Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare.
  4. Capítulo 32 - 32 Capitulo 31 Counter Arrow
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

32: Capitulo 31: Counter Arrow 32: Capitulo 31: Counter Arrow —Hola, solecito— —Y dale con eso…— —¿Qué?

¿No estás feliz de verme?— *Suspiro* — ¿Por qué no me advertiste que la Diosa Dragón me conocía?— —Oh, pero sí te lo dije… como cinco veces.

También te la describí.

Eres tú el imbécil que decidió revelar que era mi apóstol frente al enemigo— —Como sea… ¿y ahora qué?

¿Me vas a llevar al infierno?— —¿Por qué te llevaría ahí?— —¿Eh?

¿Cómo que por qué?

Porque estoy muerto, tarado.

¿O estás esperando a que termine de morirme por que aun estoy en las ultimas?— —Claro que no.

Estás vivo.

Desapareciste de mi vista y al segundo siguiente empezaste a sanar… aunque lamentablemente perdiste tu otra pierna— —Espera… ¿qué?

¿También perdí la pierna derecha?

¡Argh!— Solo pude maldecir por lo bajo.

El mundo realmente parecía empeñado en pisotearme cada vez que podía.

Pero al menos seguía vivo… ¿no?

—Bueno, querido amigo, voy a tener que despedirme— —Pero no sin antes darte el consejo del día— —Tienes que llegar a los territorios del norte, ve a la ciudad más cercana a ellos.

No vayas a Ranoa ni al Santuario de la Espada.

Espera una caravana que tenga una rubia— —¿Una rubia?— —Sí.

Será prácticamente la única rubia de esa ciudad.

Suerte— Estaba a punto de responder cuando todo se desvaneció en un bruma espesa.

Desperté.

Un escalofrío recorrió mi médula espinal, pero era extraño… no sentía frío.

Estaba completamente expuesto, con los muñones al aire.

Mis prótesis habían cedido otra vez, y tal como dijo Hitogami, ahora tenía un nuevo muñón… esta vez hasta la rodilla.

“Me lleva la que me trajo…” Miré mis piernas inexistentes y apreté los dientes.

“¿Cómo puedo tener tan mala suerte?

¿Acaso todos los dioses, además de Hitogami, conspiran solo para hacerme enojar?” Quejarme no serviría de nada.

Me arrastré y usé mi lanza como apoyo.

‘Caminar’ era una palabra muy generosa para lo que estaba haciendo, pero avanzaba.

Tras un rato logré recuperar algunas piezas y con ayuda de magia de tierra reconstruí un pie protésico improvisado.

Era una amalgama horrible de piedra y madera… pero funcionaba.

Rigidamente me pare y seguí avanzando.

Estaba en medio de la nada y necesitaba comida.

Mi estómago rugió justo cuando lo vi.

“Demonios…” Lo único comestible a la vista, un huevo de dragón, encajado en una grieta elevada.

Un nido de un Wyrm seguramente.

Comencé a escalar usando la lanza como apoyo… hasta que recordé algo obvio.

—Ah… magia de gravedad— Alivié mi peso y comencé a flotar ligeramente, impulsandome con la lanza hacia arriba con facilidad.

—Ven con papá— murmuré mientras tomaba el huevo.

Casi rompo el cascarón cuando una sombra se alzó detrás de mí.

Suspire.

Con mi mala suerte claro que pasaria esto.

—¿Lo siento?— Una garra cayó donde estaba un segundo antes.

Ya había saltado.

La madre seguramente.

—Supongo que es hora de pelear— Alcé la lanza y la lancé con fuerza, clavándola en su pata.

La criatura rugió de dolor.

—Qué fácil— Error.

El wyrm abrió la boca y lanzó una llamarada.

Alcé mi mano derecha y el muñón izquierdo, activando un campo de gravedad inversa.

El flujo de aire se alteró y la llamarada se disipó antes de alcanzarme.

Comencé a rodearlo.

Cuando mordió, esquivé y aproveché la apertura.

Salté sobre su lomo y, usando la espada que estaba en la protesis de mi mano derecha, la empuñé con mi izquierda y la hundí en su ojo.

Seguí empujando, más profundo, mientras la bestia se sacudía con violencia intentando lanzarme lejos.

No lo permitiría.

Volví a impulsarme, subí sobre su cabeza y, concentrando touki, gravedad y pura voluntad, descargué un golpe devastador.

El wyrm cayó.

Salté al suelo, recuperé mi lanza de su pata y la clavé en su frente.

La criatura se retorció unos segundos… y quedó inmóvil.

Esa fue mi señal.

Abrí su carne sin dudar.

“Ya lo cocinaré luego” Sobrevivir primero.

Vengarme después.

—————————————————— Tallar con una lanza, y más aún con una de tres puntas, no era lo más práctico.

Pero servía.

Y tenía una tarea que cumplir.

—Terminé…— me dije cuando por fin logré ensamblar los componentes un pie, prácticamente una pierna entera, y una mano.

Sin duda, mi momento uno de mis momentos más bajos, y esa era una declaracion fuerte.

Aunque, quién sabe… tal vez algo interesante estuviera a punto de ocurrir.

Pasé por Buena Village.

Llene mis pulmones del aire fresco de mi antiguo hogar.

Sus amplios paisajes, los pastizales, la llanura y los campos… todo estaba arrasado y desprovisto de la vegetacion de antaño.

El paisaje estaba gris y sin vida, claramente arrasado por el desastre.

Me entristeció ver cómo un lugar tan bello había sido destruido, pero aún más cuando visité mi casa.

Mi casa fue destrozada, casi como si una llamarada la quemase desde los cimientos.

Y luego el árbol donde Sylphiette y yo solíamos reunirnos.

Me detuve allí.

En mi mano izquierda admiré la pulsera que ella me había regalado.

Estaba agrietada, varias veces estuvo a punto de romperse del todo.

Me esforcé en repararla una y otra vez.

Ella era, y seguiría siendo, alguien extremadamente importante para mí.

“Espero encontrarte en el norte, Sylphiette…” Después hice una breve parada en Roa, la ciudad que me acogió en mi niñez.

Ahora no era más que un páramo lleno de refugiados.

Me acerqué a la lista de desaparecidos.

Cuando vi los nombres de Lilia y Aisha, los taché.

Luego busqué… y encontré los nombres de Eris, Sylphiette y Ghislaine.

Seguían marcadas como desaparecidas.

Suspiré.

“Supongo que tendré que encontrarlas yo” Entonces me detuve frente a un cartel de recompensas.

Era de Sauros, Phillip y Hilda.

“¿Qué mierda…?” pensé.

Leí con atención.

Los acusaban de mala gestión durante la crisis.

Aunque había algo de verdad en ell pues ellos nunca mencionaron nada, ni una sola palabra sobre el orbe flotante, un claro error al administrar.

—————————————————— Seguí mi camino hacia la ciudad mencionada.

Pasaron tres meses, y cumplí trece años cuando por fin llegué a la ciudad.

Mi vestimenta volvió a cambiar.

Descubrí que ya no sentía frío, así que no tenía necesidad de abrigarme.

Solo llevaba una capucha de mago común, pantalones negros y botas marrones.

Había mejorado considerablemente en la magia de gravedad.

Ahora podía usarla en combate real, más allá de encuentros ocasionales con bandidos o bestias sin mente.

Podía lanzar ráfagas, atraer objetos y, lo más importante, inyectar mi maná en un punto específico para usarlo como ancla.

La máscara que llevaba antes, guardada en mi equipaje, había sido destruida.

Eso significaba comprar una nueva y me aventure luego de estar un mes ya en la ciudad.

Entré a una tienda especializada en máscaras y ropa.

Elegí una de diseño extravagante, con patrones rojos que convergían hacia el ojo izquierdo.

Me venía como anillo al dedo.

Además, decidí adoptar un aspecto más rudo y volví a colocarme un parche en el ojo derecho.

Justo después de ponérmelo, un alivio inhumano inundó mi mente.

Pasar de verlo todo en ‘alta definición’, incluso lo más lejano, a una visión normal… fue un descanso enorme.

También dejé de sentir el constante drenaje de maná hacia mi ojo, algo agotador cuando se mantiene por mucho tiempo.

—Pareces un niñito usando eso— dijo una voz con burla a mis espaldas.

Me giré.

Era una chica rubia, aproximadamente de mi edad.

“Supongo que los dioses realmente operan de formas misteriosas, ¿no, Hitogami…?” No respondí.

Antes de salir compré unos guantes y dos vendas para cubrir mis prótesis.

No quería miradas curiosas.

Luego decidí seguir a la rubia cuando salió del local.

Ella se reunió con una mujer de tez oscura y cabello recogido en rastas.

Las seguí… y ocurrió lo inevitable.

Les faltaba una persona para iniciar el viaje.

—Escuché que les falta uno para partir.

¿Puedo unirme?— dije en tono neutro.

—Claro, señor.

Será un gusto llevarlo a su destino— dijo el que conducia el carruaje.

La chica rubia me observó con desconfianza, pero curiosamente no dijo nada.

—————————————————— El ambiente de la caravana era tenso.

La rubia me lanzaba miradas ocasionales mientras jugaba con una flecha como si fuera un lápiz.

—Oye, chico… he notado que no has dejado de suspirar.

¿Todo bien?— me dijo de repente la mujer morena frente a mí.

No respondí de inmediato.

Tenía la cabeza baja, sin la mascara, solo el parche.

Era uno de esos ataques de depresión.

Pensaba en Sylphiette, en Eris, en Zenith… desaparecidas.

Y sobre todo, en mi viejo amigo.

En su muerte.

Desde hacía días tenía pesadillas, Eris, Sylphiette y mi familia muriendo una y otra vez.

—Oye, Suzanne te esta hablando— dijo la rubia.

—Discúlpeme… solo estoy meditando…— respondi con lentitud.

—¿Y qué te ha traído a las tierras del norte?— —¿Por qué me pregunta eso?— respondí con un tono más seco de lo que pretendía.

—Estos caminos son peligrosos.

Y viéndote, no pareces aventurero ni guardaespaldas como nosotras.

Seas mago o no, sigues siendo un niño— “Asumió mi profesión por la lanza… Supongo que es más común ver un báculo y por la forma se asemejan”, pensé antes de contestar, algo cortante.

Seguramente esta sería nuestra única conversación.

—Disculpe, pero ¿qué gana con que le responda?— —¡Suzanne solo te pregunta por amabilidad!

¿Por qué eres tan cretino y estúpido?— Me sorprendi pero un pensamiento asalto mi mente.

“Se parece a Eris…” Sonreí sin querer.

—¿Te ríes de mí?!— —No, claro que no.

Es solo que me recuerdas a alguien— —Verás… estoy buscando a mi madre y a mis amigas.

Fueron víctimas del desastre de maná de hace unos años en Fittoa— —Eso no justifica que seas un cretino al responder así— murmuró la rubia.

—Bueno… ¿tienes alguna idea de dónde podrían estar?

Las tierras del norte son un lugar fácil para perderse— decidio cortar la ahora identificada Suzanne.

—En eso tiene razón.

Ya investigaré más tarde— —————————————————— Salimos del transporte.

Un grupo se acercó a Suzanne y a Sara, por lo que pude entender entre los fragmentos de conversación en la entrada, parecía que ellos también venían hacia el norte, aunque en otras caravanas.

Bueno, hasta ahí llegó mi interacción con ellos por el momento.

Respiré profundo y exhalé.

El aire frío salió de mi boca y se volvió visible, mientras una brisa invernal agitaba mi cabello.

Me llevé la mano a la cabeza.

Estaba más largo de lo que recordaba… mucho más largo.

A juzgar por cómo caía, ya me llegaba hasta la parte baja de la espalda.

Me dirigí al gremio, y cuando por fin lo divisé, busqué primero la posada más cercana.

Rutina básica, alojamiento cerca del trabajo.

Pedí una habitación, firmé los papeles que me pusieron delante y pagué de una sola vez por un mes completo.

Guardé mis cosas.

Era hora de que la pulsera de Sylphiette estuviera a salvo.

La coloqué con cuidado dentro de una pequeña caja de madera y la escondí bajo la cama en conjunto al collar de Roxy que me quite del cuello.

Después de tantas experiencias perdiendo extremidades, el hecho de que ambas aún la tuviera conmigo era casi un milagro.

Curioso que, a pesar de la incomodidad, siempre la llevara en la misma mano que el escudo… y que eso terminara salvando a ambos.

Salí de la posada y esta vez sí me dirigí al gremio.

Apenas crucé la puerta, las miradas y los murmullos no tardaron en aparecer.

La subestimación… algo a lo que no estaba acostumbrado.

Había ganado reputación como Dead End.

En la mayoría de los gremios, pocos eran los que no sabían quién era yo.

Pero aquí… aquí todo era nuevo.

Y, para mi sorpresa, resultaba refrescante.

Entonces lo recordé.

Mi grupo.

Nunca lo disolví, a pesar de que todos estaban muertos… todos menos yo.

Había alcanzado el rango S, pero el grupo solo llegó al rango A.

Aun así, ya era hora de terminar con eso y crear algo nuevo.

Algo mío.

Me acerqué a la recepción y le pedí a la cajera que me ayudara a disolver el grupo.

—Disculpe… es solo por curiosidad.

¿Por qué disuelve su grupo?— —Todos están muertos— respondí con frialdad.

El gremio entero se quedó en silencio.

Las conversaciones se apagaron de golpe y la subestimación fue reemplazada por lástima.

La disolucion de mi grupo repercutio bajandome a rango A pero no me importo ya que de echo me atudaba a poder pedir tambien misiones de rango B.

Me acerqué a las tablillas de piedra y pedí que me asignaran el trabajo de los osos pardos brillantes, de rango B.

—Disculpe, ¿lo hará sin grupo?— —Trabajo solo— hable.

—No se preocupe, lo ayudaremos— dijo una voz a mi espalda.

—No es necesario— le dije.

—Sí lo es.

Es obvio que tomaste ese encargo para conseguir dinero y buscar a tu madre.

Un trabajo de rango B en solitario es prácticamente un suicidio— Suspiré.

Tal vez esto también estaba dentro de los planes de Hitogami.

No discutí.

Simplemente la seguí.

Me presentó a el resto de su grupo que recien conoceria.

La verdad, no recuerdo todos los nombres… excepto el de uno.

Un tipo con cara de muerto llamado Timoty.

Ese sí se me quedó grabado.

Me explicaron que siempre era mejor trabajar en grupo y me preguntaron qué sabía hacer.

Les dije que era mago de apoyo y sanador… y que a veces luchaba como espadachín.

—Ja.

Te crees bueno en todo, ¿verdad?

Ni siquiera tienes una espada— dijo Sara con una burla evidente, subestimándome sin disimulo.

Yo solo suspiré.

Terminamos acordando vernos en la entrada para partir al encargo.

—————————————————— Temprano a la mañana siguiente ya estaba esperando al grupo.

Dijeron que nos reuniríamos en la puerta de la ciudad, así que aguardé justo allí.

—Pensé que llegarías tarde— dijo Susane cuando ella y los demás aparecieron.

—Odio llegar tarde—me pause.

—Supongo que debo presentarme… Mi nombre es Rudeus Greyrat.

Soy guerrero y mago— Al pronunciar mi apellido, Sara hizo una mueca de asco, aunque la ocultó rápido.

—Un gusto.

Bienvenido al equipo— dijo Susane, extendiéndome la mano.

Se la estreché antes de que partiéramos.

… —Mi nombre es Susane.

Soy la sublíder y combatiente de primera línea del equipo Counter Arrow— —Pensé que usted era la líder— comenté.

—Procuro que la carga sea pareja, pero el líder es otro— respondió.

—Hola, me llamo Timoty.

Soy mago de largo alcance.

Podría decirse que casi soy un sublíder— dijo con calma.

—Mucho gusto— —Yo soy Mimir.

Uso magia de curación— —Yo soy Patricie.

Peleo junto a Susane en el frente— Asentí en silencio.

—Sara, preséntate— dijo Mimir.

—Mi nombre es Sara.

Soy arquera de medio alcance— dijo, hizo una breve pausa y luego se giró hacia mí.

—Voy a ser sincera.

No te quería en el equipo.

Solo por Susane no me opuse.

Pero si alguien muere… jamás te lo perdonaré— —Entiendo…— respondí, recordando a mis amigos caídos.

No podia culpar a la chica por el odio preventivo.

—Ya basta, Sara— intervino Susane.

—Puede que algún día el equipo se separe, o que te unas a otro.

En Asura te dejé hacer lo que querías, pero aquí es diferente— Sara gruñó.

Yo observé en silencio aquel intercambio y no pude evitar notar un extraño paralelismo: Sara y Susane… Eris y Ghislaine.

—Parece que a veces solo hay una correa para ciertos perros— —————————————————— El fuego crepitaba.

Yo estaba un poco apartado.

No sentía frío, así que no necesitaba acercarme a las llamas.

Repasaron el plan de ataque.

Yo me limité a asentir.

Si las cosas se torcían, los sacaría de allí.

… Timoty fue el primero en actuar.

Alzó su bastón y lanzó un conjuro.

Una gran explosión iluminó la noche, justo en el lugar donde dormían los osos pardos brillantes de la mision.

Los detuve un poco, usé lodo con magia sin canto y quedaron inmóviles.

Timothy se sorprendió al verme lanzar magia sin conjuro, pero aprovechó la apertura y siguió lanzando conjuro tras conjuro de fuego.

—Eso fue fácil —dijo Susane.

Mimir se me acercó.

—¿Lanzaste magia sin conjuro?— —Sí… —respondí, olvidé que eso era raro.

Entonces escuché algo.

No sabía qué era.

—Eso es increíble, amigo, no pue… —interrumpí a Patrice poniendo un dedo sobre su boca.

—Oye, qué grosero —dijo Sara.

No respondí.

Pegué la oreja al suelo y escuché el retumbar.

Los osos seguían avanzando, incluso entre el fuego y el lodo.

—Son grizzly oscuros —dije.

Los demás se quedaron atónitos.

Y mis palabras fueron confirmadas cuando del humo salieron las figuras cargando hacia nosotros.

—¡Retirada!

¡Vámonos!

—ordenó Timothy.

No hubo tiempo, en poco tiempo mientras corriamos nos alcanzaron, y nos rodearon.

Yo quede justo en el medio.

“Supongo que me tocaba ayudar” En un instante, Sara estuvo a punto de ser atacada por dos osos a la vez.

“No voy a dejar que muera” Aparecí junto a ella.

Mi lanza volvió a ver la luz y corté limpiamente las gargantas de ambas bestias antes de cargar a Sara como una princesa.

La dejé en el suelo, ella intento decir algo avergonzada pero yo seguí en mi avanze.

Otro oso iba directo hacia Timothy, Susane no llegaría a tiempo.

Pero yo sí.

Salté con fuerza y aterricé sobre la bestia, clavando mi lanza en su cráneo.

Empalandolo y manchandome a mi y al otro mago de sangre.

No me detuve.

¿Alguien más luchaba?

Iría hacia él.

Mi lanza y yo éramos suficientes.

Mientras ayudaba usaba balas de tierra para yudar desde lejos y seguir combatiendo a los osos.

La pelea se alargo por un buen rato.

Mis compañeros ya jadeaban por el cansancio.

Estaban agotados.

Aun con mi ayuda, habían peleado con todas sus fuerzas.

Entonces los vimos.

Más osos.

Muchos más.

Diría que unos cincuenta.

—Estamos perdidos —murmuró Mimir sentandose en el suelo jadeando.

Eran demasiados.

Incluso contando mi extraña fuerza en combate no debía ser suficiente o eso pensaban.

—Tranquilo, déjamelo a mí —dije.

—Que crees que haces, si fallas te podrias agotar y ya no poder ayudar— grito Sara con miedo y reproche.

—Tranquila, no fallare— Con mi mano izquierda y el escudo en ella, formé una bola de fuego.

Era enorme.

Tenía que ser fuerte, así que le inyecté más maná del necesario.

La lancé.

Derritio la nieve en su camino.

Y al llegar explotó, creando un huracán de fuego que se expandió desde el punto de impacto.

“Muy poderosa… poca concentración.” Los mataría, sí, pero el fuego se dispersó demasiado.

Golpeé el suelo de inmediato y levanté una barrera de tierra para protegernos de la onda expansiva y de las llamas que llegaban.

Los aventureros miraron asombrados desde la proteccion de la cupula a los lados.

Miraron como el aire crepitaba fuera del rango de proteccion del muro de tierra hasta que se calmó.

En un silemcio incomodo decidi iniciar con la recoleccion de pruebas para la mision.

Despellejamos a los osos y usamos su piel para confirmar la misión y después quemamos los restos.

—Te debo una disculpa.

Te subestimé.

Pudiste haber hecho esta misión solo… y gracias por salvarnos —dijo Susane.

—La verdad… me divertí.

Extrañaba tener un grupo —respondí, mostrando la primera sonrisa sincera que tuve allí.

—Entonces larguémonos de aquí —dijo ella.

Asentí.

Mientras caminábamos, Sara se me acercó.

—Oye… muchas gracias por salvarnos —dijo, dedicándome una breve pero sincersonrisa.

Le devolví la sonrisa antes de que se girara.

… Cuando llegamos al gremio, además de entregar las pruebas, Timothy grito e invitó a todos una copa.

Esa era la mejor forma de caerle bien a los siempre insatisfechos lugareños con los aventureros que llegaron a irrumpir el orden.

—————————————————— Pase un mes trabajando con direfentes grupos, dando a conocer mi proposito de buscar a mi madre, pero poco a poco me hacer que una vez mas a Counterr Arrow y este se convirtio en mi nuevo grupo.

Decidí unirme oficialmente, aunque ocasionalmente hacía trabajos independientes por la noche, sobre todo aquellos con especificaciones que podía completar rápido.

El tiempo paso volando, dias, semanas y meses.

Mi intencion inicial era quedarme hasta ser famoso y pasar al siguiente pueblo para que en algun momento mi madre oyera de mi y me buscara.

Pero termine quedandome por las amistades que hice.

En la mañana me encontre con Sara y fuimos juntos al gremio para reunirnos con el resto de Counterr Arrow y conseguir una mision.

Mimir elijio una de rango B y fuimos a ella de inmediato.

Entramos en ¿Una cueva?, bueno enrealidad creo que era un laberinto peo no pregunte haci que no sabia con exactitud.

Tenía cascadas y parecía más un templo antiguo, quizá el hogar de algún hombre adinerado.

El mármol y la arquitectura decían mucho.

Yo iba atrás, cruzando el puente que conectaba la entrada con la salida.

Estaba habalndo con Sara cuando vi la silueta resbalar.

“Mi ojo clarividente” me di cuenta.

Reaccioné al instante y la sujeté antes de que cayera al abismo.

—¿Podrías dejar de manosearme?

—dijo Sara, sonrojada y molesta.

Mi man la habia rodeado y termine agarrandole uno de sus pechos.

—Oh, claro, lo lamento —respondí.

Había estado más amable últimamente.

Antes, aunque fuera un accidente, me habría golpeado.

Pasamos unos meses mejorando esta relacion hasta este punto.

Suspire y seguí adelante.

Nuestra misión era encontrar escamas de dragón de nieve.

Destapé mi ojo derecho por primera vez en mucho tiempo y escaneé la zona.

—No por dejar de jugar al pirata vas a encontrar más escamas —comentó Sara.

Decidí callarla con acciones, no con palabras.

Una.

Dos.

Tres, cuatro y cinco.

Estaba en racha.

—Bastante fácil para ser una misión de rango A—comenté.

—Estás haciendo trampa —protestó Sara, que no había encontrado ni una sola.

—¿Cómo puedo hacer trampa en un oficio donde prácticamente todo se vale, y peor aún si estoy en tu equipo?— —Tú… mal… cret… —farfulló.

Me reí un poco y ella me dio un golpe en el antebrazo.

La miré con sorna, ella me devolvió la mirada haciendo un puchero.

Seguimos avanzando hasta llegar a una sala con una estatua que parecía representar a Kishirika.

Esta vez con ella tenia una figura que hacía honor a su atuendo provocativo.

Mientras aun estabamos distraidos cinco dragones blancos emergieron desde la estatua y luego salieron más y más.

—¡Cuidado!

¡Huyan!

—ordené, levantando un muro de piedra frente a nosotros cubrinos en nuestro escape.

Mis compañeros lograron salir mientras yo me quede para cuidar su escape.

“Bien… probemos algo.” Dicen que a veces hay que combatir fuego con fuego, y que los hechizos de hielo son más fuertes en este lugar.

Lancé un ‘rayo congelante’ directo desde mi mano.

Más que un rayo, fue una raspadill a alta presión, a temperaturas absurdamente bajas.

Esto no sería mi fin.

Me rodearon, pero yo era más fuerte.

Lancé hechizo tras hechizo, mi velocidad me permitia esquivar ataques lejanos y cercanos con facilidad.

Timothy y Sara llegaron desde una estrada alta y se unieron con hechizos de fuego y flechas respectivamente.

“¿Imprudente?

Sí.

Pero qué buena compañía.” Susane y Patrice aparecieron entre el polvo, atacando por sorpresa.

Tres dragones intentaron atacarme.

Los esquivé, pero un cuarto salió de mi punto ciego.

Incluso con los 240 grados de visión que me daba el ojo derecho, los otros 120 seguían siendo vulnerables.

El dragon aprovechó.

Atacó mi brazo derecho.

Solté la prótesis con solo un pensamiento y, con la espada oculta.

Lo apuñalé directo en el ojo, eso ya era tradición.

La pelea siguio.

O eso hasta que aaparecieron otros aventureros, eliminando a los dragones restantes con cordinacion.

El lider avanzo, paso firme hacia nosotros.

Cuando se acercó a Timothy, mi ojo no mintió.

Aparté a Timothy en seco y puse la punta de mi espada de mi brazo frente al rostro del hombre que hacia unos momentos estaba a punto de golpear a Tymothy.

—Cálmate —dije.

Me agaché para recoger la prótesis que justo cayo en ese lugar.

Entonces los demás se dieron cuenta de que había estado usando una espada en lugar de una mano durante los últimos minutos.

—¡Rudeus!

¿Estás bien?

—exclamó Sara, revisando mi brazo.

—T-tu mano…— —Hablaremos en el gremio —la tranquilicé.

Volví mi mirada al desconocido.

—¿Por qué intentaste atacar a mi compañero?

—No te hagas el imbécil.

Intentaron robarnos el botín.

Todo el gremio sabía a qué veníamos.

—No estábamos robando.

Nuestra misión era recolectar escamas.

Terminamos defendiéndonos —respondí, ajustando la prótesis.

El hombre miró dos veces mi mano.

—Esos dragones eran nuestras presas.

Dejaré que se lleven uno.

Solo uno por que mataron una gran parte— Miré a Timothy.

Asintió.

—Está bien —acepté.

… Como siempre, al terminar una misión, tocaba celebrar.

—Vamos, chico, te va a gustar —dijo Patrice, ofreciéndome una jarra de cerveza.

—No es que lo dude… no me gusta lo que pasa después— —Un trago nunca mató a nadie.

Te lo mereces— —Está bien— acepte antes de tomarla de un sorbo.

—¡Wuju!— dijo con emocion cuando la tome de una sola vez.

La charla derivó en cómo ese hombre arruinó una misión casi perfecta.

“Paul era igual cuando era aventurero.”pense.

En se momento el hombre en cuestio llego tambaleandose.

“Hablando del rey de Roma…” —Oye, amigo… te debo una disculpa —le dijo a Timothy—Casi te golpeo.

Aunque te digo..

quitate esa cara de mierda un segundo la proxima vez— —Lo tendré en cuenta —respondió Timothy con calma.

—Ja, al menos tú me caes bien— Se giró hacia mí.

—Pero tú… mocoso cretino.

¿Te crees mejor que yo?

¿Que sufriste mucho?

Todos sufrimos— —Lo sé —respondí, mirándolo con frialdad.

—¿Ves esa mirada?

¿Crees que impresiona a alguien?— Golpeó la mesa y se plantó frente a mí.

—¿No dirás nada?— —Quítate de encima— —¿Y si no lo hago?— Una bala de tierra impactó en su frente, dejándolo inconsciente.

Me sacudí molesto y regresé a la posada.

Donde Sara me siguio.

… A la mañana siguiente desayuné con Counter Arrow.

El ahora llamado Soldat apenas me miró antes de apartar la vista.

—Parece que se le cayó el ego —comenté.

—Se lo merecía —dijo Sara a mi lado.

Le sonreí.

Ella se sonrojó.

Ese día decidí quedarme.

Estaba exhausto.

Había estado practicando, a pequeña escala, la manipulación de cada elemento.

Eso era rutina.

Si no pules algo, se oxida.

Pero, al parecer… Ese fue el peor día para hacerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo