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Mushoku tensei: Hitogami me quiere muerto, lo matare. - Capítulo 41

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  4. Capítulo 41 - 41 Capítulo 40 Dos contra dos
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41: Capítulo 40: Dos contra dos 41: Capítulo 40: Dos contra dos Nada había salido bien desde aquel intento fallido de acabar con Erisia.

Desde entonces, Hitogami comprendió que ya no bastaba con mover hilos desde las sombras.

Esta vez, necesitaba algo más… algo verdaderamente peligroso.

Aprovechando las grietas que se abrían entre el tiempo y el espacio, fracturas nacidas de los viajes temporales y de los bucles que se repetían sin cesar, logró reunir a guerreros que no deberían existir en una misma línea temporal.

Seres que, en condiciones normales, jamás se habrían encontrado.

Rudeus era distinto a todo y tenia un potencial enorme.

Un alma proveniente de otro mundo.

Una esencia que, al llegar, no estaba hecha de maná como las de este mundo.

Su espíritu tuvo que mutar, deformarse y adaptarse para sobrevivir en una realidad a la que no pertenecía.

Al principio, gracias a la intervención de la niña bendita del tiempo, esa transformación fue sencilla, sin daños colaterales.

Pero cada nuevo bucle complicaba el proceso.

Cada repetición añadía capas de inestabilidad.

Las almas no se repetían o no frecuentemente.

Cada una era única.

Y cuando una de ellas terminaba dentro del cuerpo de un niño portador del factor Laplace, el resultado era siempre impredecible.

Y lo peor es que el único cuerpo sin alma que podía recibirlas era uno con ese factor.

Ese maná alterado por la mutación del alma comenzaba a provocar mutaciones similares a las de un niño bendito… pero sin ninguna garantía de estabilidad y armonía con el mundo.

Algunos de estos iban más allá de cualquier lógica.

Por lo general, las alteraciones se traducían en afinidades extraordinarias con un elemento, como poder controlar el agua a puntos que todos sus hechizos ya estaban potenciados con el hielo.

Sin embargo, existían excepciones aterradoras.

Un Rudeus que podían deformar su cuerpo.

Un Rudeus con regeneración imposible.

Un Rudeus capaz de materializar el mana.

Y finalmente…  uno que podía copiar…todo .

Esa última mutación convirtió a Hitogami en algo que rara vez era, cauteloso.

Si bien lo era siempre con ese mocoso la verdad es que empezaba a planear solo después de sus 10 años con raras excepciones, que fueron en total solo dos veses antes y en esas si pudo encargarse del problema.

Su experiencia más cercana a la muerte había sido a manos de uno de ellos.

Pero ahora usaría esa misma fuerza monstruosa, las almas de otros mundos podían ser transportadas sin desgarrarse y desintegrarse, con eso el les daría una nueva oportunidad, les daría un nuevo mundo, a cambio solo tenían que acabar con el Rudeus de esta linea temporal.

El único defecto de esos guerreros era su confianza excesiva.

Y eso quedó claro cuando su adquisición más valiosa, un Rudeus con afinidad hacia la vegetación estuvo a punto de morir a manos de Aleksander Ryback, la presa que intentaba cazar.

Por suerte, su viejo apóstol no imaginó que, además de su familia, no existía nadie más capaz de soportar un castigo como es tener una espada enterrada hasta la mitad del rostro.

… —Lo dejaste escapar… —dijo Hitogami, rompiendo el silencio.

—¡¿Qué mierda?!

—exclamó él, sobresaltado al sentir la presencia a su espalda.

—Fallaste— —No es mi culpa.

Usó un truco sucio— —Oh, claro.

Qué sorpresa.

¿El dios del norte usando trucos?¿Quieres que te explique de qué trata su estilo de combate?— Rudeus desvió la mirada, apretando los dientes.

—Ya envié a otros dos para que lo maten— —Si logras recuperarte a tiempo, alcánzalos.

Y si fallan… contrólalos con tu estúpido hongo— —¿Dónde?— —En los territorios del norte.

En la ciudad donde tú también buscaste a tu madre— —Entendido— Y su figura se desvaneció mientras despertaba.

________________________________________ Rudeus POV —¿Qué pasa?

—pregunté a mi ahora novia, a las afueras de la herrería donde acababa de recoger el encargo que pedí días atrás.

—Nada… solo que… no le he dicho nada a Susane.

Yo la veo como una hermana mayor— —Ya entiendo.

¿Quieres decírselo ahora?— —¿Hoy?

—preguntó, ruborizándose al imaginar la reacción de su amiga.

—Tranquila.

Si no es hoy, será mañana, pero tarde o temprano tendrás que hacerlo— —Está bien… pero hagámoslo durante una misión.

Así, si hay pelea, se le olvidará— —Con que estas avergonzada de lo que te diga ¿Eh?—respondí, riéndome para mis adentros.

Ella solo resoplo avergonzada.

Fuimos al gremio y tomamos un encargo junto al resto del equipo que cosistia en cazar a un joven wyrm rojo que había quedado rezagado de su territorio.

Un wyrm rojo adulto sería trabajo para un equipo de rango S.

Nosotros apenas éramos rango B… aunque la diferencia real la marcaba mi presencia.

Pero aquel no era un adulto.

Era joven.

Más pequeño.

Inexperto.

Aun así, seguía siendo peligroso.

Regresé a la posada para preparar mi equipo.

Lo primero fue la lanza superd, antes de colocarla, pasé la mano por la fisura que aún la recorría, la cicatriz de la pelea contra Erisia.

Cuando ella atacó, puse la lanza frente a mí.

El impacto fue brutal.

Las lanzas superd se endurecen con el tiempo.

Esta tenía entre cuatrocientos cincuenta y quinientos años.

Aun así… se quebró un poco.

Eso me dolió más de lo que quise admitir.

No solo era un arma.

Perteneció al hijo del superd que maté.

Y a través de los recuerdos que compartíamos, podía sentir su valor.

Aparté ese pensamiento.

El viejo escudo lo destruí usando manipulación de tierra.

Mi control ya era tal que podía afectar incluso al metal.

Aunque no sabía si debía agradecérselo a mi técnica… o a la monstruosa fuerza de mi touki.

Coloqué la piedra azul que una vez le perteneció a Aqua Artia.

Funcionó.

Absorbía maná.

Los círculos lo redirigían hacia una forma de magia de barrera.

En sus bordes, kanjis japoneses, uno para un escudo normal con el kanji de escudo Tate, otro para una barrera envolvente con kanji de Seki.

Antes de dormir, terminé la barra.

Mi futura libertad.

Con ella podría absorber maná de Laplace pasivamente.

Cada corte.

Cada roce.

Cada mínima herida.

Una gota a la vez y la almacenaba en un sello interno.

No como la lanza, que necesitaba penetrar profundamente para absorber… y aun así, sin un lugar donde almacenarlo, ese maná se disipaba, aunque no necesitara que lo guardara pues si sacaba suficiente con eso bastaría y si no el la barra lo almacenaría.

… Al amanecer salimos de la ciudad.

Hablábamos con ligereza, con la gran recompensa en mente, incluso Patrice empezó a hablar de como se compraría una espada de una calidad mucho mayor.

Pero se detuvo de un momento a otro antes de volver a hablar.

—Oigan… —dijo Patrice— nos están robando la presa— A lo lejos, dos hombres dominaban a la bestia desde en lo alto de un risco.

—Silencio —ordené—No parecen aventureros— Nos acercamos con cautela, mi equipo siguiéndome confiando en mi intuición.

El primero era bajo, de complexión delgada.

Su torso estaba cubierto de tatuajes oscuros que se retorcían sobre su piel, y su barba, le daba un aspecto desalineado.

Vestía apenas unos pantalones negros, muy extraño en tierras del norte incluso para mi que acostumbraba ir poco abrigado al no sentir mucho frió.

—¿Por qué esos imbéciles aún no aparecen?

—gruñó, pateando la nieve con fastidio—Se suponía que ya estarían aquí— El segundo era su opuesto, alto, de hombros anchos, con una espada larga apoyada despreocupadamente sobre el hombro.

Llevaba un abrigo de piel azul oscuro que ondeaba con el viento, y su mirada era fría, calculadora.

—Deja de impacientarte —respondió con tono seco— Ese equipo vendrá.

La recompensa es muy jugosa y solo hay un equipo adicional que podría completarla y ese ya esta de misión— —Es una lástima que la alimaña haya intentado escapar… —miró al wyrm con desdén—Hubiera sido más divertido matarlos después de que estuvieran agotados por la pelea y ver sus caras de terror impotente— En ese momento lo entendimos.

Era una trampa.

Mandar a asesinar aventureros con una trampa puesta en el gremio era poco común aunque no era insólito , mas bien era un táctica para deshacerse de la competencia y dicho sea de paso obtener ganancias si habían recompensas como lo era mi cabeza en el bajo mundo de Milis y Asura.

En silencio decidimos salir discretamente, pasando por nuestros mismos pasos, pero solo basto un descuido y ellos lo escucharon.

Patrice pisó una rama, escondida debajo de capaz de nieve solo fue un error, uno grave.

El sonido fue suficiente.

No hubo tiempo, casi nunca lo había encontrar de asesinos.

El cráneo de Patrice se partió en dos en un corte de una espada.

Su sangre tiñó la nieve.

—¡Retirada!

—gritó Timothy.

No llegó lejos.

Una mano aplastó su cabeza contra el suelo.

Sara corrió… y quedó frente al más bajo, bajo su mirada ella tenzo una flecha en su arco.

—¿Eso es todo?

—rió— ¿Crees que eso me matará?— —¡Sara, corre!

—grité.

Ella corrió en dirección contraria al hombre.

El más alto no contento de dejar cabos sueltos apareció frente a ella en un instante.

Su espada, cargada de relámpagos, descendió.

*Golpe seco.* *Golpe seco.* Uno fue hacia mí, me dejo sin aire y mandándome a volar hacia la base del mismo risco donde antes estaban.

El otro… fue detenido.

—No tocarás a la mocosa —dijo una voz nueva.

Un brazo detuvo la espada, esta corto la carne pero el hueso resistió.

La figura se descubrió.

Un torso cubierto de bocas, ojos y partes que tenían los músculos al descubierto.

—Lárgate —le dijo a Sara—Esto se pondrá feo— Ella dudó, me miro y yo asentí.

Susane que estaba en shock tras haber perdido a dos compañeros de manera tan brutal en tan poco tiempo por el bien de su figura de hermana pequeña la tomó y huyeron.

—Bien… —rió el tatuado—Dos contra dos, ¿no?

Me parece justo— Y la verdadera batalla comenzó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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