Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 Capitulo 29 Shirone es una mierda
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30: Capitulo 29: Shirone es una mierda 30: Capitulo 29: Shirone es una mierda Rudeus salió de la caravana en la que viajaba.
Desde allí ya podía visualizar el primero de los tres reinos que se encontraban prácticamente juntos.
Sanakia, Kikka y Shirone estaban casi apilados en el mapa que le había dado Paul.
La caravana se detendría en el primer reino, así que dejó su paga completa y emprendió el viaje solo.
Rudeus corrió bajo la luz de la luna hacia Kikka y se adentró en la ciudad durante la noche.
Era otro lugar vivo, lleno de comercio incluso a esas horas.
No hizo esperar su siguiente parada.
Por supuesto, esta sería la última.
El Reino de Shirone.
—————————————————— Llegó por la tarde.
Había hecho una parada en el camino para comer y dormir, así que arribó justo a medio día.
El lugar era hermoso y, sobre todo, familiar.
Recordó que este era el reino donde Roxy había estado enseñando al príncipe asqueroso.
“Nota mental, darle una paliza” Rudeus durmió en una posada de mala muerte, la más barata posible.
Seguía en su modo tacaños extremos con el dinero que le había dado Paul y de paso porfin termino de agregarle la espada a su protesis.
Al despertar, salió a vagar por el pueblo.
Hitogami no le había dicho nada en sueños, lo que significaba que esta vez todo dependía de su propio criterio.
Y fue entonces cuando lo vio.
En un callejón, una figura pequeña que solo podía describirse como una miniatura de Lilia.
Escuchó voces.
—¡Suéltenla!
¡Es para mi papá!— —Lo sentimos, niña, no podemos permitir que envíes esto— El guardia intentaba razonar mientras tironeaba de la carta, pero en ese instante Rudeus apretó su hombro con la mano protésica.
Estaba molesto.
Envió más maná del necesario y sintió el ya distintivo sonido de una extremidad dislocándose.
—¡Ahhh, maldito mocoso!— gritó el guardia con furia.
El segundo guardia sacó su espada, pero Rudeus la detuvo con la mano, atrapando la punta entre sus dedos.
Los ojos del hombre se abrieron con terror antes de que, con esa misma mano, Rudeus tirara de la espada, lo desarmara y le lanzara una bala de tierra directo a la cabeza, dejándolo inconsciente en el suelo.
El primero lo vio todo, pero no tuvo tiempo de reaccionar antes de recibir su propia bala de tierra.
Rudeus se acercó a la niña.
Ella estaba temblando.
—¿Q-Quién eres?— —Tranquila, vengo a traerte a ti y a la señorita Lilia con Paul— —¿Ah?
¿Conoces a papá?— —Jaja… ¿cómo no podría conocer a mi propio padre?— Se quitó la máscara que siempre usaba.
—¡T-Tú eres el hermano mayor Rudeus!— dijo con los ojos brillantes.
Rudeus asintió y la llevó a su posada.
—————————————————— —Dime dónde está Lilia— dijo sin rodeos.
—El príncipe nos está usando como sirvientas… tiene a mamá en el castillo— —¿Sabes algo más?
¿Cómo se llama el príncipe?
Escuché que aquí hay varios— —¡Pax!
El séptimo príncipe, y es un cerdo asqueroso— “Parece que tengo aún más razones para golpear a ese niño engreído” —Quédate aquí, terminaré en un santiamén— Se puso la máscara una vez más.
—————————————————— Ya era de noche.
Justo el momento que quería.
Rudeus se coló por la primera ventana abierta que encontró y se adirio al techo con un encantamiento de su propia creacion que para poder pegarse.
“¿Esta es la suerte de los bastardos Greyrat?” Lo que vio fue más que impactante.
Era completamente inverosímil.
Frente a él, una princesa desnuda en su habitación.
Y además… Se estaba tocando.
“¿Es que acaso el destino quiere que todos los Greyrat seamos mujeriegos?” Observó con más atención.
Parecía tener unos dieciséis años, un poco mayor que Eris en este momento.
Sus gestos llamaron su atención y, justo cuando alcanzó el clímax, levantó la mirada.
Sus ojos se encontraron.
—¡Ahhh!— grito la princesa.
Rudeus cayó del techo por la sorpresa y, en un instante, se abalanzó sobre ella, tapándole la boca.
—Cállate— susurró.
Ella solo me mira de arriba a abajo, escaneandolo con la mirada y luego apreto la entrepierna de Rudeus.
—Ep!?— Rudeus se exalta y mira a la princesa aun sonrojado y lo que ve es lo más provocativo existente en este mundo, una mujer desnuda con ojos de cojeme mientras está debajo suyo.
~¿Que tal si yo no digo nada si me haces un favor?~ Rudeus está atónito.
“Gracias Hitogami, siempre debí creer en ti” —¿Que podría ser ese favor?—Dije en tono serio.
~Yo creo que tu sabes~ Me acerque, prácticamente pegando su cara con la mía y dije —No, la verdad no se— ~Entonces deja que te enseñe~ ———————————————————— “Shirone es clave….” Rudeus salió de la habitación en silencio y cerró la puerta detrás de sí.
Volvió a pegarse al techo y, con cuidado, avanzó por encima de los pasillos del castillo.
Se movía como una sombra, entrando en cada habitación, cada salón y cada cuarto que encontraba en su camino.
Buscó sin descanso.
Y al final, lo encontró.
En la planta baja del castillo había un calabozo.
En él descansaban múltiples prisioneros, pero entre todos, en una celda apartada, estaba la persona que buscaba.
Lilia.
No pudo llamarla ni hacer ruido al verla, porque en ese mismo instante el cerdo del séptimo príncipe descendía las escaleras y se detenía frente a la celda.
—Te dije lo que pasaría si tu hija escapaba.
Prepárate para las consecuencias— Dijo con una sonrisa torcida, mientras comenzaba a quitarse el abrigo.
Rudeus bajó de un salto y aterrizó detrás del príncipe.
Era mucho más alto que él, casi una cabeza entera, lo suficiente para que su presencia fuera abrumadora.
—¿Quién mierd…— No terminó la frase.
De un manotazo, Rudeus lo mandó al suelo.
No le dio tiempo de levantarse.
En ese instante decidió que ese mocoso era completamente culpable.
No había lugar para el perdón.
Un golpe.
Dos.
Luego tres, cuatro, cinco.
No se detuvo.
No tenía intención de hacerlo.
Lilia observaba la escena horrorizada.
No sabía quién era ese hombre, pero la brutalidad con la que golpeaba al príncipe le hacía pensar que ella tampoco estaba a salvo.
Pax ya no podía hablar.
Su rostro era una masa deformada y ensangrentada, pero aun así Rudeus no pensaba dejarlo ir.
Con un pulso de maná, de su mano protésica emergió una espada.
Sin dudar, le cortó la garganta.
*Gorgote* *Gorgote* El príncipe se ahogó con su propia sangre.
Eso era lo que merecía.
Con la misma espada, Rudeus abrió la cerradura de la celda.
Lilia retrocedió instintivamente, temblando, hasta que Rudeus habló.
—¿Estás bien, Lilia?— Ella reconoció el tono.
La voz era más madura, más firme… pero imposible de confundir.
Era la voz del niño que había criado.
—J-Joven amo…— Las lágrimas brotaron de inmediato, ya no de miedo, sino de alivio y felicidad.
… Por petición de Lilia, Rudeus liberó al resto de prisioneros.
Todos eran rehenes del príncipe Pax.
Al poco tiempo, una multitud comenzó a aglomerarse frente a las puertas del castillo.
A la mañana siguiente, Rudeus envió a Lilia y Aisha juntas en una caravana.
Iban escoltadas por una mujer a la que el príncipe había separado de sus hijos y que, como agradecimiento, se ofreció a protegerlas hasta reunirse con Paul.
Rudeus decidió confiar en ella.
Hitogami había aparecido la noche anterior solo para decirle una cosa que esa mujer si era de fiar.
Y que ahora debía partir hacia los territorios del norte lo antes posible.
—¡Adiós, Oni-chan!— Gritó Aisha mientras la caravana se alejaba de la vista de Rudeus.
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