Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 Capitulo 33 Potencias Mundiales
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34: Capitulo 33: Potencias Mundiales 34: Capitulo 33: Potencias Mundiales Erisia estaba atrapada en un bucle extraño.
Uno especialmente extraño.
Nanahoshi estaba presente en él, algo que solo había ocurrido una vez antes.
La esperanza la golpeó con una fuerza casi cruel.
“¿Tal vez era él?” El pensamiento le hacia palpitar el corazon de emocion.
¿Tal vez ese Rudeus… aquel hombre con el que logró formar algo parecido a una familia?
Suspiró.
Lo recordaba con una claridad dolorosa.
En aquellos días, Rudeus había sido la reencarnación de una escoria humana, pero en este mundo eso había terminado convirtiéndolo en algo más grande que cualquier otro hombre que hubiera conocido.
Creció.
Maduró.
Se volvió un esposo fiel, un padre dedicado, un pilar para quienes lo rodeaban.
Ella convivió con él.
Vio crecer a sus hijos.
Le ayudó a criarlos.
Y con ella aquello que nunca creyó desear, aquello que jamás se permitió imaginar, terminó carcomiéndola desde dentro cuando ya era demasiado tarde.
No quería ser solo la tía de esos niños.
Quería haber sido una de sus madres.
Fue cruel darse cuenta de que lo amaba cuando ya se había ido.
Tal vez, una vez más, era su alma.
Tal vez, una vez más, era él.
No un Rudeus cualquiera.
Solo él.
La única alma que alguna vez logró completarla.
Pero no y eso le dolio mas que cualquier derrota contra el hombre dios.
Desde el primer encuentro supo que algo estaba mal.
No vio a Ruijerd Superdia.
No vio a Eris.
Y mucho menos vio al Rudeus que había amado.
En su lugar había un muchacho roto, hundido en sí mismo, con una mirada vacía que no coincidía con el joven vivaz que una vez la cautivó.
Era un recordatorio cruel.
Ella no estaba destinada a ser feliz.
Sus ojos se detuvieron en las prótesis.
Eso lo confirmaba todo.
Era distinto.
Completamente distinto.
Su maná también lo era.
No había rastro del factor Laplace.
Erisia hizo lo que siempre hacía en esos bucles.
Su protocolo.
—¿Conoces al Hombre-Dios?— El mundo se detuvo mientras esperaba la respuesta.
El muchacho se relajó.
Se alivió.
Mala señal.
Si hubiera permanecido confundido o alerta, habría sido una reacción típica de un Rudeus no contaminado por Hitogami.
Pero no.
Se sintió seguro.
Seguramente asumió que ella también era un apóstol.
Erisia se aferró a la esperanza de que negara, aunque solo fuera para mentirse a sí misma.
—Sí, claro.
Soy uno de sus apos…— eso teemino de quebrar la fragil esperanza que cragaba con ella.
No lo dejó terminar.
Atacó.
El puso resistencia a su muerte, el era fuerte.
Demasiado fuerte.
Usaba la lanza de Ruijerd.
Eso no tenía sentido.
Solo podía tenerla si lo había matado.
Ruijerd jamás se la habría entregado voluntariamente.
Que la portara lo colocaba, casi por regla, en el nivel de un emperador.
Pero más importante aún… Eso significaba que Lucenia no existía.
La hija destinada a nacer, fruto de Ruijerd y Norn, había sido eliminada antes siquiera de dar su primer respiro.
Y eso la moslesto mas.
Volviendo al tema principal, ella ya había visto Rudeus que alcanzaban ese nivel a edades similares.
Nunca era buena señal.
Nunca.
Siempre que tenian esa fuerza azotaban el mundo con ella.
Así que no podia, no debia dudar.
Bastaron unos cuantos movimientos.
Lo derrotó.
Su cuerpo cayó al vacío, rumbo a una muerte segura.
La muerte que merecía cualquiera que ayudara o estubiera afiliado con Hitogami.
Y aun así… No se sintió mejor.
… Este bucle no fue menos extraño después de eso.
Mientras caminaban un alcon solto su gañido, casi como un presagio.
En el camino a dejar a Nanahoshi en Ranoa se alzaban cinco guerreros.
Guerreros de nivel dios…
y Geese el apostol mas escurridizo del dios humano.
Reida Reia la actual practicante mas fuerte del estilo dios del agua y seguidora debota de un apostol.
Badigadi, portando la armadura del Dios de la Lucha.
Aleksander Ryback, menos infantil, menos estúpido.
Seguramente ya había hecho contacto con Hitogami.
Gal Farion, que claramente había abandonado su dojo solo para esto, impulsado por un odio dirigido exclusivamente hacia ella.
Y por último, el Dios Ogro Malta.
El más débil.
En su opinión, claro.
—Supongo que vienen por órdenes de Hitogami— dijo Erisia, avanzando hacia la llanura mientras colocaba a Nanahoshi a su espalda y le hacía una seña para que se escondiera —No vivirán para contar esta batalla, apóstoles— —Eso ya lo veremos, perra— respondió Gal Farion, dejando de lado su habitual neutralidad.
Erisia se lanzó primero contra Malta.
Era la presa fácil.
Reducir números podría hacerlos desistir.
No quería matarlos realmente.
Cada vez que uno cambiaba de bando, significaba estar más cerca de su objetivo.
Cada uno de ellos tenía conexiones que los volvían invaluables si se unían a ella.
Y pasaba con frecuencia ultimamente.
De un solo tajo limpiamente la cabeza de Malta rodó por el suelo.
Ella los observó, esperando solemnidad o en el mejor de los casos que huyeran.
Pero en lugar de eso, sonreían.
—Caíste exactamente como dijo Hitogami que lo harías— sentenció Geese con una clara seguridad que sabia que eso pasaria.
Erisia bajó la mirada.
En su mano, usando la sangre del ogro como medio, se había formado un círculo mágico.
Un activador por contacto.
Usaron a Malta como un sebo, uno muy bien planeado.
Su expresión se endureció.
Se preparó para arrancarse la mano y así quitar el sello.
Pero ellos no la dejarian hacer eso.
*Golpe* Un impacto brutal la lanzó por los aires.
Aleksander había actuado.
No fue un puñetazo.
Fue una palma abierta.
El golpe impactó de lleno en su rostro y un círculo mágico se formó en su mejilla.
Ella no perdio la calma y se consentro.
Aprovechando la distancia, Erisia cargó touki en su brazo dandole el poder para cortarse la mano y eliminar el sello.
Pero su poder no respondió.
Solamente se golpeo su propio brazo.
—No lo intentes— dijo Geese con calma —Ya bloqueamos parcialmente tu flujo de maná y a la vez tu touki— Para corroborar ella intento sentir su mana y este no respondio.
Luego de eso ella sintio un tiron hacia abajo.
Su cuerpo… —El sello de tu mano se activó— continuó —Ahora eres diez veces más pesada— Abrio los ojos con sorpresa.
Eso era malo.
Muy malo.
Habían venido preparados.
Mucho más de lo que jamás habían estado en otros bucles.
Tal vez lo mejor era morir allí.
Este mundo estaba roto.
Rudeus era un apostol y tuvo que matarlo.
Alguien asesino a Pax y no habria ni Pax Jr, ni un shirone estable donde Laplace renaciera.
Y Lucenia, no naceria.
Pero no les daría a Hitogami una victoria limpia y sencilla.
Los cuatro se abalanzaron sobre ella.
Erisia esquivó como pudo.
Era difícil.
Tres de ellos eran la cúspide absoluta de sus estilos.
El Dios del Norte abría grietas.
El Dios del Filo las explotaba.
La Diosa del Agua guiaba cada movimiento.
Coordinación perfecta que los elevaba a un nuevo nivel.
Incluso así… Ella seguía siendo la existencia más poderosa de ese mundo.
Conectó un puñetazo limpio en Gal Farion en un descuido de su guardia.
Pero fue una distracción.
Una ultima palmada llego por Aleksander.
Otro círculo mágico se grabó en su piel.
—Con ese ya son tres— río al cumplir su tarea.
Gruñó mientra intentaba examinar la estrictura de este solo para ser enviada volando por un golpe triple.
Los tres brazos derechos de Badigadi le dieron al unísono.
—Qué hermoso trabajo en equipo— rió Badi —Después deberíamos ir a beber algo— Erisia se incorporó tambaleante.
Por primera vez en más de siete mil años… Sus músculos gritaban.
No por un Rudeus descontrolado.
Sino por el trabajo en equipo de ratas seguidoras de Hitogami.
—¿Quieres ver algo épico?— dijo Aleksander con entusiasmo a Badigadi.
En respuesta Badigadi sonrio.
Toamndolo como un sentimiento lanzó su espada encadenada al cielo.
Y la dejo caer a gran velocidad pero sin ser nada fuerza de lo comun.
O eso hasta que agarro un impulso imposible.
El sello se activó.
La gravedad se distorsionó y la hoja cayo en una curba Cayo sobre su hombro clavandose en el.
La cadena quedó incrustada en su cuerpo.
Con un tiron ella fue jalada.
Aleksander y Gal atacaron a la vez con un puñetazo que la hizo salie disparada, rodando por el camino.
A puño limpio ambos fueron casi como para burlarse de que ya la tenian donde la querian.
Su rostro se llenó de moretones.
Su cuerpo cedía.
Moriría allí.
“Supongo que al siguiente bucle…” Al ver esto Aleksander alzo Kajakut para un corte finalizador.
Cerró los ojos, esperando la inminente sensacion del inicio de un nuevo bucle.
*Clank* Una figura se interpuso.
—No te rendirás tan fácil, ¿verdad?— Cuando el hombre que la defendio se enfrento cara a cara a Aleksander este hablo.
—¿Qué mierda haces aquí?— rugió Aleksander.
—Te di esa arma para el Dios de la Muerte, no para esto— respondió la otra figura —La necesito viva— Nanahoshi emergió de los arbustos, sabiendo que este era el momento.
El recien llegado uso magia de barrera para cerrar el paso a Reida que intento acabar con el trabajo.
Nanahoshi aprovecho y activó el pergamino.
Luz.
Desaparecieron en un instante.
—Supongo que eso fue todo— murmuró.
Los apóstoles solo pudieron observar cómo el recién llegado también se retiraba de la misma manera.
—La cagamos…
la cagamos en grande— admitió Aleksander con una sonrisa incomoda, escondiendo un miedo instintivo.
—Hitogami nos va a hacer mierda— gruñó Badigadi.
Reida se marchó en silencio.
No había cumplido el encargo de Darius.
Pero podía vivir con ello.
Ella no seguía a ese dios estúpido.
Solo seguía al hombre que amaba.
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