thar, Frey perdía toda madurez.

En la tribu de la Pantera Negra, ya habían pasado cinco días desde la desaparición de Merea.

Nerai rezaba en el pequeño templo.

—Por favor, Dios Bestia… protégela.

Muy lejos de allí, la carreta avanzaba a gran velocidad.

Los golpes despertaron lentamente a Merea.

Su conciencia comenzaba a regresar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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