Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 37
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- Capítulo 37 - 37 Capítulo 36 La última misión de Geese
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37: Capítulo 36: La última misión de Geese 37: Capítulo 36: La última misión de Geese Geese se estaba jalando de los pelos.
No quería dormir.
Hitogami había sido un buen jefe.
Le había enseñado y ayudado a sobrevivir, le había dado respuestas cuando nadie más lo hacía y, a cambio, Geese cumplía lo que se le pedía.
Incluso cuando eso había provocado la destrucción de todo lo que amaba… lo había seguido.
Pero ahora era diferente.
Ahora podía sentirlo con claridad, Hitogami iba a hacerle daño.
Antes, cuando fallaba, se enojaba.
Gritaba.
Castigaba con palabras o con misiones imposibles.
Pero nunca lo había herido directamente.
Nunca hasta la anterior vez.
No llego a tiempo para rematar a Rudeus cuando estaba enterrado, Hitogami se molesto…
Pero ahora era peor, había fallado en la misión de acabar con Erisia, y ella era el problema principal.
La tuvo en sus manos… pero no pudo terminar el trabajo.
La arrogancia de su equipo lo había arruinado todo.
No durmió durante cinco días.
Se provocaba dolor a propósito, se golpeaba, se arrancaba el cabello y bebía estimulantes del reino Beheiril para mantenerse despierto.
Pero su cuerpo ya no respondía.
Incluso con el cuero cabelludo casi en carne viva por haberse arrancado los pelos, terminó sucumbiendo al sueño.
———————————————————— Geese abrió los ojos.
El blanco etéreo del reino de Hitogami lo rodeaba por completo.
—No…— dijo mientras sollozaba.
Antes de que pudiera reaccionar, una mano surgió de la nada, lo tomó del cuello y lo levantó sin esfuerzo, obligándolo a mirar de frente a la deidad.
—Maldita rata… —escupió Hitogami—Zángano malparido.
Además de fallar, ¿te atreviste a intentar escapar de tu castigo?— —No… no, no, mi señor, yo nun…— Geese no pudo terminar.
La presión en su cuello le robó el aire.
—Cállate.
Aún hay una forma de remediar tu error— —L-lo que sea… lo que sea que sea, lo haré…— Hitogami emepezo —Ve a la cordillera del Wyrm Rojo.
En el camino principal que cruza entre ella encontrarás rastros de una batalla feroz.
Desciende por el risco con cuidado y recupera una pierna cortada.
Estará congelada en la base, colgando de una frágil perp afilada formación de hielo.
Cuando lo hagas, te diré el resto— —C-claro, Hitogami-sama— La mano lo soltó.
En lugar de aterrizar, Geese sintió una caída libre interminable.
———————————————————— —¡Ahhh!— Geese despertó gritando en el claro donde se había quedado dormido.
Frente a él había un círculo de teletransportación que conducía directamente a la cordillera.
——————————————————— Geese llegó al lugar descrito.
Un derrumbe masivo bloqueaba parte del paso.
Las paredes destrozadas del interior del pasaje dejaban en evidencia la violencia del combate que había ocurrido allí.
También vio rastros de hechizos de fuego capaces de fundir la roca.
Un río de piedra derretida, ahora solidificada, confirmaba la magnitud de la batalla.
Ató una cuerda y descendió lentamente por el risco.
Entonces la vio.
Una pierna completamente congelada, tal como Hitogami había dicho.
Sin dudarlo, la tomó.
Regresó apresuradamente al círculo de teletransportación y, agotado, se durmió a su lado para recibir las siguientes instrucciones.
———————————————————— Una vez más, estaba ante Hitogami.
—Bien hecho, mi leal mono —dijo la deidad—.
Me alegra ver que estás arreglando lo que hiciste— —Es lo menos que puedo hacer— respondio.
—Ahora ve a las ruinas del los Dioses Dragón.
Al lugar de donde obtuviste la segunda mitad de los planos del sello anti-Laplace que pedí para el cardenal— Geese dudó un instante.
—¿Para qué sirve exactamente la pierna?— Hitogami rió suavemente.
—Los dragones poseen un hechizo realmente poderoso… pero generalmente inútil— Explicó con calma.
—Permite generar un cuerpo completo a partir de una sola parte.
Ese cuerpo no tiene alma ni maná.
Precisamente por eso la regeneración es tan sencilla no hay fuerza opositora— Los hechizos de curación son difíciles, no porque se desconozca el funcionamiento de las células, la base misma de la regeneración, sino porque el maná que se introduce en la herida debe primero superponerse al maná ya presente y, solo entonces, producir su efecto.
Este proceso suele realizarse de forma inconsciente mediante los cantos.
Si no existiera maná opositor, el consumo de maná sería considerablemente menor.
—¿Para qué querrías algo así?
Sin alma no revivirá a la persona— —Créeme, lo último que quiero es que viva quien fue dueño de esa pierna— Hitogami continuó —Usaré ese cuerpo como recipiente para un alma compatible.
Un alma que habitó ese mismo cuerpo en otra realidad.
Necesito cuatro recipientes.
Tres completos como mínimo.
El numero cuatro e incompleto guárdalo para emergencias— Geese quiso preguntar por qué.
Pero la sensación de caída volvió.
———————————————————————————— —¡Ahhh!— —Debo acostumbrarme, si va a seguir haciendo esto…— … En las ruinas de la raza dragón, Geese encontró el hechizo en un libro de sanación, en la primera página.
El cántico era simple.
Y perturbador.
Preparó la pierna e iso el cantó.
El cuerpo se regeneró por completo.
Cortó tres extremidades más y repitió el proceso.
Con eso eran cuatro recipientes.
Guardó el que uso primero en una cámara de hielo del santuario.
Luego pasó maná al segundo cuerpo.
Una inyección de mana ajena respondió.
El cuerpo abrió los ojos.
—Parece que fun…— Una mano atravesó su pecho.
—Duerme…—le dijo.
El cuerpo de Geese se congeló desde dentro.
Y explotó en una lluvia de copos de nieve teñidos de rojo.
El hombre repitió el procedimiento que había realizado con Geese, y los otros dos cuerpos también cobraron vida.
Eran otros Rudeus.
Rudeus de otros bucles.
Cada uno portaba un factor Laplace distinto.
En el Reino del Vacío, Hitogami no pudo evitar sonreír, satisfecho.
Rudeus Greyrat era una rata difícil de matar, en esta y en otras realidades.
Pero… ¿qué tan difícil sería acabar con él si tenía de su lado a más como él mismo?
Combatir fuego con fuego.
Esta asaña era su límite superior actual.
Las grietas en la realidad, provocadas por los bucles de Erisia, los viajes en el tiempo que casi siempre ocurrían al menos una vez por realidad para que un Rudeus se ayudara a sí mismo y las visiones constantes de sus otros “yo” no hacían más que ensanchar las fisuras.
Cada una le otorgaba más control.
No solo sobre esa realidad… sino sobre otras también.
———————————————————— Aleksander solo durmió una vez desde la batalla contra Erisia.
Y esa única vez conoció la ira de Hitogami.
Su cuerpo se estremeció.
Aunque todo hubiera ocurrido en un sueño, el castigo fue real.
Decir que la imaginación de Hitogami al torturar no tenía límites era quedarse corto.
Aleksander logró despertar cuando el dolor alcanzó su punto máximo.
Imaginó que había sido un error, pues Hitogami aún estaba a mitad del castigo cuando lo expulsó del sueño.
No volvería a dormir.
No lo necesitaba realmente, y hacerlo ya no era prudente.
Hitogami podía volver a torturarlo Además de su preocupación por dormir, tenía una aún más grave, Hitogami no tenía límites.
Casi derrotó a la segunda potencia del mundo.
Claro, Aleksander había participado, pero si Hitogami podía enfrentarse a alguien de ese nivel con sus conecciones, no era nada alentador para él.
Hitogami siempre encontraba un punto débil, y Aleksander temía que encontrara el suyo.
Su mejor opción era aliarse con un viejo amigo.
O bueno… suponía que todavía podía llamarlo así.
Después de todo, era la persona con la que mejor se había llevado en mucho tiempo.
El joven Rudeus era ahora su única opción, posiblemente la mas fuerte y ademas fue una pieza clave con sus trampas para la casi muerte de la Diosa Dragon.
Aunque también era un apóstol, Aleksander creía que, si le revelaba cómo era realmente Hitogami, qué ocurría cuando se le fallaba, tal vez se rebelaría.
Con esa esperanza en mente, emprendió el viaje.
———————————————————————————— Rudeus regresó a casa y reparó sus prótesis.
Se acostó en su cama y reflexionó sobre lo ocurrido anteriormente.
Habían intentado matarlo, y nada menos que por orden de su tío Philemon.
Temía que, si había podido contratar a esos tres espadachines, tuviera aún más recursos ocultos.
Ya era hora de arreglar lo que fuera que le hubiese sucedido a su arma más poderosa, aquella que, según sus cálculos, ahora el de rango emperador esta podía elevarlo hasta el nivel dios.
Ya no tenía tiempo.
Había pensado investigar en la Universidad Mágica de Ranoa, estudiar con calma y revertir el problema, pero ese lujo ya no existía.
Necesitaba poder ahora.
Era necesario explorar aquel sello que le había arrebatado su factor Laplace.
Comprender qué hacía era el primer paso.
No sabía si era peligroso, pero quedarse inmóvil esperando su final lo era aún más.
Hundió su maná en el lugar donde estaba incrustado el sello la varilla blanca del cardenal y, poco a poco, comenzó a explorar con cuidado, tocando con su maná el seyo espectral alojada en su interior.
Inyectó más maná para interactuar con ella, fue algo imprudente.
Muy imprudente.
Su cuerpo se estremeció violentamente y casi comenzó a convulsionar cuando sus venas brillaron con un blanco intenso.
El sello se había alimentado del maná, potenciando su efecto al entrar en contacto con energía normal.
Lentamente, el brillo se apagó cuando el maná enviado se agotó, pero no había sido del todo inútil.
Había tocado el círculo con su maná.
El círculo retenía el maná Laplace.
Eso era.
Rudeus lo producía lentamente, y el círculo lo absorbía de forma constante.
Sus habilidades no estaban selladas, simplemente no tenía el combustible necesario para activarlas.
Eso significaba que aún podía obtener nuevas habilidades, pero no podría usarlas hasta recuperar el maná que las alimentaba.
Con eso en mente, Rudeus formuló una hipótesis.
“El sello está permanentemente abierto al absorber mi maná Laplace de forma constante, la abertura era pequeña.
De alguna manera, debo obtener suficiente maná Laplace para que se habta lo suficiente y, con un sello de contramedida, sellar el sello original” Los sellos de círculos mágicos no podían ser sellados por otros a menos que el círculo estuviera en su máxima capacidad.
Eso ultimo lo leyó en un libro y lo comprobo.
Eso era todo.
Necesitaba a alguien con el factor Laplace.
Y esa era una buena excusa para buscar a la pequeña… aunque ahora, seguramente, ya no tan pequeña Sylphiette.
************************************* En el siguiente capítulo: La travesía de Eris Capítulos remasterizados: —Prólogo —Capítulo 1: Dedo Dorado
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