Mundo de Bestias Interestelar: ¡Todos mis maridos son poderosos y ricos! - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Favoritismo
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26: Favoritismo 26: Favoritismo Tras terminar la llamada, Rory se dejó caer en la cama con una amplia y alegre sonrisa dibujada en el rostro.
Por fin tenía una pareja: un compañero en esta vasta y solitaria expansión interestelar.
La sensación de aislamiento que tanto tiempo había pesado en su corazón por fin se desvaneció.
En este enorme universo, ya no estaría verdaderamente sola.
Esa noche, la emoción no la dejó descansar.
Le costó conciliar el sueño, y cada momento estaba lleno de pensamientos sobre Jasper y la promesa de su futuro juntos.
A la mañana siguiente, Dax estaba sentado en el sofá, esperando pacientemente hasta las 8:30, cuando Rory por fin bajó las escaleras, con unas ojeras que delataban lo tarde que se había acostado.
—Maestra, ¿no ha dormido bien esta noche?
—preguntó Dax, con la confusión grabada en sus afilados rasgos.
¿De verdad era posible que hubiera perdido el sueño por ese ridículo teriano serpiente?
Rory negó con la cabeza suavemente y una leve sonrisa asomó a sus labios.
—Solo me acosté un poco tarde —dijo con un tono cálido.
Sus pensamientos volaron hacia Jasper y no pudo evitar la pequeña sonrisa que se le formó en el rostro—.
No pasa nada, ya recuperaré el sueño más tarde.
Sin decir nada más, se dirigió a la cocina con pasos ligeros pero decididos.
Dax la siguió en silencio, observándola con una mezcla de curiosidad y admiración.
Los movimientos de Rory eran fluidos, casi sin esfuerzo, mientras se ponía a preparar el desayuno.
Los aromas de las sartenes crepitantes y las hierbas aromáticas llenaron la estancia, haciendo que Dax tragara saliva.
—¿Qué… qué está preparando, Maestra?
Huele increíble —preguntó con los ojos muy abiertos, tratando de asimilar aquellos olores desconocidos.
El humor de Rory era radiante y alegre cuando respondió: —Esto es un panqueque, hecho con hierbas.
Esto es beicon y estas son empanadillas de carne de bestia con hierbas.
Dax parpadeó; no conocía esos platos, pero era incapaz de resistirse a los embriagadores aromas.
Se quedó mirándola con esperanza.
—Maestra…, ¿puedo probar un poco?
—Por supuesto —respondió Rory asintiendo, con un brillo juguetón en los ojos.
Para pescar siempre se necesita cebo.
Con cuidado, le entregó media loncha de beicon y un panqueque pequeño.
—Te estoy dando esto a escondidas.
Come en silencio y que no te vea Paros.
Él pagó monedas estelares por esta comida, así que no estaría bien que te pillara comiéndotela.
Y recuerda, esto es algo excepcional; no puedo volver a hacerlo.
Dax se quedó mirando la diminuta porción, apenas suficiente para un bocado.
Sus labios se crisparon con frustración, pero sabía que no debía exigir más.
«Esta pequeña hembra es imposible de manejar», pensó.
—Gracias, Maestra —dijo con sinceridad, tomando el plato con ambas manos y mirándola con genuina gratitud.
Rory simplemente sonrió y volvió a la cocina, sin inmutarse por su mirada anhelante.
Dax, cauteloso, le dio primero un bocado al panqueque.
Las hierbas se mezclaban a la perfección, suaves y fragantes, y la salsa añadía una intensidad que embriagaba sus sentidos.
El beicon que lo acompañaba era celestial, una explosión de sabores como nada que hubiera probado antes.
Lo devoró rápidamente, aunque seguía anhelando más, mirando a Rory como si le suplicara en silencio.
Sin embargo, Rory ya le había servido su ración a Paros.
Al ver la mirada expectante de Dax, ella negó con la cabeza, suave pero firmemente.
—No puedo darte más.
Si quieres comer, tendrás que pagar como Paros.
Como la maestra de esta casa, no puedo tener favoritismos.
¿Entiendes?
La mandíbula de Dax se tensó mientras veía a Paros comer tranquilamente en la mesa.
«De acuerdo», decidió.
Se abstendría.
Teniendo fluido nutritivo a su disposición, el hambre no era un problema.
«Hoy no se me escapa ni una moneda estelar», pensó con terquedad.
—Maestra, le prometo que nunca le pondré las cosas difíciles —dijo con voz firme—.
Trabajaré duro para ganarme el sustento y así asegurarme de poder comer en esta casa como es debido.
Después de hablar, resistió el impulso de entregarle las monedas estelares de inmediato y se retiró a su habitación.
Abrió un vial de fluido nutritivo, el de la más alta calidad que poseía, pero después de probar la comida de Rory, incluso aquello le pareció soso e insípido.
Lo dejó sobre la mesa con un suspiro.
Nada se comparaba con su cocina.
Después del desayuno, Rory se dirigió a Paros.
—Mañana saldré a cazar bestias —dijo con calma y en tono práctico—.
No volveré en una semana, así que no podré cocinar para ti ni proporcionarte confort mental durante ese tiempo.
Paros frunció ligeramente el ceño.
—¿Vas a ir sola?
—No iré sola —respondió Rory con seguridad—.
Dax me acompañará.
¿Se lo iba a llevar con ella?
Paros enarcó una ceja, escéptico.
—¿De verdad crees que ese zorro será capaz de protegerte?
Dax, a pesar de poseer la fuerza de un Rango Ocho, se limitaba deliberadamente al Rango Cinco cerca de Rory, claramente prefiriendo evitar cualquier trabajo de verdad.
La mirada de Rory se endureció.
—No necesito que me proteja.
Puedo cuidar de mí misma —dijo con firmeza, sorprendiendo incluso a Dax.
Él no se esperaba que hablara con tanta audacia en su propia defensa; sabía que ella no dependía de la protección de nadie y, en realidad, sospechaba que a ella le importaba poco si él vivía o moría.
Tras terminar su desayuno, Rory fue directa a la sala de entrenamiento.
Ante la inminente cacería del día siguiente, quería estar en plena forma antes de partir.
Antes de entrar, activó rápidamente su cerebro de luz para enviarle un mensaje a Jasper.
Rory: Jasper, voy a entrenar ahora.
En la sala de entrenamiento no hay señal.
Si me necesitas, mándame un mensaje y te responderé cuando termine.
Su tono con Jasper era completamente distinto al que usaba con Dax.
Con este último, era informal, a menudo juguetona o bromista.
Con Jasper, respondía sinceramente a cada mensaje, sin dejar lugar a que él se sintiera ignorado.
Mientras tanto, cuando Jasper subía al transporte estelar, vio su mensaje y no pudo evitar sonreír.
La consideración de Rory era evidente: lo incluía en todo, incluso en las rutinas más sencillas.
A pesar de no haberse conocido nunca en persona, se sintió valorado y seguro al saber que ya ocupaba un lugar importante en el corazón de ella.
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