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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Capitulo 25 Emboscada
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26: Capitulo 25: Emboscada 26: Capitulo 25: Emboscada —Adiós, hijo —me dijo Paul mientras me abrazaba con fuerza.

Yo solo le devolví el abrazo antes de ponerme la máscara que compré en mis primeros días en Milis; esto me permitiría viajar sin ser detectado por el Cardenal.

Mi vestimenta era distinta: llevaba el típico polo de aventurero blanco con costuras en forma de “V” en el cuello.

Mi escudo estaba guardado en mi mochila para evitar sospechas, y mi lanza, cubierta con una manta, parecía solo un báculo cualquiera.

—Cuídate, onii-chan —dijo Norn al lado de mi padre.

Me agaché para abrazarla ella se aferró a mí un instante antes de soltarme y decir —Encuentra a la familia y cumple tu sueño, onii-chan— Esa simple frase me sacó una sonrisa.

Sin permitir que el momento se volviera aún más difícil, comencé mi partida Tras una pequeña caminata, llegué a la tumba de Kurt, mi primera visita desde su muerte, la muerte mas dolorosa hasta ahora, no fue la muerte de un amigo, el ya era mi hermano.

—Hola amigo… perdóname por no visitarte antes…Te pido disculpas… Por mi culpa moriste, y también Bachiro y Gablin… Sin mí les hubiera ido mejor— dije y me quite la mascara antes de continuar.

—Solo quiero que sepas que todo lo que haré será en tu memoria.

No solo seré el más fuerte, sino que hare que mi nombre resuene.

Por eso, también usaré tu nombre de ahora en adelante, cada vez que use esta máscara… —terminé mientras me volvia a colocar la máscara que usaba para ocultarme del cardenal.

A mis espaldas, una figura alta e imponente apareció.

—Vengo por el pago— Me volteé, y espete molesto.

—Aún faltan dos meses para el plazo de los dos años— —Hitogami me dijo que ya lo tenías— —Ese bastardo…— —No hables así de él.

Además, me dijo que pronto hará un hueco en su apretada agenda para visitarte en sueños— —Lo que sea… —respondí mientras sacaba de mi mochila los círculos mágicos enrollados y se los arrojaba.

Aleksander desenrollo los circulos y verifico que rubieran un contenido coherente antes de decir —Con esto nuestra deuda está saldada.

Te veré luego.

Pienso visitar a alguien para comprobar mi fuerza— No respondí.

Al ver eso él se dio la vuelta y se marchó.

–––––––––––––––––––––––––––––––––––––––– Al diá siguiente Aleksander caminaba por una enorme pradera.

El trato se había cumplido como esperaba, y ahora era hora de pelear contra su tío, Randolph Marianne, la Quinta Potencia Mundial.

Su tío era discreto y el nunca lo hubiera encontrado solo pero gracias a Hitogami sabía que actualmente trabajaba como cocinero en el Reino del Rey Dragón aunque no precisamente por su buena sazón.

El viaje habría sido largo, de no ser porque su benefactor le indicó la ubicación de un círculo mágico de teletransportación, el cual lo dejaría a solo cuatro horas corriendo de su destino.

Ingresó en una cueva que escondía una vieja catacumba.

El círculo mágico grabado en el suelo era la única prueba de su verdadera función.

Aleksander se agachó y comenzó a modificar los símbolos tal como Hitogami le enseñó.

Al terminar, lo activó.

Un destello de luz lo transportó… a una cabaña destartalada.

Se dirigió a la puerta, pero en ese instante, cuatro cadenas surgieron del suelo intentando atraparlo.

Aleksander, rápido como nunca, desenfundó su espada y cortó las cadenas antes de verso atrapado.

Luego retrocedió con una pirueta que rompió el techo de la cabaña y cayó en medio del bosque.

—¡¿Quién anda ahí?!

—rugió, buscando con la mirada a su atacante.

Entre los árboles, emergió una figura enmascarada.

Vestía una bata larga con capucha.

Del orificio del ojo derecho de su máscara brotó una luz azul etérea.

La sonrisa tallada en la máscara era perturbadora.

—¿Quién eres?

—repitió Aleksander.

El sujeto no respondió.

Aleksander tuvo que moverse de inmediato al sentir el suelo elevarse tras él, alguien más había emergido, una espada paso a escazos milímetros de su nariz cuando el callo hacía atras para esquivar, en ese momento pudo vislumbrar los rasgos del atacante numero dos.

Una cola de Súperd salía de su espalda, algo que solo era propio de Rudeus al los Superd estar extintos, pero este hombre era demasiado grande para ser Rudeus, medía más de 1.80, tenía vello facial y su cabello era completamente blanco.

De su ojo izquierdo brotaba el mismo brillo que el del enmascarado.

—¡¿Quién mierda hijo?!

— grito una tercera vez.

Y como dicen…

a la tercera es la vencida.

—Cálmate, mocoso.

Estás frente a la segunda avenida del Dios Demonio Laplace.

Escucha nuestras demandas y podrás irte casi ileso —dijo el enmascarado, con una calma escalofriante.

Aleksander se quedó atónito.

¿Laplace?

¿Se atrevían a anunciar tal calamidad?

—¡¿Qué mierda dicen?!— De las mangas del enmascarado surgieron dos cadenas, una terminaba en un martillo y la otra en una daga cuya forma aún no se distinguía bien, probablemente una daga o algo así— El peliblanco sacó una hoz de su espalda.

Luego se quitó la bata, revelando un torso cubierto de decenas de cicatrices.

Descalzo, solo vestía un pantalón negro holgado sujeto por vendas en las pantorrillas.

Su cabello blanco caía como una melena salvaje agitándose en el viento.

—Tranquilo.

No queremos mucho de ti… solo un poco de tu carne —dijo el enmascarado con inquietante tranquilidad.

—¡Están locos si creen que dejaré que me toquen!— Ellos no espetaron, solo decidieron no hablar más.

Ambos cargaron contra él.

Aleksander golpeo el suelo levantando una nube de polvo.

El enmascarado retrocedió de un salto, pero el peliblanco se lanzó sin dudar dentro de la nube.

“Perfecto, separados serán más fáciles de manejar” Un ataque vino desde la oscuridad, Aleksander lo esquivó, pero tres bolas de fuego lo persiguieron inmediatamente.

Notó que las llamas estaban siendo guiadas por cadenas, el enmascarado controlaba la fuente del fuego a través de las cadenas que salian de entre sus mangas molestando cobstantemente a Aleksander mientras aún tenia que mantener a raya al peliblanco.

Aleksander frenó de golpe, esquivando por centímetros, esto termino con el fuego teledirigido estallando contra el suelo, levantando una nube de ceniza aún más espesa y dejando ahora si cero visibilidad.

Una oportunidad perfecta.

Se escabulló usando técnicas de sigilo y atacó por la espalda al peliblanco, pero este, pese a no verlo ni oírlo, lo esquivó y lanzó un rugido atronador que lo envió volando contra una roca, partiéndola a la mitad.

Sin darle respiro, el peliblanco cargó otra vez.

En un parpadeo, la punta de su hoz estuvo a punto de degollarlo, pero Aleksander bloqueó y retrocedió para tomar mejor posición.

Entonces ocurrió lo inesperado: La daga en cadena fue lanzada, atravesando al peliblanco.

Aleksander tuvo que moverse a la izquierda para evitar la cadena que ahora imposibilitaba el movimiento hacia la derecha.

Pero otra daga volvió a atravesar el cuerpo del peliblanco, incrustándose en su hombro y luego en el suelo.

Aleksander no pudo liberarse, la daga estaba anclada como si millas de raíces la sostuvieran bajo tierra.

Más cadenas lo rodearon y lo inmovilizaron.

Con su mano libre comenzó el canto para usar la habilidad de gravedad de Kajakut… Pero una tercera persona apareció de entre el polvo y cenizas de la nada y corto su brazo, aquel con el que empuñaba la espada.

—¡Mghh!— gimió, el dolor atravesándolo como fuego.

Los tres lo rodearon.

Ahora era un prisionero impotente.

—Eres muy fuerte.

Mereces el título de Séptima Potencia —dijo el enmascarado con respeto frío.

Aleksander los miró con puro odio… hasta que una mano le tomó el rostro y le arrancó el ojo izquierdo.

—¡AAAAAH!

—el grito brotó, desgarrador.

Y aún no había terminado el suplicio.

El enmascarado saco un cicel y Aleksander en ese momento se dio cuenta que las armas con las que lo derrotaron eran simples ciceles.

El abrió el abdomen con un tajo limpio y arrancó un pedazo de sus entrañas.

—Con eso será suficiente—sentencia, satisfecho.

Los tres asintieron mientras reemplazaban su ojo con otro conservado en un líquido verde dentro de un frasco en un movimiento ágil.

Aleksander estaba atónito mientras se acostumbraba a la sensación.

Ademas…

si no querían matarlo…¿Para qué todo esto?

—Te dejamos estos presentes para que no estés triste.

Te ayudará a vencer a la Quinta Potencia— continuó el muchacho, la figura más pequeña entre los 3 que era una calca de Rudeus, solo que más maduro y con el cabello menos largo, dejando caer una espada ancha pero muy corta conectada a una cadena, además de dos pergamino de sanación de nivel Rey.

—Esta hoja se adapta muy bien a tu estilo.

Y con el hechizo del pergamino, podrás regenerar tu brazo y estomago rápido— Y así, los tres emprendieron su camino sin mirar atras.

*********************************************** Nota del autor: Posible actualización de este capítulo y el anterior para refinar detalles y lograr que la historia tenga mayor fluidez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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