Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Capitulo 26 Hitogami no tiene buena suerte
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27: Capitulo 26: Hitogami no tiene buena suerte 27: Capitulo 26: Hitogami no tiene buena suerte La travesía por el continente Milis fue mucho más breve que la del continente demonio.
Gracias al dinero que me dio Paul, solo tuve que reservarlo para mi transporte hacia el continente central.
Ya estaba a solo un día de caminata de mi última parada en este continente.
Había estado acampando donde podía y cazando animales para comer durante todo el camino.
La verdad, fue un viaje tranquilo, lo que me permitió verificar mis avances con la magia de gravedad.
Por fin sentía que la gravedad pura comenzaba a servirme.
Al tocar algo e infundirlo con mi maná, podía hacerlo más pesado.
Además, al liberar un campo gravitatorio usando el principio de imanes con el mismo polo, lograba repeler ataques y objetos.
Aunque esa parte aún era muy deficiente, tenía que inbuir mi alrededor con mana para que este isiera el efecto y para rellenar el espacio era un poco lento… tendría que practicar mucho más para usarla en combate de forma eficaz.
Y aquí estoy.
Acabo de entrar a la ciudad portuaria West Port, el segundo puerto del continente Milis y el principal en temas de comercio, ya que conecta a los humanos de Milis con los del continente central.
Recuerdos de Wind Port llegaron a mi mente.
El olor a sal y madera mojada llenó mi nariz, los aventureros borrachos fuera de las tabernas y los barcos pesqueros… todo era igual y recorde el breve pero feliz momento cuando mi grupo estaba completo.
Un sacerdote se paró en medio de una multitud a predicar.
Por alguna razón, aquello me inquietó.
Hace solo un mes, un tipo que aseguraba haber visto a Milis en sueños intentó asesinarme.
—¿Acaso en este mundo es común que las deidades te visiten en sueños?
—me pregunté, recordando al rostro de mármol que solía visitarme con frecuencia… o al menos antes de Milis.
Decidí pasar la noche allí.
Había llegado a mitad del día, y buscar una embarcación de noche o madrugada no sería muy factible.
——————————————————— —Buenos días, solecito —dijo el ya conocido Hitogami, con su rostro justo frente al mío, mientras yo estaba recostado en el suelo de ese paisaje etéreo.
—¿Qué quieres?
—pregunté.
—¿Qué?
¿Ya no puedo visitar a un amigo?— —Llevas tiempo sin aparecer— Rudeus estaba molesto.
“¿Por qué no me dijo nada de que había otra maldita deidad que odiaba tanto a los demonios y sobre todo a todo lo que estubiera relacionado a Laplace?” Hitogami leyó mis pensamientos.
Su habilidad para leer mentes y manipular se volvía más precisa conforme obtenía más recuerdos de otras realidades.
—Perdóname, hijo mío… te he fallado— dijo agachando la cabeza.
—¿Hm?— —He estado muy ocupado con mis propios asuntos y no pude prever lo que les pasaría a ti y a tus amigos.
Te doy mis más sinceras disculpas por sus muertes— El rencor en mi pecho disminuyó un poco, y Hitogami continuó: —También lamento no haberte dicho nada sobre Milis… No esperaba que Milis te reconociera como alguien con el factor Laplace…De hecho, también te habría recomendado no usar esa cola tuya ni la gema, mucho menos presumirla.
Eso permitió que te reconocieran de inmediato en la taberna…— —¿La taberna?— —Tu conversación con tu padre fue escuchada por un hombre en la barra, que era un contacto del cardenal.
Gracias a él y una descripcion tuya, el cardenal pudo identificarte de inmediato y organizar el ataque.
—Dime algo… ¿cómo sabían qué configuración tenía mi maná?
Me enteré de que para bloquearlo de ese modo necesitaban conocer mi patrón de maná exacto— —Oh, ese es uno de los poderes de Milis.
No ve con ojos, sino persive mana, puede ver tu maná como si tuviera un ojo mágico extremadamente avanzado.
Es casi como la combinación de la gema roja que usabas y ese ojo demoniaco de percepcion tuyo— —Ya veo…— Con lo que dijo Hitogami, todo cobro sentido.
—Te diría que evites usar las habilidades que te otorga el factor Laplace, pero ya no puedes.
Esa vara blanca lo selló por completo.
Fue creada hace unos años como un prototipo imperfecto para sellar a Laplace si algún día regresaba— —¿Sabes cómo funciona?
¿Puedes decirme cómo quitarlo?— —Me temo que es imposible retirarlo una vez insertado… o al menos, hasta donde yo sé— —Entiendo… ¿Hay algo más que quieras decirme?— —Más que todo, información.
Sé que planeabas usar contrabando, pero ahora que todas tus habilidades están selladas, junto con lo del clan bestia, podrás pasar como un humano común por el detector de raza— —Eso es una muy buena noticia— —Y además, ten cuidado con lo que dices y con lo que haces.
La influencia del cardenal aquí es mayor que la del papa.
Hay más seguidores suyos en esta región— —Gracias…— Rudeus comenzó a desvanecerse lentamente.
Y finalmente desperto.
——————————————————— Rudeus se fue.
Hitogami mostró la expresión de ira más grande que había tenido en mucho tiempo.
Él lo odiaba.
Lo odiaba con todo su ser.
Esa alimaña no moría sin importar qué hiciera.
Su única esperanza era matar a Erisia.
Rudeus se hacía más fuerte con cada obstáculo, y ahora no solo tenía que lidiar con él y con Erisia, sino también con esos tres hombres.
Días después del incidente de la teletransportación, Hitogami ya había recuperado una enorme cantidad de memorias.
Como si aquel desastre hubiera sido un catalizador… y de hecho, lo fue.
Pero entonces, tres fuentes de maná colosales se materializaron de la nada.
Su percepción las detectó al instante.
Incluso con su visión del pasado, presente y futuro, logró verlas antes de que desaparecieran, bloqueadas por un artefacto similar a la maldición de Erisia que era lo que la impedia verla.
Lo que alcanzó a ver fue inquietante.
Un círculo mágico… con bucles de tiempo… un destructor/manipulador del espacio-tiempo.
La realidad comenzaba a resquebrajarse grietas pequeñas pero devastadoras.
Y nuevos recuerdos lo invadieron.
Líneas temporales completas.
Y lo peor de todo… una versión de su casi propia muerte.
Un Rudeus que trascendió el reino mortal.
Uno que se volvió indiscutiblemente más fuerte que Erisia.
Uno que, por pura suerte para Hitogami, fue sellado por uno de sus propios hijos.
Hitogami tembló.
Y el Rudeus actual… tenia un factor Laplace que lo podria hacer aun mas aterrador.
El miedo lo obligó a acelerar todos sus planes.
No solo debía matar a Erisia.
Rudeus… también tenía que morir y ahoar el era prioridad.
Hitogami aceleró todo.
Además de indicarle a Rudeus que preparara las trampas para Erisia, decidió que también tenía que matarlo.
Más temprano que tarde.
También convenció a un enano talentoso, descendiente del linaje del Dios del Metal, para que forjara una vara especial.
Un arma capaz de conducir maná y soportar la inscripción de un círculo mágico de alto nivel sin romperse.
Luego envió a Geese, su apóstol más fiel, aunque ahora casi inútil tras haber revelado su identidad en uno de los bucles, en la busqueda de un sello antiguo, diseñado específicamente para suprimir el mana natural de Laplace bloqueando el factor Laplace.
Ese sello sería usado para eliminar la mayor amenaza, la alta capacidad de supervivencia de Rudeus.
No podía arriesgarse a que ese poder volviera a salvarlo.
Su primer plan se puso en marcha.
Le ordenó a su apóstol Darius que matara a Rudeus a toda costa.
Y Darius envió a su mejor combatiente.
Reida Reia.
Había considerado mandar al propio Aleksander que era mas fuerte que Reida… pero el simple hecho de que Rudeus poseyera el especificamente el factor Laplace que tenia lo hacía demasiado peligroso.
Si en medio de la batalla lograba obtener aunque fuera una mínima muestra de sangre o carne, y con ello la regeneración e inmortalidad del hombre… El riesgo era inaceptable.
Reida Reia era la mejor opción.
Y, de paso, serviría para comprobar si la vara realmente era necesaria.
Lo fue.
Rudeus salió gravemente herido.
Sus entrañas fueron abiertas.
Una espada lo atravesó de lado a lado.
Y aun así… El mocoso no murió.
No sobrevivió por milagro, se curo en cuestion de diás.
Tal vez, si no hubiera poseído las técnicas de la raza bestia, cortesía de uno de esos tres hombre, no habría salido con vida.
Aquello volvió a inquietar a Hitogami aún más ellos lo estaban ayudando.
El Plan B era definitivo.
Se hizo pasar por Milis.
Se presentó ante el cardenal como el verdadero dios, afirmando haber trasendido de manera absoluta, y le dijo que debía erradicar cuanto antes una manifestación de Laplace antes de que se descontrolara.
El cardenal actuó.
Las heridas de Rudeus fueron mortales, cada una.
La vara selló por completo su carta de triunfo.
Rudeus estaba muriendo.
Pero entonces… Paul desapareció de la visión de Hitogami.
Uno de los tres había intervenido.
Fue un error.
Paul llegó justo a tiempo.
Solo unos segundos más tarde, y aun considerando todo lo que perdió en el camino, Rudeus habría muerto sin remedio.
El cardenal falló.
Hitogami ya no pudo hacer nada más.
Solo quedó esperar.
Esperar una nueva oportunidad.
Aunque, incluso él mismo comenzaba a dudar de que esa oportunidad llegara.
O eso hasta que para su suerte su ira de ese momento logro quebrar otro poco de la realidad misma.
Pero por ahora, se concentraría en Erisia.
Sin saberlo, Rudeus estaba a punto de verse arrastrado también hacia esa batalla.
Matar al menos a uno… era prioridad.
Y ahora, ese objetivo era Erisia.
Porque, debido al desgarro del universo, el había obtenido nuevas cartas de triunfo.
Cartas capaces de destruir a Rudeus.
Pero en ese momento, en un nuevo dia, Aleksander desaparecia de su vista.
Eso era muy malo.
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