Mundo de los Ciclos: Li Tian - Capítulo 55
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- Capítulo 55 - 55 LA VENGANAZA DE LI TIAN
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55: LA VENGANAZA DE LI TIAN 55: LA VENGANAZA DE LI TIAN El sol brillaba con fuerza sobre la residencia del clan Li, bañando los tejados de jade con un resplandor que parecía prometer un día lleno de posibilidades.
Li Tian y Yuan’er salieron de la casa de Li Shen con pasos ligeros, sus corazones aún latiendo con la emoción de las palabras de su maestro: una misión fuera del clan estaba en el horizonte.
Para dos niños que apenas comenzaban a comprender el camino del cultivo, la idea de aventurarse más allá de los muros de piedra era tan emocionante como aterradora.
Li Tian llevaba su espada real envainada a la espalda, su peso un recordatorio constante de su progreso, mientras Yuan’er ajustaba las dagas de madera en su cinturón, con una sonrisa que mezclaba confianza y picardía.
Decidieron dirigirse al campo de entrenamiento, un lugar que se había convertido en su segundo hogar en los últimos meses.
El aire estaba cargado con el aroma de la tierra seca y el eco de los golpes de madera de otros discípulos practicando.
Mientras caminaban por los senderos empedrados, Li Tian no podía evitar sentirse más alto, más firme, como si la quinta etapa del Refinamiento Corporal hubiera tallado algo nuevo en su interior.
Yuan’er, a su lado, tarareaba una melodía suave, sus pasos casi danzando sobre las piedras.
Pero la tranquilidad del momento se rompió cuando llegaron al campo.
Entre el polvo levantado por los entrenamientos, una figura familiar apareció: Li Kang.
Su silueta era inconfundible, con esa postura arrogante y la lanza de madera apoyada en su hombro como si fuera un trofeo.
Sus ojos se encontraron con los de Li Tian, y una sonrisa burlona se dibujó en su rostro.
“No pudo evitar pensar que mala suerte”, se dijo Li Tian, sintiendo un nudo en el estómago.
No era solo la presencia de Li Kang lo que lo molestaba; era el recuerdo de su última derrota, el desmayo, la humillación.
Aunque Yuan’er lo había vengado, la espina seguía clavada en su orgullo.
Li Kang dio un paso adelante, golpeando la lanza contra el suelo con un sonido seco que atrajo las miradas de los discípulos cercanos.
—Miren, viene el perdedor —dijo con voz alta, asegurándose de que todos lo oyeran—.
Miren cómo se esconde tras una niña.
Las palabras cortaron el aire como un cuchillo.
Algunos discípulos soltaron risitas nerviosas, mientras otros desviaron la mirada, incómodos.
Yuan’er frunció el ceño, sus dedos apretando instintivamente las empuñaduras de sus dagas, pero Li Tian levantó una mano para detenerla.
No quería que ella interviniera esta vez.
No otra vez.
Sonriendo ante las palabras de Li Kang, Li Tian dio un paso al frente, su mirada encendida con una chispa desafiante.
—¿Quieres pelea?
—preguntó, su voz tranquila pero cargada de determinación.
La sonrisa de Li Kang se ensanchó, mostrando los dientes como un lobo que huele sangre.
—Por supuesto —respondió, girando la lanza con un movimiento teatral—.
Además, ya empecé a cultivar.
¿Crees que puedes contra mí ahora, débil?
Li Tian sintió una punzada de diversión.
¿Li Kang piensa que estoy en la primera etapa del Refinamiento Corporal?
La arrogancia de su primo era casi risible.
No sabía que Li Tian había alcanzado la quinta etapa, ni que había dominado la técnica de la Marea que Destruye Rocas.
Pero no dijo nada.
Dejó que su sonrisa hablara por él, una curva confiada que hizo que Li Kang entrecerrara los ojos, confundido por un instante.
—Vamos, entonces —dijo Li Tian, caminando hacia el centro del campo de entrenamiento.
Yuan’er lo siguió, sus ojos alerta, pero se quedó al borde del círculo, cruzada de brazos.
Sabía que esta era la pelea de Li Tian, y aunque su instinto le pedía intervenir, confió en él.
Sin ancianos presentes, el campo de entrenamiento tenía un aire de libertad salvaje, como si las reglas habituales se hubieran desvanecido con el polvo que flotaba en el aire.
Li Tian tomó una espada de madera del estante, su tacto familiar pero ahora eclipsado por el peso de la espada real en su espalda.
No la usaría; esta pelea era personal, y quería derrotar a Li Kang con las mismas herramientas que él usaba.
Li Kang, por su parte, aferró su lanza de madera con ambas manos, sus ojos brillando con una mezcla de arrogancia y desprecio.
Los discípulos cercanos se agruparon en un semicírculo improvisado, sus murmullos creando un telón de fondo de expectativa.
Li Tian respiró hondo, dejando que el qi fluyera desde su dantian, calentando sus músculos y agudizando sus sentidos.
Recordó las palabras de Li Shen: “El agua puede parecer suave, pero cuando no se detiene, rompe montañas”.
Hoy, él sería esa agua.
Li Kang no perdió tiempo.
Con un grito, cargó hacia adelante, la lanza apuntando directamente al pecho de Li Tian.
El movimiento era rápido, más fuerte de lo que Li Tian recordaba, prueba de que Li Kang había comenzado a cultivar.
Pero para alguien en la quinta etapa, ese ataque era como el aleteo de un pájaro frente a un huracán.
Li Tian deslizó un pie hacia atrás, entrando en la postura de la Marea que Destruye Rocas.
Su cuerpo se movió con la fluidez de una ola, y con un giro elegante de su espada, ejecutó Ola Ascendente.
La madera chocó contra la lanza, desviándola con un crujido seco.
Li Kang retrocedió un paso, sorprendido por la fuerza detrás del bloqueo.
—¿Eso es todo?
—preguntó Li Tian, su sonrisa creciendo.
Li Kang gruñó, su rostro enrojeciendo de frustración.
Giró la lanza en un arco amplio, intentando un barrido lateral.
Pero Li Tian ya estaba en movimiento, pasando al segundo movimiento: Cascada Partida.
Su espada descendió como un relámpago, golpeando la lanza desde arriba y forzando a Li Kang a doblar las rodillas para resistir el impacto.
Los discípulos contuvieron el aliento.
Nadie esperaba que Li Tian, el supuesto “perdedor”, dominara la pelea con tanta facilidad.
Yuan’er, desde el borde, apretó los puños, no por preocupación, sino por una emoción contenida.
“Hermano Tian… has cambiado”, pensó, su corazón latiendo con orgullo.
Li Kang, furioso, retrocedió y metió la mano en su túnica.
—¡No creas que esto termina aquí!
—gritó, sacando cuatro talismanes que brillaban con un resplandor espiritual.
Los activó con un movimiento rápido, y la lanza de madera se envolvió en un aura tenue, como si el arma misma hubiera cobrado vida.
Li Tian alzó una ceja.
“Talismanes otra vez.
No aprendes, ¿verdad?” Pero no retrocedió.
En cambio, dejó que su qi fluyera con más intensidad, su cuerpo vibrando con la energía de la quinta etapa.
Li Kang cargó de nuevo, la lanza ahora más rápida, más pesada, cortando el aire con un silbido agudo.
Li Tian no se dejó intimidar.
Su mente estaba clara, su cuerpo en sintonía con la técnica que había practicado incansablemente.
Mientras Li Kang atacaba con una ráfaga de estocadas, Li Tian ejecutó Remolino Estático, girando sobre su eje con la espada extendida.
La madera chocó contra la lanza una y otra vez, cada impacto enviando astillas al aire.
Los talismanes hacían a Li Kang más fuerte, pero no podían igualar la precisión y el ritmo de la Marea que Destruye Rocas.
—¡Ríndete!
—gritó Li Kang, su voz quebrándose por la frustración mientras lanzaba una estocada directa al pecho de Li Tian.
Pero Li Tian estaba listo.
Con un movimiento final, canalizó todo su qi en la espada y desató Estallido del Acantilado.
La espada cortó el aire con una fuerza que parecía hacer vibrar el suelo mismo.
El impacto fue devastador: la lanza de Li Kang se partió en dos, y los talismanes, sobrecargados por la energía del ataque, se deshicieron en chispas que se desvanecieron en el aire.
Li Kang cayó de rodillas, jadeando, sus manos vacías temblando mientras miraba los restos de su arma.
El campo quedó en silencio, los discípulos boquiabiertos ante la escena.
Li Tian bajó su espada, su respiración agitada pero controlada, su mirada fija en su primo derrotado.
—No soy el mismo de antes —dijo Li Tian, su voz firme pero sin rastro de burla—.
Si quieres pelear, hazlo con tu propia fuerza.
Los talismanes no te salvarán siempre.
Yuan’er dio un paso adelante, una sonrisa orgullosa en su rostro.
—Te lo dije, hermano Tian —susurró, solo para él—.
Eres una marea imparable.
Pero antes de que Li Tian pudiera responder, una presencia imponente llenó el campo.
El aire pareció volverse más pesado, y los discípulos retrocedieron instintivamente.
Un hombre alto, con una túnica gris que ondeaba como si estuviera viva, apareció al borde del círculo.
Su rostro estaba surcado de arrugas, pero sus ojos eran como brasas ardientes, llenos de una autoridad que hacía temblar incluso a los más valientes.
Li Kang, aún en el suelo, levantó la vista, sus ojos brillando con una mezcla de alivio y desesperación.
—¡Abuelo!
—gritó, su voz quebrándose.
El gran anciano, una figura legendaria dentro del clan Li, posó su mirada en los dos niños.
Li Tian sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero no bajó la cabeza.
Sabía que este momento, esta pelea, era solo el comienzo de algo mucho más grande.
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