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Mundo de los Ciclos: Li Tian - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 43 LI KANG Le voy a decir a mis abuelos
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43: LI KANG “Le voy a decir a mis abuelos” 43: LI KANG “Le voy a decir a mis abuelos” —Hola, primo —dijo Li Tian con una media sonrisa.

La frase, lanzada con cortesía fingida, flotó en el aire como una piedra en un estanque silencioso.

El rostro de Li Kang se tensó apenas un instante, como si el saludo inesperado le hubiera arruinado el guion.

Pero fingio que no lo escuchaba.

Giró su cuerpo ligeramente hacia Yuan’er, como si el mundo se redujera a ella sola.

El resto del paisaje desapareció: los árboles, las estatuas, los caminos de piedra…

incluso Li Tian.

Como si no existiera.

Y entonces, con una voz encantadora y cargada de seguridad, habló: — ¿Quieres venir a la casa de mi familia?

Mi abuelo y mis padres son muy fuertes.

Tenemos un pabellón privado solo para entrenamiento y un jardín con estanques de dragones dorados.

Seguro nunca viste algo así.

Yuan’er se quedó inmóvil.

Durante un segundo, no respondió.

La expresión de su rostro era imposible de leer: no había sorpresa, ni agrado, ni timidez.

Solo un silencio que parecía deliberado.

Un muro invisible se levantó entre ella y el niño que la invitaba con tanta familiaridad.

Li Kang, al ver que no obtenía una reacción inmediata, dio un paso más cerca.

—Mi familia es la segunda más influyente del Clan Li —agregó con tono de importancia—.

Todos los ancianos nos respetan.

Si venís conmigo, podrías conocer a cultivadores poderosos.

Mi abuelo dice que es bueno rodearse de gente con potencial.

Yuan’er levantó lentamente la vista.

Sus ojos, tan grandes y antes llenos de inocencia, ahora se estrechaban con claridad.

Miraba a Li Kang… pero no como una niña impresionada, ni como alguien curiosa.

Lo miraba como si estuviera evaluándolo, desmontándolo pieza por pieza.

Y no le gustaba lo que veía.

Ese tipo de mirada era común en las calles: niños ricos o mercaderes que buscaban de comprar compañía con promesas brillantes.

Siempre hablando del futuro, del poder, de lo que “podrían” ofrecer.

Pero detrás de esa sonrisa pulida, Yuan’er solo sintió una cosa: falsedad .

Lo que más le molestó no fue la invitación.

Fue el hecho de que había ignorado a Li Tian .

A su hermano Tian.

El único que le había hablado como si fuera alguien.

El que la había mirado sin asco.

El que había dormido a pocos metros de ella sin miedo.

Ese chico que, con solo una conversación, le había dado más pertenencias que cualquier edificio dorado.

Y ahora este otro niño se atrevía a fingir que él no existía.

Yuan’er no era educada.

No había etiqueta aprendida ni refinamiento.

Pero sí había aprendido a oler la hipocresía.

Y a rechazarla con la misma rapidez con que había aprendido a robar.

Lo miró con frialdad.

No había rabia.

No había violencia.

Solo… una negativa firme e innegociable .

Li Kang no lo notó de inmediato.

Seguía esperando una sonrisa, una pregunta, tal vez un “¡Sí, vamos!”, como solían decirle a otros niños.

Estaba tan acostumbrado a ser el centro, que no notó que esta vez había quedado fuera del círculo.

Yuan’er dio un paso atrás.

No mucho.

Solo uno.

Pero fue más que suficiente para marcar su decisión.

Li Kang frunció el ceño.

—No querés ver mi casa?

—insistió, ahora con una pizca de irritación escondida bajo la cortesía—.

Te estoy invitando con buena intención.

Es una oportunidad.

No todos tienen el honor de entrar al Pabellón Azul.

Yuan’er levantó una ceja, apenas.

—Y eso ¿qué tiene que ver con no saludar a mi hermano Tian?

Su voz era suave, pero sus palabras eran afiladas como una hoja.

Li Kang se quedó congelado.

Por primera vez en mucho tiempo, no supo qué responder.

No estaba preparado para que una niña, una simple recién llegada, le exigiera respeto hacia alguien más.

Y aún peor: que lo hiciera en voz alta .

Yuan’er lo sostuvo con la mirada unos segundos más, y luego simplemente giró hacia Li Tian, como si la conversación hubiera terminado.

El silencio se hizo especial.

Li Kang intentó recuperar el control.

Abró la boca como para decir algo más, pero nada le salió.

Su orgullo estaba herido, pero no podía reaccionar mal sin quedar peor.

No hay testigos.

No con ella mirándolo así.

Li Tian, que hasta ese momento había permanecido a un lado, cruzado de brazos, finalmente dejó escapar una risa suave, casi imperceptible.

No era una burla.

No era desdén.

Era…satisfacción.

Ver a Yuan’er enfrentarse con firmeza.

Ver a Li Kang quedarse sin palabras.

Ver que, sin necesidad de intervención, las lealtades ya estaban claras .

Eso era mucho más divertido que cualquier discusión directa.

Y así, mientras el viento movía levemente su cabello y las hojas caían en silencio alrededor, Li Tian en ese momento se sintió divertido .

El silencio se había apoderado del sendero tras la contundente respuesta de Li Tian.

Pero ese silencio no era de paz… era de presión.

Como una olla a punto de explotar.

Li Kang temblaba.

No físicamente, sino desde dentro.

Su orgullo, su autoridad como nieto de ancianos respetados, su intento de manipulación… todo había sido rechazado por una niña de la calle y por ese primo al que nunca había aceptado del todo.

Su rostro, normalmente pulcro y orgulloso, empezó a descomponerse en una mezcla de rabia y humillación.

Y fue entonces cuando volvió a intentar quebrarla.

Se giró hacia Yuan’er con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa, pero no por miedo, sino por la furia contenida.

—¡Yuan’er!

No hay razón para quedarte con ese…

¡engendro del demonio!

La última palabra salió como un escupitajo.

Un insulto directo, brutal, sin maquillaje.

Ya no disimulaba, ya no actuaba con diplomacia.

El veneno salió puro.

Li Tian no se movió.

No cayó en la provocación.

Solo la miró a ella.

Yuan’er, en cambio, frunció ligeramente el ceño.

Ya no estaba confundida.

Ahora entendía que ese niño no hablaba desde la preocupación o la protección… sino desde el odio.

Desde una necesidad infantil de ganar, de controlar, de humillar a quien no lo obedecía.

—No me interesa lo que fue su madre —dijo ella con claridad—.

Él me salvó.

Él me dio un lugar.

Y no necesito más razón que esa.

Sus palabras fueron como una muralla.

Y Li Kang, al chocar contra ella, se rompió un poco más.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, no de tristeza, sino de frustración insoportable.

Todo su mundo —hecho de linajes, poder y obediencia— no estaba funcionando con esta niña.

Ella lo desafiaba, y eso era algo que nunca le habían enseñado a tolerar.

—¡Ven conmigo!

—insistió, al borde del llanto—.

O…

o le diré a mis abuelos.

¡Al anciano de reclutamiento!

¡Y al gran anciano también!

¡Los dos me van a escuchar!

¡Ellos me van a ayudar!

Yuan’er no respondió de inmediato.

En su rostro se leía desconcierto, no por miedo, sino porque no entendía lo que significaba.

Ella nunca había vivido en un clan.

La palabra “abuelo” no significaba para ella un anciano poderoso, sino simplemente… un hombre viejo.

“Gran anciano” sonaba como algo importante, sí, pero no tenía una escala clara en su mente.

Ella no conocía la jerarquía.

Solo conocía una cosa: Lealtad.

Así que, aun sin entender a qué nivel de amenaza se enfrentaba, su respuesta fue la misma de antes.

—No.

Fue una sola palabra.

Su voz era baja, pero inamovible.

Como una piedra clavada en la tierra.

Y eso fue lo que derrumbaría a Li Kang por completo.

Sus puños se cerraron.

Su cara se arrugó como la de un niño al borde del berrinche, pero no había gritos esta vez.

Solo lágrimas gruesas que empezaron a correr por sus mejillas.

Las secaba con brusquedad, pero no podía detenerlas.

—¡Le diré a mis abuelos!

—gritó mientras giraba sobre sus talones.

Y salió corriendo, con la túnica ondeando tras él y los sollozos escapando sin control.

La dignidad con la que había llegado al sendero, no era más que una sombra rota tras de sí.

Li Tian, desde atrás, solo lo miró irse.

Y no dijo nada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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