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Mundo En Guerra - Capítulo 19

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19: Veinte años de silencio 19: Veinte años de silencio Año 2070.

Veinte años habían pasado desde que el mundo estuvo a segundos de desaparecer.

Veinte años desde que Alemania lloró ante Europa.

Veinte años desde que la guerra mundial terminó sin vencedores, solo con sobrevivientes.

Las ciudades fueron reconstruidas, los cielos volvieron a llenarse de aviones civiles y los niños nacieron sin escuchar sirenas… pero el miedo jamás se fue.

Solo aprendió a esconderse.

La historia oficial decía que el mundo había aprendido.

La realidad era más cruel: el mundo solo había envejecido.

— Alemania: el peso de la memoria Berlín ya no era la ciudad gris y herida de la posguerra.

Era moderna, brillante, poderosa.

Pero bajo cada edificio nuevo había restos del pasado: búnkeres sellados, centros de mando abandonados, decisiones que jamás podrían borrarse.

El nuevo presidente alemán, Elias Hartmann, observaba la ciudad desde el mismo balcón donde su padre, Lukas Hartmann, había prometido que nunca volvería a decidir el fin del mundo.

Elias tenía 42 años.

No era un hombre de guerra.

Era un hombre de herencia.

—Señor presidente —dijo su asesora—, el Consejo Europeo solicita su presencia.

Es urgente.

Elias cerró los ojos un segundo.

—Siempre es urgente cuando Alemania respira —respondió—.

Vamos.

Sabía que, aunque la guerra terminó, Alemania seguía siendo observada.

No como enemiga… pero tampoco como igual.

— Europa: unida, pero rota Europa existía.

Pero ya no era la misma.

Italia seguía siendo el aliado más fiel de Alemania, incluso dos décadas después.

El nuevo primer ministro italiano, Marco De Santis, había crecido escuchando la historia del hombre que nunca abandonó a Alemania cuando todos la señalaron.

—Alemania no es perfecta —decía siempre—, pero Europa vive gracias a ella.

Reino Unido, Escandinavia, Europa del Este y los Balcanes compartían esa visión.

Francia y España, en cambio, permanecían aisladas, políticamente débiles y marcadas por la palabra que Europa nunca perdona: traición.

En Bruselas, durante la reunión, el representante británico fue directo: —El mundo se está moviendo otra vez.

Y cuando el mundo se mueve… siempre mira a Alemania.

Elias respondió con calma.

—No busco liderar por miedo.

Pero tampoco volveré a esconderme.

Italia apoyó sin dudar.

—Alemania no volverá a estar sola —dijo De Santis—.

Eso ya lo decidimos hace veinte años.

— Estados Unidos: la potencia cansada Washington ya no imponía.

Negociaba.

El presidente Marcus Reed, un exingeniero civil que había participado en la reconstrucción tras los bombardeos en América, observaba los informes globales con preocupación.

—Durante décadas creímos que la fuerza nos definía —dijo a su gabinete—.

Y casi destruimos el mundo por eso.

Estados Unidos seguía siendo poderoso, pero había perdido algo más importante: la certeza moral.

—Alemania vuelve a ser el centro —comentó un general—.

¿Debemos preocuparnos?

Reed negó lentamente.

—No.

Debemos preocuparnos si el mundo vuelve a obligarla a cargar sola.

— América: reconstrucción sin olvido México, Canadá y el resto del continente habían formado una Confederación Americana, una unión política y económica nacida del trauma de haber sido bombardeados por su antiguo aliado.

La presidenta Lucía Andrade, mujer firme y respetada, hablaba claro: —No odiamos a Estados Unidos.

Pero jamás olvidaremos lo que ocurrió.

América había aprendido que las alianzas ciegas son tan peligrosas como los enemigos abiertos.

— Asia: el silencio que inquieta Asia no celebró el fin de la guerra.

Se replegó.

China nunca volvió a ser la misma.

Rusia se fragmentó.

Japón renunció para siempre a las armas ofensivas.

Y Corea… Corea era una sola.

Bajo el liderazgo de Kim Jae-Won, la Corea unificada se mostraba estable, próspera… y peligrosamente silenciosa.

—El mundo cree que aprendimos —decía Kim a su círculo cercano—.

Pero la historia no enseña.

Solo espera.

— África y Europa: un pacto que sobrevivió África no abandonó a Alemania cuando Europa dudó.

Y Alemania jamás lo olvidó.

La presidenta africana Amani Nkrumah visitó Berlín ese mismo año.

—Europa y África sobrevivieron porque no traicionaron —dijo—.

Y porque entendieron que el poder sin humanidad es solo destrucción.

Elias asintió.

—Mi padre lloró por el mundo —respondió—.

Yo viviré para que no tenga que volver a hacerlo.

— La sombra que regresa Al final del año 2070, un informe confidencial llegó a Berlín, Washington y Roma al mismo tiempo.

No hablaba de armas nucleares.

No hablaba de ejércitos.

Hablaba de algo nuevo.

Algo invisible.

Algo que no necesitaba misiles para destruir civilizaciones.

Elias cerró el documento con manos firmes… pero el corazón acelerado.

—Otra vez no —susurró—.

No otra vez.

El mundo había sobrevivido a la guerra.

Ahora debía sobrevivir a lo que venía después.

— FIN DEL CAPÍTULO 1 – SEGUNDO VOLUMEN.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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