Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 48
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Capítulo 48: Capitulo 48 Lo que se quebró
El atardecer cubría la aldea de la Tribu Pantera Negra cuando las siluetas comenzaron a distinguirse a lo lejos.
Un grupo regresaba.
Los vigilantes reconocieron de inmediato la figura que encabezaba la formación.
Kael’thar.
Avanzaba en su forma bestia, imponente y silencioso. Su pelaje oscuro estaba tenso sobre músculos rígidos. No corría, pero tampoco caminaba con calma. Cada paso era firme, pesado, contenido.
Detrás de él lo seguían los guerreros, también en forma animal.
Cuando cruzaron el límite natural del territorio, todos cambiaron a forma humana.
La transformación fue rápida y sin palabras.
Kael’thar quedó al frente.
Solan caminó a su izquierda. Rhazek a su derecha. Un paso atrás, Frey y los demás, con expresiones cerradas.
Nadie hablaba.
Los miembros de la aldea que estaban cerca del acceso guardaron silencio al verlos pasar.
No hacían falta explicaciones.
Merea no estaba con ellos.
El grupo avanzó directo hacia la sala del consejo.
Allí los esperaban Nerai y Tharen.
Nerai ya no tenía el brillo habitual en la mirada. Su piel estaba más pálida, su respiración ligeramente irregular. Había intentado mantenerse firme frente a la tribu, pero el desgaste físico era evidente. Sus manos estaban frías.
Tharen permanecía recto, aunque la tensión en su mandíbula lo delataba.
Bajo su mando, una hembra fue secuestrada.
La hembra del líder.
Cuando Tharen vio a Kael’thar acercarse, bajó la cabeza y dio un paso atrás.
No por miedo.
Por responsabilidad.
Kael’thar no habló de inmediato.
Su mirada pasó primero por Tharen.
Luego se detuvo en Nerai.
Ella sostuvo su mirada apenas un segundo.
Él no había encontrado nada.
Lo entendió sin palabras.
Debo decírselo.
Ahora.
—Kael’thar, yo—
—Esa hembra escapó.
La voz cortó el momento.
Todos giraron.
Karessa estaba de pie a pocos pasos, con los brazos cruzados.
El silencio se tensó.
Nerai reaccionó primero.
—Cállate.
Su voz salió firme, aunque su cuerpo no estaba igual de estable.
—Merea no se habría ido sin decir nada. Y si hubiese decidido marcharse, me lo habría dicho.
Karessa soltó una risa seca.
—Claro. Entre forasteras siempre se apoyan.
Algunos guerreros fruncieron el ceño.
Kael’thar giró lentamente la cabeza hacia ella.
—Cállate.
No levantó la voz.
Pero su tono hizo que el aire cambiara.
—Regresa a tu lugar, Karessa. Y no vuelvas a hablar así de Nerai ni de Merea.
Karessa sostuvo su mirada unos segundos.
Había molestia en sus ojos.
Retrocedió finalmente, sin responder.
Rhazek observó en silencio.
Demasiada seguridad.
Demasiado rápida en señalar.
Kael’thar avanzó hacia la sala.
—Entren. Quiero cada detalle.
Dentro, el ambiente era más denso.
Kael’thar no tomó asiento.
Se quedó de pie.
Eso ya indicaba la gravedad.
—Tharen. Habla.
Tharen asintió.
—No hubo señales de lucha en su vivienda. Los vigilantes no reportaron intrusos. Los cambios de guardia se mantuvieron normales.
—¿Alguien la vio salir? —preguntó Kael’thar.
—No. Algunos la habían visto antes caminar hacia la cascada o hacia el océano. Pero después… nadie notó nada fuera de lo común.
Rhazek intervino.
—Eso no prueba que haya escapado.
Tharen negó.
—No lo creo tampoco. Si hubiera intentado marcharse, no conocía los horarios exactos de guardia. Y ninguno de los machos abandonó su puesto.
Un silencio pesado cayó sobre la sala.
Kael’thar giró hacia Nerai.
—Tú.
Nerai respiró profundo.
Se obligó a mantenerse firme.
—Cuando ustedes partieron, Merea intentaba mantenerse ocupada. Ayudaba con los heridos, con los niños. Pero estaba agotada. Más de lo normal.
Solan dio un paso más cerca.
—La llevé a tu casa para que descansara —continuó Nerai—. Le preparé comida ligera y té de hierbas. Cuando logró dormir… sentí algo extraño.
Su voz perdió firmeza.
—Le tomé el pulso con más atención.
Levantó la mirada hacia Kael’thar.
—Estaba embarazada.
El silencio fue absoluto.
Kael’thar no reaccionó con palabras.
Sus dedos se cerraron lentamente.
—¿Segura?
—Sí.
—¿Ella lo sabía?
Nerai negó.
—No. No alcancé a decírselo. La dejé descansando… y al día siguiente ya no estaba.
Solan sintió cómo el cuerpo de su hembra temblaba apenas.
—Debí quedarme con ella —susurró Nerai—. Debí vigilarla.
Kael’thar llevó la mano al pecho.
Al lugar donde la marca de vínculo ardía antes.
Ahora solo había vacío.
Rhazek lo notó.
—¿Qué sentiste? —preguntó con calma.
Kael’thar tardó en responder.
—Dolor, estaba herida.
Su voz salió más grave.
— Luego sentí la ruptura de nuestro vinculo .
La palabra quedó clara.
Nerai cerró los ojos.
—Ella lo forzó…
Kael’thar asintió apenas.
—Creyó que iba a morir.
La frase no fue débil.
Fue dura.
No había lágrimas.
Había furia contenida.
Tharen habló con cuidado.
—Si nadie sabía del embarazo… entonces no fue el motivo.
—Nadie lo sabía —repitió Nerai.
Rhazek cruzó los brazos.
—Mover a una hembra dentro del territorio sin levantar sospechas no es algo que un extraño logre fácilmente.
La palabra quedó implícita.
Traición.
El aire se volvió más pesado.
Kael’thar ordenaba cada detalle en su mente.
Sin lucha.
Sin alarma.
Sin rastro.
—O un errante logró infiltrarse —dijo Tharen.
—O alguien desde dentro facilitó el movimiento —agregó Rhazek.
La segunda opción era más peligrosa.
Kael’thar apretó el puño.
La madera del suelo crujió bajo su presión.
—Si alguien dentro de mi territorio tocó a mi hembra…
No terminó la frase.
No hacía falta.
Frey dio un paso al frente.
—Presionaremos sin mostrar sospechas. Si hay un traidor, cometerá un error.
Kael’thar lo miró.
Asintió.
—Rhazek. Investiga. Sin acusaciones abiertas.
—Lo haré.
Kael’thar volvió la mirada hacia Nerai.
Su piel estaba más pálida que antes.
—Solan. Llévala a casa.
Solan no discutió.
Tomó a Nerai con cuidado.
—No es tu culpa —le murmuró.
Ella no respondió.
Estaba agotada.
Salieron.
Uno a uno, los demás guerreros se retiraron.
Frey partió hacia el exterior del territorio.
Tharen se inclinó antes de irse.
Solo quedaron Kael’thar y Rhazek.
El silencio se extendió.
Kael’thar permaneció de pie unos segundos más.
Luego llevó una mano al rostro.
Respiró profundo.
—Lo sentí.
Rhazek no habló.
—Sentí su dolor. Y luego… nada.
Su mano volvió a su pecho.
—Ella rompió el vínculo.
La frase salió con dificultad.
—Creyó que iba a morir.
Rhazek dio un paso más cerca.
—Si pudo romperlo, estaba consciente. Eso significa que estaba viva en ese momento.
Kael’thar cerró los ojos un instante.
—Y sola.
El silencio pesó entre ambos.
—No está muerta —dijo Rhazek con firmeza.
Kael’thar abrió los ojos.
Ya no había fisura en ellos.
Había decisión.
—Encuentra al traidor.
No fue un impulso.
Fue una sentencia.
—Lo haré.
Rhazek se dirigió hacia la salida.
Antes de cruzarla, añadió:
—No estás solo.
Cuando quedó completamente solo, Kael’thar volvió a tocar el lugar donde la marca brillaba antes.
El vacío seguía allí.
Pero ahora tenía dirección.
Si alguien dentro de su propia tribu había participado…
No habría juicio.
No habría consejo.
Lo ejecutaría él mismo.
Sin honor.
Sin nombre.
Sin perdón.
Y hasta que descubriera la verdad…
La Tribu Pantera Negra no volvería a dormir en paz.
૮꒰ ˶• ༝ •˶꒱ა
Gracias Fellre por tu apoyo
૮ • ﻌ – ა
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