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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 15

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15: Capitulo 14: Factor Laplace de Rudy 15: Capitulo 14: Factor Laplace de Rudy Rudeus miraba con asombro el pueblo, las casas estaban hechas con los caparazones de tortugas gigantes, y los cultivos eran protegidos de las plagas por plantas comeinsectos.

Sin duda, era impresionante.

Además, todos se parecían a Roxy.

—¿Y cómo está Roxy?

—me preguntó Rowin el padre de Roxy, mientras me guiaba por la aldea hacia la cabaña del líder.

—Bien.

En la última carta que me envió dijo que estaba en Shirone, enseñándole a un príncipe malcriado —le conté.

—Bueno, con tal de que esté bien…

Mi hija no me ha contactado en veinte años — dijo con desgana.

Eso me sorprendió.

Ya sabía que Roxy debía tener unos cuarenta y tres años, o un poco más, pero nunca me contó cuál era su esperanza de vida.

¿Acaso viven tanto que veinte años no significan nada para ellos?

¿O Roxy simplemente no se lleva con su familia por su falta de telepatía?

—¿Puedo preguntar cuánto viven?

—dije con curiosidad.

—Unos doscientos años si todo va bien.

Roxy este año cumplirá cuarenta y cuatro, ¿cierto?

—terminó en un tono bajo, con duda.

Parece que realmente no tiene nada de información de ella.

——————————————— El jefe de los Migurd estaba frente a mí, echando humo de una pipa, mientras yo comía lo que parecía una especie de sopa.

No me quejo, estaba bastante rica, sobre todo después de mi última experiencia culinaria.

La carne cruda o cocinada del Superd sin duda era una merienda que no quería repetir.

Había terminado de contarle lo sucedido en Roa, y él me respondió con calma.

—Con que eso pasó…

vimos las estrellas agitarse y el cielo iluminarse anoche.

Seguro que fue un incidente gigantesco.

—Roa está a demasiada distancia, dudo que la explosión fuera visib…

—me detuve.

“Mierda, yo solo vi el inicio…

¿habrá llegado tan lejos?” —Veo que estás empezando a dimensionar la magnitud de ese desastre —dijo el jefe, con el ceño fruncido —Aunque me pregunto qué lo habrá causado…

Y dime, ¿cómo piensas regresar a casa?— —La verdad no lo sé.

Pienso partir mañana, en dirección a la ciudad más cercana— —Ya veo…

—respondió, soltando una bocanada de humo.

—————————————————— Esa noche me quedé a dormir en la aldea con Rokari y Rowin, los padres de Roxy.

Ambos fueron amables, a cambio claro de que les contara mis historias con Roxy.

Aprovecharon también para darme direcciones y advertencias sobre los posibles peligros.

Y ahora estábamos a las afueras de la aldea.

—Toma, lo necesitarás —me dijo Rowin, entregándome una espada corta y unas monedas de chatarra, la moneda local.

—Muchas gracias.

Espero verlos alguna vez más —respondí con una leve sonrisa que fue devuelta por ambos.

———————————————— Antes de irme de la zona, volví y tomé la lanza del Superd y la gema de su cabeza.

Algo en mi interior me decía que debía conservarlas.

Y eso me llevaba al momento actual.

Me estaba atragantando.

La gema roja había caído en mis alimentos restos de una manada de lobos monstruo y, por descuido, mientras comía, se me fue en un bocado.

Tos… tos… Eso era todo.

¿Qué pasará con esa gema?

No tengo ni idea… “Espero cagarla en algún momento” ——————————————— —¡¿Qué mierda?!

—dije una mañana, cuando desperté y noté que una pequeña cola salía de mi espalda baja.

Al final de esta había tres puntas, con la misma estructura que la lanza del Superd.

En mi exaltación, la cola se replegó dentro de mi cuerpo, como si se succionara a sí misma.

—¿Qué mierda le pasa a este mundo…?

—suspiré, resignado, y seguí mi camino.

La espada que me habían dado comenzó a sentirse extraña y, por raro que pareciera, empecé a usar la lanza.

Era poderosa, muy poderosa.

Cortaba como mantequilla cualquier cosa que tocara.

———————————————————— “Con que realmente tenía un límite, ¿eh?” me dije a mí mismo al darme cuenta de que mis reservas de mana ya no crecían.

La verdad, era hora.

Por algo nadie sabía que podían expandirse: a los diez años, los humanos ya no podíamos desarrollar más reservas, lo que significaba que quien no entrenara desde niño se limitaría a lo que le dictaba su nacimiento.

Pero en ese momento lo vi.

Me había concentrado tanto en mis pensamientos que no noté que ya había llegado, fueron cuatro días de caminata y no deceociono.

Era gigantesco, los acantilados rodeaban la ciudad como una muralla natural.

Rikarisu.

Y, por supuesto, decidí entrar.

—¿Por qué tanta seguridad hoy día?

—preguntó un demonio con cara de puma.

—Se han reportado avistamientos de Dead End —respondió un guardia con rostro de reptil.

—¡¿Qué?!

¿El Superd está por aquí?!

L-lo lamento, no sabía eso…— Yo solo escuche, ya que era bueno estar informado.

Pronto estaba dentro de la ciudad.

“¿Un páramo desértico podía tener una ciudad tan viva?

Qué locura” —————————————————— Fui al gremio de aventureros.

Entré tranquilo, sin llamar la atención.

Mi lanza y mi báculo estaban atados en mi espalda, cubiertos por el abrigo noble que ya no usaba.

En el cinturón, la espada corta, no quería que nadie reconociera la distintiva forma de tres puntas de mi lanza.

“Qué fascinante…

“me dije a mí mismo que solo era eso para justificar la enorme atención que le estaba dando a la camarera de tres senos.

—Ahora eres un aventurero de rango F —me dijo ella, mientras rellenaba un formulario.

— Solo podrás aceptar misiones de hasta un rango de diferencia, ¿entiendes?— —Sí, claro —respondí, aún mirando el trio se tetas que practicamente me devolvian la mirada.

Me acerqué a la tablilla de misiones, buscando alguna que pudiera aceptar.

Terminé eligiendo una donde debía ayudar a una mujer con una plaga en su casa.

—————————————————— —Ya, esa es la última — dije, limpiando el sudor de mi frente.

La mujer firmó la tablilla, confirmando el trabajo.

“Es hora de buscar un lugar para dormir”, pensé.

Recorrí la ciudad, impresionado con el castillo central.

Por la noche, reflejaba la luz de la luna con un tono azulado, casi hipnótico.

No tardé en encontrar una posada.

Entré, pagué por una habitación, y justo cuando iba a subir las escaleras, un grupo de tres niños demonio se me acercó.

—Hola, ¿eres un nuevo aventurero, verdad?

—dijo el líder, un chico de piel roja, cabello blanco y un pequeño cuerno en la cabeza.

—¿Eh?

Sí, sí, lo soy— dije.

—Bueno, queríamos invitarte a unirte a nuestro grupo.

Somos rango D.

Podrías hacer misiones con nosotros— —¿En serio?

¡Eso me encantaría!

—respondí con entusiasmo.

Era justo lo que necesitaba, los ingresos de un rango F eran una miseria, y para viajar necesitaría dinero.

—Gran elección, mi amigo.

¡Seremos famosos juntos!

—dijo antes de que los tres se posaran frente a mí y se presentaran con orgullo.

—¡Bachiro!

—dijo el más corpulento, de piel morada y cuatro brazos.

—¡Gablin!

—dijo el chico con cuerpo de ave amarilla.

—¡Kurt!

Y juntos somos…

—gritó el chico de piel roja antes de que los tres, al unísono, proclamaran: —¡Los Rudos de Tokurabu!— —————————————————— Tuve que cancelar mi habitación, ya que ellos, entusiasmados, decidieron alquilar una para cuatro y compartir gastos.

—Bueno, ¿cuál es tu nombre?

¿De qué raza eres?

¿Y qué buscas?

—preguntó Kurt.

—Mi nombre es Rudeus Greyrat.

Soy humano…

y busco dinero —respondí con calma.

—¿Un humano?

¿Qué haces aquí?

—preguntó Gablin.

—Fui atrapado en un desastre de mana.

Me teletransportó aquí, al medio del desierto —expliqué.

—Oh…

¿y cómo sobreviviste?

Seguro fue duro —dijo Bachiro.

—Tuve suerte, sabes…

—respondí con un tono neutro.

Quizás les contaría todo, pero no pronto.

—Entonces, ¿el dinero es para volver?

—preguntó Kurt.

—Sip.

Quiero ir a mi hogar…

¡Quiero hacerme el más fuerte!

—Esta vez mi entusiasmo no fue fingido; ese era mi verdadero objetivo.

—Vaya que eres ambicioso.

Esto es perfecto —dijo Kurt con una sonrisa—.

Sé que dijimos que nos haríamos famosos aquí, pero salir a recorrer el mundo podría ayudar a que nuestra leyenda crezca— dijo mientras miraba a sus amigos — ¡Te acompañaremos en tu travesía!— termino.

“Realmente, un gran líder”, pensé.

—Mañana deberiamos tomar una misión de rango C —dije.

—¿Eh?

No creo que sea buena idea…

sería mejor seguir con las de rango D un tiempo, aún no estamos listos —dijo Kurt, dudoso.

—No te preocupes.

Soy muy fuerte.

Confía en mí— —No lo sé…

eres humano, no creo que hayas vivido lo que nosotros vivimos aquí —respondió, algo desconfiado.

No me ofendí.

Solo sonreí y dije: —Bien.

Mañana, en esa misión de rango D, verás mi fuerza— —¡Hecho!

—dijo Kurt, antes de que los cuatro empezáramos a reír y, poco después, nos quedáramos dormidos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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