Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 16
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16: Capitulo 15: Dead End sigue aquí 16: Capitulo 15: Dead End sigue aquí —Buaaa… —me acababa de despertar, y mi bostezo fue el indicador del inicio del día.
—Buenos días, solecito —dijo una voz etérea.
“Este no es un buen inicio…” pensé.
—¿Qué mierda quieres, Hitogami…?— —Oh, no te pongas así.
Ya sabes que no fue mi culpa, pero estoy seguro de que estás curioso por lo que te pasó ayer— —¿Te refieres a lo de la cola?— —¿Por qué más estarías intrigado, hijo mío?— —Bueno, tengo unas cuantas cosas en mente, pero tienes razón, lo principal es eso— —Bueno, solecito, si recuerdas bien, el lamebotas de Perugius, Arumanfi, mencionó que Sylphiette tiene el factor Laplace— —Eh… sí, lo recuerdo bien— —Pues para que lo sepas, tú también lo tienes, pero el tuyo es mucho más agresivo.
Y, la verdad, me consterna.
Ese factor tuyo hizo que absorbieras la gema roja del Superd e imbuyeras sus habilidades en ti mismo.
La cola que apareció ayer es un claro indicio de ello— —¿Qué?
Deja de bromear, eso es imposible.
Además, los Superd no tienen cola— —Oh, en ambas te equivocas.
Cuando hablamos del factor de Laplace, nada es imposible y los Superd sí tenían cola, al menos en sus primeros años de vida.
Esa cola solía endurecerse con el tiempo y caerse, de ahí su fuerte conexión espiritual con ella.
Pero la tuya, al no ser 100% Superd, simplemente se hará más resistente… pero no se te caerá— “Creo que este tipo de verdad es de fiar… si no, ¿por qué me diría todo esto?
Bueno, es realmente bueno saber que tengo a Dios de mi lado, literalmente.” Hitogami sonrió.
Eso era justo lo que quería.
Su anterior incidente había hecho que Rudeus sospechara de él, y eso no le convenía.
Más tarde encontraría una forma de matar al chico, ya había contactado a Geese, su antiguo apóstol, para que en su nombre reuniera guerreros como Badigadi y Alexander.
Tenía un plan, y desde ahora debía empezar a reunir sus fuerzas para eliminar a Rudeus y a Erisía.
Solo tenía que lograr que Rudeus hiciera un favor más por él, y con eso cavaría la tumba de la mujer dragón.
—Oye, Rudeus, deberías empezar a usar magia mediante círculos mágicos.
Además, te ayudaré a encontrar a un hombre que tiene una espada capaz de manipular la gravedad de verdad.
Tal vez, si la estudias, podrías crear algo propio como tanto has intentado— miro a Rudeus y siguio.
—Y te recomiendo empezar con los círculos mágicos, estos podrían ayudarte a desarrollar un nuevo tipo de magia —dijo Hitogami con una sonrisa serena.
—¿En serio?
¿O sea que si uso círculos mágicos puedo avanzar más rápido?
—¡Exactamente!
No es algo propio de este mundo, pero los que entienden el porqué de las cosas pueden manipular el mana con más facilidad.
Tú, en tu último año de secundaria, estudiaste sobre la regeneración celular, si no supieras eso o si lo hubieras olvidado con los años seguramente no habrías podido usar magia de curación sin canto— —Gracias, eso me ayudará mucho— —Está bien.
Nos veremos otro día, solecito —dijo Hitogami antes de que la oscuridad tragara a Rudeus, y este se despertara… ahora de verdad.
———————————————— —Buenos días, Rudeus —me dijo Kurt mientras se estiraba.
Los demás ya se estaban alistando.
—Me costó despertarte, debiste tener un sueño muy bueno —añadió con una sonrisa.
—Jajaja, sí… realmente fue bueno —respondí, recordando la charla con Hitogami.
Todo el equipo se dirigió al gremio para buscar una misión de rango D.
La elegida era cazar a unos lobos que rondaban las afueras de la ciudad su manada había sido diezmada, y solo quedaban algunos rezagados.
—Bien, esta misión será una prueba, chicos.
¡Demostraremos que no somos unos don nadies!
—dijo Kurt con entusiasmo, animando al grupo.
Pero antes de que pudiéramos registrarla, una sombra se interpuso frente a nosotros.
—Oye, mocoso, no te emociones tanto.
¿No ves que tienes a un novato en tu grupo?
— dijo un hombre con cuerpo de caballo mientras nos arrebataba la tablilla de la misión.
—¡Oye!
¡Devuélvenosla, nosotros la encontramos primero, Nokopara!
—reclamó Kurt con furia.
—Cálmate, mocoso.
Si ninguno de ustedes puede quitármela, no son dignos de— No alcanzó a terminar.
Mi puño ya había impactado en su estómago, dejándolo sin aire y con los ojos en blanco por el dolor.
—No digas estupideces, cara de mierda —le solté con calma.
—¡Maldito mocoso!
—bramó Nokopara, lanzando un golpe con furia.
Pero algo dentro de mí se encendió… lo sentí, el poder del Superd.
Esquivé su ataque sin esfuerzo, y lo miré fijamente.
—¿Q-Qué mierda…?
—balbuceó, paralizado.
Algunos de mis mechones blancos, aquellos que había ganado de niño por agotar mi mana tantas veces comenzaron a teñirse de un verde brillante, igual que el cabello distintivo de los Superd.
En ese momento, el miedo lo invadió.
La maldición del odio, grabada en las lanzas de esa raza, se manifestaba a través de la gema que yo había tragado.
Nokopara empezó a temblar incontrolablemente, presa del pavor ancestral que esa maldición inspiraba en todos.
—P-Perdóname… toma la misión —murmuró con voz temblorosa, antes de salir corriendo del gremio, casi tropezando.
—————————————————— —¡Eso fue increíble, Rudeus!
Realmente le diste una lección a ese imbécil —dijo Gablin, el niño con cuerpo de pollo, agitando las alas emocionado.
—Jeje, gracias, no fue nada… solo debía ponerlo en su lugar —respondí con una sonrisa tranquila.
Mientras los demás reían y comentaban la escena, me di cuenta de algo curioso.
En esta vida… y prácticamente en toda la anterior, nunca había tenido una amistad masculina.
Era extraño.
Pero con ellos, con Kurt, Bachiro y Gablin, podía relajarme por completo, sin miedo, sin máscaras.
Y eso… eso era todo lo que necesitaba por ahora.
————————————————— Todos esos sucesos terminaron con nosotros cumpliendo la misión, y por supuesto, yo luciéndome un poco con mi espada y mi magia sin canto.
—¡Ese era el último!
—gritó Kurt, con una sonrisa de satisfacción.
—¡Eres muy fuerte Rudeus!—dijo Bachiro, alzando sus cuatro brazos.
—¡Si, lo mejor fue lo que hizo con el fuego!
Lanzaba llamas sin decir ni una palabra —exclamó Gablin, aún sorprendido.
—¡Oye, Rudeus, tienes que enseñarnos a hacer eso con la espada!
—dijo Kurt, con los ojos brillando de emoción.
—Gracias, no fue nada —respondí con una sonrisa tranquila.
Definitivamente esté grupo era lo mejor que me paso desde que llegue a esté continente.
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