Mundo de los Ciclos: Li Tian - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 DISCIPULA DEL LIDER DEL CLAN
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45: DISCIPULA DEL LIDER DEL CLAN 45: DISCIPULA DEL LIDER DEL CLAN La puerta de la residencia aún no se había cerrado del todo cuando Li Shen —líder del Clan Li— se giró completamente hacia Yuan’er, sus ojos verdes centelleando con una mezcla de interés y autoridad.
Durante toda su vida, Yuan’er había aprendido a esquivar las miradas.
La mayoría eran de desprecio, otras de lástima, muchas de furia.
Pero la de aquel hombre… no era ninguna de esas.
Era una mirada que pesaba, sí.
Pero no por crueldad.
Era como si intentara ver a través de ella, como si buscara algo oculto tras su frágil cuerpo y su voz temblorosa.
Li Shen cruzó los brazos con tranquilidad y preguntó, sin levantar la voz: —¿Cómo es su talento para el cultivo?
La pregunta no fue para ella.
Fue para Li Li, quien permanecía de pie junto a él con la postura erguida, las manos juntas y una expresión neutra, pero con ojos que brillaban con determinación.
—Excelente —respondió sin dudar—.
En solo dos horas pudo sentir el flujo de Qi.
No me lo contaron.
Lo vi con mis propios ojos.
Y su control, incluso siendo una novata, ya es superior al de algunos discípulos de primer nivel.
Un silencio pesado cayó en la habitación.
Li Tian sintió que incluso el aire parecía contener la respiración.
Li Shen parpadeó lentamente, y por un instante sus labios se separaron, como si dudara de lo que había escuchado.
Pero no fue por incredulidad… sino por la sorpresa real que pocas veces se permitía mostrar.
—¿Dos horas…?
—repitió.
Li Li asintió.
—Ni tú ni yo logramos algo así en nuestras primeras etapas.
Li Shen se quedó pensativo.
En su mente repasaba los registros de los prodigios más grandes del clan.
Ninguno había demostrado un despertar de sentido del Qi tan rápido.
Muchos habían necesitado días, otros semanas.
Algunos nunca lo lograban.
Y esta niña… Sin más palabras, bajó ligeramente la cabeza y observó a Yuan’er, que lo miraba con ojos grandes, todavía sin comprender del todo el significado de aquella conversación.
Entonces, con una voz profunda y suave, preguntó: —Pequeña Yuan’er… ¿te gustaría convertirte en mi discípula?
La sala quedó en silencio otra vez.
Li Tian dio un leve paso hacia ella por reflejo, pero no habló.
Yuan’er parpadeó.
Por un momento no entendió.
¿Él, el líder del clan… la quería como discípula?
¿A ella, que solo días antes había dormido en un tonel?
¿A ella, que no sabía leer, ni usar una espada, ni entender la jerarquía de un clan?
Su corazón latía con fuerza.
Miró a Li Shen, luego a Li Li… y por último, giró la cabeza para mirar a Li Tian.
Y fue entonces cuando habló con firmeza, aunque su voz era suave: —Quiero permanecer al lado del hermano Tian.
Li Shen no se molestó.
No hubo cambio en su rostro.
En vez de eso, sonrió con calma, como si ya hubiese previsto esa respuesta.
—Entiendo —dijo—.
Pero escúchame bien, pequeña.
Se arrodilló ligeramente frente a ella, lo suficiente para que sus ojos quedaran a su altura.
—Siendo mi discípula, tendrás acceso a recursos, técnicas, entrenamientos avanzados y maestros que te guiarán.
Con mi tutela, podrías alcanzar niveles que otros solo sueñan.
Y más importante aún… Hizo una breve pausa.
—Serás capaz de proteger al pequeño Tian.
No solo acompañarlo… sino protegerlo realmente.
Yuan’er se quedó quieta.
El corazón le latía aún más fuerte.
Esa idea… proteger a Tian.
No ser una carga.
No esconderse detrás de él.
Estar a su altura.
Pero aún no sabía qué responder.
Su pecho se llenó de emociones mezcladas: esperanza, confusión, miedo, deseo.
Así que, sin decir una palabra, giró el rostro hacia Li Tian.
Quería saber lo que él pensaba.
Necesitaba su aprobación, su guía.
Porque aunque quería quedarse a su lado, también quería volverse alguien digna de él.
Li Tian la miró con atención.
No dijo nada aún… pero en sus ojos, ya se leía la comprensión de un hermano.
El aire se volvió más denso en la sala.
El silencio de Yuan’er, su mirada expectante dirigida a Li Tian, y la presencia imponente de Li Shen se entrelazaban como los hilos de un destino que estaba por definirse.
Li Tian, parado a su lado, sintió la presión invisible de la escena.
Por fuera, su rostro se mantenía tranquilo, pero por dentro… —¿Por qué siempre me dicen “pequeño”?
Qué fastidio… —pensaba con los ojos ligeramente entrecerrados.
En su mente ya lo habían llamado así demasiadas veces: Pequeño Tian por aquí, pequeño Tian por allá.
Como si todo lo que fuera capaz de hacer se redujera a su edad.
¡Él no era solo “el pequeño”!
Había enfrentado peligros, se había cultivado sin maestro durante años, y había protegido a Yuan’er en su propia casa.
Y ahora… Ahora podía ser el hermano mayor de una futura prodigio del clan.
Fue entonces cuando escuchó la voz de ella.
Tan suave como siempre, pero con ese matiz de sinceridad que la hacía única: —Hermano Tian… ¿qué debería hacer?
Li Tian volvió en sí, alejando sus quejas mentales.
La miró a los ojos.
No había nada más que confianza en esa pregunta.
Yuan’er no necesitaba órdenes, necesitaba apoyo.
Y en ese instante, pensó: Si Yuan’er se vuelve fuerte… yo también ganaré una aliada.
No solo eso, alguien que me cubra la espalda en los momentos que importan.
Le sonrió y respondió sin dudar: —Claro, Yuan’er.
Vuélvete muy fuerte.
Yuan’er asintió con decisión.
Entonces, giró hacia Li Shen, el líder del Clan, y con voz clara dijo: —Sí.
Acepto ser su discípula.
Li Shen no sonrió abiertamente, pero la expresión de sus ojos cambió ligeramente.
Era un gesto que en un anciano como él equivalía a satisfacción plena.
No todos los días encontraba un talento en bruto como ese.
Mucho menos uno que tuviera voluntad, lealtad y sensibilidad.
Asintió con solemnidad.
—Bien.
Entonces es oficial —dijo—.
Pequeña Yuan’er, alista tus cosas.
Nos vamos a mi residencia.
Yuan’er se quedó quieta un momento.
Levantó la vista de nuevo, esta vez con cierta angustia contenida.
—¿No puedo quedarme aquí?
—preguntó—.
No me quiero alejar del hermano Tian… La inocencia con la que lo dijo no sorprendió a Li Tian, pero sí conmovió a Li Li.
La cultivadora, que hasta ahora había permanecido en silencio para observar la decisión de la niña, desvió ligeramente la mirada, como si no quisiera mostrar que algo se había movido en su interior.
Li Shen, sin embargo, se mantuvo impasible.
Cruzó los brazos y miró directamente a Li Tian.
Y entonces dijo, con la misma calma con la que un general mueve una pieza importante en el tablero: —Entonces también nos lo llevamos.
La frase resonó en la sala como un golpe de espada.
Yuan’er abrió los ojos sorprendida.
Li Tian levantó las cejas, sin saber si debía alegrarse o preocuparse.
—¿Eh?
—alcanzó a murmurar.
Li Shen se acercó a ambos con pasos tranquilos, pero cada uno de ellos parecía firme como un sello de autoridad.
—El vínculo entre ustedes dos es fuerte.
Si lo rompemos ahora, podría afectar su crecimiento.
No me interesa separar la lealtad… me interesa que se fortalezca.
Luego se giró hacia Li Li.
—Él ya no necesita estar bajo tu techo.
Puede continuar su camino como discípulo oficial del clan… bajo mi supervisión directa.
Li Li no protestó.
Solo cerró los ojos y asintió con lentitud.
—Entiendo.
Si es para que crezcan… así será.
Yuan’er miró a Li Tian con alivio.
Él estaba sorprendido, pero había una leve sonrisa cruzándole el rostro.
—Bueno… supongo que me van a llevar igual —dijo, casi divertido.
—¡Sí!
—exclamó Yuan’er, con una mezcla de emoción y nerviosismo.
Li Shen los miró a ambos, su silueta recortada por la luz tenue que entraba por la ventana.
—Preparen sus cosas.
Partimos al atardecer.
Y así, el destino de Yuan’er —y de Li Tian— acababa de cambiar de rumbo.
Juntos.
El ambiente en la sala seguía cargado de emociones contenidas.
Li Tian había aceptado la propuesta del líder del clan.
La decisión estaba tomada, y aunque no era una despedida definitiva, todos los presentes sabían que era el fin de una etapa.
Fue entonces cuando Li Li, con una sonrisa ladeada y un brillo curioso en la mirada, soltó: —Pequeño traidor… yo te he cuidado todo este tiempo, ¿y así me lo pagas?
El comentario, aunque dicho en tono de broma, llevaba una carga emocional más profunda.
Li Li no era alguien que demostrara tristeza abiertamente, pero en ese instante, sus ojos decían más que sus palabras.
Li Tian se rascó la cabeza, avergonzado.
La frase lo había tomado por sorpresa, y no sabía si reírse o disculparse.
—Tía Li… ¿me vas a dejar ir?
—preguntó con cierta incertidumbre.
Ella se cruzó de brazos y lo miró con una expresión que mezclaba resignación y orgullo.
—¿Me has escuchado negarlo?
Li Tian sonrió.
Esa era su manera de decir que sí.
Que, aunque le doliera, lo dejaba partir.
—Gracias… por todo —dijo con sinceridad.
Li Li asintió, más seria ahora.
—Solo prométeme una cosa.
Li Tian la miró fijamente.
—No olvides quién eres.
Ni de dónde vienes.
Ni quiénes estuvieron contigo cuando aún eras débil.
—Lo prometo —afirmó, con una voz firme que mostraba cuánto había madurado.
A un lado, Yuan’er había permanecido en silencio, observando la interacción entre los dos.
Cuando vio que el momento estaba por terminar, dio un paso al frente e inclinó la cabeza.
—Gracias por cuidarnos, señora Li —dijo, con respeto y sinceridad.
Li Li le devolvió la mirada, esta vez con una expresión más suave de lo habitual.
—Cuida de él.
Y no te olvides de seguir aprendiendo.
Ahora el clan entero te observará.
Yuan’er asintió con fuerza, con los puños apretados y una mezcla de nervios y determinación en los ojos.
Li Tian se volvió hacia ella con una sonrisa.
—Vamos a preparar nuestras cosas.
—¡Sí!
—exclamó Yuan’er, siguiendo sus pasos con energía renovada.
Ambos salieron de la sala por el pasillo central, y a medida que se alejaban, la tensión en el ambiente comenzó a disiparse.
Li Shen observó sus siluetas hasta que desaparecieron por una esquina, sin moverse ni un centímetro.
—Van a dar mucho de qué hablar —murmuró con su voz profunda.
Li Li no respondió.
Solo exhaló lentamente, como soltando un peso invisible.
En su rostro, la sonrisa burlona había dado paso a una más serena, casi nostálgica.
Li Tian entró en su habitación y miró alrededor.
Las paredes, los estantes, los cojines donde había meditado tantas veces.
Todo parecía igual, pero sabía que esa sería la última vez que empacaba allí.
Tomó una pequeña bolsa de viaje y comenzó a meter algunos objetos esenciales: su espada de madera, un par de túnicas blancas, un frasco de medicina que le había dado Li Li hace meses, y un cuaderno viejo con anotaciones de cultivación.
Yuan’er, desde la otra habitación, también estaba recogiendo lo poco que tenía.
Su nueva túnica de discípula, unas sandalias nuevas, y un trozo de tela vieja que había usado como manto cuando vivía en la calle.
Aun siendo parte de su pasado, no quería dejarlo.
Ambos se encontraron en el pasillo minutos después, sus bolsas listas.
Ninguno habló al principio.
Pero no hizo falta.
Sabían que el viaje apenas comenzaba.
Li Tian se giró una última vez hacia el interior de la casa.
En la sala, Li Li conversaba en voz baja con Li Shen, probablemente sobre el traslado.
Por un instante, pensó en correr de nuevo hacia ella, abrazarla, o al menos despedirse una vez más.
Pero algo le dijo que no era necesario.
Que ella sabía.
Que los lazos no necesitan palabras cuando son verdaderos.
Y entonces dio el primer paso fuera.
Yuan’er lo siguió, apretando su bolsa contra el pecho.
Una brisa suave sopló en ese momento, levantando algunas hojas del jardín.
El sol comenzaba a bajar.
Y con él, un nuevo capítulo se abría en la historia de ambos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Lingha obviamente el mas feliz es Ling Tian XD
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