Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Capitulo 28 Choque de los inmortales
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29: Capitulo 28: Choque de los inmortales 29: Capitulo 28: Choque de los inmortales ¡Clank!
Las espadas de Aleksander y Radolphe chocaron, y con un retumbar seco ambos retrocedieron varios pasos.
No hubo palabras.
Ese no era un momento para hablar, sino para luchar, y en realidad todo lo que debía decirse ya estaba siendo expresado en el lenguaje de la batalla.
Radolphe decidió probar una de sus técnicas más potentes.
Quería poner a prueba a su antes inmaduro sobrino.
Activó la Espada del Embrujo, una técnica que combinaba la Espada del Engaño ( incitaba al oponente a atacar cuando debía defender ) y la Espada de la Duda (que provocaba lo contrario).
Al fusionarlas, el rival quedaba atrapado sin saber si avanzar o retroceder.
Aleksander ya había visto esas técnicas por separado.
La primera empujaba a atacar cuando no convenía, la segunda forzaba a defender cuando había una apertura clara.
Pero ahora, juntas, sembraban confusión.
Así que hizo lo que mejor sabía hacer.
Usar un as bajo la manga.
Radolphe avanzó con la postura característica de la técnica, y Aleksander esquivó mietras lanzaba su nueva espada directamente hacia él retrocediendo y atacando simultaneamente.
Su tío la esquivó, pero en medio del movimiento notó la cadena que seguía a la hoja.
Saltó lejos, dando una pirueta en el aire, y aterrizó con una elegancia impecable.
Aleksander se detuvo un instante, sorprendido, antes de moverse hacia el lado contrario al que su tío había elegido.
Radolphe frunció el ceño, percibiendo el peligro, y se agachó justo a tiempo mientras la espada regresaba a la mano de Aleksander, arrastrada por la cadena.
—Esa espada tuya… nunca oí hablar de ella— —Es un regalo, querido tío.
Creo que quien me la dio fue su propio creador— —Veo…— La charla terminó ahí.
Ambos volvieron a chocar una vez más.
Ahora Aleksander ahora empuñaba dos armas: Kajakut en la mano derecha, y la espada encadenada en la izquierda.
Radolphe sacó una daga de su bolsillo para bloquear el corte ascendente de la espada corta, y acto seguido pateó el suelo, levantando una pequeña plataforma de tierra que desestabilizó a Aleksander.
Aleksander, ágil de mente, saltó antes de que un corte atravesara el lugar donde había estado, y lanzó la espada hacia el suelo cercano a su tío.
Radolphe se alejó de inmediato.
Esa espada era un problema.
La nueva arma de Aleksander poseía una habilidad especial: utilizaba maná para alargar la cadena, y más maná aún para retraerla, aunque la energía gastada en extenderla se recuperaba al recuperarla lentamente.
Aleksander lanzó tres dagas hacia su familiar, y Radolphe las esquivó con rapidez.
Pero no contó con algo.
“Es hora de estrenar mi nuevo ojo” Aleksander inyectó maná en su ojo derecho y pudo ver el flujo de maná que utilizaba su tío.
Gracias a eso, sabria exactamente cómo vencerlo.
Alzó Kajakut e inició un canto rápido.
Radolphe activó su ojo mágico, invocando una barrera de maná que lo cubriría del ataque devastador… o eso creyó.
Aleksander lanzó una daga más.
Esta estaba completamente infundida en maná.
Era un regalo de Hitogami.
Él le había dicho que la comprara, luego le explicó su función y le dejó la tarea de encontrarle un uso, advirtiéndole que, tras cumplir su cometido, se rompería.
La daga impactó contra la barrera y se hizo añicos.
La barrera siguió su ejemplo.
Radolphe, suspendido en el aire debido a la manipulación de gravedad, no pudo esquivar.
¡BOOOM!
La batalla era suya.
Aleksander tiró con fuerza de la cadena, jalando la espada que estaba más cerca de su tío, y comenzó a correr en círculos, ajustando la longitud hasta que la cadena se cerró, atándolo por completo.
Radolphe yacía casi desnudo.
Aunque era fuerte, el ataque contundente había destrozado su ropa y lo dejó medio incapacitado mientras su torso, que sangraba profusamente, comenzaba a regenerarse.
Aleksander se acercó y colocó el filo de Kajakut frente al rostro de su tío.
—Gané…— —Lo hiciste…— Se miraron durante unos segundos antes de que Aleksander liberara las cadenas que lo inmovilizaban.
—Terminaste la pelea muy rápido— —En un combate entre dos usuarios del Estilo del Norte no se debe alargar la pelea, sobre todo si es alguien como tú, que se adapta muy rápido a las batallas— —Tienes razón… bueno, chico, elige tu premio.
Estás en tu derecho— Aleksander no dudó.
Introdujo la mano en el cráneo de su tío y extrajo el Ojo Demoníaco de Barrera.
—Así que eso querías…— dijo Radolphe antes de incorporarse.
—Solo es un premio adicional.
Tú ofreciste, yo tomé— —Me aseguraré de no ser tan generoso la próxima vez— Aleksander sonrio sinceramente por primera vez en mas de 3 años.
—————————————————— Rudeus llegó al Reino del Rey Dragón tres días después de la pelea.
Al acercarse, pudo distinguir a lo lejos una enorme grieta en la tierra, como si el suelo hubiera sido desgarrado por una fuerza absurda.
La observó con curiosidad, pero no le dio demasiada importancia, atribuyéndola a la inestabilidad natural del terreno.
Después de todo, era la primera vez que pisaba ese lugar.
Se dirigió al restaurante más cercano a la puerta de entrada, un local de mala muerte que parecía a punto de caerse a pedazos.
Había llegado por la mañana, así que planeaba comer rápido y partir de inmediato para hacer lo que Hitogami le había indicado.
—¿Qué le servimos?— preguntó el camarero.
—Lo más barato que tenga— respondió Rudeus sin dudar.
—¿Seguro?— dijo el hombre con cierta reticencia.
—Sí, sí, solo tráeme mi comida— —Está bien, pero te advierto que lo más barato es lo que nos da mala fama— Rudeus levantó una ceja, pero decidió no hacer preguntas.
Comida barata era comida barata, y estaba en modo tacaños extremos.
…… —Parece un platillo del Continente Demonio— —Se lo advertí— dijo el mesero antes de retirarse.
Rudeus recordó que la cocina variaba bastante entre regiones, pero… ¿qué tan diferente podía ser realmente?
Subestimó la respuesta.
Era horripilante.
Aunque, siendo honesto, había comido cosas peores.
En su estancia en el Continente Demonio llegó a comerse un cadáver, y eso hacía que prácticamente cualquier otra cosa pareciera un manjar en comparación.
Con el tiempo, la calidad de la comida había ido mejorando poco a poco.
En Wind Port era aceptable, en Saint Port más o menos decente, en el Clan Bestia simplemente le faltaban especias, y en Milis por fin había disfrutado de un menú completo.
Pero retroceder tan bruscamente lo hizo recordar cuán asquerosa podía ser realmente la sazón demoníaca.
*Suspiro.* “Traga nomás” No iba a quejarse.
Esto había sido lo normal para él años atrás, y volvió a acostumbrarse tras apenas cinco bocados.
Mientras comía, un hombre lo observaba desde la cocina.
Su sonrisa era inquietante, y tenía la apariencia de alguien que moriría de anemia en cualquier momento.
Rudeus lo ignoró y siguió comiendo, pero eso solo hizo que la sonrisa del hombre se ensanchara aún más.
“¡INQUIETANTEE!
… que alguien le diga a este tipo que parece un pedofilo mirando un kínder” Un escalofrío le recorrió la espalda, pero terminó su plato y se levantó para marcharse.
—¿Te gustó la comida?— preguntó una voz a sus espaldas.
—No estuvo mal— respondió, algo sobresaltado, pero intentando ser educado.
—Me alegra oír eso.
Si nos volvemos a ver, considérame un amigo— Rudeus no se giró.
Sabía que hacerlo significaría volver a ver esa cara perturbadora, y prefería ahorrárselo.
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