Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 54
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Capítulo 54: Capítulo 54 Sombras del océano
—Líder pantera… este no es lugar para hablar de este tema.
La voz grave del último hombre que había permanecido en silencio rompió finalmente la tensión que se acumulaba en el aire.
Todos se volvieron hacia él.
Su figura era alta y elegante, cubierta por una túnica ligera de tonos azul y plata. La tela, fina y entrelazada, caía con naturalidad sobre su cuerpo atlético, como si estuviera hecha para moverse entre corrientes de agua en lugar de caminar sobre tierra.
Su rostro aún permanecía parcialmente oculto bajo la capucha.
Pero su presencia… era imposible de ignorar.
—Vael, suprime tu poder —añadió con calma—. Kaelis… contrólate.
Al pronunciar esas palabras señaló con discreción hacia el exterior.
Kael’thar siguió el gesto.
En algún momento, mientras discutían, los habitantes de la tribu habían salido de sus casas. Machos y hembras bestia observaban desde la distancia, rodeando el lugar con curiosidad y cautela.
La tensión era demasiado evidente.
Kael’thar apretó la mandíbula.
—Síganme.
Sin añadir más, se dio media vuelta.
El líder pantera caminó hacia el centro de la tribu, donde se encontraba la sala de reuniones. Solan y Rhazek lo siguieron inmediatamente, mientras los tres hombres misteriosos avanzaban detrás de ellos.
Mientras cruzaban el poblado, muchos ojos se clavaron en los visitantes.
Varias hembras bestia quedaron petrificadas.
Los tres hombres que caminaban detrás del líder pantera eran… extraordinarios.
Su piel era demasiado clara para bestias terrestres. Sus rasgos eran elegantes y afilados, casi irreales. Incluso cubiertos por túnicas ligeras, su presencia imponía respeto.
Y algo más.
Peligro.
Cuando finalmente llegaron al salón de reuniones, Kael’thar tomó asiento en la silla principal.
Observó a los tres hombres frente a él.
—Ahora sí —dijo con voz firme—. Podrían decirme sus nombres.
Durante un instante nadie habló.
Entonces el hombre que parecía el más compuesto de los tres dio un paso adelante y retiró su capucha.
Varias respiraciones se detuvieron en la sala.
Era hermoso.
Su cabello largo, lacio y casi plateado caía sobre su espalda como una cascada clara. Su piel tenía un ligero tono dorado y sus ojos verde claro observaban todo con una calma fría.
Su rostro anguloso y su postura perfecta daban la impresión de alguien acostumbrado a mandar.
—Soy Eldric —dijo con serenidad—. Príncipe de las profundidades marinas del reino de Abyssara.
Luego señaló al hombre a su lado.
El segundo retiró la capucha con un movimiento brusco.
Cabello rojo intenso, largo y ondulado. Sus ojos turquesa brillaban con un temperamento mucho más salvaje. Su cuerpo era más robusto, su mandíbula más marcada.
Su presencia era claramente más agresiva.
—Él es mi segundo hermano. Su nombre es Kaelis.
Finalmente señaló al tercero.
El hombre permaneció en silencio un segundo antes de quitarse la capucha.
Cabello plata muy claro, largo y ligeramente ondulado. Sus ojos azul profundo parecían atravesar todo lo que miraban.
Su belleza era… casi irreal.
Había pequeñas escamas brillando sutilmente en sus brazos y clavículas.
—Y él es Vael —continuó Eldric—. Príncipe de Nerathis.
Hizo una pausa breve.
—Y esposo bestia de nuestra hermana… Merea.
El silencio que siguió fue pesado.
Kaelis fue el primero en romperlo.
—Ah, qué tontería —dijo con fastidio—. ¿Por qué no preguntas lo realmente importante?
Sus ojos turquesa se clavaron en Kael’thar.
—¿Dónde está nuestra hermana?
Kael’thar no respondió de inmediato.
Nunca habían hablado del pasado de Merea.
Nunca había preguntado demasiado.
Pero en lo más profundo de su interior siempre supo algo…
Ella no era una hembra común.
Y ahora tenía miedo de confirmar qué tan lejos estaba de entender quién era realmente.
Vael observaba todo en silencio.
Sus ojos azules permanecían fijos en Kael’thar.
Era una mirada extraña.
No era hostil.
Pero tampoco amable.
Era la mirada de alguien que evaluaba… si debía matar.
Eldric estaba a punto de hablar cuando Vael dio un paso adelante.
—Tú y Merea… —dijo con voz tranquila—. ¿Qué tipo de relación tienen?
Solan y Rhazek se tensaron inmediatamente.
El aura de Vael era… pesada.
—Señor Vael —respondió Kael’thar con cuidado—. Explique a qué se refiere.
Vael inclinó ligeramente la cabeza.
Su sonrisa apareció.
Pero no era una sonrisa cálida.
—Es curioso —dijo suavemente—. Pareces muy seguro de que la marca que mostré… pertenece a Merea.
Solan y Rhazek adoptaron postura de combate.
El aire se volvió denso.
—Las sirenas —continuó Vael— no muestran marcas de pareja si no están en contacto con su macho.
Sus ojos brillaron levemente.
—Así que dígame, líder pantera…
La sonrisa permanecía en su rostro.
Pero sus ojos no sonreían.
—¿Quién es realmente usted para Merea?
El silencio fue absoluto.
Eldric ya lo había sospechado.
Cuando Kael’thar vio la marca de Vael… sus ojos cambiaron.
Kaelis se levantó de golpe, tratando de interponerse.
Él conocía demasiado bien a Vael.
Había visto a ese tritón matar a bestias marinas mucho más fuertes que un líder terrestre.
Y si Vael decidía atacar…
Kael’thar moriría.
Pero antes de que pudiera intervenir, Kael’thar se puso de pie.
Sabía perfectamente que Vael era más fuerte que él.
Un tritón de nueve estrellas.
Él apenas era ocho.
Pero aun así era un líder.
Y un macho bestia.
No podía retroceder.
—Yo soy su esposo bestia —dijo con firmeza.
La sala quedó congelada.
Vael lo observó.
Luego miró a Eldric.
Y sonrió.
—Hermano Eldric… estoy muy tranquilo.
Volvió a mirar a Kael’thar.
—Pero estoy pensando en algo curioso.
Se acercó un paso.
—Si este líder pantera también es un macho de Merea…
Su sonrisa se volvió más delgada.
—¿Por qué no siento ningún instinto?
Su voz se volvió fría.
—No siento el lazo de familiaridad entre maridos bestia.
Miró directamente a Kael’thar.
—Y eso… es extraño.
Eldric intervino.
—Vael.
El tritón de cabello plateado suspiró.
—Está bien.
Kael’thar habló entonces.
—Les contaré todo.
Y lo hizo.
Les habló de la tribu del tigre blanco.
De la cacería.
Del momento en que Merea fue secuestrada.
Y finalmente…
Del vínculo roto.
Del momento en que pensó que ella había muerto.
Mientras hablaba, Kael’thar miraba ocasionalmente la marca brillante en el pecho de Vael.
La marca estaba estable.
Eso significaba que Merea estaba viva.
Cuando terminó, nadie habló durante varios segundos.
—Entonces… —dijo Kaelis con sarcasmo— una hembra celosa hizo todo esto.
Vael levantó una mano para callarlo.
—Kaelis.
El tritón pelirrojo frunció el ceño pero guardó silencio.
Vael miró a Kael’thar.
—Las hembras pueden hacer cosas terribles cuando se encaprichan con algo.
Sus palabras sorprendieron a todos.
No estaba culpando al líder pantera.
—No sé quién eres exactamente —continuó Vael—.
Sus ojos se volvieron fríos.
—Pero si Merea sacrificó algo por ti… no te mataré.
La tensión se relajó apenas un poco.
—Ahora —añadió— me gustaría ver a la hembra que causó todo esto.
Kael’thar asintió.
Y los condujo hasta la casa donde mantenían a Karessa.
Justo cuando iba a entrar, Eldric lo detuvo.
—Yo lo haré.
Su voz era calmada.
—Esperen aquí.
Entró solo.
Los minutos pasaron lentamente.
Solan susurró a Rhazek.
—Creo que deberíamos ayudarlo…
—Karessa no dirá nada —respondió Rhazek—. Ni aunque le arranquemos las uñas.
Kaelis soltó una carcajada.
—Bestias terrestres tontas.
Sonrió.
—Hay muchas formas de hacer hablar a una hembra.
Vael no dijo nada.
Solo miraba el cielo.
El azul del cielo le recordaba al océano.
Y al océano… le recordaba a ella.
Merea.
“Pronto”, pensó.
Finalmente la puerta se abrió.
Eldric salió.
Su rostro era completamente inexpresivo.
—La hembra tenía resentimiento hacia Merea.
Todos prestaron atención.
—Planeó el secuestro cuando el líder pantera estuviera lejos.
Explicó cómo Karessa drogó a Merea.
Cómo la sacó de la tribu escondida en una cesta.
Cómo evitó las patrullas.
Y finalmente…
—La entregó a un macho bestia errante.
El silencio volvió.
—Su nombre es Jian.
Kael’thar se quedó inmóvil.
Claro que conocía ese nombre.
—Sí —dijo finalmente.
Eldric continuó.
—Las llevan a las Casas Rojas.
—Después de la ciudad del Zorro Rojo.
—Cerca de las montañas Suxhi.
Kaelis frunció el ceño.
—Un lugar de comercio falso.
—Allí venden hembras.
Su voz era helada.
—Las drogan hasta volverlas adictas.
—Una vez dentro… nadie sale.
La sala quedó en silencio.
Kael’thar apretó los puños.
—Tenemos que partir ahora.
Vael levantó la mirada.
Y por primera vez…
Su sonrisa desapareció completamente.
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