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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 39

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  4. Capítulo 39 - 39 Capítulo 38 Aleksander vs ¿Rudeus
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39: Capítulo 38: Aleksander vs ¿Rudeus?

39: Capítulo 38: Aleksander vs ¿Rudeus?

La vida suele ser una cabrona, dicen algunos, pero no lo sería de no ser por Hitogami, y Aleksander pudo comprenderlo al fin.

Fiel y devoto fue, pero ni siquiera eso bastó para su dios.

En su última misión, una falta de juicio fue suficiente para que aquel bastardo lo desechara sin miramientos y ahora a el lo queria muerto.

Las cavilaciones de Aleksander terminaron en recordar su charla con la deidad que tuvo justo despues de la pelea con su tío.

****************************** —Hola hijo mío, iré directo al grano, cuéntame que paso en la pelea, no con tu tío, cuéntame la que tuviste antes.

No omitas nada importante —dijo Hitogami, iniciando el encuentro dentro de los sueños de Kalman.

—¿Que no puedes vislumbrarlo todo desde…

bueno aqui?— pregunto siendo que en efecto era una habilidad de Hitogami.

—Bueno tienes razón pero ellos tenian bloqueada mi vista y por eso mismo es importante que me lo digas— respondio.

—En ese caso supongo que te lo contare, estaba caminando hacia el reino del rey dragon cuando me atacaron tres hombres muy parecidos a Rudeus.

Uno incluso tenía una cola peculiar.

Luego de vemcerme me arrancaron mi brozo y entrelñas, y luego se marcharon, dejándome la espada, unos pergaminos de sanación y el Ojo Demoníaco —respondió Aleksander, preparándose para dar más detalles.

—Ya veo… —murmuró Hitogami.

Su expresión se volvió solemne al oír que se llevaron la carne de aleksander aunque para el eso solo podia siginifacra una cosa.

Él sabía perfectamente para qué se necesitaba algo así en este bucle… y lo que significaba.

“Es un poco pronto para que un Rudeus del futuro venga…” ****************************** Quién diría que ahora aún con todo loq ue hizo por el tenia que huir de su influencia, o al menos lo intentaba.

Aleksander sabía que Hitogami podía intervenir en cualquier momento, así que su mejor opción era buscar a Rudeus.

Gracias a viejos conocidos obtuvo la información de que Dead End se encontraba en los territorios del norte.

Sus conexiones en el bajo mundo le dieron ventaja, pero aun así tuvo que emprender un viaje por senderos inhóspitos, sin pasar por reinos para evitar encuentros con apostoles.

No conocía los símbolos para usar los círculos mágicos de aquellas tierras, lo que lo condenó a una caminata de casi un mes sin dormir.

Y eso último no estaba a discusión despues de todo no queria ser atormentado.

De pronto, Aleksander se detuvo.

Una presencia extraña asaltó sus sentidos.

Se giró y se encontró con lo que solo podía describir como otro Rudeus.

Un joven de cabello verde, no tan alto como otros que había visto.

Vestía apenas unos pantalones holgados y desgastados, iba descalzo.

Venas violetas recorrían su cuerpo, y su cabello largo estaba enredado con ramas y hojas.

En su cintura colgaba un pergamino voluminoso.

“Tal vez pueda ayudarme” pensó.

Aunque sus encuentros con esos alternos fueron desagradables, quiso creer que este no tendría malas intenciones.

Pero antes de que pudiera hablar su percepción del peligro vibró con violencia.

La perturbación de maná bajo sus pies lo alertó, y saltó justo a tiempo para esquivar el surgimiento abrupto de raíces que intentaron empalarlo.

Eso fue suficiente señal.

Destapó su ojo derecho.

—¿Quién eres?

—preguntó.

Aún no entendía quiénes eran esos tres.

¿Algún pariente del clan Greyrat?

Eso seria poco probable.

Incluso Hitogami no había dicho nada al respecto.

Si hubiera una familia de fenomenos como suya se lo habría revelado en su larga relación de compañeros de sueños.

La respuesta más lógica a la agresividad de ese hombre era su afiliación pasada con Hitogami.

Después de todo, el último ‘Rudeus’ que había visto fue el que rescató a la Diosa Dragón.

—Escucha, ya no tengo afiliación con Hitogami.

Estoy del lado de la Diosa Dragón —dijo, intentando evitar un combate innecesario.

El peliverde solo sonrió.

—Eso te convierte en mi blanco, entonces…— dijo.

La tierra se alborotó.

Donde antes no había nada, surgió un bosque.

El suelo se partió y raíces y troncos persiguieron a Aleksander desde todas direcciones.

La fuerza de un hombre de nivel dios era enorme, pero aquello era otra cosa.

Crecía a una velocidad antinatural.

Mientras Aleksander se deslizaba entre la formación del bosque, su enemigo avanzó dentro de él.

Una raíz afilada nació dd la plama de su mano y con ella lo atravesó.

Aleksander intentó bloquearla con ambas manos frente al hombro, pero terminó empalado en esos tres puntos a la vez.

—¡Argh…!

—siseó.

Con un tirón brutal arrancó la raíz, y un canto corto bastó para que su carne comenzara a regenerarse.

Desenvainó la espada legendaria Kajakut con un movimiento rápido y rapidamnete lanzó su magia habitual en canto acortado… pero todo, raíces, tierra, arboles, fue afectado excepto su contrincante.

Con su ojo derecho vio la verdad, el flujo de maná había sido desviado a las raíces, fijándolo al suelo y anulando el proposito de su magia de gravedad.

—Buen truco —dijo el peliverde—Pero no funcionará conmigo.

Ya hiciste tu movimiento… ahora me toca— Sacó el pergamino de su cintura y lo desplegó con un solo movimiento.

Pulsó maná en el primer círculo mágico y de él emergió un dragón de tamaño medio, desnutrido e incoloro.

Un Wyrm Rojo… o lo que quedaba de uno.

El hombre apoyó la mano en su cabeza.

De inmediato brotaron protuberancias, una infección fúngica severa que hizo convulsionar al dragón.

—¿Te gusta?

—sonrió— No hay muchas especies que resistan esto.

No quería desperdiciar mi primer intento real en cualquiera… tú eres perfecto— Un brillo verde oscuro brillo en sus ojos.

El dragón se incorporó.

Aleksander guardó silencio.

El dragón cargó, aleteando torpemente.

Aleksander esquivó, pero volvió a sentir el flujo de maná en el suelo, raíces emergieron otra vez.

Mientras lo rodeaban, el dragón finalmente tomó vuelo y, cuando flores brotaron de las raíces expulsando polen, a su vez el dragon lanzó una llamarada.

El polen detonó como pólvora.

El silencio reinó por unos segundos ante la y ante la atentamirada de su adversario Aleksander emergió del humo, chamuscado y con quemaduras visibles.

—No te ves muy bien, Dios del Norte —dijo el peliverde.

Aleksander respondió con un gruñido.

—Basta de juegos.

Terminemos esto— Saltó otra vez cuando el ataque se repitió.

Donde estuvo segundos antes, apareció un humo grisáceo.

—Será más difícil matarte de lo que creí —comentó el mago— El de mi mundo era un bocazas.

Tú eres más sensato… pero eso será irrelevante cuando seas mío— —Dijiste ‘el de mi mundo’… —gruñó Aleksander, tensando el cuerpo—.

¿De dónde vienes?

Y que quieres— El peliverde inclinó ligeramente la cabeza, como si lo pensara por cortesía más que por necesidad.

—Bueno… supongo que puedo responderte —dijo con calma, una calma que resultaba inquietante—De todos modos, planeo tomarte— Sus ojos verdes brillaron con un matiz antinatural.

—Yo soy Rudeus Greyrat —Hizo una pausa—Solo que no soy de aquí— Aleksander sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Hitogami me trajo desde mi mundo para matar al original —continuó, sin emoción— Y de paso, me ofreció un trato que no pude rechazar— Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro.

Aleksander lo entendió al instante.

Ese humo eran esporas.

Inhalarlas significaba caer como el dragon.

—Hitogami te envió por mí… específicamente a ti —dijo Aleksander.

—¿De verdad?

Ya pareces profeta —se burló.

—Hitogami es deshonesto.

No encontrarás nada siguiéndolo— —Es así generalmente.

Pero tú eres el botín que me prometio.

Un dios inmortal que puedo poseer y de sobre todo, un mudno entero para hacer lo mío y luego simplemente y ir a otro y luego otro y otro…— Rudeus montó al dragón y cargó.

Aleksander esquivó, pero enredaderas casi lo atraparon.

Saltó, y una llamarada descendió sobre él.

Activó su Ojo izquiero, el de Barrera.

Luego ya en el suelo Rudeus cargo, el esquivo pero aun así, el peliverde logró rozarle el brazo.

Sin dudarlo, Aleksander lo cercenó con Kajakut.

El miembro cayó y se transformó en una masa fúngica.

Y en ese momento en el que Aleksander lo hizo enredaderas brotaron y lo atraparon.

—Que velocidad y determinación… te ganaste mi respeto una vez mas, joven Reyback— —Maldita rata… —escupió Aleksander.

—¿Sabes?

El de mi mundo prefirió dejarse asesinar por la Diosa Dragón sin dejar como regenerarse antes que caer en mis manos —continuó— Sabía perfectamente lo que le esperaba si lo atrapaba.

Fue… honorable, supongo— Hizo una pausa, y su sonrisa se torció.

—Pero también fue molesto— Levantó la mirada, fija, depredadora.

—Contigo será diferente.

Ahora no hay forma de escapar, ‘Kal-man’ —concluyó en un tono cargado de burla.

El silencio se volvió insoportable antes de que volviera a hablar.

—Tu padre, Badigadi… todos fueron buenos juguetes —dijo con desdén ates de sonreir— En especial tu Abuela Atoferatofe— Su cara se contorciono en una sonrisa de placer malsano ante la mencion de la Reina demonio lo que hizo a Aleksander arder en rabia.

—Pero yo siempre te quise a ti— continuo— Más poder, más maná… sin duda, ninguno de ellos tenía tu potencia— —J-jódete…— —Esta bien.

Basta de charla— dijo mientras hacercaba su mano a la cabeza de Aleksander.

Aleksander recitó un canto con dificultad y liberó todo su maná en ‘Combustión Primaria’ hechizo sin catalogar por su inutilidad.

Su cuerpo estalló en llamas, incinerando las ataduras y quemando la mano de su enemigo antes de tocarlo.

—¡Maldito hijo de perra!— grito con su mano en llamas.

El ex-apóstol saltó y clavó su espada en el cráneo del dragón, que cayó inerte.

—Eres más inteligente de lo que esperaba —admitió el mago— Estoy impresionado— —Eres susceptible al calor… ¿eh?

—dijo Aleksander, regenerándose sintiendo que ahora tenia la ventaja.

—Tardaste en notarlo…

Pero no es una gran debilidad para que defina tu victoria— Ambas manos tocaron el suelo.

Una ola gigantesca de maná se concentró, y del suelo emergieron Trents del continente demonio, mas especificamente una variante resistente al calor.

—Tendré que desmembrarte hasta dejarte inconsciente… y luego implantarte el hongo— La mirada de Aleksander se llenó de horror.

Esto ya estaba fuera de toda regla, invocar era una cosa pero crear un monstruo de la nada era otro nivel.

“Estoy muerto…” La certeza cayó sobre Aleksander como una losa.

Aquello ya había cruzado cualquier lógica de combate.

La pelea continuó.

Los trent avanzaban con pasos lentos pero constantes, deformándose mientras crecían, como si el propio maná los estuviera rehaciendo sobre la marcha.

No eran rápidos, pero eran demasiados.

Cada uno bloqueaba rutas, forzándolo a retroceder, impidiéndole acercarse a su verdadero objetivo, el mago.

Aleksander comprendió entonces algo que tenia que tener en cuenta, un factor clave que seria su unica posibilidad de sobrevivir.

El dragón… no reaccionó.

Cuando le clavó la espada, no gritó, no se retorció.

Solo obedecía.

Esperaba órdenes.

Si ese dragón funcionaba así, los trent probablemente también.

Eso significaba una sola cosa, si lograba quebrar la concentración del invocador habria una abertura, todo terminaría.

Aún no había mostrado su segunda espada.

Y todavía le quedaba una carta más… una trampa que había tardado mucho en dominar, una copia imperfecta, pero funcional, de aquel circulo magico que había tenido en sus manos una vez.

‘Punto de gravedad’ Aleksander activó la copia de la trampa en el centro del campo.

El mundo se deformó.

El ‘Rudeus’ y los trents fueron arrastrados hacia el núcleo de la distorsión, obligado a clavar enredaderas en el suelo para no ser absorbido por completo.

Al mismo tiempo, los trent se lanzaron hacia Aleksander cuando el pulso acabo.

Uno cayó partido en dos.

A otro lo empaló y dejo su espada para cargar hacia el mago sin detenerse.

Rudeus, aún sorprendido por la trampa, sonrió.

“¿Acaso este es su movimiento desesperado?” Si el lo tocaba terminaria el juego, y sin un arma para hacer un golpe faltal el se regeneraria.

Extendió la mano, reuniendo maná para un hechizo fungico decisivo.

Pero Aleksander no era estúpido.

Cuando se acercó, atrapó la mano extendida con la suya.

En el mismo movimiento, sacó la hoja oculta bajo su fustanela de cuero.

No dudó.

Se cortó a sí mismo.

La espada corta, unida por cadena, salió disparada soguiendo su camino en un arco con violencia y se hundió limpiamente en el cráneo del mago dividiendo en dos su expresión de horror.

Aleksander retrocedió de inmediato, tirando de la cadena y recuperando su arma, poniéndose en guardia.

Uno a uno, los trent se desplomaron, cayeron sin vida.

Y finalmente, el cuerpo del hombre se derrumbó contra el suelo.

*Suspiro.* *Jadeo.* *Jadeo.* *Jadeo.* Aleksander cayó sentado, exhausto, sin apartar la mirada del cadáver.

La vegetación que cubría el cabello del mago ahora evidente en la cercania, comenzó a marchitarse a gran velocidad, secándose igual que los trent invocados.

El campo quedó en silencio.

La pelea había terminado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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