Mundo En Guerra - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 El Día Que Europa Ardió
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25: El Día Que Europa Ardió 25: El Día Que Europa Ardió Año 2073.
La paciencia de Alemania llegó a su límite.
No por ambición.
No por venganza.
Por supervivencia.
— Alemania responde A las 09:40 de la mañana, Berlín activó el Protocolo Escudo Total.
No fue un ataque masivo.
Fue una respuesta precisa.
—Objetivo —ordenó Elias Hartmann—: detener la agresión.
No escalarla.
Sistemas defensivos se activaron.
Satélites europeos bloquearon interferencias.
Las fuerzas francesas y españolas comenzaron a perder coordinación.
Pero Alemania no estaba sola.
— Italia y Reino Unido cruzan la línea Roma habló primero.
Marco De Santis apareció ante cámaras con el rostro endurecido por la rabia.
—Atacar a Alemania es atacar a Europa —dijo—.
Y Europa responde unida.
Minutos después, el Reino Unido hizo lo impensable.
El primer ministro británico no dudó: —Advertimos.
Ahora actuamos.
Desde el Mediterráneo y el Atlántico, misiles de precisión fueron lanzados.
No a ciudades.
A bases militares francesas y españolas.
El mensaje era brutal y claro: Deténganse.
Ahora.
— Francia pierde el control En París, el presidente Luc Moreau observó los impactos en silencio.
Los sistemas defensivos franceses resistieron… pero el golpe fue humillante.
—Nos están aplastando políticamente —dijo un general—.
Moreau apretó los dientes.
—No —respondió—.
Nos están desafiando.
España pidió contención.
Italia exigió rendición inmediata.
Reino Unido solicitó negociaciones urgentes.
Pero Francia… eligió otro camino.
El peor posible.
— La orden que no debía existir A las 11:27, un comando fue desbloqueado en un búnker francés.
—Señor presidente —advirtió un oficial—, esto no tiene vuelta atrás.
Luc Moreau miró la pantalla.
Berlín aparecía en el centro.
—Alemania debe caer —dijo—.
Para que Europa no vuelva a arrodillarse.
Y dio la orden.
— Berlín El cielo se volvió blanco.
No hubo tiempo para discursos.
No hubo advertencias suficientes.
La bomba no fue la más grande jamás creada.
Pero fue suficiente.
Una explosión nuclear golpeó Berlín.
El corazón de Europa.
— El silencio después del fin Las comunicaciones cayeron de inmediato.
Millones de pantallas se apagaron.
Los radares quedaron ciegos.
Cuando la imagen volvió… Berlín ardía.
No destruida por completo.
Pero herida para siempre.
El mundo se detuvo.
— Italia grita Marco De Santis cayó de rodillas frente a la transmisión.
—No… no… —repetía—.
Esto no… Italia declaró estado de guerra total contra Francia en el mismo segundo.
—Han cruzado la última frontera —dijo con voz quebrada—.
La de la humanidad.
— Reino Unido no habla… actúa El Reino Unido no dio discursos.
Solo ejecutó.
Todos los acuerdos con Francia fueron anulados.
Todas las defensas conjuntas, retiradas.
—Francia ha abandonado Europa —declaró una sola frase—.
— El mundo reacciona África cerró filas con Alemania.
Estados Unidos entró en alerta máxima.
Asia quedó en estado de shock.
—Esto ya no es una crisis —dijo un analista—.
Es un colapso moral.
— Elias Hartmann… ¿vive?
Horas después, una sola pregunta recorría el planeta: ¿Está vivo el presidente alemán?
Nadie respondía.
Berlín estaba en llamas.
El gobierno, desaparecido.
La ciudad símbolo… rota.
— Entre el humo y las ruinas, una figura caminaba.
Cubierta de polvo.
Herida.
Pero viva.
Elias Hartmann miró a su alrededor.
Berlín destruida.
Otra vez.
Sus ojos no mostraban lágrimas.
Solo algo mucho más peligroso.
—Jonas… —susurró— te prometí no olvidar el precio de la libertad.
Levantó la mirada hacia el cielo ennegrecido.
—Y ahora… Francia aprenderá el precio de la traición.
— — El mundo aún no había terminado de asimilar la destrucción de Berlín cuando ocurrió algo aún más impensable.
No fue un misil.
No fue una bomba.
Fue una decisión.
Y fue Alemania quien la tomó.
— El regreso de Alemania A las 06:00 horas, una transmisión se activó en todas las frecuencias conocidas.
No desde Berlín.
No desde una capital visible.
Desde un búnker subterráneo, intacto, silencioso.
La imagen apareció.
Elias Hartmann.
Vivo.
Con el rostro marcado por heridas.
Los ojos hundidos… pero firmes.
Europa contuvo la respiración.
—Francia —dijo— ha cruzado un límite que ninguna nación puede cruzar y seguir llamándose civilizada.
No gritó.
No tembló.
Eso fue lo más aterrador.
— El Consejo de Emergencia Absoluta En menos de una hora, toda Europa, África aliada y observadores globales fueron convocados.
Italia llegó primero.
Reino Unido, después.
Países nórdicos, África del Norte, Europa del Este.
Francia fue llamada.
No respondió.
Elias Hartmann habló de nuevo.
—La Unión Europea fue creada para evitar esto.
—La OTAN, para proteger al mundo.
—La ONU, para preservar la humanidad.
Pausa.
—Francia ha traicionado a las tres.
— La votación que nadie imaginó No hubo largas discusiones.
Solo una pregunta: > ¿Debe Francia seguir formando parte del orden mundial?
Italia votó expulsión total.
Reino Unido votó expulsión total.
Países nórdicos, expulsión total.
Europa del Este, expulsión total.
África aliada, expulsión total.
El resultado fue unánime.
— El decreto del aislamiento Elias Hartmann se puso de pie.
—Por decisión conjunta y extraordinaria… Su voz resonó como un martillo.
—Francia queda expulsada de la Unión Europea.
—Expulsada de la OTAN.
—Expulsada de la Organización de las Naciones Unidas.
El mundo entero escuchaba en silencio.
Pero no había terminado.
— La frase que cambió la historia Elias respiró hondo.
—Francia, al lanzar un arma nuclear contra una capital europea, se convierte en Estado Criminal Global.
Los traductores apenas podían seguir el ritmo.
—A partir de este momento —continuó— todo país del mundo tiene derecho a atacar, invadir, sancionar o intervenir Francia, sin que esto sea considerado un acto de guerra ilegal.
Un murmullo recorrió el planeta.
Eso no se había dicho jamás.
— Francia queda sola En París, el caos estalló.
Embajadas cerraron.
Satélites dejaron de compartir datos.
Sistemas bancarios internacionales bloquearon acceso.
Francia quedó aislada en minutos.
Un general francés gritó: —¡Esto es una sentencia de muerte!
Y lo era.
— Italia habla desde el corazón Marco De Santis apareció en pantalla.
Tenía lágrimas en los ojos.
—No queríamos esto —dijo—.
Pero nadie que ataque a Alemania… nadie que ataque a Europa… merece llamarse aliado.
Miró directamente a cámara.
—Alemania sangró por todos nosotros.
— Reino Unido sentencia El primer ministro británico fue frío.
—Francia ha dejado de existir como actor legítimo.
—Cualquier acción futura será consecuencia de sus propias decisiones.
Nada más.
— El mundo reacciona Países comenzaron a pronunciarse: —“Condenamos a Francia.” —“Reconocemos el decreto alemán.” —“Francia ha cruzado un punto sin retorno.” Incluso antiguos aliados guardaron silencio.
El silencio más cruel.
— Última escena del capítulo Elias Hartmann se quedó solo frente a la cámara apagada.
Italia seguía en línea privada.
Marco De Santis susurró: —Lo hiciste… pero a qué precio… Elias cerró los ojos.
—Al precio que Berlín ya pagó.
Miró una fotografía quemada sobre la mesa.
Berlín antes del ataque.
—Europa vivirá —dijo—.
Aunque yo tenga que cargar con el odio del mundo.
La cámara se apagó.
Fin del capítulo 7
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