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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 25

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25: Capitulo 24: ¿Hitogami lo logro?

25: Capitulo 24: ¿Hitogami lo logro?

Rudeus presionó el muñón sangrante con fuerza.

El gesto de dolor hizo que el cardenal sonriera, mientras la lanza caída se teñía rápidamente de rojo.

—No te resistas —dijo el cardenal con calma perturbadora —Lord Milis te perdonará si te sometes a Su santa voluntad— —Maldito hijo de perra…— —Esa boca blasfema tuya ya me está cansando.

Pero no te preocupes, Milis es misericordioso —levantó la daga con solemnidad —Incluso contigo y tu alma corrupta— Rudeus se lanzó a un lado, tomó la lanza y retrocedió como pudo.

No tuvo tiempo de reaccionar cuando un espadachín surgió de entre los arbustos y atacó sin aviso.

El instinto lo salvó levantó su brazo herido para cubrirse.

La hoja penetró… y el mundo se volvió rojo por un instante.

Solo gracias a una patada logró desviar el golpe lo suficiente para evitar un daño fatal.

El atacante retrocedió.

—Mocoso insolente —escupió el espadachín—El cardenal solo desea salvar tu alma— —No quiero tener nada que ver con su estúpida religión, malditos idiotas…— Los tres santos que quedaban lo rodearon con una distancia considerable.

La emboscada era perfecta.

Entonces uno de ellos se quitó la máscara, revelando un ojo azul que brilló en la oscuridad, era un ojo demoniaco, el mismo de Ghislaine.

—Tiene reservas de maná enormes —advirtió el mago— Y por lo tanto resistencia para igualarlas.

¡Agótenlo primero!— —No ataquen a matar —ordenó el Rey de la Espada — Prioricen nuestra seguridad.

Luego podremos realizar el ritual de purificación— Con su magia sellada, Rudeus entendió que no debia dudar.

Se lanzó hacia donde estaba Kurt.

Y lo levantaría para huiría.

No permitiría otra muerte, mucho menos su mejor amigo.

El cardenal intentó interceptarlo, pero la velocidad de Rudeus fue superior.

Abrazó a su amigo contra su pecho, sin importar el dolor del brazo incompleto.

—¡No dejen que escape!

—gritó el cardenal.

El grupo se lanzó en persecución.

E incluso sorprendentemente, el mago seguía el ritmo de los espadachines.

Pero lo más preocupante era la distancia que acortaba el Rey de la Espada.

El mago se desvió hacia la izquierda.

Los otros dos santos, a la derecha.

Una luz surgió a su costado.

Rudeus volteó.

Error.

No era fuego.

Era luz pura.

Un destello que quemó su visión y destruyó toda concentración posible.

“Imposible, solo yo en este mundo deberia conocer el concepto de fotones para lanzar magia sin luz e incluso la uso sin canto, el sabe como funciona de alguna manera, y nadie mas que yo o Sylphiette deberiamos saberlo” No tuvo tiempo de recuperarse cuando algo lo alcanzó desde la oscuridad, una cadena salio del otro lado y justo cuando la termino de analizar la hoz al final de esta ya había atravezado su pierna.

El tirón fue brutal.

Rudeus cayó.

Rodó.

Sintió cómo Kurt se le escapaba de los brazos y termino a unos 6 metros lejos de el y por el repentino movimiento Kurt se desperto.

—¿Ah?¿Que sucede?— decia Kurt muy aturdido.

—¡Rapido tenemos que escapar!— le grite.

Rudeus se arrastró hacia él… pero una sombra descendió detrás de Kurt.

El Rey de la Espada.

La daga bajó rápido.

Demasiado rápido.

—¡NOOO!

—el grito desgarró su garganta, intentando usar la caracteristica habilidad del clan bestia pero lo único que salió fue sangre al sus cuerdas vocales no estar reforzadas.

Kurt cayó, inerte.

Sus ojos, aún abiertos, ya no veían, su brillo blanco era toda la confirmación nesesaria.

Rudeus dejó de sentir el frío.

Solo rabia.

Solo odio.

Los cuatro hombres se reunieron ante él.

El cardenal llegó después, satisfecho.

—Bien hecho, hijos míos.

—Alzó los brazos hacia el cielo.— Hoy, con esta muestra de su valia formáis el Escuadrón Especial Anti-Laplace.

Milis está complacido— La muerte de Kurt… celebrada como un ascenso.

Lo sujetaron.

Una presión insoportable lo inmovilizó.

El cardenal sacó varillas metálicas cuatro negras y una blanca, casi brillante.

Realizaron un símbolo en el suelo con su sangre.

Rompieron de una sola vez sus 4 extremidades, pero el no grito, solo los miro con odio.

Lo colocaron boca arriba en el medio del circulo.

—A pesar de tus pecados —recitó el cardenal— yo, como voluntad de Milis, te perdonaré… liberándote del mal que te corrompe— Una varilla se hundió en su pierna izquierda.

Y otra.

En su pierna derecha.

Y otra.

En su mano izquierda.

Y otra.

En su antebrazo a falta de su mano.

Rudeus no gritó.

Gritar solo hacía que todo doliera más.

La varilla blanca se posó en su abdomen.

—Aquí entró Laplace.

Aqui se contendra su esencia.

Muchacho, siéntete honrado, reencarnarás como un humano limpio y libre de pecado.

La varilla descendió.

Silencio.

—Akata, Kiza, Rey, Kenji, habéis servido bien.

Entiérrenlo —ordenó el cardenal con indiferencia.

Antes de que lo arrastraran, Rudeus gruñó con una voz rota pero firme.

—Akata…

Kiza…

Rey…

Kenji…

Cardenal…

Los recordaré…y los mataré…— Nadie respondió.

¿Quién escucharía a un muerto?

Lo arrojaron a una fosa recien creada por el mago.

Las armas manchadas con sangre siguieron su caída, enterrandose en su estomago, pierna y hombro.

La tierra comenzó a cubrirlo.

La oscuridad cerró su mundo.

Y Rudeus se apagó.

—————————————————— Paul estaba echado en su cama, despierto por la culpa de no haberse reconciliado de mejor manera con Rudeus.

Las paces que hicieron fueron muy secas para él.

—No te sientas triste, justo ahora tienes una nueva oportunidad para enmendar tu error— Paul se giró, agarrando su espada al lado de su cama para ponerse en guardia.

En la ventana abierta había un hombre sentado con una máscara que tenía dos orificios circulares para los ojos.

La macabra sonrisa tallada en la máscara hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Paul.

—¿Quién eres y qué mierda quieres?— —¿Yo?

Jejeje… solo soy un humilde benefactor de tu hijo.

Por favor, no seas tan agresivo, si no, no te diré cómo salvarlo— —¿Salvarlo?

¿Qué hiciste?— —Yo, nada.

Pero hay alguien que le puso el ojo… y ya terminó su labor.

Si quieres que tu hijo siga vivo, por favor ve al bosque y sigue los rastros de batalla después del árbol número cincuenta y siete, frente de la entrada sur de la ciudad para ser exactos y busca algun lugar con al tierra blanda— —¡Qué mierda dices!

¿Cómo sé que no me estás engañando?— —Tú decides si confiar o no— Un fuerte ruido de rasguños enterrandose en la madera se escuchó a las espaldas de Paul, y rápidamente se giró.

En el suelo había marcas de arañazos bastante profundas.

—Se te acaba el tiempo— dijo la voz.

Paul volteó para hablar, pero la ventana ya estaba vacía.

——————————————————— Bajo la luz de la luna, tres figuras montadas a caballo salieron a gran velocidad hacia el bosque.

Paul estaba tenso, y atrás de él, Vierra y Sierra lo seguían sin entender a dónde iba, pues simplemente había salido de su cuarto en medio de la noche sin decir nada.

Cuando llegaron al bosque, Paul desenvainó su espada y empezó a hacer cortes en los árboles, contando cada tajo como una marca.

Al llegar al número 49, distinguió a lo lejos los rastros de un combate… y algo que lo llenó de terror, una mano medio quemada.

Lo que lo inquietó no fue la mano en sí, sino que era demasiado pequeña… imposible que fuera de un adulto.

Paul se cubrió la boca, pero siguió el rastro.

Muy pronto se encontró con el amigo de su hijo tirado en el suelo, sin vida y con el cráneo abierto.

Se agachó cerca del cadáver y empezó a remover la tierra con desesperación.

Vierra y Sierra llegaron poco después… quedando horrorizadas ante la escena.

Aquello parecía sacado de un cuento de terror.

Paul no tardó en notar un punto con tierra más suave que el resto.

Sin pensarlo empezó a escarbar con sus propias uñas, hasta encontrar primero la cadena de la kusarigama… y siguiendo ese rastro, finalmente encontró el rostro de su hijo.

La hoz de la cadena seguía clavada en su hombro.

Sierra y Vierra se apresuraron a ayudar.

Aun con el dolor de desenterrar un cuerpo sin palas, continuaron hasta sacarlo de allí.

Y lo llevaron a caballo para evitar que muriera por sus heridad.

——————————————————— Desperté en una cama.

Una vela a un costado y la ausencia de ventanas me indicaban que estaba en un sótano.

Quité lentamente la manta y me encontré con mi cuerpo maltrecho y lleno de vendas.

Mi mano derecha… mi mano dominante… ya no estaba.

El muñón de mi pierna, el recuerdo del filo y de esas varillas clavándose… Pero nada dolió más que lo que vino a mi mente después.

Kurt estaba muerto.

Con Bachiro y Goblin me dolió… pero Kurt era diferente.

Era más que un amigo.

Era un hermano.

Mi hermano pequeño.

Quien debía proteger… y murió por mi culpa.

El continente demonio era peligroso, sí… pero allí solo debíamos cuidar nuestras espaldas.

Aquí, en cambio, lo asesinaron cruelmente porque yo le traje desgracia.

Me cubrí el rostro con la mano que aún me quedaba.

Las lágrimas seguían brotando sin parar, y mis sollozos solo me hacían sentir más miserable.

El sonido metálico de una lamina metalica que intuyo era una bandeja al caer al suelo me hizo levantar la mirada… y de pronto sentí los brazos de mi padre rodearme con fuerza.

—Perdóname, Rudy.

Yo provoqué esto… es mi culpa…— —¿De qué hablas?

—pregunté sin entender.

—Mi amigo tenía razón… Soy un maldito idiota.

Debí protegerte.

No debí reprocharte nada… Realmente sucedio como dijo, si te hubiera visto así antes, no tendría nada de qué culparte… Perdóname…— Su voz era un desastre… llena de dolor y arrepentimiento.

Lo abracé como pude, pero al notar la falta de mi mano, él lloró aún más fuerte.

Luego de calmarnos, le conté lo que pasó, omitiendo nombres y al cardenal.

Los puños de Paul se apretaron y decidió que yo no saldría por miedo a que el que me atacó, si me veía, volviera a hacerlo.

──────────────────────────── —Rudy, con cuidado —dijo Paul mientras me servía de apoyo para caminar hacia mi silla en la mesa.

La gente de Paul estaba ahí.

Todos me miraban con lástima y eso solo me hacía sentir peor.

Norn, en cambio, simplemente me miraba fijamente, más específicamente a mi muñón.

Suspiré e intenté agarrar la cuchara, pero se me resbaló al darme cuenta de que tendría que hacerlo con la mano izquierda.

Eso solo hizo que Paul bajara la mirada.

Torpe era todo lo que podía describir mi intento por comer, y eso se volvió el pan de cada día por una semana, algo que me impidió poder asistir al improvisado entierro que le hicieron a Kurt en las afueras de Milis.

Algo más es que mi magia había vuelto.

Al parecer solo era un círculo de bloqueo con un tiempo limitado, pero el mago del grupo de mi padre se sorprendió al saber que había bloqueado completamente mi mana, algo que solo podría hacerse parcialmente a menos que conocieras la configuración especializada del mana de una persona.

Pero eso ya me daba igual.

Lo único bueno en mis días era la pequeña Norn.

—Hermanito, ¿sigues deprimido por lo de tu mano y pie?

—preguntó sin filtros.

—Bueno… sí —dije con calma, sabiendo que no era con malicia.

—¿Tú tienes un sueño?

—Preguntó.

—Sí… bueno, tenía.

Era ser el ser más poderoso de este mundo— —Si salgo herida como tú, ¿también deberé renunciar a mi sueño?— Eso fue como un balde de agua fría.

Y respondí: —¡No!

Debes encontrar la manera de cumplir tu sueño— —Entonces, ¿por qué no lo haces tú?— Me quedé frío.

—Ahora lo haré— Me dejé caer de la cama y amortigüé la caída con una ráfaga de aire antes de acercarme a los lápices de Norn.

En una hoja, empecé a idear una prótesis que pudiera usar para dejar de ser el deprimente minusválido que era.

Y empeze a dibuhar distintas formas para crear una pie y una mano rudimentarias que me pudieran ayudar, llevó toda la tarde, pero logré hacer un boceto y también dibujé las piezas.

Así que cuando llegó Paul se lo entregué y le dije para qué eran.

Vi los ojos de Paul iluminarse y abrazarme antes de decirme que enseguida se lo entregaría al mejor herrero de Milis.

“Parece que no soy al único al que le entusiasma la idea de que deje de ser un maldito inválido.” ──────────────────────────── Solo tomó tres días.

Las piezas estaban listas y no tardé, con ayuda de Paul, en armar la rudimentaria pierna, la isimos super practica para el combate con resortes amortiguadores e incluso, con mis círculos mágicos, logré hacer que pudiera responder a señales nerviosas para moverse como un pie normal.

Luego seguí con mi mano.

Esta, de la misma manera con más círculos para poder hacer que mis dedos se movieran.

Luego de eso lo que siguio fue acomodarme, la sensilles aunque molesta en algunas acciones complejas para mantener el equilibrio me permitia mandar con facilidad y conciencia los impulsos a los circulos nesesarios para poder moverme con naturalidad.

Y en cuestion de una semana pudo volver a moverme de manera natural al caminar, deje de depender de mi padre para moverme y volvi a ser libre.

Lo que me llevó a entrenar esgrima con Paul.

Mis habilidades empezaron a mejorar, pero cuando quise presumir una vez más la habilidad de sacar las características superd… desaparecieron.

Mi cola ni la gema de mi frente y me desesperé.

Intenté sacarlas con todas mis fuerzas, pero solo terminé agotandome mandando cantidades ingentes de mana a mi espalda baja y frente.

Mi padre me llevó a mi habitación y al despertar decidi contarle la parte de la varilla blanca y cómo el que me atacó era el cardenal.

Paul solo apretó los puños, el cardenal era intocable y me dijo que encontraríamos la manera de matarlo y deshacer lo que me pasaba.

Yo solo le sonreí realmente esta era mi familia.

La siguiente semana seguí practicando.

La falta de mis habilidades robadas no incluía mi aura de batalla, lo que me permitió seguir fortaleciéndome en esta área.

Y, a su vez, en las noches terminé de perfeccionar los círculos pedidos por Hitogami para Aleksander.

Uno podía hacer que cualquier cosa pesara 10 veces más por 3 minutos una vez colocado, y el otro podía crear un campo gravitacional momentáneo en un objeto, con posibilidad de activarse 3 veces por 4 segundos cada vez en intercalos variados aumentando su sorpresividad y alargando el tiempo de posible accion.

Por último, en el día 26 después del incidente con el cardenal, hice algo que a mi padre lo dejó estupefacto.

Repliqué, en medio de nuestro combate, la Espada Larga del Silencio.

Esta la había visto ser hecha no solo por Ghislaine, sino que el Santo de la Espada del cardenal me refrescó la memoria.

Y eso me marcó oficialmente como Santo en ese estilo.

—Rudeus, por favor… ve al Santuario de la Espada apenas termines tus estudios en Ranoa.

Quiero que explotes ese talento con la espada y domines ese estilo —dijo mirándome con orgullo mientras me agarraba de los hombros.

Y eso marcó mi viaje hacia el continente central para buscar, en el norte, a mi familia.

************************************************* Mini nota del autor: esta es una extensión del cap porque me gustaría que estos no fueran tan cortos de ahora en adelante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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