Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Capitulo 13 Claro que no es de fiar
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14: Capitulo 13: Claro que no es de fiar 14: Capitulo 13: Claro que no es de fiar Hitogami acababa de percatarse de la existencia de Rudeus.
Una variable…
familiar.
Algo dentro de él se agitó, como si ya hubiera visto ese hilo en el tapiz del destino cientos de veces antes.
Poco a poco, fragmentos de recuerdos emergían: ecos de otras líneas, de mundos que ya no existían.
En la mayoría de ellas, todo era monótono, repetitivo, hasta que apareció el primer Rudeus Greyrat.
Desde ese momento, los bucles no pararon.
Una y otra vez, reencarnaban en ese mismo cuerpo pero no era el mismo alma.
Primero fue un hombre gordo y pervertido de cuarenta años, luego una chica, luego otro chico, y así sucesivamente.
Todos diferentes… pero todos con un mismo núcleo, simplemente no eran suficiente para matarlo.
Esta vez, sin embargo, algo era distinto.
Este nuevo Rudeus le había echo despertar los recuerdos mucho más rápido que los anteriores.
Lo que antes tomaba años o de actos que llevarian a su muerte, ahora ocurrío en cuestión de días.
El primero de todos había sido quien encendió la paranoia.
Tuvo una hija que casi lo mata con ayuda de la actual Diosa Dragón, Erisía.
Esa maldita mujer pensó Hitogami, siempre intentando ganarse el favor de los reencarnados, siempre tratando de llevarlos a su bando.
A veces lo lograba… pero al final, él se encargaba de destruirlos o hacer que ella los matara que era lo que pasaba frecuentemente cuando el les hacia creer que ella era la mala y tenian que derrotarla.
Sin embargo, esta vez no era lo mismo.
El factor Laplace dentro de ese mocoso era más fuerte que en cualquier otro bucle.
Había algo en su alma, una raíz oscura ligada a la esencia misma de la mitad demonio de Laplace.
Y si esa criatura llegaba a aliarse con Erisía, la Diosa Dragón… Hitogami apretó los dientes.
Tenía que matarlo.
Cuanto antes.
—————————————————— —Hola, Lilia— Una voz suave, casi dulce, resonó en la nada.
—¿Q-qué?
¿Dónde estoy?— La mujer miró a su alrededor.
Todo era blanco, infinito, y su cuerpo… desnudo.
—No temas —dijo la voz con una calma que no parecía humana—.
Yo soy Hitogami, el dios humano— Lilia lo observó.
Aquella figura era translúcida, luminosa, y aun así su presencia la oprimía.
Algo en su interior le decía que confiara en él, que sus palabras eran verdad absoluta… sin saber que esa sensación no era suya, sino un efecto de su poder.
—Tengo una misión para ti —continuó el dios, con tono solemne, casi regio — De ella depende el destino de toda la raza humana— Lilia, sin entender por qué, cayó en una rodilla.
—¿Q-qué desea que haga, Hitogami?— —Hay un niño —dijo él, inclinando el rostro con falsa tristeza—.
Su nombre es Rudeus Greyrat— El aire se volvió más pesado.
—¿Rudeus… el hijo de Zenith?— —Sí —respondió Hitogami con voz profunda.—Ese niño no llora al nacer porque no es un humano.
Él es Laplace reencarnado.
El demonio que una vez bañó al mundo en sangre y guerra— Lilia palideció.
—No puede ser…— susurró.
—Sé que cuesta creerlo —dijo el dios con un gesto de compasión fingida.
— Pero si no lo detienes ahora, destruirá a todos los que amas.
Su poder crecerá, y cuando despierte por completo, ya será demasiado tarde— Un silencio helado llenó el lugar.
—Hazlo por Zenith.
Por Paul.
Por el futuro del mundo— Detén a ese niño.
Y con una sonrisa amable, el dios desapareció, dejando a Lilia sola en aquel vacío… con una fe torcida y una misión que jamás debió aceptar.
———————————————— Lilia entró en silencio a la habitación, cuidando que el crujido del suelo no despertara a nadie.
La luna iluminaba tenuemente la cuna de Rudeus.
El niño, con ojos curiosos, la miró.
En su mano temblorosa brillaba un cuchillo.
—Lo lamento, lord Paul… señora Zenith… pero esto lo hago por ustedes…— murmuró.
Alzó la hoja.
Por un instante dudó, pero luego bajó el brazo con decisión… y el filo se detuvo a centímetros del bebé.
Rudeus, sin comprender, soltó una risa alegre y comenzó a juguetear con el cuchillo que ella aún sostenía.
El metal le rozó el dedo.
Una gota de sangre cayó sobre la sábana.
El llanto del niño rompió el silencio.
—¡Rudy!
¿Qué pasa?— exclamó Zenith al entrar corriendo con Paul tras ella.
Encontraron a Lilia junto a la cuna, visiblemente nerviosa, aunque su rostro permanecía sereno.
—Su mano, señora Zenith —dijo con voz firme—Se cortó con algo— —¿Pero cómo, si no hay nada con qué…?— dijo Paul.
—Había una astilla saliendo de la cuna.
El joven amo se lastimó con ella, así que la retiré y revisé el resto para evitar otro accidente.
Zenith suspiró de alivio.
—Gracias, Lilia.
Qué susto me dio el pequño Rudy…— El corte era tan pequeño que nadie sospechó nada.
Lilia salió de la habitación con el corazón golpeándole el pecho.
Esa noche, se acurrucó en su cama y lloró en silencio.
Había intentado asesinar a un niño… solo por un sueño estupido con un dios raro.
———————————————— —¡¡¡Mierda!!!
¡Estúpida mujer!
¿No ves que está fingiendo?— Hitogami gritó, su voz resonando en el vacío blanco.
Que una simple humana desobedeciera una orden suya era impensable.
Usarla otra vez ya no era opción.
Si Lilia había caído en la duda una vez, podía hacerlo de nuevo, y si llegaba a hablar, si advertía a Paul o Zenith… Rudeus podría sospechar.
No valía el riesgo.
Pero lo que Hitogami no hizo esa noche se convertiría en uno de sus mayores arrepentimientos.
Lilia solo necesitaba una confirmación, saber que aquel “sueño” había sido real.
Solo eso bastaba para hacerla matar al niño pero al no volver a verla ella simplemente penso que era un sueño.
──────────────────────────── Hitogami tuvo dos oportunidades más.
Primero, habló a Darius, el primer ministro de Asura, ordenándole que en su plan para secuestrar a Eris Boreas Greyrat también eliminara a Rudeus.
Pero los bandidos fallaron.
Frustrado, el dios intentó algo más arriesgado aconsejar directamente a Rudeus.
Le susurró que debía usar a Laplace, el odio de Ruijerd por el lo haria matarlo.
Casi lo logra.
Pero el maldito Súperd, con su sentido de justicia torcido, decidió observar un poco más… quiso ver el miedo en los ojos del supuesto “Laplace”.
Ese instante de retribucion fue su final.
—¡¡¡Mierda!!!
¡Estúpido gordo depravado, estúpido demonio necio… MIERDAAAAA!— El espacio blanco tembló.
El dios humano golpeó el suelo, furioso, mientras miles de ojos ilusorios se abrían a su alrededor, observando su rabia impotente, los bucles anteriores lo observavan, su fracaso y ellos se vurlaban por que su naturaleza egolatra hacia sentirse superior incluso a sus demas variantes que ahora se regosijaban en sus victorias y se reían de su derrota.
************************************** ¿Orsted es mujer?
Sí, lo sé, se me ocurrió de último minuto.
Pero tranquilos, tiene una razón de ser y verán pronto por qué lo hice y es sobre todo por que era la forma más efectiva de avanzar la historia y que el protagonista suba en la escala de poder sin verse opacado por orsted ya que pienso darle todo un trasfondo al por que de esto.
Además, es un meme muy frecuente entre la comunidad que Orsted es “la cuarta esposa”…
y entre broma y broma, la verdad asoma.
🗿🔥🥵
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