Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 38

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare.
  4. Capítulo 38 - 38 Capítulo 37 Cuentos de un mago
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

38: Capítulo 37: Cuentos de un mago 38: Capítulo 37: Cuentos de un mago —Y luego el traidor cayó al suelo temblando de miedo como un cobarde.

Después, Rudeus lanzó una bola de fuego al cielo para llamar a Ghislaine.

Con eso, Eris terminó de relatar lo que pasó el día que conoció a Rudeus.

—¿En serio esperas que creamos eso?

—dijo Nina, la íntima amiga de Eris.

—Yo sí te creo.

Milis sin duda te ha dado una gran alma gemela, Eris, ojala yo tenga la misma suerte —añadió Isolte.

Las tres eran amigas y rivales.

Cada una tenía un nivel similar en el estilo Dios de la Espada, pues las tres lo practicaban en este santuario dedicado a él juntas desde hace ya un año.

Isolte, por su parte, dominaba más el estilo Dios del Agua cuando llegó, pero terminó acostumbrándose al estilo.

Con el final de esa historia, las tres ya habían compartido prácticamente todas sus vidas.

Eris a menudo contaba sobre su vida hasta el décimo cumpleaños de Rudeus, dejando para el final cómo lo conoció.

Además, tenía la costumbre de alardear de lo fuerte y talentoso que era Rudeus.

Isolte también solía contar sobre su vida como discipular de su abuela Reida Reía, al recordarla, como buena abuela, aunque cariñosa, era estricta y la formaba para ser la próxima Diosa del Agua.

También cuando le preguntaron si iba a ser Diosa del Agua por que estaba entrenando este estilo explicó que su abuela la mandó al dōjō para aprender este estilo y añadirlo a su repertorio.

Nina, por su lado, al no tener historia fuera del dōjō, se abría más respecto a su molestia por no ser tomada en consideración por su padre debido a las altas expectativas que tenía sobre ella y que ella aún no cumplia.

—¿Verdad que sí?

¡Rudeus es increíble!

—exclamó Eris ante la respuesta de Isolte, usando su ya característica frase cada vez que contaba una historia en la que aparecía su joven tutor.

Nina solo pudo negar con la cabeza.

¿Acaso realmente podía existir un monstruo capaz de realizar las hazañas que Eris describió en esas historias?

—Y diez centavos, Eris, ¿dónde está ese supuesto Ludeus?

La verdad aún no te creo nada, y peor sabiendo que tiene tu mismo apellido.

Parece que te lo inventaste —dijo en tono burlón al final.

—¡Claro que no!

Ya te dije que desapareció, igual que yo, con el desastre de maná —respondió Eris a la defensiva.

Las tres no pudieron seguir hablando cuando el dōjō se alborotó, el Dios de la Espada había vuelto, una fila de los practicantes debajo del nivel santo se inclinaron dando un camino hacia la sala principal.

Se había ido en una supuesta misión para intentar cazar a la segunda potencia, a la cual solo los más cercanos sabían que le guardaba un profundo odio.

Las amigas, recién ascendidas al nivel Santo antes de la partida del hombre, se habían ganado el privilegio de entrenar juntas en el área exclusiva para quienes tenían rango de Rey en adelante.

Gozaban de gran talento y, desde que entrenaban juntas, sus avances se habían disparado.

Después de que Gal Farion, con un semblante serio y más malhumorado que de costumbre, pasara por el lugar, Ghislaine decidió apartar a Eris para contarle sobre una carta recién llegada desde Asura.

—¡Oye, estaba hablando con mis amigas!

—protestó Eris cuando salió del dōjō.

—Tengo noticias de lord Sauros —dijo Ghislaine.

Solo eso bastó para que la actitud de Eris cambiara de molestia a expectación.

—Lord Sauros ya sabe quién proclamo a los Boreas de criminales.

El primer ministro Darius ha inculpado a tu familia de crímenes de negligencia por no decir nada de la esfera flotante y ahora también de deserción y fuga—continuó en tono serio.

—¡¿Pero por qué?!—preguntó Eris.

—Darius es un hombre hambriento de poder.

Busca las tierras y bienes de Sauros y de tus padres.

Por lo tanto, nuestra estancia aquí se prolongará uno o dos años más, o hasta que Sauros logre contactar a la princesa Ariel y unirse a su causa para poder ser absuelto —concluyó Ghislaine.

Esa era la situación.

Cuando se teletransportaron, cayeron cerca del dōjō del Dios de la Espada y Ghislaine se apoyó en él para contactar a la familia Boreas.

Lo logró con pura suerte, pues estaban escondiéndose y huyendo.

Apenas un mes después del desastre respondieron, pidiendo que se quedaran en el dōjō hasta poder arreglar la situación política.

A su vez, acordaron encuentros con hombres de confianza como Alphonse o Edna, quienes apreciaban mucho a los Boreas y ayudaban a transmitir cartas y mensajes.

En las cartas también se contaba cómo Sauros fue encontrado al inicio a las afueras del Reino de Asura y casi fue ejecutado, pero un hombre enmascarado lo liberó y lo ayudó a escapar.

Este afirmó ser aliado de Ariel y, extrañamente, decía serlo a pesar de que ella no lo conocía.

Esa fue la última vez que lo vieron, aunque uno que otro aliado de Sauros afirmó que ese mismo hombre merodeaba actualmente por las mismas tierras del continente en el que Eris y Ghislaine se encontraban.

—————————————————— Desde el incidente de los trillizos habían pasado tres días.

Desde entonces, no había necesitado tender su cama pues Rudeus tenía ojeras profundas, tan oscuras que casi parecían maquillaje.

Estaba probando su teoría.

Creó una imitación del sello que tenía, pero que absorbía maná normal, ya que ahora mismo carecía del maná de Laplace.

También fabricó el posible remedio, un sello que, cuando el primero se forzara absorbiendo suficiente maná de Laplace, pudiera congelarlo y sellarlo para su posterior extracción de su cuerpo sin resistencia.

Además, Rudeus se dio cuenta de que sus instintos y sentidos mejorados del clan bestia, así como el tōki, seguían activos, pues no requerían maná de Laplace.

Eran habilidades completamente adquiridas por su cuerpo gracias a la habilidad de su factor Laplace, por lo que las conservaría aun con todo lo demás perdido.

En cuanto a lo restante, las transformaciones de su cuerpo por la habilidad sí requerían maná, tanto para activarlas como para usarlas.

Extrañamente, también descubrió que sus heridas de la batalla anterior sanaban rapidísimo.

Casi pensaría que tenía regeneración, de no ser porque aún no le crecían el brazo ni las piernas, casi lo atribuye a Ruijerd pero en sus recuerdos ningún indicio de esta habilidad aparecía.

Recordando sus piernas y la batalla, decidió cambiar el material de la base para poder deslizarse sin necesidad de exponer las espadas aunque esto lo dejaría para mas adelante.

—Oye, ¿estás bien?

—lo interrumpió la voz de Sara a sus espaldas.

Sara había estado cuidándolo y llevándole comida a petición de Suzanne.

La mujer mayor estaba preocupada, que lo hubieran mandado a matar, y nada menos que por su propio tío, la hacía pensar que el pobre chico había pasado por demasiado.

Tal vez eso justificaba el arranque de ira desmedida que, según suponía, había ocurrido en ese lago.Después de todo, desollar a alguien no podía ser un acto premeditado… ¿verdad?

Ella y Patrice se habían topado con locos antes y ese tipos de muertes solo las hacían ellos, siempre actuaban neutrales ante ello pero era significativamente perturbador que el joven mostrara tal apatía por los cuerpos.

—Sí, solo deja la comida en mi cama.

La comeré cuando tenga tiempo —dijo Rudeus.

Sara miró hacia la cama, donde yacían cuatro bandejas más, aún completamente llenas.

—Eso no es saludable.

Podría pasarte algo si sigues así…— —No importa.

De todos modos me pasará algo si no hago nada para evitarlo —respondió mientras seguía dibujando el patrón del círculo que usaría.

—Bueno… piensa en tomarte un día.

Mañana iré de compras.

Necesito reparar mi cuchillo.

Se rompió aquella vez que me rescataste.

Ya sabes… quiero arreglarlo… —añadió con timidez.

Rudeus se detuvo en seco y se giró para mirarla.

“¿Acaso me está invitando a una cita?” pensó al ver a la ahora nerviosa Sara evitar su mirada.

—Supongo que te lo debo, por ayudarme estos días —respondió, evitando mostrar demasiado interés.

Tal vez sería bueno empezar una relación, lo había sopesado un tiempo y ella era una buena chica, un buen partido.

********************************** Capítulos remasterizados: —Capítulo 3: La tutora —Capítulo 4: Sylphiette —Capítulo 5: La novia de Rudy

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo