Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 52
- Inicio
- Todas las novelas
- Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
- Capítulo 52 - Capítulo 52: Capitulo 52 Sombras que se mueven
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 52: Capitulo 52 Sombras que se mueven
La mañana llegó lentamente.
La luz del sol se filtraba entre las ventanas talladas de la amplia habitación, iluminando con suavidad la gran recámara donde Merea continuaba dormida.
El silencio era profundo.
Sobre la cama, su respiración era tranquila y constante.
Su largo cabello se extendía sobre la almohada como un río dorado.
Hyun Ryu estaba sentado junto a la cama.
Había pasado la noche allí.
Su mirada descansaba sobre el rostro de la joven.
Durante un largo momento no dijo nada.
Solo observaba.
Luego levantó lentamente una mano.
Sus dedos tocaron suavemente la mejilla de Merea.
Su piel era cálida.
Ryu recorrió con cuidado la curva de su rostro, como si temiera romper algo frágil.
Después sus dedos se deslizaron hacia su cabello.
Tomó un pequeño mechón entre sus dedos.
El cabello era suave.
Demasiado suave.
Ryu lo dejó caer lentamente sobre la almohada.
—Sigues dormida…
murmuró en voz baja.
El pequeño zorrito rojo, Kiu, estaba sentado sobre el respaldo de la cama.
Sus ojos dorados observaban cada movimiento de su amo.
Cuando vio la mano de Ryu sobre el cabello de Merea, inclinó la cabeza.
Su mirada era claramente crítica.
Ryu notó la mirada del pequeño animal.
—¿Qué ocurre, pequeño Kiu?
El zorro no respondió.
Solo lo siguió mirando.
Ryu suspiró.
—¿Estás celoso?
Kiu giró la cabeza hacia otro lado.
Ignoró completamente a su amo.
Ryu soltó una pequeña risa.
—Está bien…
Retiró lentamente la mano del cabello de Merea.
—No la tocaré más hasta que despierte.
Kiu volvió a mirarlo.
Como si evaluara si estaba diciendo la verdad.
En ese momento se escucharon pasos en el pasillo.
Ryu reaccionó de inmediato.
Se levantó tranquilamente.
Caminó hacia el sofá cercano.
Se dejó caer en él adoptando una postura despreocupada.
Un segundo después…
La puerta se abrió.
Nana entró en la habitación.
La anciana observó la escena con ojos atentos.
Hyun Ryu se levantó inmediatamente.
—Buenos días, Nana.
La anciana inclinó ligeramente la cabeza.
—Joven maestro.
Luego caminó hacia la cama.
Revisó a Merea con atención.
Sus manos se movían con experiencia mientras retiraba lentamente algunas vendas.
Aplicó medicina en las últimas heridas.
—Hm…
murmuró.
—Ha sanado muy bien.
Mientras trabajaba, de vez en cuando miraba a Ryu.
Una pequeña sonrisa burlona aparecía en sus labios.
—Mi joven maestro…
Ryu levantó la mirada.
—¿Sí?
—Yo cuidaré a la pequeña hembra.
—Puedes irte tranquilo.
Ryu respondió con una expresión tranquila.
—Lo sé.
Nana sonrió.
—Tranquilo.
—Cuidaremos bien de ella.
Luego metió una mano dentro de su amplia manga.
Sacó un pequeño frasco.
—Además…
—Creé este medicamento hace muchos años.
Ryu frunció ligeramente el ceño.
—¿Medicamento?
Nana sonrió.
—Bueno… mejor dicho una poción.
Sacó varias pequeñas píldoras negras.
Aproximadamente treinta.
Tomó una.
Con cuidado abrió ligeramente la boca de Merea.
Ryu tardó un segundo en reaccionar.
Se levantó rápidamente.
—Nana.
La anciana lo miró con calma.
—¿Sí?
—¿Qué le diste?
Había un leve tono protector en su voz.
Nana soltó una pequeña risa.
—Tranquilo.
—Solo estoy ayudando a que no llame demasiado la atención.
La píldora comenzó a disolverse inmediatamente en la boca de Merea.
Y entonces ocurrió.
El cabello dorado comenzó a cambiar.
Los mechones rubios se oscurecieron lentamente.
Hasta volverse completamente negros.
La transformación fue gradual.
Como tinta extendiéndose en el agua.
La habitación quedó en silencio.
Ryu observaba sorprendido.
Incluso Kiu, ahora sentado sobre su cabeza, miraba fijamente la escena.
Nana llevó una mano a su mejilla.
—Supongo que cuando alguien posee belleza natural…
—El color del cabello no cambia demasiado las cosas.
Ryu seguía mirando a Merea.
Con el cabello negro…
Su belleza parecía incluso más profunda.
Sus rasgos delicados destacaban aún más.
Sin darse cuenta murmuró:
—Sigue siendo muy hermosa…
Nana lo escuchó.
Cubrió su sonrisa con la manga de su túnica.
—Joven maestro…
su tono era claramente burlón.
Ryu carraspeó ligeramente.
—Creo que es mejor que vaya con él.
Nana asintió.
—Ve tranquilo.
Ryu miró a Kiu.
—Kiu.
El pequeño zorro lo observó.
Ryu lo bajó suavemente de su cabeza.
Lo colocó sobre la cama junto a Merea.
—Tienes mi permiso.
Kiu se acomodó inmediatamente cerca de ella.
Como un guardián.
Ryu observó un momento aquella escena.
Luego salió de la habitación.
Tribu de la Pantera Negra
El ambiente era pesado.
Los miembros de la tribu caminaban con cautela.
Había una razón clara.
Kael’thar había cambiado.
Desde la desaparición de Merea…
Su presencia se había vuelto opresiva.
Incluso los cachorros que corrían por la aldea evitaban acercarse a él.
Si lo veían…
Huían llorando.
Kael’thar caminaba lentamente hacia su hogar.
Sus pasos eran pesados.
Aquel lugar estaba lleno de recuerdos.
Durante un tiempo…
Merea lo había esperado allí.
Habían compartido momentos tranquilos.
Como una pareja.
Como un macho y su hembra.
El pecho de Kael’thar se oprimió.
Su mente se llenó de pensamientos oscuros.
¿Y si estaba muerta?
¿Y si nunca regresaba?
Su cuerpo parecía haber perdido toda fuerza.
Muchas veces se derrumbaba.
Deseando que todo fuera una pesadilla.
Deseando despertar y verla sonriendo frente a él.
Pero la realidad no cambiaba.
Frey, el líder de la tribu del Tigre Blanco, había partido hacia otras tribus para investigar sobre los errantes.
Quería saber si alguno había visto algo.
Pero aún no había regresado.
—Kael’thar.
Una voz rompió el silencio.
Rhazek estaba en la puerta.
—¿Qué ocurre?
Rhazek habló con calma.
—Tengo noticias.
Los ojos apagados de Kael’thar cambiaron.
Un brillo rojo apareció en ellos.
—Vamos.
Rhazek lo llevó hacia las profundidades de la tribu.
Allí había una gran construcción.
Sin ventanas.
Solo una puerta.
Un lugar usado para torturar errantes capturados.
Cuando llegaron…
Una anciana estaba en la entrada.
Rhazek se acercó a Kael’thar y susurró:
—Encontré algo curioso.
—El día que Merea desapareció…
—Esta anciana cambió su ruta para recoger medicinas.
—Y vio a Karessa saliendo de tu casa con una cesta.
El aura asesina de Kael’thar comenzó a expandirse.
Rhazek continuó.
—También investigué algo más.
—Karessa pidió a unas amigas que convencieran a Rhyssa de hacer una cesta para ella.
—¿No te parece extraño?
Kael’thar no respondió.
Rhazek habló en voz baja.
—Hace tiempo vi a Karessa con un errante.
—Se comportaban… demasiado cercanos.
El silencio se volvió pesado.
Kael’thar caminó hacia la anciana.
Su voz era tranquila.
—Cuéntame lo que viste.
La anciana asintió nerviosa.
—Vi a Karessa saliendo de tu casa con una cesta.
—Luego caminó hacia el bosque.
Kael’thar cerró los ojos.
Luego asintió.
—Puedes irte.
La anciana se marchó rápidamente.
Rhazek abrió la puerta.
Dentro…
Karessa estaba atada a una silla.
Su boca cubierta.
Pero sus ojos mostraban algo diferente.
Miedo.
Su respiración era irregular.
Cuando vio a Kael’thar acercarse…
Su cuerpo se tensó.
Intentó moverse.
Las cuerdas se tensaron.
Sus ojos temblaban.
Sabía perfectamente lo que había hecho.
Kael’thar se detuvo frente a ella.
Su mirada era fría.
Vacía.
Karessa sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.
Nunca lo había visto así.
Kael’thar levantó lentamente una mano.
Estaba a punto de quitar la mordaza.
Cuando la puerta se abrió.
—Kael’thar.
Era Solan.
—Han llegado personas buscándote.
Kael’thar giró lentamente la cabeza.
Su mirada era oscura.
—Estoy ocupado.
Solan habló con firmeza.
—Creo que deberías venir.
El silencio se volvió pesado.
Kael’thar se levantó.
—Si no es importante…
—Lo pagarás.
Solan asintió.
Antes de salir…
Rhazek lanzó una mirada asesina a Karessa.
Ciudad de Hyun Ryu
Hyun Ryu caminaba entre las grandes plataformas de la ciudad.
Su rostro era inexpresivo.
Sereno.
Frío.
Finalmente llegó al gran palacio central.
Allí estaba su padre.
Un hombre de apariencia joven.
Aunque tenía más de ciento treinta años.
Su cultivo como bestia de nueve estrellas mantenía su cuerpo joven.
El hombre estaba sentado en un gran trono.
Sonrió al ver a su hijo.
—Mi querido hijo…
—Por fin te veo.
Ryu lo miró con indiferencia.
—Padre.
—¿Me buscabas?
El hombre rió.
—¿No puedo llamar a mi propio hijo?
Ryu respondió con calma.
—No creo que me hayas llamado solo para ver si sigo vivo.
El hombre suspiró.
—Qué hijo tan malagradecido.
—Tu padre se preocupa por ti.
Ryu inclinó ligeramente la cabeza.
—Padre no necesita preocuparse por este hijo desobediente.
El hombre lo observó.
—Te pareces tanto a tu madre.
Los puños de Ryu se apretaron.
Sus ojos rojos brillaron con una sombra asesina.
El hombre soltó una carcajada.
—Jajaja.
—Olvídalo.
Luego sonrió.
—Tengo una sorpresa para ti.
Ryu lo miró con frialdad.
—Encontré una hermosa hembra para ti.
Ryu respondió inmediatamente.
—Padre no necesita buscarme pareja.
—Soy perfectamente capaz de encontrar una por mi cuenta.
El hombre sonrió.
—¿Ah sí?
Luego hizo un gesto hacia la puerta.
—Entonces entra.
Una figura comenzó a entrar en la sala.
Hyun Ryu miró hacia la puerta.
Y su expresión cambió ligeramente.
Sus ojos mostraron un claro desagrado.
૮꒰ྀི∩’ ᵕ ‘∩꒱ྀིა
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com